Policarpo de Esmirna (c. 70 – c. 155)

Policarpo

Discípulo del apóstol Juan, se juntaba con los discípulos que habían conocido al Señor Jesucristo,Juan mismo lo había nombrado obispo de la iglesia en Esmirna.

Después de un tiempo, el pastor Policarpo y su congregación empezaron a sufrir la persecución. Está escrito que el mismo Policarpo, unos días antes de ser arrestado y sentenciado a la muerte, de repente fue vencido por el sueño, mientras oraba. En ese sueño tuvo una visión, en la cual vio la almohada en que se reclinaba encenderse de repente y consumirse… Se despertó del sueño y concluyo que iba a sufrir el martirio por medio de fuego, a causa de Cristo.
Cuando llegaron cerca los que le iban a encarcelar, los amigos de Policarpo trataron la manera de esconderle en otro pueblo. Sin embargo, sus perseguidores le descubrieron allí, con la ayuda de dos jóvenes, a quiénes hubieron azotados para que dijesen dónde se encontraba Policarpo. Fácilmente hubiera podido escapar del cuarto en que vivía, para huir a otra casa cercana, pero no quiso hacerlo, diciendo: —Sea hecha la voluntad de Dios.
Bajó la escalera para recibir cordialmente a sus perseguidores y los saludó tan amablemente que algunos, quiénes no le habían conocido antes, dijeron con pena: —¿Por qué hicimos tanto alboroto para aprehender a este anciano tan manso?
Inmediatamente Policarpo mandó que los de la casa preparasen una comida para sus opresores, y les rogó a estos que comiesen bien, implorándoles también que le otorgasen una hora de soledad, para orar mientras ellos comieran. Esto le fue concedido. Durante esa oración, revisó su vida entera y luego encomendó la congregación en las manos de Dios y su Salvador. Al terminar la oración, le montaron en un asno y llevaron a la ciudad. Fue el domingo, día de la gran fiesta.
Nicetes y su hijo Herodes, llamado el príncipe de paz, fueron al encuentro de los alguaciles y Policarpo. Hicieron desmontar a Policarpo y le acomodaron en su carro de caballos. Así pensaron persuadirle que negase a Cristo, diciendo: —¿Que te cuesta solamente decir ‘Señor emperador,’ y ofrecer holocausto o incienso ante él, para salvarte la vida?
Policarpo no les contestaba nada, pero, puesto que iba insistiendo, al fin les dijo: —Nunca voy a cumplir lo que me piden y aconsejan ustedes.
Cuando vieron la firmeza de su fe, empezaron a golpearle y lo arrojaron del carro. Al caer, el anciano se lastimó gravemente una pierna, pero, levantándose, él mismo se entregó otra vez en las manos de los alguaciles y siguió caminando al lugar de su muerte; sin ninguna queja en cuanto a la pierna lastimada.
Luego de entrar el anfiteatro, dónde le iban a ejecutar, una voz del cielo le habló a Policarpo, diciendo: —¡Fortalécete, Oh Policarpo! Sé firme en tú confesión y en el sufrimiento que te espera—. Nadie sabía de dónde provenía la voz, pero muchos creyentes la escucharon. Sin embargo, a causa de la gran bulla, la mayoría de la gente no la escuchó. Pero este acontecimiento animó bastante a Policarpo y a los demás que sí, la escucharon.
El gobernador aconsejó a Policarpo que tuviese piedad de sí mismo por razón de su edad avanzada, y que negase su fe en Cristo de una vez por medio de un juramento en el nombre del emperador. Policarpo le contestó: —He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno el mismo. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?
Al escuchar ese testimonio, el gobernador amenazó de echar a Policarpo al foso de las fieras, si continuaría firme en su testimonio.
—Tengo listas las fieras y te echaré entre ellas, a menos que cambies de pensar.
Policarpo contestó sin temor alguno: —Qué vengan las fieras, porque no cambiaré mi fe. No es razonable cambiarnos del bien al mal por razón de las persecuciones; mejor sería que los hacedores de maldad se convirtiesen del mal al bien.
El gobernador respondió: —Está bien, si no quieres negar tú fe y a las fieras no les tienes miedo, te vamos a quemar.
Una vez más Policarpo les contestó, diciendo: —Usted me amenaza con el fuego que arderá tal vez una hora y luego se apagará; pero usted no sabe de la llama del juicio de Dios que es preparada para el castigo y tormento eterno de los impíos. Pero, ¿por qué demora? Traiga las fieras, traiga el fuego, o traiga lo que sea; ningún tormento me hará negar a Cristo, mí Señor y Salvador.
Al fin, cuando la gente ya se había cansado de la averiguación, demandó su muerte, y Policarpo fue entregado para ser quemado. Inmediatamente juntaron un montón de leña y viruta. Cuando Policarpo vio eso, empezó a quitarse la ropa y los zapatos, alistándose para acostarse sobre la leña. En seguida, los verdugos le alistaron para clavarle las manos y los pies en la madera, mas Policarpo les dijo: —Dejen, El que me dará la fuerza para aguantar la llama del fuego, me fortalecerá también para permanecer quieto en la misma, aunque no me clavaran las manos y los pies.
Entonces acordaron no clavarle en la madera, y sólo le ataron las manos detrás de él con una soga. Preparado en esta manera para el sacrificio, y puesto sobre la leña como un cordero en holocausto, empezó a orar a Dios, diciendo: —Oh, Padre del bendito Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, por medio de quién hemos recibido la sabiduría salvadora de tú santo nombre; Dios de los ángeles y todas las criaturas, pero sobre todo, el Dios de todos los justos quienes viven en tú voluntad: te agradezco que me contaste digno de tener lugar entre los santos mártires; y digno de compartir de la copa de sufrimiento que bebió Jesucristo; para sufrir junto con El y compartir sus dolores. Te ruego, ¡oh, Señor! que me recibas este día, como una ofrenda, de entre el número de tus santos mártires. Cómo Tú, ¡oh Dios verdadero, para quien el mentir es imposible!, me preparaste para este día, y me avisaste de antemano; ya lo has cumplido. Por esto te agradezco, y te alabo sobre todo hombre, y glorifico tú santo nombre por medio de Jesucristo tú Hijo amado, el Sumo sacerdote eterno, a quién, junto contigo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y para siempre. Amen.
Dicho el amen, los verdugos prendieron fuego a la leña, sobre la cual había puesto Policarpo. Mientras la llama ascendía hacia el cielo, notaron con asombro que le hacía muy poco daño. A causa de esto, ordenaron al verdugo herirle con la espada, el cual fue hecho inmediatamente. La sangre, que por el calor del fuego o por otra razón, salió copiosamente de la herida y casi extinguió el fuego. Así, por fuego y por espada, el fiel testigo de Jesucristo falleció y entró al descanso de los santos, hacia el año 168 d.c.

CARTA DE SAN POLICARPO DE ESMIRNA A LOS FILIPENSES

Saludo

Policarpo y los presbíteros que están con él, a la Iglesia de Dios que habita como extranjera en Filipos: que la misericordia y la paz les sean dadas en plenitud por Dios todopoderoso y Jesucristo nuestro Salvador.

La fe en Jesucristo

Me alegré mucho con ustedes, en nuestro Señor Jesucristo, cuando recibieron a las imágenes de la verdadera caridad, y acompañaron, como debían hacerlo, a aquellos que estaban encadenados por ataduras dignas de los santos, que son las diademas de quienes han sido verdaderamente elegidos por Dios nuestro Señor.

Y me alegré de que la raíz vigorosa de su fe, de la que se habla desde tiempos antiguos, permanece hasta ahora y da frutos en nuestro Señor Jesucristo, que aceptó por nuestros pecados llegar hasta la muerte; y Dios lo resucitó librándolo de los sufrimientos del infierno.

Sin verlo, ustedes creen en él, con un gozo inefable y glorioso (1 P 1,8) al cual muchos desean llegar, y ustedes saben que han sido salvados por gracia, no por sus obras, sino por la voluntad de Dios por Jesucristo (Ef 2,5.8-9).

Por tanto, cíñanse sus cinturas y sirvan a Dios en el temor y la verdad (1 P 1,13; ver Sal 2,11) dejando a un lado las palabras falsas y el error de la multitud, creyendo en Aquel que ha resucitado a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos, y le ha dado la gloria (1 P 1,21), y un trono a su derecha.

A él le está todo sometido, en el cielo y sobre la tierra (ver Flp 2,10; 3,21); a él le obedece todo lo que respira, él vendrá a juzgar a vivos y muertos (Hch 10,42), y Dios pedirá cuenta de su sangre a quienes no aceptan creer en él. Aquel que lo ha resucitado de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros (2 Co 4,14), si hacemos su voluntad y caminamos en sus mandamientos, y si amamos lo que él amó, absteniéndonos de toda injusticia, arrogancia, amor al dinero, murmuración, falso testimonio, no devolviendo mal por mal, injuria por injuria (1 P 3,9), golpe por golpe, maldición por maldición, acordándonos de lo que nos ha enseñado el Señor, que dice: “No juzguen, para no ser juzgados; perdonen y se les perdonará; hagan misericordia para recibir misericordia; la medida con que midan se usará también con ustedes, y bienaventurados los pobres y los que son perseguidos por la justicia, porque de ellos es el reino de Dios.

Fe, esperanza y caridad

No es por mí mismo, hermanos, que les escribo esto sobre la justicia, sino porque ustedes primero me invitaron. Porque ni yo, ni otro como yo, podemos acercarnos a la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, que estando entre ustedes, hablándoles cara a cara a los hombres de entonces (sobre el asunto de la predicación de Pablo en Filipos, ver Hch 16,12-40), enseñó con exactitud y con fuerza la palabra de verdad, y luego de su partida les escribió una carta; si la estudian atentamente podrán crecer en la fe que les ha sido dada; ella es la madre de todos nosotros, seguida de la esperanza y precedida del amor por Dios, por Cristo y por el prójimo. El que permanece en estas virtudes ha cumplido los mandamientos de la justicia; pues el que tiene la caridad está lejos de todo pecado.

Que todos lleven una vida digna de la fe que profesan

El principio de todos los males es el amor al dinero. Sabiendo, por tanto, que nada hemos traído al mundo y que no nos podremos llevar nada (1 Tm 6,7), revistámonos con las armas de la justicia (ver 2 Co 6,7), y aprendamos primero nosotros mismos a caminar en los mandamientos del Señor.

Después, enseñen a sus mujeres a caminar en la fe que les ha sido dada, en la caridad, en la pureza, a amar a sus maridos con toda fidelidad, a amar a todos los otros igualmente con toda castidad y a educar a sus hijos en el conocimiento del temor de Dios.

Que las viudas sean sabias en la fe del Señor, que intercedan sin cesar por todos, que estén lejos de toda calumnia, murmuración, falso testimonio, amor al dinero y de todo mal; sabiendo que son el altar de Dios, que Él examinará todo y que nada se le oculta de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de los secretos de nuestro corazón (ver 1 Co 14,25).

Sabiendo que de Dios nadie se burla (Ga 6,7), debemos caminar de una forma digna de sus mandamientos y de su gloria.

Igualmente que los diáconos sean irreprochables delante de su justicia, como servidores de Dios y de Cristo, y no de los hombres: ni calumnia, ni doblez, ni amor al dinero; sino castos en todas las cosas, misericordiosos, solícitos, caminando según la verdad del Señor que se ha hecho el servidor de todos. Si le somos agradables en el tiempo presente, Él nos dará a cambio el tiempo venidero, puesto que nos ha prometido resucitarnos de entre los muertos y que, si nuestra conducta es digna de Él, también reinaremos con Él (2 Tm 2,12), si al menos tenemos fe.

Del mismo modo, que los jóvenes sean irreprochables en todo, velando ante todo por la pureza, refrenando todo mal que esté en ellos. Porque es bueno cortar los deseos de este mundo, pues todos los deseos combaten contra el espíritu (ver 1 P 2,11), y ni los fornicadores, ni los afeminados, ni los sodomitas tendrán parte en el reino de Dios (ver 1 Co 6,9-10), ni aquellos que hacen el mal. Por eso deben abstenerse de todo esto y estar sometidos a los presbíteros y a los diáconos como a Dios y a Cristo.

Las vírgenes deben caminar con una conciencia irreprensible y pura.

Los presbíteros

También los presbíteros deben ser misericordiosos, compasivos con todos; que devuelvan al recto camino a los descarriados, que visiten a todos los enfermos, sin olvidar a la viuda, al huérfano, al pobre, sino pensando siempre en hacer el bien delante de Dios y de los hombres. Que se abstengan de toda cólera, acepción de personas, juicio injusto; que estén alejados del amor al dinero, que no piensen mal rápidamente de alguien, que no sean duros en sus juicios, sabiendo que todos somos deudores del pecado.

Si pedimos al Señor que nos perdone, también nosotros debemos perdonar, pues estamos ante los ojos de nuestro Señor y Dios, y todos deberemos comparecer ante el tribunal de Cristo, y cada uno deberá dar cuenta de sí mismo (ver Rm 14,10-12).

Por tanto, sirvámosle con temor y mucha circunspección, conforme él nos lo ha mandado, al igual que los apóstoles que nos han predicado el Evangelio y los profetas que nos anunciaron la venida de nuestro Señor. Seamos celosos para lo bueno, evitemos los escándalos, los falsos hermanos y los que llevan con hipocresía el nombre del Señor, haciendo errar a los cabezas huecas [kenoys anthrópoys, literalmente: hombres vacíos].

Advertencia contra el docetismo

Todo, en efecto, el que no confiesa que Jesucristo vino en la carne es un anticristo, y el que no acepta el testimonio de la cruz es del diablo, y el que tergiversa las palabras del Señor según sus propios deseos y niega la resurrección y el juicio, ése es el primogénito de Satanás.

Por eso, abandonemos los vanos discursos de las multitudes y las falsas doctrinas, y volvamos a la enseñanza que nos ha sido transmitida desde el principio. Permaneciendo sobrios para la oración (ver 1 P 4,7), constantes en los ayunos, suplicando en nuestras oraciones a Dios, que lo ve todo, que no nos introduzca en la tentación (Mt 6,13), pues el Señor ha dicho: El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil (Mt 26,41).

Esperanza y paciencia

Perseveremos constantemente en nuestra esperanza14 y en las primicias de nuestra justicia, que es Jesucristo, que llevó al madero nuestros pecados en su propio cuerpo (ver 1 P 2,24), él, que no había cometido pecado, en quien no se había encontrado falsedad en su boca (1 P 2,22). Pero por nosotros, para que nosotros viviéramos en él, lo soportó todo.

Seamos, pues, los imitadores de su paciencia, y si sufrimos por su nombre, glorifiquémoslo. Porque éste es el ejemplo que él nos ha dado en sí mismo, y esto es lo que nosotros hemos creído (ver 1 P 4,16; 2,21).

Los exhorto a todos a obedecer a la palabra de justicia, y a perseverar con toda paciencia, la que han visto con sus ojos no sólo en los bienaventurados Ignacio, Zósimo y Rufo, sino también en otros de entre ustedes, en Pablo mismo y en los demás apóstoles. Convencidos de que todos éstos no han corrido en vano (Ga 2,2; Flp 2,16), sino en la fe y la justicia, y que están en el lugar que les corresponde junto al Señor con los que han sufrido. Ellos no amaron este siglo presente (ver 2 Tm 4,10), sino a aquel que murió por nosotros y que Dios resucitó por nosotros.

Caridad fraterna (A partir de este capítulo no tenemos el texto griego de la carta, sino una antigua versión latina)

Permanezcan, por tanto, en estos (sentimientos) e imiten el ejemplo del Señor, firmes e inconmovibles en la fe, amando a los hermanos, amándose unos a otros, unidos en la verdad, teniéndose paciencia unos a otros con la mansedumbre del Señor, no despreciando a nadie.

Cuando puedan hacer el bien, no lo posterguen, pues la limosna libera de la muerte (Tb. 12,9). Todos ustedes estén sometidos los unos a los otros, teniendo una conducta irreprensible entre los paganos, para que por sus buenas obras (también) reciban la alabanza y el Señor no sea blasfemado por causa de ustedes (ver 1 P 2,12). Pero pobre de aquel por quien sea blasfemado el nombre del Señor (ver Is 52,5). Enseñen, pues, a todos la sobriedad en la que viven ustedes mismos.

El caso de Valente

Estoy muy apenado por Valente, que fue presbítero por algún tiempo entre ustedes, (al ver) que ignora hasta tal punto el cargo que se le había dado. Por tanto, les advierto que se abstengan de la avaricia y que sean castos y veraces. Absténganse de todo mal. Quien no se puede gobernar a sí mismo en esto, ¿cómo puede enseñarlo a los otros? Si alguno no se abstiene de la avaricia, se dejará manchar por la idolatría y será contado entre los paganos que ignoran el juicio del Señor (ver Jr 5,4). ¿O acaso ignoramos que los santos juzgarán al mundo, como lo enseña Pablo? (ver 1 Co 6,2).

Yo no oí ni vi nada semejante en ustedes, entre quienes trabajó el bienaventurado Pablo, ustedes que están al comienzo de su epístola. De ustedes, en efecto, él se gloría delante de todas las iglesias (ver 2 Ts 1,4), las únicas que entonces conocían a Dios, puesto que nosotros todavía no lo conocíamos.

Así, pues, hermanos, estoy muy triste por él y por su esposa, a ellos les conceda el Señor la penitencia verdadera (ver 2 Tm 2,25). Ustedes sean sobrios, también en esto, y no los consideren como a enemigos (ver 2 Ts 3,15), sino que vuelvan a llamarlos como a miembros sufrientes y extraviados. Haciendo esto se construyen a sí mismos.

Recomendaciones finales

Confío en que están bien ejercitados en las santas Escrituras, y que nada ignoran. Yo, por mi parte, no tengo este don. Ahora (les digo), como está dicho en las Escrituras: Enójense y no pequen, y que el sol no se ponga sobre su ira (Sal 4,5; Ef 4,26). Feliz quien se acuerda. Creo que sucede así con ustedes.

Que Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y él mismo, el pontífice eterno, el Hijo de Dios, Jesucristo (ver Hb 6,20; 7,13), los edifiquen en la fe y en la verdad, en toda mansedumbre, sin cólera, en paciencia y en magnanimidad, en tolerancia y en castidad. Y les den parte en la herencia de sus santos21, y a nosotros con ustedes, y a todos los que están bajo el cielo, que creen en nuestro Señor Jesucristo y en su Padre, que lo resucitó de entre los muertos.

Oren por todos los santos. Oren también por los reyes, por las autoridades y los príncipes, por los que los persiguen y los odian, y por los enemigos de la cruz (ver Mt 5,44; 1 Tm 2,2; Jn 15,16; 1 Tm 4,15; St 1,4; Col 2,10; Flp 3,18.); de modo que su fruto sea manifiesto para todos, y ustedes sean perfectos en él.

Ustedes e Ignacio me han escrito, para que si alguien va a Siria también lleve la carta de ustedes. Lo haré, si encuentro una ocasión favorable, sea yo mismo, sea aquel que enviaré para que nos represente. (Ignacio de Antioquía le había pedido a Policarpo que enviase un mensajero a Antioquía, a fin de llevarles a los cristianos sus felicitaciones y animándolos [ver Ep. a Policarpo 7,2; 8,1]. La comunidad de Filipos, según parece, les había escrito a los Antioquenos con idéntica finalidad. Policarpo responde con esta primera carta.)

Conforme me lo pidieron, les mandamos las cartas de Ignacio, las que él nos envió y todas las demás que tenemos entre nosotros. Ellas van unidas a la presente carta, y ustedes podrán obtener gran provecho; porque ellas contienen fe, paciencia y toda edificación relacionada con nuestro Señor. Hágannos saber lo que sepan con certeza del mismo Ignacio y de sus compañeros. (“Les mandamos las cartas de Ignacio.” Esta frase parece indicar que, con mucha probabilidad, muy pronto se formó un corpus de las cartas de Ignacio. Policarpo no tenía dificultad en reunir todas las epístolas de Ignacio a las iglesias de Asia. Esto permite conjeturar que no formaba parte del corpus la carta a los Romanos, que ha sido transmitida de forma independiente. – Desde “Hágannos saber…” el texto sólo se conserva en latín. “Ignacio y sus compañeros” es la traducción de “qui cum eo sunt”).

Les escribo esto por Crescente, a quien recientemente les recomendé y ahora (de nuevo) les recomiendo. Se ha conducido entre nosotros de forma irreprochable; y creo que lo hará entre ustedes de la misma manera. También les recomiendo su hermana, cuando ella llegue entre ustedes. Sean perfectos en el Señor Jesucristo, y en su gracia con todos los suyos. Amén.

Pintor Anticlerical?

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Jesus Bendice a San Juan Bautista Acompañado por La virgen y Un Angel

Leonardo nació en la ciudad de Vinci, cerca de Florencia, hijo ilegítimo de un tal Piero da Vinci que tuvo varias “esposas” y una campesina, que a su vez tuvo otros “maridos”, Leonardo acabó teniendo pleitos por apropiarse la herencia (que consideraba suya) con sus once hermanos, fue estrictamente vegetariano, llamó a los demás “devoradores de cadáveres”.

Homosexual y deshonesto reconocido, solía abandonar, sin concluirlo, el trabajo contratado. En Florencia, cuando Leonardo era aprendiz de Verrochio, se presentó una denuncia acusándolo de pederasta. Sus protectores consiguieron que eludiera el juicio público por la violación de Jacopo Saltarelli. Tambien fue acusado de necrofilia razon por la que se fugó a Francia…

En 1476, fue acusado de sodomía, con joven prostituto florentino.
A uno de sus estudiantes, Salai (según sus notas) quien le daba muchos problemas, “glotón, ladrón, mentiroso, el pequeño demonio” pero a quien Leonardo colmaba con regalos, en pago a sus “favores”, cuando murió le dejó una pensión permanente, sin embargo su principal heredero fue un joven aprendiz, Franceso Melzi, otro de sus “favoritos”.

Un encargo que le hicieron en 1483 acabo en veinticinco años de demandas por la cofradía masculina quien le pagó, pero el “artista” luego quiso siempre más dinero, debían estar acabadas el 8 de diciembre por un precio de 800 liras que se pagarían a plazos hasta febrero de 1485. La tabla central debía representar a la Virgen con Niño y dos profetas y san gabriel arcangel.(cuadro que acompaña esta nota y del cual hay 3 “versiones”) Aunque este cuadro probablemente lo pintó Giovanni Ambrogio de Predis.

Sus cartas las mandaba a escribir y hay testimonios epistolares que confirman que Leonardo solicitó la colaboración de personas letradas en la elaboracion de ellas. Segun consta en los Códices Madrid de la BNE. “Su léxico es breve, pobre y a veces escribía listas de palabras para enriquecerlo”, desvela la comisaria ante uno de esos ejercicios que exudan inocencia y afán de superación.

Leonardo no fue un pintor prolífico (15 obras algunas inconclusas) pero fue un dibujante muy productivo; llegó a llenar sus diarios de pequeños croquis y dibujos para dejar constancia de todo lo que había atraído su atención. Además de sus notas, existen numerosos estudios de sus pinturas, del que la mayoria son bocetos, produjo una decena de pinturas de tema cristiano, contra muchos dibujos, esquemas de ingeniería y arquitectura, experimentos e inventos inservibles. Como escultor era un fiasco, prepararon 70 toneladas de metal para moldear un monumento equino. El monumento quedó sin acabar, lo que no era inusual en Leonardo. http://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_da_Vinci#Obra

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Cuadros_de_Leonardo_da_Vinci

Se dice (Serge Bramly) que creía en un Dios no cristiano (idolatraba a mitra). Leonardo no era un católico practicante, por el contrario era anticlerical y desdeñaba la piedad y las manifestaciones religiosas. Sin embargo según su biógrafo Vasari, arrepentido de no haber llevado una existencia regida por las leyes de la Iglesia, con parte de su cuerpo tullida y su brazo derecho paralizado, se confesó largamente y, con sus últimas fuerzas, se incorporó del lecho mortuorio para recibir, antes de expirar, los sacramentos.

Prefiguración

Cruz Sobre Adan

El cráneo de Adán, confiado por Noé a su hijo Sem y por el último a Melquisedec, fue depositado en el lugar llamado, Golgota, Monte de la calavera, la tumba de Adan.

Segun San Isidoro, Adán fue la primera figura de Cristo pues si él nos llevó a la perdición a través del mal, Jesús nos liberó de él con la muerte; Cristo es el nuevo Adán.
En la Edad Media, se le representaba con frecuencia al pie de la cruz, el árbol del Paraíso Terrenal, sirvió para hacer la cruz de Jesús.

San Agustín hizo un uso constante de la prefiguración.
La “Ciudad de Dios” sentó para siglos venideros muchas explicaciones al contenido místico de la liturgia y todo lo resume esta frase:
“¿qué es el Antiguo Testamento sino la ocultación del Nuevo, y qué es el Nuevo sino la manifestación de lo Antiguo?

“Mas el Señor Dios no hace estas cosas sin revelar sus secretos a los profetas siervos suyos”. Amós 3:7

“Se quedó cuarenta días en el desierto.”

Yendo al desierto, Jesús entra en la historia de salvación de su pueblo, el pueblo elegido. Esta historia empieza después de la salido de Egipto por una migración de cuarenta años por el desierto. En el centro de este tiempo de cuarenta años están los encuentro “cara a cara” con Dios: estos cuarenta días de Moisés en la montaña, en ayuno absoluto, lejos de su pueblo, en la soledad de la nube, en la cima de la montaña (Ex 24,18). Del núcleo de estos días surge la fuente de la revelación. Volvemos a encontrar el espacio de cuarenta días en la vida de Elías: perseguido por el rey Acab, el profeta camina cuarenta días por el desierto, volviendo así al origen de la alianza, a la voz de Dios, para un nuevo comienzo de la historia de salvación (1R 19,8).

Jesús entra en esta historia. Revive las tentaciones de su pueblo, las tentaciones de Moisés. Como Moisés, ofrece su vida por el pueblo: con tal que el pueblo se salve, está dispuesto a dar su vida (Ex 32,32). Así, Jesús será el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Será el auténtico Moisés que “está en el seno del Padre” (Jn 1,18), cara a cara con él para revelar al Padre. En los desiertos del mundo, él es la fuente de agua viva (Jn 7,38), palabra de vida, camino, verdad y vida (Jn 14,6). Desde la cruz nos entrega la alianza nueva. Auténtico Moisés, él entra por la resurrección en la tierra prometida que Moisés no alcanzó, y por la cruz, Jesús nos abre las puertas del reino.

Benedicto XVI, Papa
Retiro en el Vaticano 1983

Nombre mas popular en Europa

Eurabia

Mohamed, Significa “digno de alabanza” es el nombre de Mahoma, que en árabe se dice Mohamed, hay 150 millones de personas que se llaman así y es, desde hace años, el nombre más común.
Reino Unido, la Oficina Nacional de Estadística informó que es el nombre más utilizado para recién nacidos en Inglaterra y Gales.
España, según el Instituto Nacional de Estadística uno de los nombres más populares es Mohamed. Por territorios, destaca el primer lugar que ocupa en Melilla, Ceuta y en Islas Baleares. En España se convierten 60.000 personas al año al islam.

En Noruega lleva ya cuatro años encabezando la lista de los más utilizados para los bebés varones. La SSB también informa de que dentro de tan solo 15 años, en Oslo, los noruegos étnicos (blancos) serán la minoría de la ciudad.

En Francia y Bélgica, también se encuentra entre los nombre populares. 70.000 franceses se convierten al islam anualmente.

Más de la mitad de los alemanes (57%) consideran el islam como una amenaza, el 61% estima que esta religión es incompatible con el mundo occidental, el 40% dice sentirse como extranjero en su propio país y vetaría cualquier tipo de inmigración a los musulmanes. CASI 5 MILLONES, de Alemanes se declaran musulmanes.
http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2015/01/150105_ultnot_alemania_colonia_manifestacion_fp

Hay unos 20 millones de musulmanes en la Unión Europea. Los países con mayor porcentaje de población musulmana son Francia, Bélgica, Holanda, Reino Unido, Alemania y Suecia.

http://www.minutodigital.com/2012/08/21/los-musulmanes-forman-el-colectivo-mas-propenso-a-la-comision-del-delito-de-violacion-en-europa/

En toda America hay 6 millones de musulmanes de los cuales casi 5 millones viven en USA.

Dos mujeres Sofia Loren Denuncia Historica

Juicio, los que No heredarán el reino de Dios

Miguel Angel

Yo aborrezco el divorcio —dice el Señor, Dios de Israel—, y al que cubre de violencia sus vestiduras», dice el Señor Todopoderoso.
Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros. (Mal 2,16)
“Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer – no por fornicación – y se case con otra, comete adulterio” (Mat 19:9)
A los casados, en cambio, les ordeno –y esto no es mandamiento mío, sino del Señor– que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer. (1Cor 7,10-11)
¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera. (1 Cor 7,1-3)
La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios. (1Cor 7, 39-40)
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gal 5,19-21)
Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 5:4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. (Ef 5,3)
pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios (1 Tes 4,3-5)
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Cor 6,18-19)
De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. (1 Cor 11,27-33)

EL REINADO DE DIOS SOBRE LA PROPIA VIDA

CRISTO REY

ORACIÓN PODEROSA PROCLAMANDO, LIBRE Y CONSCIENTEMENTE, EL REINADO DE DIOS SOBRE LA PROPIA VIDA, FAMILIA, CASA Y TRABAJO.

Se ora para sanar y liberar con el poder de Dios. El Señor dará muchas bendiciones de sanación y liberación a quien la haga con amor y con fe. Esta oración es para hacerse personalmente, como signo de la total entrega de la propia vida al señor.

Ponerse de rodillas, ore con fe y despacio el Padre Nuestro, el Avemaría, el Credo, la Salve, la oración a San Miguel, a su Santo Ángel y por las almitas del purgatorio. Y luego ore con mucha fe y convicción:

SALMO 27

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? Cuando se alzaron contra mí los malvados para devorar mi carne, fueron ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropezaron y cayeron. Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza. Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña en el momento del peligro; me ocultará al amparo de su Carpa y me afirmará sobre una roca. Por eso tengo erguida mi cabeza frente al enemigo que me hostiga; ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos, y cantaré himnos al Señor. ¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme! Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”. Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador. Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá. Indícame, Señor, tu camino y guíame por un sendero llano, porque tengo muchos enemigos. No me entregues a la furia de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos, hombres que respiran violencia. Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.

Mi auxilio es el nombre de Dios uno y trino: Dios, Rey, Señor, dueño y amo de todo y de mi vida.

Mi auxilio es el nombre del Padre creador: que hizo el cielo y la tierra y creo mi vida.
Mi auxilio es el nombre de Jesús salvador: que ha salvado el cielo y la tierra y toda mi vida.
Mi auxilio es el nombre del Espíritu santificador: que ha vivificado el cielo y la tierra y toda mi vida.
Mi auxilio es el nombre de Dios padre de María, de Dios hijo de María, de Dios esposo de María: que con su poder, amor y gracia me llenan de sus bendiciones divinas.
Yo…… en este día me declaro: liberado(a), desatado(a) y sanado(a) por el poder amoroso de la divina y excelsa trinidad. Me declaro: sanado(a) por el Padre creador, desatado(a) por el Hijo salvador y liberado(a) por el Espíritu Santo.
Por el poder concedido a la Santa Iglesia, a sus sacerdotes y a mi director espiritual el padre…. yo….. soy liberado(a), desatado(a) y sanado(a). Mi vida es de Dios, para Dios, en Dios y con Dios hoy y siempre.
Pido a María santa me acompañe y ore por mi sanación y liberación para que se rompan las cadenas de la maldad, la maldición, el pecado que el enemigo ha enviado para destruirme. Que María hija del Padre, madre del Hijo y esposa del divino Espíritu este siempre auxiliándome y bendiciéndome. Y con su maternal intercesión aleje de mí las acechanzas del enemigo y sus agentes malignos. Pido a todos los Santos Coros Angélicos a todo el Ejército de Santos Ángeles guiados por San Miguel que vengan en mi ayuda, me auxilien y alejen de mí a mis enemigos y las maldades que hayan puesto en mí. Que San Miguel Arcángel, jefe de la milicia celestial, patrono de la iglesia, patrono mío, combata con su poder las fuerzas del demonio y los demonios que están atacando mi vida y los aleje con su espada poderosa. Pido a San Rafael y a San Gabriel que me bendigan en esta lucha y oren por mí, que estén a mi lado y me unjan contra toda maldad que desee oprimirme y hacerme daño a mí y a los míos. Pido a mi Santo Ángel guardián combata las maldades que mis enemigos: el demonio, el mundo, la carne y lo que los enemigos de mi vida han hecho contra mí, los míos y todo lo mío. Pido al ejercito de la iglesia celeste me ayude y ore por mí para ser libre ante Dios de toda maldad que me han puesto los enemigos de mi vida, de mi familia, de mi casa y de mi trabajo. Pido a San José, príncipe de los santos y patrono de la iglesia este a mi lado en el combate contra el mal. Que este en mi casa custodiando mi hogar con su presencia poderosa. Ruego a los santos apóstoles y santos patronos me ayuden y me mantengan firme en la fe, en la esperanza y en el amor para la batalla de cada segundo. Pido a la iglesia purgante su oración por mí en estos momentos de mi historia, para ir venciendo cada instante los combates que se me presentan y algún día reunirme con ellas en el cielo. Ruego a la Santa Iglesia militante con su santidad el Papa Francisco y su bendición apostólica, a todos los obispos, sacerdotes, consagrados y fieles: su oración por mí para seguir mi camino hacia la eternidad glorificando el nombre del Señor. Para combatir el buen combate de la fe. El demonio, sus jerarquías, sus agentes espirituales y materiales., todo enemigo visible e invisible no tienen poder sobre mí y no pueden estar en mi vida: se van de mi mente y pensamientos., de mi corazón y sentimientos; de mi cuerpo y fuerzas; de mi espíritu y alma. Se van de mi familia, de mi casa como lugar de los míos, de mi trabajo para el sustento de mi hogar.

El Señor es mi luz y mi salvación, mi Dios, mi amor y mi todo; por eso pido a su majestad infinita: me sane, me libere, me purifique, me limpie, me desate a mí, a mi familia, a mi casa y a mi trabajo con su poder creador, salvador y santificador. Dios tiene el poder porque es mi Señor y solo él tiene la majestad para obrar sobre mí. Con la autoridad de la Santa Iglesia en sus mandamientos, sacramentos, en sus sacerdotes, por medio de mi director espiritual el padre… toda maldad que hayan hecho sobre mi vida, sobre mi familia, sobre mi casa, sobre mi trabajo los enemigos de mi cuerpo y de mi alma se alejan a los pies del Señor porque mi vida es de Dios por siempre y para siempre y nada ni nadie puede estar en mi si no es el Señor de mi vida. Se alejan los enemigos con sus maldades, dejan en paz mi vida, a los míos y a todo lo mío, huyen ante la presencia del cielo porque yo no les pertenezco, ni los míos, ni lo mío. Nadie que no sea Dios puede estar y reinar en mi vida y en los míos y en lo que Dios me ha regalado. Se alejan de mi vida, de mi familia, de mi casa, de mi trabajo toda maldad del demonio: posesiones, vejaciones, infestaciones, presiones, opresiones, contaminaciones, esclavitudes, maldiciones, maleficios de brujería, magia, hechicería y toda clase de maldades destructoras que me han atacado, haciéndome daño a mí, a los míos y a lo mío. Todo pecado y maldad con el cual el enemigo me tenga esclavizado, atado, amarrado, presionado, contaminado se va de mi vida con el poder de la Trinidad Santa. Porque yo renuncio al demonio, a sus pecados y maldades con los cuales desea destruirme y llevarme a su reino. Proclamo que solo le sirvo al Señor Dios uno y trino y proclamo que soy su esclavo hoy, mañana y por siempre. Que no soy esclavo del demonio y sus pecados y maldades, que él no es mi señor ni mi dueño y no es señor de mi familia, ni de nada que tengo, por gracia de Dios; y por lo tanto no hay lugar para él y jamás lo habrá ni en mi vida, ni en mi familia, ni en mi casa, ni en mi trabajo. Por eso se van esos enemigos con sus maldades, seducciones, mentiras y engaños. Me declaro y proclamo liberado(a), sanado(a) y desatado(a): por el poder de mi Padre creador, de la sangre de mi salvador, del fuego de mi santificador. Se derriban, se destruyen de mi vida los muros de maldad porque soy templo de la Santísima Trinidad.
¿Quién como Dios Señor de cielo y tierra?….nadie como Dios Señor de cielo y tierra.
¿Quién como Dios Padre creador?….nadie como Dios Padre creador.
¿Quién como Dios Señor salvador?…nadie como Dios Señor salvador.
¿Quién como Dios Espíritu santificador?…nadie como Dios Espíritu santificador.

Proclamo que mi vida es del Señor uno y trino, huyan todos sus enemigos. Proclamo que mi familia es del Señor uno y trino, huyan todos sus enemigos. Proclamo que mi casa es del Señor uno y trino, huyan todos sus enemigos. Proclamo que mi trabajo es del Señor uno y trino, huyan todos sus enemigos. Proclamo que en mi vida y en la de los míos, Dios uno y trino es mi único Dios. Proclamo que en mi vida y en la de los míos, Dios Padre es mi único Señor. Proclamo que en mi vida y en la de los míos, Dios hijo es mi único rey. Proclamo que en mi vida y en la de los míos, Dios Espíritu Santo es mi único dueño. Proclamo que mi vida y la de los míos es de María Santa: hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo.
Yo declaro y proclamo con fe firme, con amor verdadero y con esperanza cierta que: Dios uno y trino: creador, salvador y santificador. Es el único Señor, dueño, amo, rey y Dios de mi vida, de mi familia, de mi casa y mi trabajo; y que es el único que tiene derecho de poseerme hoy por toda la eternidad; y que el Señor Dios uno y trino con María reinan sobre mí y los míos hoy y por toda la eternidad. Amén. Amén. Amén.
Proclamo por siempre y para siempre el reinado de Dios uno y trino sobre mi vida y los míos y con todo el ejército celestial, con mamita María y su Santa Iglesia glorifico su nombre con alabanzas celestiales: Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del universo, llenos están los cielos y la tierra de su gloria. Hosanna en el cielo., bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
AMÉN AMÉN AMÉN