Lideres se Destapan

El día de la libertad religiosa se proclama oficialmente el 16 de enero, como el “Día del derecho a no creer”, como lo había prometido en su discurso del 2009 http://www.nytimes.com/2009/01/20/us/politics/20text-obama.html?pagewanted=all&_r=1& . Obama, dá poder a los ateos y gnosticos.

Entre otras cosas no prohíbe la blasfemia y hace inconstitucional la oración “sectaria”, el mandato de la administración es, que los empleadores deben ofrecer un seguro que cubra los medicamentos para inducir el aborto y la esterilización, incluso si tienen objeciones religiosas o morales,mientras en Europa un ministro de “educacion” escribe esto:

“Nunca vamos a poder construir un país libre con la religión católica. Dado que no podemos amoldar el cristianismo en Francia, como se ha hecho en otras democracias, hay que inventar una religión republicana. Esta religión republicana, que debe acompañar a la revolución material, que no es sino la revolución espiritual, es el laicismo. Y esta es también la razón por la que a principios del siglo XX se ha hablado de la fe laica, religión laica, y que el laicismo sería la creación de un espíritu público, de una moral laica y por lo tanto la pertenencia a una serie de valores”.”La religión católica debe desaparecer”, Ministro de educación francés, lanza libro llamado “la Revolución Francesa no esta terminada” contra la iglesia

Santa Ines

St Agnes in Prison Receiving from Heaven the 'Shining White Garment' 1905 by Frank Cadogan Cowper 1877-1958

Considerada en la Iglesia como patrona de la pureza, es una de las más populares santas cristianas, y su nombre está incluido en el canon de la misa. Debido a sus riquezas y hermosura, la santa –a la edad de trece años- fue pretendida por varios jóvenes de las principales familias romanas; sin embargo, la joven había consagrado su virginidad al Señor Jesús.

Ante esta negativa, su pretendiente la denuncia como cristiana al gobernador, quien utilizó halagos y amenazas para persuadirla, pero todo fue en vano, pues Inés se mantuvo firme en su decisión. Al ver esto, el gobernador la envió a una casa de prostitución, donde acudieron muchos jóvenes licenciosos pero que no se atrevieron a acercársele, pues se llenaron de terror y espanto al ser observados por la santa. Uno, que quizo violarla, quedo ciego, la desnudaron para que encendiera las pasiones y la arrastraron por las calles de Roma, pero su pelo creció hasta taparle el cuerpo, su pretendiente (el que la denuncio) muere, pero Ines reza por él y aquel resucita. La llevan a quemarla en la hoguera, pero las llamas no la tocan, ella reza por la intervención divina y un ángel le lleva vestido a la celda, mientras una luz la protege.

“Se refiere que ella tenía sólo trece años cuando fue martirizada. Y notemos el poder de la fe que consigue hacer mártires valientes en tan tierna edad. Casi no había sitio en tan pequeño cuerpo para tantas heridas. Se mostró valientísima ante las más ensangrentadas manos de los verdugos y no se desanimó cuando oyó arrastrar con estrépito las pesadas cadenas. Ofreció su cuello a la espada del soldado furioso. Llevada contra su voluntad ante el altar de los ídolos, levantó sus manos puras hacia Jesucristo orando, y desde el fondo de la hoguera hizo el signo de la cruz, señal de la victoria de Jesucristo. Presentó sus manos y su cuello ante las argollas de hierro, pero era tan pequeña que aquellos hierros no lograban atarla. Todos lloraban menos ella. Las gentes admiraban la generosidad con la cual brindaba al Señor una vida que apenas estaba empezando a vivir. Estaban todos asombrados de que a tan corta edad pudiera ser ya tan valerosa mártir en honor de la Divinidad. Cuántas amenazas empleó el tirano para persuadirla. Cuántos halagos para alejarla de su religión. Mas ella respondía: La esposa injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes. Únicamente será mi esposo el que primero me eligió, Jesucristo. ¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no quiero sea de ojos que no deseo complacer. Llegado el momento del martirio. Reza. Inclina la cabeza. Hubierais visto temblar el verdugo lleno de miedo, como si fuera él quien estuviera condenado a muerte. Su mano tiembla. Palidece ante el horror que va a ejecutar, en tanto que la jovencita mira sin temor la llegada de su propia muerte. He aquí dos triunfos a un mismo tiempo para una misma niña: la pureza y el martirio”.San Ambrosio

Creatividad y Belleza

virgen- sonrisa

Me presentáis hoy el fruto de vuestra creatividad, de vuestra reflexión, de vuestro talento, expresiones de los varios campos artísticos que aquí representáis: pintura, escultura, arquitectura, orfebrería, fotografía, cine, música, literatura y poesía. Antes de admirarlas junto con vosotros, permitid que me detenga sólo un momento en el sugestivo título de esta Exposición: «El esplendor de la verdad, la belleza de la caridad». Precisamente en la homilía de la misa pro eligendo Pontifice, comentando la bella expresión de san Pablo de la Carta a los Efesios «veritatem facientes in caritate» (4, 15), definí el «hacer la verdad en la caridad» como una fórmula fundamental de la existencia cristiana. Y añadí: «En Cristo coinciden la verdad y la caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, la verdad y la caridad se funden. La caridad sin la verdad sería ciega; la verdad sin la caridad sería como “címbalo que retiñe” (1 Co 13, 1)». Y es precisamente de la unión, quiero decir de la sinfonía, de la perfecta armonía de verdad y caridad, de donde mana la auténtica belleza, capaz de suscitar admiración, maravilla y alegría verdadera en el corazón de los hombres. El mundo en que vivimos necesita que la verdad resplandezca y no sea ofuscada por la mentira o por la banalidad; necesita que la caridad inflame y no sea derrotada por el orgullo y por el egoísmo. Necesitamos que la belleza de la verdad y de la caridad toque lo más íntimo de nuestro corazón y lo haga más humano.

Queridos amigos, quiero renovaros a vosotros y a todos los artistas un amistoso y apasionado llamamiento: no separéis jamás la creatividad artística de la verdad y de la caridad; no busquéis jamás la belleza lejos de la verdad y de la caridad; al contrario, con la riqueza de vuestra genialidad, de vuestro impulso creativo, sed siempre, con valentía, buscadores de la verdad y testigos de la caridad; haced que la verdad resplandezca en vuestras obras y procurad que su belleza suscite en la mirada y en el corazón de quien las admira el deseo y la necesidad de hacer bella y verdadera la existencia, toda existencia, enriqueciéndola con el tesoro que nunca se acaba, que hace de la vida una obra maestra y de cada hombre un extraordinario artista: la caridad, el amor. Que el Espíritu Santo, artífice de toda la belleza que existe en el mundo, os ilumine siempre y os guíe hacia la Belleza última y definitiva, aquella que enciende nuestra mente y nuestro corazón y que esperamos poder contemplar un día en todo su esplendor.
Benedicto XVI

Anacoreta

Maxim

«Para recibir la gracia de Dios es preciso vivir algún tiempo en el desierto:
aquí es donde uno se vacía, se desembaraza de todo aquello que no es Dios,
se libera completamente la habitación de nuestra alma para dejar el sitio
sólo a Dios. Los hebreos pasaron por el desierto; Moisés vivió en él antes de
ser encargado de su misión; San Pablo, San Juan Crisóstomo, también
fueron preparados en el desierto… Es un tiempo de gracia, una condición
por la cual el alma que quiera dar fruto debe pasar necesariamente.
Es preciso este silencio, este olvido de todo lo creado, pues en él Dios edifica su eremitorio y crea el espíritu interior… Subid todavía más arriba: mirad a San Juan Bautista, a nuestro Señor mismo. El no tenía necesidad; sin embargo quiso darnos ejemplo…»
«Padre mío. Me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más Dios mío. En tus manos entrego mi vida. Te la doy Dios mío con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí es una necesidad de amor darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre». (Carlos de Foucauld)