La luz que envolvía a la Virgen, Catalina Emmerich

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“He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles.

María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María”.

“Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. “

“Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo. “

“María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. “Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha !”

“He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte. “

“A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. “

“Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: “No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre”. Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando:
“Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba.”

ALEMANIA, 1820
Anna Catalina Emmerich, nació en Alemania en 1774. Religiosa, desde el 29 de diciembre de 1812 hasta el 9 de febrero de 1824, día de su muerte, llevó en su cuerpo los estigmas de Jesús.
Sus visiones se usaron para el descubrimiento de la casa de la Virgen María en una colina cerca de la ciudad de Éfeso.
Se alimentaba solamente de la Santa Eucaristía

Villancico Polaco

Dios nace, los poderes tiemblan,
Señor del cielo desnudo!
el Fuego se solidifica, el brillo espanta la oscuridad
El Infinito es abarcado.
Fue despreciado, estaba revestido de gloria,
rey mortal de las edades!
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros.
¿Quien tiene el cielo en la tierra?
Dios ha abandonado su felicidad allá,
ingresó entre el amado pueblo,
compartiendo con él las dificultades y fatigas.
Bastantes sufrieron bastante,
los pecadores eran culpables de la misma,
y el Verbo … nació en un cobertizo miserable
un pesebre como cuna tiene!
¿Qué es eso que lo rodea?
ganado, pastores y heno
Los pobres, vienen a saludarlo antes de los ricos!
Una palabra … Y los reyes se arrodillan entre la simplicidad,
llevan regalos al Señor.
Mirra, incienso y oro Deidad juntos mezclado .
Levanta la mano, Niño Divino, Bendice la Patria bonita!
En el buen consejo y el bienestar
dános valor, apóyanos con tu fuerza.
Nuestra casa y posesiones todos, son tuyas
y todos los pueblos a las ciudades.

Villancicos escritos por Santos de la iglesia

El santo fundador de los redentoristas Alfonso María de Ligorio (1696-1787), escribió uno de los villancicos más famosos.

1. Antes del desarrollo de los villancicos alegres y familiares, se cantaban himnos latinos solemnes y de una teología muy profunda durante las liturgias navideñas.

La costumbre de cantar en Navidad se remonta a las primeras celebraciones conocidas de la Navidad, del siglo IV, pero estos himnos carecían del tono alegre de los villancicos actuales. Uno de los himnos navideños más antiguos es el himno de la Iglesia Latina Veni, Redemptor Gentium (Ven, redentor de la tierra), escrito por san Ambrosio, obispo de Milán (340-397).

Clement A. Miles, autor de la obra clásica Navidad en el Ritual y en la Tradición: Cristiana y pagana (1912), destaca que el himno representa “sólo el aspecto teológico de la Navidad […]; no hay un sentimiento de la pathos humana ni poesía en la escena de Belén”.

Otros himnos de este tipo se incorporan a la liturgia de la Iglesia en Navidad, incluyendo el himno del poeta español Prudentius (384-413), Corde natus ex parentis (Engendrado por el amor del Padre); A Solis Ortus Cardine (Del este al oeste, de una costa a otra), de Coelius Sedulius (d. 450); y Jesu, Redemptor Omnium (Jesús, el redentor del hombre).

Phos Hilaron (Oh Luz gozosa), de la antigua Iglesia griega, se dice que fue escrito en el siglo III o IV. A pesar de no haber sido escrito específicamente para Navidad y de usarse en las Iglesias orientales en Vísperas, el himno antiguo se canta alguna tarde en los servicios de Navidad en las iglesias ortodoxas, católicas, anglicanas y luteranas.

Estos primeros himnos son densos, solemnes y muy teológicos; comunican las doctrinas de la Encarnación y de la Redención, pero no sirven para describir la escena -como hacen los villancicos- de la realidad humana del nacimiento de Cristo, completada con la presencia de los pastores, los coros de los ángeles y la ternura del amor de la Madre hacia el recién nacido.

2. En el siglo XIII, la espiritualidad de san Francisco de Asís, comenzó “el espíritu de los villancicos” que celebraban la sencilla humanidad del nacimiento del Niño Jesús.

Muchos, erróneamente, atribuyeron los primeros villancicos a san Francisco de Asís, que tenía una particular devoción al Niño Jesús, pero no hay villancicos conocidos cuyo autor sea san Francisco. Lo que sí introdujo él fue el belén, la escena navideña. De acuerdo con su biógrafo Tomás de Celano (1200-1265), el santo había querido recrear “el recuerdo del Niño que nació en Belén para ver con los ojos del cuerpo las inconveniencias de su infancia, cómo yacía en el pesebre flanqueado por un buey y un asno”.

Por esta razón muchos atribuyen a san Francisco el “espíritu de la Navidad”, que Clement A. Miles destaca en su texto clásico sobre las tradiciones de la Navidad, sin olvidar “el lado divino de la Natividad, que se deleita en su sencilla humanidad”. Este santo sí escribió Psalmus in Nativitate (Salmo para el día de Navidad), que habla del nacimiento del Niño “que yacía en el pesebre porque no tenía sitio en la posada”. Sin embargo, el primer villancico no se escribiría hasta después de su muerte.

Se dice que los franciscanos que seguían a san Francisco escribieron los primeros “villancicos”, que se diferenciaban de los antiguos himnos cristianos en que se escribían en el idioma del lugar y trataban la escena de la Natividad y al mismo Cristo con una cálida familiaridad. Los versos llaman al Niño Dios “nuestro dulce y pequeño hermano” y usan diminutivos afectivos refiriéndose a Cristo como “muñequito”, “pequeñito” y “Jesusito”. Un verso dice: “Vamos a ver a su niño, que yace en la paja/ Mira sus desnudos brazos abiertos/ lo pone en el pecho/ lo cubre como puede/ le pone la comida en la boquita”. [Veggiamo il suo Bambino, Gammettare ne fieno / E le bracia scoperte/ Porgere ad ella in seno / Ed essa lo ricopre, El meglio che puo almeno/ Mettendoli la poppa / Entro la sua bocchina].

Otro santo, el fundador redentorista Alfonso María de Ligorio (1696-1787), escribió uno de los villancicos más famosos de Italia y más allá: Tu Scendi Dalle Stelle (Tú desciendes de las estrellas). El villancico, que tradicionalmente se canta en Nochebuena en el Vaticano, sigue fielmente el “espíritu navideño” iniciado por san Francisco al describir la escena de la Natividad: “Desde el Cielo desciendes/ vienes oh Rey Glorioso/ un pesebre es tu lecho/ con el frío helador/ Oh, mi querido Niño / tiritando, temblando de frío” [Tu scendi dalle stelle, / O Re del Cielo, / e vieni in una grotta, / al freddo al gelo. / O Bambino mio Divino / Io ti vedo qui a tremar].

John J. Boucher, director asociado para la evangelización de la diócesis estadounidense de Trenton y organizador de un famoso festival de villancicos populares, reflexionó con Aleteia sobre la historia de los villancicos, y destacó que “siempre que ha habido un gran despertar espiritual parece que se hayan escrito mejores villancicos que en épocas anteriores. Normalmente se da un movimiento real del Espíritu Santo en la cultura, y se puede observar que aparecen nuevos villancicos o versiones de algunos antiguos”.

Boucher también explica que la mayoría de los villancicos tienen una “historia mezclada”: las letras se escriben de forma separada de la música, y la unión de las mismas en un villancico “representa la unión de múltiples autores”. La música que se usa para muchos villancicos, señala, se toma de la cultura secular: “Esto refleja el ingenio de la Iglesia católica para tomar lo que está en su cultura, bautizarlo y convertirlo en católico”. La música usada para ¿Qué niño es este?, por ejemplo, se tomó de Greensleeves, que era una canción de bar en Inglaterra.

3. El género del villancico se expandió con el tiempo por toda Europa, y se define vagamente como una canción de sentimiento religioso, escrito a menudo en lengua vernácula, que se acompaña por una melodía secular, popular o informal.

En inglés, la palabra usada para este tipo de música navideña es carol, que viene del antiguo francés carole, una danza circular de orígenes paganos que se remonta al siglo XII. En francés, sin embargo, este género es conocido como Noël, que también es la palabra con la que se designa la Navidad. En italiano, el género se conoce sencillamente como canto di Natale o canto natalizio. En España recibe el nombre de “villancico,” y en portugués vilancete. El “villancico” toma su nombre de un tipo de música popular de la Península Ibérica durante los siglos XV al XVIII. En esa época, los villancicos se escribían para una serie de fiestas como la Inmaculada Concepción, la Ascensión, el Corpus Christi y la Asunción, pero hoy el villancico hace referencia sólo a la Navidad.

En el siglo XIV, varios villancicos, siguiendo la tradición de los italianos escritos por los franciscanos, comenzaron a aparecer en Alemania. Recibían el nombre Weihnachtslied. John Tauler (d. 1361) escribió Es komt ein schif geladen (Un barco llega a toda vela), que es una adaptación de una canción secular. Del mismo siglo es Es is Ros entsprungen, y del XIV, In Dulci Jubilo.

En 1816, el padre Joseph Mohr escribió Stille Nacht! Heilige Nacht (Noche de paz), que fue cantado por primera vez en la Nochebuena de 1818 acompañado por la música compuesta por Franz Gruber. Este villancico es una canción de cuna para recién nacidos que le dice al “Niño santo, tan dulce y suave” que “duerma en paz celestial”. Este villancico es tan apreciado, que es uno de los más cantados en el mundo y ha sido traducido a más de 140 idiomas.

El villancico inglés vivió su edad dorada entre los siglos XV y XVII, como recoge Edith Rickert en Antiguos villancicos ingleses 1400-1700 (Duffield and Company, 1910). Se conocen unos 500 villancicos escritos en ese periodo, la mayoría de los cuales hablan de la Madre de Dios y del niño Jesús. Al principio, se intentaba que los villancicos se parecieran a los antiguos himnos latinos, como el macarrónico Mater salutaris del siglo XIII. Un villancico popular de este periodo es The first Nowell, que apareció como lo conocemos hoy a principios del siglo XIX, pero cuya letra data, posiblemente, de principios del siglo XIII o al menos de mediados del siglo XVI. El villancico trata muchos temas comunes, como el papel de los pastores en la historia de Navidad, describiendo la escena de “una profunda noche fría de invierno” y la historia de los Tres Reyes que “continuaron, día y noche” buscando al Niño Jesús. El villancico también menciona “el pesebre con el buey y la mula” y Cristo Niño “carente de ropa” y “en un pesebre entre el heno”.

En Francia, el Nöel surgió en el siglo XV y, al igual que los villancicos ingleses, apareció al principio en latín mezclado con la lengua vernácula. Noël nouvelet (literalmente traducido como “noticias novedosas”) data del siglo XV, y Ça, bergers, assemblons nous (Pastores, reuníos) data del siglo XVI. Algunos de los villancicos conocidos universalmente incluyen Il est ne, le Divin Enfant (Ha nacido, el Divino Niño Jesús), y Les Anges Dans Nos Campagnes (Gloria in excelsis Deo) del siglo XVIII.
En España, Juan López de Úbeda, Francisco de Ocaña y José de Valdivielso fueron los principales autores de villancicos en los siglos XVI y XVII. Uno de las canciones más populares del mundo hispano parlante es Los peces en el río, cuya letra habla de lo que hace María al dar a luz al Niño, y los movimientos de los peces en el río. Otro villancico muy popular es En el portal de Belén.

4. Juan Pablo II elogió los villancicos como “expresiones de la piedad popular” que están llenos de “una gran riqueza musical y teológica”.

Los villancicos no sólo pertenecen a nuestra historia; de alguna manera forman parte de nuestra historia nacional y de la historia del cristianismo”, dijo Juan Pablo II al dirigirse a un grupo de peregrinos polacos en la Navidad de 1996. El Papa polaco reflexionó junto a sus compatriotas sobre “estas expresiones de piedad popular […] cuya riqueza musical y teológica es enorme”.

“Son muchos y de una riqueza espiritual considerable”, continuó. “Desde los más antiguos a los más actuales, desde los más litúrgicos a los más populares”. “No debemos perder esta riqueza”, dijo hablando sobre el villancico polaco Bóg się rodzi (Dios ha nacido). “Esta es la razón por la que, así como yo parto con vosotros la Eucaristía de Navidad, espero que todos vosotros, queridos compatriotas, ya sea en vuestra tierra o aquí en Roma o en cualquier parte del mundo, cantéis los villancicos, pensando lo que estáis diciendo, en su contenido, y en ellos descubriréis la verdad del amor de Dios que se ha hecho hombre por nosotros”.

Dos años antes, en 1994, Juan Pablo II escribió una carta a los niños, en la que les contaba su experiencia en la infancia: “Entonces yo vivía también la atmósfera serena de la Navidad, y al ver brillar la estrella de Belén corría al nacimiento con mis amigos para recordar lo que sucedió en Palestina hace 2000 años. Los niños manifestábamos nuestra alegría ante todo con cantos. ¡Qué bellos y emotivos son los villancicos, que en la tradición de cada pueblo se cantan en torno al nacimiento! ¡Qué profundos sentimientos contienen y, sobre todo, cuánta alegría y ternura expresan hacia el divino Niño venido al mundo en Nochebuena!”.

John J. Boucher, el director asociado para la Evangelización en la diócesis de Trenton, cuenta a Aleteia que los villancicos son una especie de “pequeño catecismo” y una “forma de presentar el Evangelio de Jesús en pocas palabras”. Explica también que “algunos villancicos […] resumen la vida entera, muerte y resurrección de Cristo y su reinado como Cristo Rey. Otros ofrecen instantáneas de Jesús y títulos de Jesús”.

El Festival de Villancicos es un proyecto anual de evangelización en Trenton que anima a las parroquias a usar su rica tradición de los villancicos para llegar a los católicos alejados.

Boucher afirma que esta posibilidad de usar los villancicos como modo de evangelizar y hablar a los católicos y los no católicos de la fe es “algo de lo que no nos hemos aprovechado”. Y revela que después de varios años celebrando el Festival de Villancicos, mucha gente se ha vuelto a cuestionar sobre la fe católica o ha vuelto a la Iglesia.

También habla de varias historias de conversión sucedidas después de la asistencia al Festival de Villancicos, entre ellas la de una mujer que hacía muchos años que no iba a la iglesia y que volvió después de asistir al festival. Los participantes experimentaron una “gran alegría”, dijo. “Se sintieron atraídos por el curativo recuerdo de Cristo Niño. Este recuerdo es algo tan profundo que toca la vida de las personas”.

Referencias:
El Papa Juan Pablo II sobre los villancicos polacos
Bóg się rodzi (Dios nace), escrito por Franciszek Karpiński en 1792
Carta de 1994 de Juan Pablo II a los niños.

http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/quien-escribio-el-primer-villancico-1-93001

El acto de dar a luz a Dios, Luisa Piccarreta

Nacimiento

“La Mamá Reina, en el acto de dar a luz al Niño Jesús.
¡Qué extraordinario prodigio! Parecía que tanto la Madre cuanto el Hijo se hubieran transformado en luz purísima, pero en esa luz se veía muy bien la naturaleza humana de Jesús, que contenía en sí a la Divinidad y le servía como de velo para cubrirla, de tal modo que, rasgando el velo de su naturaleza humana era Dios y cubierto con ese velo era hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios: Dios y hombre, hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con nosotros tomando carne humana, porque el verdadero amor no permite jamás separación.

Pues bien, me ha parecido que la Madre y el Hijo en aquel felicísimo instante se han vuelto como espiritualizados, y sin la menor dificultad Jesús ha salido del seno de su Madre. Desbordándose Ambos en un exceso de amor, o sea, transformándose en Luz sus santísimos cuerpos, sin el menor obstáculo, Jesús Luz ha brotado de dentro de la luz de la Madre, quedando sanos e íntegros tanto El como Ella, volviendo después al estado natural.

¿Pero quién podrá decir la hermosura del Niño, que en aquel momento de su nacimiento derramaba aun externamente los rayos de su Divinidad? ¿Quién podrá describir la belleza de la Madre, que quedaba toda absorbida en aquellos rayos divinos?
¿Y San José? Me pareció que no estaba presente en el momento del Nacimiento, sino que estaba en otro rincón de la cueva, totalmente absorto en aquel profundo Misterio, y aunque no vio con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma, porque estaba arrebatado en sublime éxtasis.

Ahora bien, en el acto que el Niño salió a la luz, yo hubiera querido volar para tomarlo en mis brazos, pero los Angeles me lo impidieron, diciéndome que a la Madre le correspondía el honor de ser la primera en tomarlo. Entonces la Stma. Virgen, como despertándose, ha vuelto en sí y de manos de un Angel ha recibido al Hijo entre sus brazos, lo ha estrechado tan fuerte en el ardor de su amor, que parecía como si quisiera encerrarlo de nuevo en sus entrañas; y luego, como queriendo dar desahogo a su ardiente amor, lo ha puesto a mamar a su pecho. Entre tanto, yo estaba toda anonadada, esperando que me llamara, para que los Angeles no volvieran a regañarme. Entonces la Reina me ha dicho: “Ven, ven y toma a tu Amado y disfrútalo tú también, desahoga con El tu amor”.

Diciendo ésto, me he acercado y la Mamá me lo ha puesto en brazos. ¿Quién podrá decir mi contento, los besos, las caricias, las ternuras? Después de haberme desahogado un poco, Le he dicho: “Querido mío, Tú has tomado la leche de nuestra Mamá, dáme a mí un poco”.
Y El, consintiendo, de su boca ha derramado parte de esa leche en la mía y después me ha dicho: “Amada mía, Yo fui concebido junto con el dolor, nací al dolor y morí en el dolor, y con los tres clavos con que Me crucificaron dejé clavadas las tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad, de las almas que desean amarme, haciendo que quedasen atraídas del todo a Mí, porque la culpa las había hecho estar enfermas y separadas da su Creador, sin freno alguno”.

Mientras esto decía, ha dirigido una mirada al mundo y ha empezado a llorar por sus miserias. Al verle llorar, Le he dicho: “Niño querido, no entristezcas con tu llanto una noche tan gozosa para quien Te ama. En vez de desahogar el llanto, desahoguémonos con el canto”.
Y diciendo así, he empezado a cantar; oyéndome cantar, Jesús se ha distraído y ha dejado de llorar, y al acabar mi verso ha cantado el suyo, con una voz tan fuerte y armoniosa, que todas las otras voces desaparecían ante su voz dulcísima”.

Para María y José fue un prodigio poder vivir la vida normal,
a pesar del continuo arrobo que el Niño les producía.

6 de Diciembre de 1900

Viendo de nuevo al santo Niño, veía a la Reina Madre por un lado y a San José por otro, que estaban adorando profundamente al Niño divino. Estando totalmente atentos a El, me parecía que la continua presencia del Niñito los tenía absortos en éxtasis continuo, y si hacían cualquier cosa, era un prodigio que el Señor realizaba en ellos; de lo contrario hubieran quedado inmóviles, sin poder cumplir con sus deberes exteriormente.

6 de Enero de 1901

Hallándome fuera de mí misma, me parecía ver cuando los santos reyes Magos llegaron a la cueva de Belén. Apenas estuvieron en presencia del Niño, tuvo a bien hacer que externamente resplandecieran los rayos de su Divinidad, comunicándose a los Magos de tres maneras: con el amor, con la belleza y con la potencia, de forma que quedaron arrebatados y sumidos en la presencia del Niño Jesús, tanto que si el Señor no hubiera retirado otra vez interiormente los rayos de su Divinidad, se hubieran quedado allí para siempre, sin poderse mover más. Así que, apenas el Niño retiró su Divinidad, volviendo en sí los santos reyes Magos, se sacudieron estupefactos al ver un exceso de amor tan grande, porque en esa luz el Señor les hizo comprender el misterio de la Encarnación.

Se levantaron, pues, y ofrecieron sus dones a la Reina Madre y Ella les habló largamente, pero no sé decir todo lo que les dijo; sólo recuerdo que les inculcó fuertemente, no sólo su salvación, sino que tuvieran muy en el corazón la salvación de sus pueblos, sin miedo de exponer incluso la vida con tal de obtenerla.
Después de eso me he retirado dentro de mí misma y me he encontrado junto con Jesús, y quería que yo Le dijese algo, pero yo me veía ser tan mala y confusa, que no me atrevía a decirle nada; pero viendo que yo no Le decía nada, El mismo ha vuelto a hablar de los santos Magos, diciéndome: “Con haberme comunicado a los Magos de tres maneras, obtuve tres efectos para ellos, pues nunca Me comunico a las almas inutilmente, sino que siempre reciben algún provecho. Por tanto, comunicándome con el amor obtuvieron el desapego de sí mismos, con la belleza obtuvieron el desprecio de las cosas terrenas, y con la potencia sus corazones quedaron completamente vinculados a Mí y obtuvieron el valor para dar la sangre y la vida por Mí”.
Luego ha añadido: “¿Y tú, qué quieres? Díme, ¿Me quieres? ¿Cómo quisieras amarme?”
No sabiendo qué decir, aumentando mi confusión, he dicho: “Señor, no quisiera nada más que a Tí, y si me preguntas si Te quiero, no tengo palabras para sabértelo manifestar; tan sólo sé decir que siento esta pasión, de querer que nadie pudiera superarme en amarte, de ser yo la primera en amarte más que nadie y que nadie Te amara más que yo; pero eso aún no me satisface, para sentirme contenta Te quisiera amar con tu mismo Amor y así poderte amar como Tú Te amas a Tí mismo. Ah, sí, sólo entonces cesarían mis temores de no amarte”.
Y Jesús, contento, se puede decir, de mis disparates, me ha abrazado, estrechándome tanto a El, que me veía dentro y fuera trasformada en El, y me ha comunicado parte de su Amor. Después de lo cual he vuelto en mí misma y me parecía que en la medida del amor que se me da, tanto poseo a mi Bien; y si poco Lo amo, poco Lo poseo.

La Sierva de Dios Luisa Piccarreta , también conocida como “la pequeña hija de la Divina Voluntad,” Nació en Corato , Bari , Italia, en 1865,murió a la edad de 82 en 1947, y el Arzobispo de Trani abrió la Causa de beatificación en 1994.
“Vivió de nada más que Hostias durante sesenta y cinco años.”