Reina de los Angeles

 

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Augusta Reina de los Cielos, soberana Señora de los Ángeles. Tú que desde los comienzos recibiste de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, te suplicamos humildemente: envíanos tus legiones celestiales para que, bajo tus ordenes y poder, ellas persigan a los demonios, los combatan por todas partes, repriman su audacia y les recluyan en los abismos.

¿Quién como Dios? Santos Ángeles y Arcángeles, defiéndannos y guárdennos.

Oh María, Reina de los Ángeles, manda a San Miguel Arcángel para defendernos en todas las situaciones de peligro del cuerpo y del alma. Amén.

“diosa razón”

diosa razon

 

Robespierre y Danton masones iluminados, en mayo de 1794, proclamaron el culto al “Ser Supremo”, es decir, al Diablo.

La imagen de la diosa razón sustituyó la imagen de la Virgen, en la catedral de Notre Dame.

Se cambio el calendario juliano por el calendario republicano. Se anularon las fiestas religiosas y fueron inventadas fiestas nuevas en honor del “Ser supremo”,se inició un nuevo conteo de años a partir de la revolución y se cambio el nombre de los meses para borrar la historia del cristianismo Cada mes se dividió en tres periodos, de diez días, cada uno llamados décadas. El último día de cada década estaba dedicado al descanso laboral.

Este calendario republicano estuvo en vigor poco más de doce años. un solo día se asesinaba en París a dos obispos y 200 sacerdotes, se “nacionalizaron” los bienes de la iglesia, todas las tierras que poseía la Iglesia fueron vendidas, y obligaron a que los obispos fueran elegidos por los ciudadanos.

También se convertía a los sacerdotes en funcionarios del Estado, dicen que hubo entre 35.000 y 40.000 ejecutados en la guillotina, hubo mas de 40.000 exiliados por cuestiones religiosas, en las regiones católicas sublevadas como Bretaña, Languedoc, Provenza, más de 50.000 fueron víctimas este tipo de terror revolucionario, regiones enteras como La Vendée fueron asesinadas sin dejar un solo sobreviviente.(120.000 habitantes)

Por la razón se explicaba todo, pero ésta es diferente en cada persona por lo que no hay bien ni mal, ni moral ni verdad objetivas. Por lo tanto para evitar el caos debería haber un ente que dijese qué es bueno y qué es malo, que es verdad y qué es mentira e hiciese las leyes.
Correspondia al conjunto de la sociedad, por mayoría democráticamente elegida, que decidiese que es bueno y malo, que es la verdad y la mentira y en base a ello hacer las leyes.

Los que se opusieran y resistieran serían intrínsecamente malos (por lo que habría que exterminarlos) o estarían locos (por lo que habría que encerrarlos), una red de “sedes sociales” (2.000 en París) donde los vecinos de cada barrio debían inscribirse era el medio para controlarlos. La sede social tenía comisarios de barrio que conocían y controlaban a los vecinos, sus costumbres, creencias y prácticas.

Los adoradores de la diosa Razón, de la diosa Libertad y de la diosa Humanidad, buscaban reemplazar la fe católica, con la finalidad de desmantelar la Iglesia ya que la revolución se caracteriza por la rebelión del hombre frente a Dios, que pretendió anular la Iglesia Católica en Francia, la relación Iglesia-Estado y la formación del primer Estado A-confesional, trajo como consecuencia la desaparición del patrimonio artístico francés, (destruido por iconoclastas) la asunción por el Estado de la “educación” y el desmantelamiento de la red educativa.
En julio de 1794 la Convención Nacional dio nuevos pasos para acabar con el cristianismo e imponer definitivamente la adoración al dios-Estado. Aprobó por aclamación que Dios no existía y seguidamente votó que el Universo estaba regido por el Ser Supremo (el Gran Arquitecto), y a él se le agasajaría con un día de fiesta nacional. El Ser Supremo estaba atendido por la por diosa Razón, a quien también se le dedicó un día de fiesta. Toda la Nación debería adorar y someterse al nuevo dios, a la nueva diosa y a su brazo ejecutor, el Estado. Ese es el nuevo orden mundial.

Una banda de revolucionarios sacó del carruaje en que se conducía a la prisión a tres sacerdotes y los colgó; Las masacres empezaron con el degüello de 23 sacerdotes encarcelados en la prisión de la Abadía por unos federados marselleses y bretones. Un grupo de los 150 sacerdotes que estaban encarcelados en el convento de las Carmelitas, se rindió. Cuando llegó el grupo ejecutor al convento, los sacerdotes se dirigieron a la capilla en la que fueron asesinados a golpes de pico, de hacha y bastón. En este lugar fueron “juzgadas” y “ejecutadas” más de 300 personas.
Stanislas-Marie Maillart ejecutor de las órdenes del Comité de vigilancia, condenó, uno a uno, a todos aquellos que se presentaran ante él “a la fuerza”.
Cuando se abrían las puertas de los conventos, los condenados caían bajo las picas o las bayonetas; estas masacres duraban toda la noche, varios sacerdotes fueron asesinados en la iglesia de Saint-Paul Saint Louis. Las matanzas se llevaron a cabo en todas las cárceles: en la Conserjería, en la Prison du Grand Châtelet, en la Force en Salpêtriére, Bicêtre y en la Prison des Carmes etc.

LA VENDÉE

EL GENOCIDIO DE LOS CATÓLICOS DURANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA: LA VENDÉE.

“Reynald Secher, el joven autor (nacido en 1955) originario de la Vendée, fue a buscar una documentación que muchos consideraban ya perdida. En efecto, los archivos públicos han sido diligentemente depurados, en la esperanza de que desaparecieran todas las pruebas de la masacre realizada en la Vendée por los ejércitos revolucionarios enviados desde París.

Pero la historia, como se sabe, tiene sus astucias: así Secher descubrió que mucho material estaba a salvo, conservado, a escondidas por particulares. Además pudo llegar a la documentación catastral oficial de las destrucciones materiales sufridas por la Vendée campesina y católica, levantada en armas contra los “sin Dios” jacobinos.

En los mapas de los geómetras estatales de la época está la prueba de una tragedia inimaginable: diez mil de cincuenta mil casas, el 20 % de los edificios de la Vendée, fueron completamente derruidas según un frío plan sistemático, en los meses en que se desencadenó la furia de los jacobinos gubernamentales con su lema aterrador: “libertad, igualdad, fraternidad “o muerte”. “ Prácticamente todo el ganado fue masacrado. Todos los cultivos fueron devastados).

Todo esto, según un programa de exterminio establecido en París y realizado por los oficiales revolucionarios: había que dejar morir de hambre a quien, escondiéndose, había sobrevivido. El general Carrier, responsable en jefe de la operación, arengaba así a sus soldados: “No nos hablen de humanidad hacia estas fieras de la Vendée: todas serán exterminadas. No hay que dejar vivo a un solo rebelde”.

Después de la gran batalla campal en la que fueron exterminadas las intrépidas pero mal armadas masas campesinas de la “Armada católica”, que iban al asalto detrás de los estandartes con el Sagrado Corazón y encima la cruz y el lema “Dieu et le Roy”; el general jacobino Westermann (1) escribía triunfalmente a París, al Comité de Salud Pública, a los adoradores de la diosa Razón, la diosa Libertad y la diosa Humanidad: “¡ La Vendée ya no existe, ciudadanos republicanos! Ha muerto bajo nuestra libre espada, con sus mujeres y niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y los bosques de Savenay. Ejecutando las órdenes que me habéis dado, he aplastado a los niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres, que así no parirán más bandoleros. No tengo que lamentar un sólo prisionero. Los he exterminado a todos”.

Desde París contestaron elogiando la diligencia puesta en “purgar completamente el suelo de la libertad de esta raza maldita”.

El término “genocidio”, aplicado por Secher a la Vendée, ha desatado polémicas, por considerarse excesivo. En realidad el libro muestra, con la fuerza terrible de los documentos, que esa palabra es absolutamente adecuada: “destrucción de un pueblo”, según la etnología. Esto querían “los amigos de la humanidad” en París: la orden era la de matar ante todo a las mujeres, por ser el “surco reproductor” de una raza que tenía que morir, porque no aceptaba la “Declaración de los derechos del hombre”.

La destrucción sistemática de casas y cultivos iba en la misma dirección: dejar que los supervivientes desaparecieran por escasez y hambre.

Pero ¿cuántos fueron los muertos? Secher da por primera vez las cifras exactas: en dieciocho meses, en un territorio de sólo 10000 km2 , desparecieron 120.000 personas, por lo menos el 15 % de la población total. En proporción, como si en la Francia actual fueran asesinadas más de ocho millones de personas. La más sangrienta de las guerras modernas – la de 1914-1918- costó algo más de un millón de muertos franceses.

Genocidio, pues; verdadero holocausto; y, como comenta Secher, tales términos remiten al nazismo. Todo lo que pusieron en práctica las SS fue anticipado por los “demócratas” enviados desde París: con las pieles curtidas de los habitantes de la Vendée se hicieron botas para los oficiales (la piel de las mujeres, más suave, era utilizada para los guantes). Centenares de cadáveres fueron hervidos para extraer grasa y jabón (y aquí se superó a Hitler: en el proceso de Nüremberg se documentó –y las mismas organizaciones judías lo confirmaron- que el jabón producido en los campos de concentración alemanes con los cadáveres de los prisioneros es una “Leyenda negra”, sin correspondencia con los hechos). Se experimentó por primera vez la guerra química, con gases asfixiantes y envenenamiento de las aguas. las cámaras de gas de la época fueron barcos cargados de campesinos y curas, llevados en medio del río y hundidos.

Sus páginas, disponibles ahora, provocan sufrimiento. Pero la búsqueda de una verdad escondida y borrada bien vale el trauma de la lectura.”

Vittorio Messori, Leyendas negras de la Iglesia. Planeta. Capítulo 23. Le génocide franco-français: la Vendée vengée” de Reynald Secher, pág. 103.

“El mismo problema se le presentará a la Convención cuando tome la decisión de exterminar a los de la Vendée. Y el asunto se afrontará en términos de carga para el erario. Fusilar a casi dos millones de personas costaba cifras astronómicas sólo en balas. Se pensó en romperles la cabeza con las culatas de los fusiles, pero después de un cierto número de cabezas los fusiles tenían la tendencia a estallar cuando eran utilizados normalmente. Los sables y las bayonetas perdían el filo. Se probó a envenenar los ríos con arsénico, pero el agua arrastraba el veneno más allá de los confines de la rebelión.

Se encargó a un farmacéutico que fabricas gas venenoso. Pero también aquí había que contar con el viento que con frecuencia orientaba los efluvios en direcciones no deseadas. El general Santerre comenzó a minar el territorio, pero las minas explotaban incluso bajo los “bleus”. Su colega Turreau utilizó entonces el sistema de las gabarras o lanchones: se ataban en grupos a los prisioneros, se les cargaba a centenares en las gabarras que después se hundían en el Loira. Después, se recuperaban las barcazas.

Al final se optó por los cañones: se encerraban a las víctimas en un edificio, por lo general, en la Iglesia, y se abatía el edificio a cañonazos. También se utilizaron los hornos; este último sistema permitía el aprovechamiento de la grasa de los cadáveres, que se empleaba en los hospitales y para engrasar los fusiles, así como la piel, ya que se despellejaba a las víctimas antes de enviarlas a los hornos ( en el ejército escaseaban las botas, y la idea de utilizar la piel humana fue de Saint-Just). Todavía hoy se puede contemplar en el museo de Historia Natural de Nantes una piel de vendeano debidamente curtida”.

Rino Cammilleri. Los Monstruos de la Razón. Viaje por los delirios de utopistas y revolucionarios. Rialp, Madrid, 1995. (Confr. Reynal Secher. Le genocide franco-français. La Vendée-Vengé. Puf, París, 1988.)

(1) Nota de Manuel de Arbués: Sin duda el tal Westermann trataba así de bien a sus hermanos católicos porque eran de su misma….digamos, religión. Al menos, esto insinúan algunos hoy en día, con gran rigor histórico, por cierto.

 

 

 

Materialismo Satánico?

Iglesia y Civilizacion occidental

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La esencia del materialismo histórico es la guerra entre hermanos, es el concepto e interpretación del mundo, opuesto a la concepción de la religión y la primacía del espíritu, el materialismo dialéctico se apoya en los avances de las ciencias y su espíritu de orientación “progresista” (derecho a matar libremente).

Su primer error es proyectar la vida desde el punto de vista socialista, igualitarista.

Para Dios cada uno es único, y el objetivo de la vida es alcanzar la felicidad eterna, Jesús claramente expresa:
“Mi reino No es de este mundo”.
“Reparte lo que tienes y sígueme”.

Socialismo científico significa poner todas las esperanzas en una dicha material temporal y esto es “Materialmente imposible”, la dicha en vida es amar, dar y recibir.

En la enfermedad más difícil o la pobreza más extrema se puede encontrar más felicidad que en la riqueza más extravagante, a través del amor del prójimo o el amor filial.

La felicidad no la dan las cosas, la da los sentimientos, es decir la felicidad es el producto de nuestra relación con Dios y con el prójimo.

El sentimiento más grande es el Amor y el amor perfecto es el de Dios.

Para Marx la historia se reduce a la teoría de la lucha de clases.
“Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron en secular antagonismo unos con otros, mantuvieron una lucha constante, ya velada ya abierta; lucha que siempre terminó con la reconstrucción revolucionaria del edificio social o el hundimiento general de las clases contendientes […]. La moderna sociedad burguesa, que ha brotado de las ruinas de la sociedad feudal, no ha terminado con las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha, por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.”

A esto le podríamos llamar el evangelio de +belcebu+ porque es exactamente lo contrario a lo que enseña Dios.

Aquí no hay espacio para obras de caridad, ni Sacramentos, las obras de misericordia que ha practicado la iglesia (que somos todos los cristianos) son ignoradas.

Los millones de mártires y las vírgenes son ignorados, los santos son ignorados, la verdadera historia de la humanidad es ignorada y puesto como paradigma la excepción a la regla, que han sido los tiranos, que si bien ha habido muchos, han hecho sufrir a todos, como por ejemplo herodes o Hitler o Napoleón, lo que han sido son anticristos y curiosamente son, como el caso de Napoleón y la revolución Francesa, exaltados como gloriosos, por el padre de este “evangelio satánico” Marx.

Con este tema aclarado, no debe sorprendernos que Marx perteneciera a grupos satánicos y que hubiera matado de hambre a dos de sus hijas, conducido al suicidio a otra, negado la paternidad a uno que fue fruto de una violación suya y que dirija a cuantos le siguen a un destino similar.