Dice Jesús, HAZ tú lo mismo

HAZ

La doctrina nestoriana, cree que Cristo es dos personas distintas: el Hijo de Dios y el hijo de María. Concretamente, Nestorio se oponía a que María fuera llamada Theotokos (Madre de Dios).

Esta Herejía fue recogida por Lutero, (entre otras), pretendiendo que el hombre debe simplemente creer que Cristo ha hecho todo lo que se requiere para que nos salvemos, es decir, “bebamos, comamos Y PEQUEMOS, que mañana moriremos e iremos al cielo”.

“No hay quien sea cuerdo, no hay quien busque a Dios; todos se descarriaron, todos se inutilizaron; no hay quien obre bien, no hay siquiera uno;su garganta es un sepulcro abierto, se han servido de sus lenguas para urdir enredos; dentro de sus labios tienen veneno de áspides; su boca está llena de maldición y de amargura; son sus pies ligeros para ir a derramar sangre; todos sus pasos se dirigen a oprimir y a hacer infelices a los demás; porque la senda de la paz nunca la conocieron, ni tienen el temor de Dios ante sus ojos”.Rom 3:11-18

“Así que, concluimos ser justificado el hombre por la fe viva sin las obras de la ley”. Rom 3:28

Debemos anotar que “justificado por la sola fe” no significa lo mismo que “justificado por la fe APARTE de las obras de la ley”.

“Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, o a los judíos, debes temer que ni a ti tampoco te perdonará”. Rom 11:21

“¿De qué serviá, hermanos míos, el que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Por ventura la fe podrá salvarle?
Caso que un hermano o una hermana estén desnudos y necesitados del alimento diario,
¿de qué les servirá que alguno de vosotros les diga: Id en paz, defendeos del frío y comed a satisfacción, si no les dáis lo necesario para reparo del cuerpo?
Así la fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma” .Stg 2:14-17

“¿Y quién es mi prójimo?
Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto.
Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo.
Igualmente, un levita llegó cerca de aquel lugar y, al verlo, también pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje se llegó hasta él y, al verlo, se llenó de compasión.
Se acercó y le vendó las heridas echando en ellas aceite y vino. Lo montó en su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó.
Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta».
¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los salteadores?
Él le dijo: -El que tuvo misericordia con él.

-Pues anda -le dijo JESÚS-, y haz tú lo mismo”. Luc 10:30-37

HAZ = ποιέω (poiéō) = verbo imperativo, correspondiente al pronombre tú del verbo hacer, poner, practicar, prestar, procurar, producir, redimir, sacar, tomar, trabajar, actuar, causar, preparar celada, celebrar, cometer, conducir, constituir, convertir, cumplir, dar, dejar, echar, efectuar la purificación, ejecutar, ejercer, encaminar, encender, enderezar, establecer, ganar, guardar, hacer, lavar, llevar,OBRAR.

“Pues no son justos ante Dios los que oyen la Ley, sino los que cumplen la Ley: éstos son los que serán justificados.
En efecto, cuando los gentiles, que no tienen la Ley, siguiendo la naturaleza, cumplen los preceptos de la Ley, ellos, sin tener la Ley, son ley para sí mismos”. Rom 2:13-14

La corona de adviento

Cuatro velas decoran la corona de adviento, cuyo color se corresponde con el de las vestiduras del sacerdote a lo largo del periodo de Adviento.
Tres colores litúrgicos se utilizan en la corona de Adviento: el morado, color de profundización espiritual y preparación en las velas correspondientes a las tres primeras semanas de Adviento; el color rosado se usa en la misa del Domingo Gaudete (la tercera semana de Adviento), y resulta de la mezcla del morado con el blanco, para indicar la cercanía de Navidad; finalmente, en algunas coronas de Adviento se pone una quinta vela, más grande y de color blanco, que se enciende el día de Navidad. El blanco en la liturgia simboliza pureza y tiempo de júbilo, y es usado en los momentos principales del calendario litúrgico: Navidad y Pascua.

Este signo es útil tanto para los niños como para los adultos, para ayudarles a tomar conciencia de este tiempo litúrgico y para no olvidar la importancia que tiene vivir el sentido de los diversos momentos del año litúrgico. En medio de un ambiente pagano y descreído, que tiende a celebrar la Navidad solamente como fiesta comercial, la corona de Adviento puede ser un pequeño símbolo de los valores humanos y cristianos que deberían centrar nuestra atención en estos días.

Que la Corona de Adviento nos ayude en el crecimiento de la esperanza y sea un signo que nos recuerde la necesidad de estar siempre vigilantes para el encuentro con Jesucristo, el Dios que vino, viene y vendrá.

Oraciones para encender las velas de la corona

Primer domingo

Encendemos, Señor, esta luz,
como aquel que enciende su lámpara
para salir en la noche,
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.

Muchas sombras nos envuelven.
Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda,
y la alegría más verdadera.

¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

Segundo domingo

Los profetas mantenían encendida
la esperanza de Israel.

Nosotros, como un símbolo,
encendemos estas dos velas.

El viejo tronco está rebrotando,
florece el desierto…

La humanidad entera se estremece
porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.

Que cada uno de nosotros, Señor,
te abra su vida para que brotes,
para que florezcas, para que nazcas,
y mantengas en nuestro corazón
encendida la esperanza.

Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

Tercer domingo

En las tinieblas se encendió una luz,
en el desierto clamó una voz.

Se anuncia la buena noticia:

¡El Señor va a llegar!

Preparad sus caminos, porque ya se acerca.

Adornad vuestra alma
como una novia que se engalana el día de su boda.

Ya llega el mensajero.

Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes.

¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuélvenos con tu luz, caliéntanos en tu amor.

Cuarto domingo

Al encender estas cuatro velas, en el último domingo,
pensamos en Ella, la Virgen,
tu madre y nuestra madre.

Nadie te esperó con más ansia,
con más ternura, con más amor.

Nadie te recibió con más alegría.

Te sembraste en Ella,
como el grano de trigo se siembra en el surco.

Y en sus brazos encontraste la cuna más hermosa.

También nosotros queremos prepararnos así:

en la fe, en el amor y en el trabajo de cada día.

¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a salvarnos