Celibato sacerdotal: una reseña histórica

lutero quemando libros

Lutero quemando libros y cartas del Papa

El primer pronunciamiento claro de la Iglesia al respecto del celibato que deben mantener los sacerdotes cristianos, no es excesivamente temprano, y data del Concilio de Elvira, un concilio español, primero de los celebrados en Europa, por cierto, convocado en tierras de lo que hoy es Granada hacia el año 310, y cuyo canon 33 reza:

“Se está de acuerdo en la completa prohibición, válida para obispos, sacerdotes y diáconos, o sea, para todos los clérigos dedicados al servicio del altar, que deben abstenerse de sus mujeres y no engendrar hijos”.

Canon que encierra dos cuestiones latentes. En primer lugar, el de Elvira es un concilio de ámbito local -los concilios ecuménicos con autoridad sobre todo el orbe cristiano aún están por producirse-, por lo que sólo obliga dentro del marco geográfico en el que ese concilio tiene autoridad, en este caso el sur de España, y no en el de toda la cristiandad. En segundo lugar, la Iglesia insistirá siempre en que dicho concilio, como toda la normativa que en los siglos siguientes se producirá al respecto, no contiene tanto órdenes de nuevo cumplimiento, como la ratificación de las que ya estaban en vigor. Sin embargo, no se habla propiamente, como vemos, de la prohibición de los sacerdotes para casarse (probablemente en vigor), sino de la de abstenerse de sus mujeres, lo que demuestra que, de acuerdo con la normativa vigente o contrariamente a ella, lo cierto es que los sacerdotes se casaban.

La conducta ordenada en Elvira, irá abriéndose paso a lo largo de los siglos en otras iglesias locales, y en similar sentido se expresan el Concilio de Roma convocado por el Papa Siricio en tiempos tan tempranos como 368, el Sínodo de Tours de 567, o el convocado por San Isidoro de Sevilla en 633. Tampoco faltan pronunciamientos en el ámbito papal, entre ellos los de San Inocencio I (401-417), San León Magno (440-461), o San Gregorio Magno (590-604). Los mismos sin embargo, no tienen todavía carácter universal, y se refieren más bien a la actividad de cada Papa como Obispo de Roma. Tanto así que, en respuesta al rey Pipino de Francia, el Papa San Zacarías (741-752) deja el tema al arbitrio de cada iglesia nacional.

Un giro de no poca importancia en lo concerniente al tema que nos ocupa, se produce en los dos primeros Concilios Lateranenses, éstos sí, ecuménicos, concretamente noveno y décimo de los mismos. En el primero, en 1123, se reglamenta que el candidato a las órdenes religiosas debe abstenerse de su mujer, por lo que si bien la orden tiene ya carácter universal, transcendiendo en ello la decisión tomada ocho siglos antes en Elvira, en una cosa sigue siendo igualmente relativa, y es que no prohíbe al sacerdote la contracción de matrimonio, sino la de usar de él (y, además, a partir de un determinado momento, aquél en el que se produce el Concilio). La prohibición absoluta y total sólo se regulará en el II Concilio Lateranense, celebrado en 1139, dieciséis años después por lo tanto.

Comoquiera que sea, y aun a pesar de lo extremadamente controvertido del tema en la actualidad, y hasta de la rebeldía que se aprecia en algunos sectores de la Iglesia en lo relativo al mismo, los textos eclesiásticos modernos se ratifican en el celibato sacerdotal. Así lo hace la encíclica de Pablo VI titulada Sacerdotalis celibatus.

El Catecismo de la Iglesia es suficientemente claro:

“[Los sacerdotes] son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el reino de los Cielos” (Cat. 1579)

El Código de derecho canónico no lo es menos:

“[Los sacerdotes] están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el reino de los Cielos, y por tanto quedan sujetos a guardar el celibato” (CodCan. 277).

Ahora bien, la cuestión no es considerada de tipo dogmático, lo que va a permitir que Roma haga determinadas concesiones en materia de celibato sacerdotal. Y entre ellas, en primer lugar, las relativas a ciertas iglesias de obediencia romana que, por su situación de difícil comunicación con la jerarquía en determinados momentos históricos, no se han visto sometidas nunca a algunos comportamientos, como es, en el caso que nos ocupa, el del celibato: tal es la situación, por ejemplo, de los maronitas iraquíes, sometidos a la obediencia romana. En segundo lugar, las relativas al movimiento ecuménico que con tanto ahínco alimenta hoy día el Vaticano, y que han permitido aceptar en la obediencia romana a sacerdotes anglicanos que estaban casados antes de su conversión católica. En tercer lugar, las dispensas papales concedidas desde Roma –sabido es el gran número de las que otorgó el Papa Pablo VI- para que algunos sacerdotes, abandonando eso sí, las prerrogativas sacerdotales, que no el orden en sí -el sacramento del orden imprime carácter y es por lo tanto, irrenunciable-, procedieran al matrimonio.

Uno de los grandes caballos de batalla de las diversas reformas protestantes, y en esto coinciden luteranos, calvinistas y zwinglistas, es el ataque al celibato sacerdotal. El mismo Lutero, monje agustino, con obligación celibática, por lo tanto, cohabitaba (Adulteraba) con la monja Catalina Von Bora, con voto de castidad igualmente, la cual le dará 8 hijos.

En el ámbito ortodoxo, el celibato existe, pero no es tan estricto como en el católico: de hecho, es posible tomar las órdenes estando casado, no siendo posible, sin embargo, el paso contrario, esto es, el consistente en casarse habiendo tomado las órdenes.

En todo momento, esto es, desde Elvira, y muy en particular desde los concilios lateranenses, es preocupación de la Iglesia encontrar los argumentos presentes en los textos originales que contribuyan a avalar decisión tan estricta como la de prohibir al sacerdote contraer matrimonio. Pero a esos argumentos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y dentro de éste, tanto en los Evangelios como en las Cartas de Pablo, nos referiremos en otra ocasión, que en ésta ya nos hemos alargado demasiado. Así que, como otras veces le digo, amigo lector, por aquí nos vemos de nuevo, para seguir profundizando en estos temas y en otros que puedan ir suscitándose.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=13796&mes=2&ano=2011

Santa Juana de Arco

Muchos empleados de la corte del rey tenían celos de que ella llegara a ser demasiado importante y empezaron a hacerle la guerra.

Faltaba algo muy importante en aquella guerra nacional: conquistar a París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.

Los franceses la habían abandonado, pero los ingleses estaban supremamente interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más de mil monedas de oro a los duques de Borgoña para que se la entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.

Los ingleses la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el punto que Juana llegó a exclamar: “Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo”. Pero seguía rezando con fe y proclamando que sí había oído las voces del cielo y que la campaña que había hecho por salvar a su patria, había sido por voluntad de Dios.

En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terrible de las muertes de ese entonces: ser quemada viva.

Encendieron una gran hoguera y la amarraron a un poste y la quemaron lentamente. Murió rezando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le presentaba y encomendarse a Nuestro Señor. Invocaba al Arcángel San Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción y pronunciando por tres veces el nombre de Jesús, entregó su espíritu. Era el 29 de mayo del año 1431. Tenía apenas 19 años. Varios volvieron a sus casas diciendo: “Hoy hemos quemado a una santa”. 23 años después su madre y sus hermanos pidieron que se reabriera otra vez aquel juicio que se había hecho contra ella. Y el Papa Calixto III nombró una comisión de juristas, los cuales declararon que la sentencia de Juana fue una injusticia. El rey de Francia la declaró inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.

¿Por qué un proceso eclesiástico contra Juana de Arco?

— Por necesidad política. Si se conseguía demostrar que Juana era una bruja, o una hereje, la consagración del rey Carlos celebrada en la Catedral de Reims perdía su sentido sagrado. Asi que un Verdadero “pirata” pagado por los ingleses y nombrado por ellos hizo la parodia de un juicio.

Y al mismo tiempo se derrumbaba la consideración que los franceses tenían de su nuevo rey.

Pero este proceso, en el que participaron seis profesores universitarios parisinos que desempeñarán un papel muy activo, prelados procedentes de Normandía e Inglaterra, canónigos de Rouen y abogados del tribunal eclesiástico, obtuvo en realidad un resultado diametralmente opuesto.(En aquel tiempo todos estos sitios eran posesion de los Ingleses)

— ¿Cuál?

— El de entregarnos las actas de una especie de proceso de santidad.

El obispo Cauchon tuvo que pensar que iba a ser fácil, para un tribunal formado por universitarios de alto nivel, expertos en teología, en derecho civil y en derecho canónico, hacer que una joven campesina se confundiera e hiciera afirmaciones heréticas o hacerla caer en contradicción consigo misma o con la Iglesia. Los Ingleses no podían condenarla a muerte por haberlos derrotado, pero podían sentenciarla como una bruja o una hereje. Por otra parte, ellos tenían entre sus manos una herramienta lista en Pierre Cauchon, el Obispo de Beauvais. Pago por ellos.

En cambio, sucedió lo contrario. Y ahora las actas de aquel proceso son algo precioso.

En un momento determinado exclama: “Vosotros no sois la Iglesia”.

Son Célibes Gracias a DIOS

El celibato tiene sus raíces en la primera iglesia ascética filosófica, nacida de las escuelas filosóficas pitagórica, platónica y estoica. Es decir apoyada en el conocimiento y la ascética.

Estas mismas escuelas filosóficas ya habían creado en algunas formas del judaísmo un ideal de celibato, soportado por ciertas restricciones sobre la conducta sexual de las leyes de Moisés, como una forma perfecta de vida para el clero.

Con la Venida del Mesías todo se aclara y San Pablo escribe inspirado por el Espíritu de Dios.

“Os quiero libres de preocupaciones.
El que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor;
el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y está dividido.
La mujer no casada y la virgen se preocupan de las cosas del Señor, para ser santas en el cuerpo y en el espíritu;
la casada, sin embargo, se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
Os digo esto sólo para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino en atención a lo que es más noble y al trato con el Señor, sin otras distracciones”.
1Co 7:32

Trato con las mujeres
Raras veces, o nunca, pisen pies de mujeres tu humilde aposento. A todas las doncellas y vírgenes de Cristo, o desconócelas por igual o ámalas por igual.

No mores bajo el mismo techo con ellas, ni te asegures con la pasada castidad. No puedes ser ni más santo que David ni más sabio que Salomón. Acuérdate siempre que al morador del paraíso una mujer lo arrojó de su posesión. Si estuvieres enfermo, asístate un hermano santo cualquiera y la hermana o madre y otra mujer cualquiera de probada fidelidad cerca de todos. Y si no se hallaren personas de parejo parentesco y castidad, a muchas ancianas sustenta la Iglesia que pueden prestarte ese servicio y recibir de ti su beneficio, con lo que tu enfermedad habrá dado también fruto de limosna. Yo sé de algunos que convalecieron de cuerpo y empezaron a enfermar de espíritu. Peligroso es el servicio de persona en cuyo rostro te fijas con frecuencia.
Si, por deber de tu estado, has de visitar alguna viuda o virgen, no entres nunca solo en su casa.

San Jerónimo. Carta a Nepociano, presbítero

Casiodoro

“No sólo alcanzan la palma de la victoria los que luchan hasta derramar la sangre o los que viven en virginidad, sino también todos aquellos que, con la ayuda de Dios, vencen los vicios del cuerpo y conservan la recta fe. Pero para que podáis vencer más fácilmente, con la ayuda de Dios, los atractivos del mundo y sus seducciones, permaneciendo en él como peregrinos siempre en camino, tratad de buscar ante todo la saludable ayuda sugerida por el salmo 1, que recomienda meditar noche y día en la ley del Señor. Si toda vuestra atención está centrada en Cristo, el enemigo no encontrará ninguna entrada para asaltaros” (De Institutione Divinarum Scripturarum, 32: PL 70, col. 1147D-1148A).

Salmo 1

Dichoso aquel varón que no se deja llevar de los consejos de los malos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se asienta en la cátedra pestilente de los libertinos; sino que tiene puesta toda su voluntad en la ley del Señor, y está meditando en ella día y noche.
El será como el árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, el cual dará su fruto en el debido tiempo, y cuya hoja no caerá nunca; y cuanto él hiciere tendrá próspero efecto.
No así los impíos, no así; sino que serán como el tamo o polvo que el viento arroja de la superficie de la tierra.
Por tanto no prevalecerán los impíos en el juicio; ni los pecadores estarán en la asamblea de los justos.
Porque conoce el Señor y premia el proceder de los justos; mas la senda de los impíos terminará en la perdición.

“Si alguno dijere que los clérigos constituidos en orden sacro, o los regulares que han hecho voto solemne de castidad, pueden contraer matrimonio… y que pueden contraer matrimonio todos los que no sientan poseer el don de castidad, aunque hayan hecho voto de ella; sea anatema”
Doctrina sobre el Sacramento Matrimonial – Concilio de Trento – Sesión XXIV – Canon 9 – 11 Nov 1563

“Si alguno dijere, que el estado del Matrimonio debe preferirse al estado de virginidad o de celibato; y que no es mejor, ni más feliz mantenerse en la virginidad o celibato, que casarse; sea anatema”
Doctrina sobre el Sacramento Matrimonial – Concilio de Trento – Sesión XXIV – Canon 10 – 11 Nov 1563

Jerusalén

Francisco Natividad May-25-2014

Belen

El Muro de las Lamentaciones es un invento fariseo que no tiene nada que ver con el Templo, que estaba construido muy por encima y a una distancia considerable.

Es solo uno de los cuatro muros de apoyo construidos en tiempos de Herodes para ampliar el Monte Moriah (es el monte al que el Génesis narra cómo, Abram fué con su primogénito Isaac para sacrificarlo a Dios).

Los rabinos afirman que el sitio está cerca de las puertas del Cielo, por lo que llueven las bendiciones sobre él. Al poner un papel en el muro, tiene más posibilidades de llegar al cielo, existe un servicio de pago para poner el papel cuarenta días seguidos, para que surta más “efecto”.

El Templo fue teológicamente destruido por Cristo y es un lugar maldito. Jesús sale del Templo por última vez, lo deja atrás para siempre y se reúne con sus discípulos, la nueva comunidad “Los Cristianos” Universales, Católicos.
“Él les dijo: ¿Veis toda esa construcción? Pues yo os digo de cierto que no quedará de ella piedra sobre piedra. Mat 24:2 Biblia Torres Amat

Los intentos de reconstrucción por Juliano el Apóstata fueron frustrados por fenómenos milagrosos.
Historiadores tanto paganos como cristianos refieren que un viento violentísimo acompañado de un fuerte terremoto y de llamas misteriosas dispersó todos los materiales y que murieron muchos operarios sin que se pudiera llevar a cabo tan sacrílega reconstrucción. Vanos fueron los esfuerzos de Juliano: ya lo asechaba la muerte.
Pereció en una guerra contra los Persas. Los Historiadores cristianos dicen que, herido mortalmente, el desgraciado príncipe recogió la sangre que manaba de la llaga y, arrojándola contra el cielo exclamó: “Venciste Galileo”.

Otros fenómenos en vísperas de la reconstrucción del templo.

Recientemente la Gruta de la Natividad de Belén, resultó dañada por un incendio “accidental”, indicó el gobernador de la localidad.

Una lámpara de aceite provocó un incendio que quemó las cortinas en las paredes de la gruta donde nació el Salvador, el lugar donde nació Jesús, solo horas después de la visita del Papa Francisco.

La policía está investigando…

Por su parte, el Arzobispo Theofaketos de la ciudad de Belén, informó a todos los cristianos de que no se han producido daños graves.

El suceso tuvo lugar a las pocas horas de otro incendio, en la abadía de la Dormición,(el lugar de la Asunción de la Santísima Virgen María) adyacente al Cenáculo, poco después de la Misa celebrada ayer por el Papa Francisco, que también visitó la gruta de Belén…

En este caso fueron manos criminales las causantes de la profanación del lugar sagrado.

http://www.infovaticana.com/incendio-en-la-abadia-situada-junto-al-cenaculo-despues-de-la-misa-del-papa/

dormicion

Los tipos de oración

Los tipos de oración

La oración como petición está presente en todos los tipos de oración porque corresponde exactamente al don de la gracia, que necesitamos por todas partes. La tradición, para distinguir los distintos tipos de oración, se ha basado en un texto de la primera carta a Timoteo: «Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres» (2, 1). Podemos distinguir la oración o elevación del espíritu hacia Dios, que puede referirse también a la conversación amistosa con Dios donde se alimenta la vida contemplativa; la petición de algo determinado;
la súplica, como petición de ayuda en general; la obsecración, que es una invocación a la santidad o a la misericordia divina, especialmente para obtener el perdón de los pecados, como oración de penitencia; está también
la intercesión en favor de otro, que puede adoptar la forma de plegaria de reparación; y, por último,
la acción de gracias por los beneficios recibidos, por las peticiones escuchadas. Podemos añadir la adoración que está en la base de toda petición, como reconocimiento de nuestra condición de criaturas, de nuestra dependencia respecto a Dios, y volvemos a encontrarla en la cima, como la culminación de toda oración. La petición es aquí incluso necesaria, puesto que no podríamos adorar como conviene sin la gracia. La oración de alabanza se eleva, sin duda, por encima de nuestras peticiones, aunque aún tenemos necesidad de la gracia para acceder al estado de alabanza y para progresar en él hacia Dios, que está por encima de toda alabanza.

La oración de petición responde así a la necesidad de la gracia y nos prepara para acogerla ahondando en nosotros el deseo. Ahí reside el secreto de su fuerza y de su eficacia, pues, como dice vigorosamente Tertuliano, la oración es «la única fuerza capaz de vencer a Dios».

Salmo 103

“Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su Nombre santo.
Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona tus culpas, quien sana tus enfermedades.
Quien rescata tu vida de la fosa, quien te corona de misericordia y compasión.
Quien sacia de bienes tu existencia. como el águila se renovará tu juventud.
El Señor hace obras justas y justicia a todos los oprimidos.
Él mostró sus caminos a Moisés, sus hazañas, a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia.
No dura siempre su querella, ni guarda rencor perpetuamente.
No nos trata según nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas.
Pues cuanto se elevan los cielos sobre la tierra, así prevalece su misericordia con los que le temen.
Cuanto dista el oriente del occidente, así aleja de nosotros nuestras iniquidades.
Como se apiada un padre de sus hijos, así el Señor tiene piedad de los que le temen.
Pues Él conoce de qué estamos hechos, recuerda que somos polvo.
¡El hombre! Como el heno son sus días. florece como flor silvestre;
sobre él pasa el viento y no subsiste, ni se reconoce más su sitio.
Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y para siempre con los que le temen; y su justicia, con los hijos de los hijos,
con los que guardan su Alianza y recuerdan sus mandatos y los cumplen.
El Señor estableció su trono en los cielos, su reino domina todas las cosas.
Bendecid al Señor, ángeles suyos, fuertes guerreros, que ejecutáis sus mandatos, prestos a obedecer a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, todos sus ejércitos, ministros suyos, que ejecutáis su voluntad.
Bendecid al Señor todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. ¡Bendice, alma mía, al Señor!

Mantilla

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La Mantilla es una prenda de seda, encaje o blonda con la que las damas se cubren la cabeza y los hombros en las procesiones, fiestas o actos religiosos. Solamente las Reinas de España pueden lucir mantilla blanca ante el Papa.
Esta mantilla es la adecuada para ir a misa.

El uso de la mantilla sobre la cabeza durante la santa Misa es una antigua tradición. San Pablo escribe sobre esta práctica en el capítulo undécimo de su primera carta a los corintios. El comienza su explicación de esta manera:

«Sed imitadores míos tal cual soy yo de Cristo. Os alabo de que en todas las cosas os acordéis de mí, y de que observéis las tradiciones conformes os las he transmitido. Más quiero que sepáis que la cabeza de todo varón es Cristo, y el varón, cabeza de la mujer, y Dios, cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza. Más toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza; porque es lo mismo que si estuviera rapada. Por donde si una mujer no se cubre, que se rape también; mas si es vergüenza para la mujer cortarse el pelo o raparse, que se cubra. El hombre, al contrario, no debe cubrirse la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios, mas la mujer es gloria del varón. Pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón, como tampoco fue creado el varón por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por tanto, debe la mujer llevar sobre su cabeza (la señal de estar bajo) autoridad, por causa de los ángeles. Con todo, en el Señor, el varón no es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. Pues como la mujer procede del varón, así también el varón (nace) por medio de la mujer; mas todas las cosas son de Dios. Juzgad por vosotros mismos: ¿Es cosa decorosa que una mujer ore a Dios sin cubrirse? ¿No os enseña la misma naturaleza que si el hombre deja crecer la cabellera, es deshonra para él? Mas si la mujer deja crecer la cabellera es honra para ella; porque la cabellera le es dada a manera de velo.» [Traducción bíblica de Mons. Straubinger -TMS-]1 Corintios 11

Finalmente, ¿alguno encontrará alguna razón para argumentar lo contrario?, San Pablo escribe:

«Si, con todo eso, alguno quiere disputar, sepa que nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco las Iglesias de Dios.» [TMS]

Siguiendo a San Pablo y a la antigua práctica de la Iglesia, el Código de Derecho Canónico de 1917 requería que las mujeres usasen velos o mantillas durante las funciones litúrgicas:

«Los varones, ya sea dentro o fuera de la Iglesia [al pasar por el frente, por ejemplo], mientras asisten a los ritos sagrados, deben llevar la cabeza descubierta, a menos que las costumbres locales lo aprueben o se den circunstancias particulares, no se determinará otra cosa. Las mujeres, sin embargo, deberán cubrirse la cabeza y vestirse con modestia, especialmente cuando se aproximan a la mesa del Señor.» [Can. 1262, par. 2]

En tiempos recientes el cubrirse la cabeza no ha sido una práctica común, ¿qué sucedió? En 1976, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe emitió el decreto Declaración sobre la Admisión de Mujeres al Ministerio Sacerdotal (Inter insigniores), el cual subrayaba la razón por la cual las mujeres no pueden ser sacerdotes (o sacerdotisas). En este decreto leemos:

«Pero hay que notar que esas prescripciones, probablemente inspiradas en las costumbres del tiempo, no se refieren sino a prácticas de orden disciplinar de poca importancia, como, por ejemplo, a la obligación por parte de la mujer de llevar un velo en la cabeza; tales exigencias ya no tienen valor normativo.»

Desde este tiempo, el nuevo Código de Derecho Canónico (1983) omite el requerimiento de cubrirse la cabeza… así, hoy, en gran parte de la Iglesia el que las mujeres usen el velo o mantilla sobre la cabeza al asistir a Misa es algo muy raro. Esto no debe ser así, y pienso que si el tema fuese mucho mejor entendido, las mujeres encontrarían en el uso del velo o mantilla algo bueno y digno, tanto en lo individual como para la sociedad. Al explayar mi opinión no centraré el uso del velo o mantilla en razones de modestia o sujeción, sino sólo en su referencia a un gran misterio. San Pablo nos dice que la mujer vino del hombre así como el hombre vino primero de tal manera que es cabeza de la mujer… así, ellas utilizan velo o mantilla sobre la cabeza para revelar sumisión a él. Es cierto también, sin embargo, que desde Adán todo hombre viene de una mujer y ellas deben utilizar velo o mantilla también por esta razón.

En cada concepción, el divino Visitante entra solamente en la mujer para crear una nueva persona, sólo en ella desciende y, como otra encarnación, toca su útero e implanta una nueva alma inmortal. Ahora, este es un gran misterio, ¿y cómo hemos de mostrar los misterios?, le ponemos velos. Una niebla cubrió a la tierra durante su creación; el humo veló el Monte Sinaí cuando Moisés recibió las tablas; una nube recibió a nuestro Salvador en Su Ascensión. Lo sagrado es velado de tal manera que podamos orientarnos hacia una realidad más profunda. Durante la santa Misa, el Tabernáculo es velado debido a que contiene a Dios, así como el cáliz es velado también puesto que lo contiene a Él también. Así como es un gran misterio el que Dios se haga presente en nuestros altares, lo cual “vemos” con la Fe; y así, el que las mujeres se cubran con un velo hace más evidente que su vida forma parte de un digno y singular papel… sólo ellas han sido escogidas como recipientes de nueva vida. Pero, ¿qué hay de aquellas mujeres quienes no portan un hijo en sus entrañas, las ancianas, las muy jóvenes y las estériles?, ¿deberían ellas portar velo o mantilla? Sí deberían. Ya que las ancianas o las muy jóvenes o las estériles comparten la naturaleza de la mujer, la cual está identificada con portar nueva vida… y la naturaleza no cambia.
Si seguimos esta lógica de utilizar velo o mantilla, la cual apunta al misterio de la mujer, entonces podemos comprender apropiadamente la bendición que se les da después de que han dado a luz. Este sacramental no sólo es un acto de agradecimiento, sino una purificación. Ahora, la purificación no se refiere en el sentido de limpiar un objeto sucio, sino de limpiar algo que está santificado y volverá a utilizarse. En la santa Misa, después de la Comunión, el sacerdote purifica el cáliz, él no hace esto porque el cáliz esté sucio, sino porque Dios ha estado ahí. Así la mujer es purificada, no porque esté sucia, sino porque Dios ha entrado en ella, ha tocado su útero y a través de ella ha colocado otra alma inmortal en el mundo.

R. P. Christopher Hathaway, FSSP, “Conveniencia de que las mujeres utilicen velo o mantilla durante la Misa”, original en inglés “On the Fittingness of the Woman’s Veil”.
Tomado de la homilía del domingo después de la Ascensión del 23 de mayo de 2004.
Fuente Biblia y Tradición.