Reliquias Sobrevivientes

La santa túnica de Jesús la misma que fue profetizada en el Salmo 22:19:

“Se han repartido mis vestidos y echan suertes sobre mi túnica” como efectivamente sucedió a los pies de la cruz.
Tan fina y tan especial, hecha de una sola pieza, tejida con un solo hilo sin costuras, por las santas manos de la Virgen, es una de las reliquias mas documentadas de Jesús.
Se encuentra en la catedral de Tréveris, Alemania. El año 2012 se expuso después de 16 años, entre los meses de abril y mayo, atrayendo millones de personas a la celebración, que tuvo ese año una fuerte orientación ecuménica, con la participación también de protestantes, ortodoxos y representantes de la iglesia libre.
También en Alemania se encuentra el Manto de la virgen María.
La urna de la Virgen María, ubicada en la catedral de Aquisgrán (Aachen en alemán y Aix-la-Chapelle en francés) está localizada cerca de donde se unen las fronteras de Alemania con Bélgica y los Países Bajos, a unos 70 kilómetros de Bonn.  Fue la capital del imperio de Carlomagno. Acabada entre los años 1237-38, contiene hoy las  reliquias más veneradas de esta iglesia: el sudario y los pañales de Cristo, el manto de la Bendita Virgen y el paño donde colocaron la cabeza de San Juan Bautista después de ser decapitado.  Desde el año 1349, y cada 7 años, estas reliquias se muestran al público.
Afortunadamente la locura iconoclasta no las alcanzó como si lo hizo con muchas reliquias perdidas para siempre.

Cristo Majestad

El Cristo de Majestad es un icono Bizantino de alrededor del año 900, imágenes mas antiguas se han perdido pero gracias al florecimiento del arte en este rico imperio tenemos reproducciones y creaciones extraordinarias.

Se trata del Cristo vivo, sin corona de espinas pero con sus heridas visibles.
No esta desgonzado en la cruz, sino que se recuesta en ella, algunas veces se representa con los cuatro seres vivientes en los extremos de la cruz. Una de sus características es que se le representa con los pies separados, no clavados en la cruz.

Cimabue fue uno de sus grandes exponentes así como Giotto di Bondone. De quienes se conservan exquisitas representaciones en catedrales Europeas.
Se le conoce también como cristo sacerdotal, cuando esta ataviado como sumo sacerdote.
La figura mas conocida dentro de este estilo es el Cristo de San Damian, pero los mas espectaculares fueron destruidos luego de la caída de constantinopla a manos de los musulmanes y luego por parte de los protestantes y su iconoclasta teoría de que nadie conoció a Jesus-Dios y por lo tanto que hay que borrar su memoria (como si la memoria colectiva de todo israel y la tradición apostólica no fuera suficiente,lástima que en aquellos tiempos no existía Kodak) arrasando con las reliquias que se encontraban en las iglesias de Inglaterra.
En Alemania,Suiza etc. que para entonces era el corazón del sacro imperio y conservaba los tesoros de la cristiandad, la destrucción fue mayor, en parte porque Carlomagno había recibido, como protector de la Iglesia, reliquias de inapreciable valor que llenaban las Iglesias.
Este tema de los tesoros cristianos en Alemania lo dejamos para la próxima.

San Francisco Asís “historia del pesebre”

“Considerad como el mayor de los privilegios el no gozar de privilegio alguno..

Francisco era un joven buena vida que quería ir a las cruzadas, entró a una iglesia a orar y el Cristo de san Damian le habló, “Francisco reconstruye mi iglesia“, desde entonces se convirtió en San Francisco de Asís.
Francisco visitó al sultán en tierra santa tratando de evangelizarlo, Cuentan que el Sultán llegó a decir: “Si todos los cristianos fueran como él, entonces valdría la pena ser cristiano”
A su regreso a Asís en el año 1.223 propuso representar tierra santa y el nacimiento del salvador, “Quisiera hacer una especie de representación viviente del nacimiento de Jesús en Belén, para presenciar, por decirlo así, con los ojos del cuerpo la humildad de la Encarnación y verle recostado en el pesebre entre el buey y el asno”. En efecto, el Santo construyó entonces en la ermita una especie de cueva y los campesinos de los alrededores asistieron a la misa de medianoche, en la que Francisco predicó sobre el misterio de la Natividad.
Comenzado la tradición del “belén” o “nacimiento” el actual pesebre.

“La Encarnación era un componente clave en la espiritualidad de Francisco. Quería celebrar la Encarnación en forma especial. Quería hacer algo que ayudase a la gente a recordar al Cristo Niño y cómo fue su nacimiento en Belén.
Durante su enfermedad final dijo “Nada me consuela tanto como la contemplación de la vida y Pasión del Señor“ “Cuidémonos mucho de la malicia y astucia de Satanás, el cual quiere que el hombre no tenga su mente y su corazón dirigidos a Dios. Y anda dando vueltas buscando adueñarse del corazón del hombre y, bajo la apariencia de alguna recompensa o ayuda, ahogar en su memoria la palabra y los preceptos del Señor, e intenta cegar el corazón del hombre mediante las actividades y preocupaciones mundanas, y fijar allí su morada”.

Arte Sacro

 

San Gregorio Magno 540-604,  escribió el manual de moral y de predicación destinado a los obispos. Recopiló y contribuyó a la evolución del canto gregoriano.

Mandó a evangelizar con arte, aprovechando que Dios había revelado su rostro de hombre al encarnarse a través de la inmaculada Virgen María. Dejándonos plasmada su imagen en la verónica , el Santo sudario y la memoria colectiva de todo un pueblo que lo vió hacer milagros, morir y resucitar. Memoria perenne a través de la historia. pero también descrita primorosamente en la carta de Lentulo a Octavio donde se le describe detalladamente.

Así pues es mas fácil evangelizar observando un cuadro lleno de detalles maravillosos y de allí se desprende el arte sacro.

Un majestuoso ejemplo es la adoración de los magos de Gentile Fabriano donde observamos la interminable caravana que acompañaba a  los Reyes, (Wise Men) Hombres sabios y poderosos que conocedores de las profecías no dudaron en dejar sus tierras y acompañados por alguno de sus ministros su esposa y probablemente hijos, escoltados por un ejercito, cada uno, para protegerle de los peligros del camino, fueron a rendirle honores al Mesías, guiados por una Estrella, señal que si se diera Hoy seguramente tampoco seria despreciada. Tan grande seria el poder desplegado que el tetrarca Herodes les temió y mas bien les pidió que le informaran del paradero del Mesías para el también rendirle honores. La humildad de la sagrada Familia contrastada con la opulencia de los Reyes se hace admirable al verles hacer fila para hincarse a adorarle. Ejemplo de real Nobleza.

El Arte de Dios

JUAN PABLO II 
A LOS ARTISTAS

« Dios vio cuanto había hecho, y todo estaba muy bien » (Gn 1, 31)

 

El artista, imagen de Dios Creador

1. Nadie mejor que vosotros, artistas,  puede intuir algo del pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos, habéis admirado la obra, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido asociaros.

El fecundo diálogo de la Iglesia con los artistas en dos mil años de historia no se ha interrumpido nunca,en el hombre artífice se refleja su imagen de Creador.

¿Cuál es la diferencia entre « creador » y « artífice »? El que crea da el ser mismo, saca alguna cosa de la nada y esto, es el modo de proceder exclusivo del Omnipotente. El artífice, por el contrario, utiliza algo ya existente.

Así pues, Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice. En la «creación artística» el hombre se revela más que nunca «imagen de Dios» a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra.

El ser humano es autor de sus propios actos y responsable de su valor moral, el artista, cuando realiza una obra maestra, no sólo da vida a su obra, sino que por medio de ella, en cierto modo, descubre también su propia personalidad. En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual. Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros. La historia del arte, por ello, no es sólo historia de las obras, sino también de los hombres.

Dios ante la creación, al notar que lo que había creado era bueno, Dios vio también que era bello. La relación entre bueno y bello suscita sugestivas reflexiones. La belleza es en un cierto sentido la expresión visible del bien, así como el bien es la condición metafísica de la belleza. A este respecto escribe Platón: «La potencia del Bien se ha refugiado en la naturaleza de lo Bello.

Entramos aquí en un punto esencial. Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística —de poeta, escritor, pintor, escultor, arquitecto, músico, actor, etc.— advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad.

La ley del Antiguo Testamento presenta una prohibición explícita de representar a Dios invisible e inexpresable con la ayuda de una «imagen esculpida o de metal fundido» (Dt 27, 25).Sin embargo, en el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios en persona se ha hecho visible: «Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4, 4). Dios se hizo hombre en Jesucristo, el cual ha pasado a ser así «el punto de referencia para comprender el enigma de la existencia humana, del mundo creado y de Dios mismo». El Hijo de Dios, al hacerse hombre, ha introducido en la historia de la humanidad toda la riqueza evangélica de la verdad y del bien, y con ella ha manifestado también una nueva dimensión de la belleza, de la cual el mensaje evangélico está repleto.

La Sagrada Escritura se ha convertido así en «Atlas iconográfico» (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos. El mismo Antiguo Testamento, interpretado a la luz del Nuevo, ha dado lugar a inagotables filones de inspiración. A partir de las narraciones de la creación, del pecado, del diluvio, del ciclo de los Patriarcas, de los acontecimientos del éxodo, hasta tantos otros episodios y personajes de la historia de la salvación, el texto bíblico ha inspirado la imaginación de pintores, poetas, músicos, autores de teatro y de cine. Desde la Navidad al Gólgota, desde la Transfiguración a la Resurrección, desde los milagros a las enseñanzas de Cristo, llegando hasta los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles o los descritos por el Apocalipsis en clave escatológica, la palabra bíblica se ha hecho innumerables veces imagen, música o poesía, evocando con el lenguaje del arte el misterio del «Verbo hecho carne». Las obras inspiradas en la Escritura son un reflejo del misterio insondable que rodea y está presente en el mundo.

El creyente no se maravilla de esto: sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios. ¿Acaso debe sorprenderse de que el espíritu quede como abrumado hasta el punto de no poder expresarse sino con balbuceos?

El conocimiento de la fe es de otra naturaleza. Supone un encuentro personal con Dios en Jesucristo. Este conocimiento, sin embargo, puede también enriquecerse a través de la intuición artística. Un modelo elocuente de contemplación estética que se sublima en la fe son, por ejemplo, las obras del Beato Angélico.

Macario el Grande comenta del siguiente modo la belleza transfigurante y liberadora del Resucitado: «El alma que ha sido plenamente iluminada por la belleza indecible de la gloria luminosa del rostro de Cristo, está llena del Espíritu Santo… es toda ojo, toda luz, toda rostro»

¿Quién no recuerda aquellos símbolos que fueron también los primeros inicios de un arte pictórico o plástico? El pez, los panes o el pastor evocaban el misterio, llegando a ser, casi insensiblemente, los esbozos de un nuevo arte.

Cuando, con el edicto de Constantino, se permitió a los cristianos expresarse con plena libertad, el arte se convirtió en un cauce privilegiado de manifestación de la fe. Comenzaron a aparecer majestuosas basílicas, en las que se asumían los cánones arquitectónicos del antiguo paganismo, plegándolos a su vez a las exigencias del nuevo culto. ¿Cómo no recordar, al menos, las antiguas Basílicas de San Pedro y de San Juan de Letrán, construidas por cuenta del mismo Constantino? se inspiraba en la savia pura del Evangelio, como sentenciaba con acierto el santo poeta de Nola: «Nuestro único arte es la fe y Cristo nuestro canto». Por su parte, Gregorio Magno, con la compilación del Antiphonarium, ponía poco después las bases para el desarrollo orgánico de una música sagrada tan original que de él ha tomado su nombre. Con sus inspiradas modulaciones el Canto gregoriano se convertirá con los siglos en la expresión melódica característica de la fe de la Iglesia en la celebración litúrgica de los sagrados misterios. Lo « bello » se conjugaba así con lo «verdadero», para que también a través de las vías del arte los ánimos fueran llevados de lo sensible a lo eterno.

El Concilio celebrado en Nicea el año 787, que estableció la licitud de las imágenes, fue un acontecimiento histórico no sólo para la fe, sino también para la cultura misma. El argumento decisivo que invocaron los Obispos para dirimir la discusión fue el misterio de la Encarnación: si el Hijo de Dios ha entrado en el mundo de las realidades visibles, tendiendo un puente con su humanidad entre lo visible y lo invisible, de forma análoga se puede pensar que una representación del misterio puede ser usada, en la lógica del signo, como evocación sensible del misterio. El icono no se venera por sí mismo, sino que lleva al sujeto representado.

De aquí nacen los estilos tan conocidos en la historia del arte. La fuerza y la sencillez del románico, expresada en las catedrales o en los monasterios, se va desarrollando gradualmente en la esbeltez y el esplendor del gótico. En estas formas, no se aprecia únicamente el genio de un artista, sino el alma de un pueblo.Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer « el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra », como él mismo llamaba la Divina Comedia.

Desde aquí habla Miguel Ángel, que en la Capilla Sixtina, desde la Creación al Juicio Universal, ha recogido en cierto modo el drama y el misterio del mundo, dando rostro a Dios Padre, a Cristo juez y al hombre en su fatigoso camino desde los orígenes hasta el final de la historia. Desde aquí habla el genio delicado y profundo de Rafael, mostrando en la variedad de sus pinturas, y especialmente en la « Disputa » del Apartamento de la Signatura, el misterio de la revelación del Dios Trinitario, desde la majestuosa Basílica dedicada al Príncipe de los Apóstoles, desde la columnata que arranca de sus puertas como dos brazos abiertos para acoger a la humanidad, siguen hablando aún Bramante, Bernini, Borromini o Maderno, por citar sólo los más grandes, ofreciendo plásticamente el sentido del misterio que hace de la Iglesia una comunidad universal, hospitalaria, madre y compañera de viaje de cada hombre en la búsqueda de Dios. ¿cómo no recordar a Pier Luigi da Palestrina, a Orlando di Lasso y Tomás Luis de Victoria—, es bien sabido que muchos grandes compositores —desde Händel a Bach, desde Mozart a Schubert, desde Beethoven a Berlioz, desde Liszt a Verdi— nos han dejado asimismo obras de gran inspiración en este campo.

11. El Concilio Vaticano II ha puesto las bases de una renovada relación entre la Iglesia y la cultura, los Padres dirigieron un saludo y una llamada a los artistas: «Este mundo en que vivimos —decían— tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración» cuando sus obras son capaces de reflejar de algún modo la infinita belleza de Dios y de dirigir el pensamiento de los hombres hacia Él.

La Iglesia necesita, de aquellos que sepan realizar todo esto en el ámbito literario y figurativo, sirviéndose de las infinitas posibilidades de las imágenes y de sus connotaciones simbólicas. Cristo mismo ha utilizado abundantemente las imágenes en su predicación, en plena coherencia con la decisión de ser Él mismo, en la Encarnación, icono del Dios invisible.

De hecho, los temas religiosos son de los más tratados por los artistas de todas las épocas. La mía es una invitación a redescubrir la profundidad de la dimensión espiritual y religiosa que ha caracterizado el arte en todos los tiempos, en sus más nobles formas expresivas. En este sentido os dirijo una llamada a vosotros, artistas de la palabra escrita y oral, del teatro y de la música, de las artes plásticas y de las más modernas tecnologías de la comunicación.

Todo ser humano es, en cierto sentido, un desconocido para sí mismo. Jesucristo no solamente revela a Dios, sino que «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre». En Cristo, Dios ha reconciliado consigo al mundo. Todos los creyentes están llamados a dar testimonio de ello; pero os toca a vosotros, hombres y mujeres que habéis dedicado vuestra vida al arte, decir con la riqueza de vuestra genialidad que en Cristo el mundo ha sido redimido: redimido el hombre, redimido el cuerpo humano, redimida la creación entera, de la cual san Pablo ha escrito que espera ansiosa «la revelación de los hijos de Dios» (Rm 8, 19). Espera la revelación de los hijos de Dios también mediante el arte y en el arte. Ésta es vuestra misión. En contacto con las obras de arte, la humanidad de todos los tiempos —también la de hoy— espera ser iluminada sobre el propio rumbo y el propio destino.

Estrella Peregrina

 

Año 5774 (2013) Octavo siglo del sexto milenio, del calendario hebreo, que empieza con el Génesis del mundo, que aconteció, según la tradición judía, el día domingo 7 de octubre del año 3761 a. C.

El mundo se construye en 6 días y durara otros 6, luego viene el milenio.

En la semana Santa del 2013 tendremos la posibilidad de ver el cometa C/2011 L4 (PANSTARRS)

Luego, para octubre, empezaremos a ver otro cometa, que será visible por varios meses y para Navidad veremos su inmenso tamaño el C/2012 S1 (ISON= Yo Hijo /ISOS del griego igual), un cometa tan brillante como quizá nunca lo ha visto el Hombre. Se podrá ver de día?

Juan 5, 18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual (ISON) a Dios.

2Pe 3:8 Carísimos, no se os caiga de la memoria que delante de Dios un solo día es como mil años, y mil años como un solo día. No retrasa el Señor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente os aguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia.” Pero vendrá el día del Señor como ladrón, y en él pasarán con estrépito los cielos, y los elementos, abrasados, se disolverán, y asimismo la tierra con las obras que en ella hay.

Heb 4:3 Nosotros, pues, los que hemos creído, entramos en el descanso, según que dijo: “Como juró en su cólera: No entrarán en mi descanso,” aunque sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo.”Pues en cierto pasaje habla así del día séptimo: “Y descansó Dios en el día séptimo de todas sus obras.” Y en éste dice de nuevo: “No entrarán en mi descanso.”Queda, pues, que algunos han de entrar en el descanso, y no habiendo entrado los primeramente invitados a causa de su incredulidad, de nuevo señala un día, “hoy,” declarando por David, después de tanto tiempo, lo que arriba queda dicho: “Si hoy oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones.”

 

http://www.youtube.com/watch?v=Bw6MsuGy5ok

Cristo de San Damian

 

Continuando con nuestro tributo a San Francisco cuya fiesta celebramos en octubre, veamos brevemente la iconografía en el Cristo de san Damian.
El Cristo de San Damián está vivo pues es el Cristo resucitado y glorioso que ha vencido a la muerte. El Cristo de Majestad
El paño de lino orlado de oro recuerda las vestiduras de los sacerdotes del Antiguo Testamento.
Expresa un gesto de acogida y parece abrazar a todo el universo.
Sus ojos no miran al espectador, sino que se dirigen al Padre, invitándonos también a nosotros a hacer lo mismo mediante la conversión.
Los 33 personajes que lo rodean representan la comunión de los santos de todos los tiempos.
Jesús, con los pies sobre fondo negro, parece que asciende del abismo.
La sangre de Cristo chorrea sobre los personajes que lo rodean, para indicar que han sido lavados y salvados por su Pasión.
La sangre de los pies cae sobre seis personajes apenas reconocibles, que podrían ser: San Juan Bautista, San Miguel, San Pablo y San Pedro, San Damián y San Rufino, patrón de Asís.
En cada extremo de los brazos transversales de la cruz hay tres ángeles que muestran a Cristo: son los mensajeros de la Buena Noticia.
Los personajes bajo los brazos de Jesús están todos en la luz, son hijos de la luz.
Tienen todos la misma estatura, pues son “hombres perfectos”, que han alcanzado “plenamente la talla de Cristo” (Ef 4, 13).
Si se mira bien, sus rostros son como el de Cristo, pues en ellos ha sido restaurada la “imagen y semejanza de Dios” original.
Juan y María están en el puesto de honor, a la derecha de Cristo. El discípulo muestra y recoge la sangre del costado de Cristo. María manifiesta dolor, pero también serenidad y admiración por la resurrección y por el nuevo hijo que su Hijo le acaba de encomendar.

El manto blanco de la Virgen simboliza pureza, y las piedras preciosas que lo adornan son los dones del Espíritu Santo. El vestido rojo oscuro representa el amor. La túnica morada bajo el vestido recuerda que María es la nueva Arca de la Alianza (la del Antiguo Testamento estaba cubierta con un paño de ese color).
A la izquierda de Jesús están Maria Magdalena y María de Santiago. Junto a ellas, el Centurión confiesa la humanidad y divinidad de Cristo: “Verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios”.

Detrás del Centurión asoma el rostro de quien encargó el crucifijo y otras tres personas que evocan al Pueblo de Dios.
Bajo los personajes mayores, hay dos pequeños, uno a cada lado, que representan a los romanos y judíos que crucificaron a Jesús: el romano es un soldado con la lanza y la esponja.
A la izquierda de las piernas de Cristo se ve el gallo de Pedro, que recuerda nuestra debilidad e invita a la vigilancia. Pero también simboliza al sol naciente, Cristo, cuya luz se difunde por toda la tierra.
Sobre la tablilla con la inscripción “Rex iudeorum”, en un círculo rojo, vemos a Cristo que sube al cielo, vestido de blanco, con estola dorada y una cruz luminosa en la mano, señal de victoria. El círculo expresa perfección y representa la plenitud de la gloria, donde lo reciben diez ángeles festivos.
La mano del Padre, en lo más alto del crucifijo, se encuentra en un semicírculo. La otra mitad no se puede ver, pues Dios Padre, es un misterio.

Artistas, San Lucas

 

San Lucas apóstol patrono de los cirujanos -era Medico- pero también de los artistas, ya que fue quien pintó la imagen de la virgen del Perpetuo Socorro cuya contraparte rusa u ortodoxa es la virgen de Vladimir, o, en todo caso la imagen original y de las cuales se desprenden estas dos imágenes de la Virgen cargando el niño. Incluso hay otra imagen que se le atribuye ubicada en Roma en las catacumbas de Priscilla, La Virgen de la Leche. También talla una virgen que se cree es la virgen de Guadalupe que esta en España y de la cual hay una reproducción en la iglesia de Monserrate en Bogotá Colombia.
En el arte que se ha conservado, representa a la Virgen con jesus en sus brazos, como queriendo mostrarnos a Dios encarnado en un hombre, es decir que uno de los 72 escogidos por Jesus y que hizo milagros en su nombre, -”Yo veía caer al demonio” les dijo el mismo jesus a su regreso,- representó la imagen del verbo encarnado, como testimonio de que este es un nuevo testamento, que ha venido a dar verdadero cumplimiento a la Ley, la imagen de Dios vivo para salvarnos.
En su evangelio narra el nacimiento e infancia de Jesus desde el punto de vista de Maria, por narración que ella misma le hizo, de esta narración atesoramos el cántico de Maria o Magnificat.
Era un hombre culto no judío sino griego, que acompaño a San Pablo y vivió sus mismas peripecias.