“Dones”

esperitu santo

Antes de dejar a sus apóstoles, Jesús les había prometido que les enviaría el Espíritu.
Los apóstoles se reunieron en Jerusalén, para esperar su venida. Estaban todos reunidos y el cirio se prendió espontaneamente y asi sucedio durante muchos años.

El Espíritu vino cuando estaban todos reunidos, el día del Pentecostés. El domingo, el día en que actuó el señor, el día de misa.

La fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, en la primera resucita Jesús, en esta, recibimos su Espíritu, resucitamos a Dios, resucitamos del pecado.
Recibimos los dones que nos hacen nuevamente “semejantes” a Dios.

“Como mi Padre me envió, así también Yo os envío… Recibid el Espíritu Santo” Jn 20, 21-22
Aquellos primeros hombres que recibieron el Espíritu Santo cambiaron radicalmente. Un impulso nuevo había vigorizado sus convicciones y había fortalecido sus decisiones.

“… Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu santo…”.

El verbo “exhalar”, no aparece en ninguna otra parte del nuevo testamento.
En el antiguo testamento aparece para indicar la creación de Adán Gn 2,07.
Esta es una nueva creación. Nace el hombre nuevo, ya no revestido con las “túnicas de piel”, signo del pecado, sino con el vestido de luz y de gloria, como Jesús resucitado. El hombre vuelve a ser “imagen y semejanza de Dios”.

Esta es la “resurrección” de la comunidad cristiana como pueblo. Ya no una comunidad de muertos por el pecado, sino una comunidad de vivientes. Este nuevo acto creador de pentecostés asume una dimensión particular.

Es el profeta Ezequiel 37,9 quien nos vuelve a traer el verbo “exhalar”, por última vez, en el valle de los huesos secos, donde se revisten de vida, para indicar que en esta resurrección, la naturaleza humana ha recibido una nueva creación, espiritual, bajo forma de Iglesia.

En Babel el género humano merece ser dividido en lenguas diversas.
En Pentecostés todas las lenguas son unidas, son recreados por el fuego del amor, en la unidad de este cuerpo santo.

La iglesia de Cristo.

Sorprendentes “Aportes” Postmodernos

pope2

Nadie va al Padre sino por mí (Jn 14, 6)

50 — ¿Es justo vender las iglesias para dar de comer a los pobres?
49 — ¿Buscar la claridad y seguridad doctrinal es anticuado?
48 — ¿Las familias numerosas son irresponsables?
47 — ¿La Iglesia debe quedar reducida a una pequeña minoría?
46 — ¿Cómo ver las iglesias cristianas? ¿Sus “ordenaciones” sacerdotales y episcopales deben considerarse?
45 — ¿No se puede encontrar a Dios nunca?
44 — ¿Hoy en día la educación católica es indiferente?
43 — “Vive y deja vivir” ¿una felicidad sin Dios?
42 — ¿Es falta de caridad querer corregir los desvíos morales?
41 — ¿La Iglesia ya no predica la ascesis y la penitencia?
40 — ¿La Iglesia debe promover la laicidad del Estado?
39 — ¿La Curia Romana ya no es la colaboradora del Papado?
38 — ¿Todos somos iguales? ¿Ser Papa ya no significa nada en la Iglesia?
37 — ¿La Antigua Alianza está vigente y el Judaísmo es un camino de salvación válido?
36 — ¿Se pueden despreciar las advertencias de la Congregación para la Doctrina de la Fe?
35 — ¿Dios no es Todopoderoso?
34 — ¿Los católicos ya no deben ver la Iglesia como una referencia?
33 — ¿No importa la religión y cada uno puede seguir la que crea verdadera?
32 — ¿Hay que reformar la Iglesia y disminuir los preceptos?
31 — ¿Todas las religiones llevan a Dios?
30 — ¿La Iglesia no debe formar la conciencia de las personas?
29 — ¿Las comunidades contemplativas, por no salir a la calle, son egoístas y enfermas?
28 — ¿Existe la aniquilación del alma como punición?
27 — ¿La salvación es colectiva?
26 — ¿La caridad material es lo más importante en la Iglesia?
25 — ¿Dios nunca condena a nadie y siempre perdona?
24 — ¿Al final todos se salvan?
23 — ¿Lo ateos y de otras religiones también son hijos de Dios?
22 — ¿Dios es pura luz y hay una chispa divina dentro de cada hombre?
21 — ¿Se puede alcanzar la paz sin Jesucristo?
20 — ¿Cristo está apenas en los pobres?
19 — ¿No hay que tener prevenciones en relación al mal?
18 — ¿Hay que silenciar las enseñanzas sobre la moral?
17 — ¿Cristo no juzgará a nadie en el Juicio?
16 — ¿Los ateos son hijos de Dios y pueden hacer el bien tal como los católicos?
15 — ¿Los divorciados de segunda unión pueden recibir la comunión?
14 — ¿La Iglesia puede hablar de condenar eternamente a alguien?
13 — ¿Es posible que la Iglesia no tenga soluciones para la crisis de la familia?
12 — ¿Se puede hablar de “mártires” dentro de otras confesiones?
11 — ¿El ecumenismo es la armonía entre todas las confesiones cristianas?
10 — ¿Hay muchas formas de interpretar a Dios?
9 — ¿No hay verdades absolutas?
8 — ¿No existe un Dios católico?
7 — ¿No hay que recomendar a los jóvenes que conviven a casarse?
6 — ¿La conciencia es libre?
5 — ¿Cada uno puede seguir su idea de bien y mal?
4 — ¿Todos tienen derecho a recibir los sacramentos?
3 — ¿La pena de muerte es contraria a la Ley de Dios?
2 — ¿Hay que adaptar el Evangelio a la cultura contemporánea?
1 — ¿La Iglesia ya no busca convertir a nadie?

“El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido”

http://denzingerbergoglio.com/2015/05/22/llegados-a-los-50/

Tabla de contenido

Sagradas Escrituras
Nadie va al Padre sino por mí (Jn 14, 6)

Pío X
¡Ojo con las “experiencias religiosas”!

Juan Pablo II
Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios sino por medio de Cristo

Catecismo de la Iglesia Católica
No podemos aceptar “revelaciones” de las religiones no cristianas

León XIII
Para tener Dios por Padre es necesario reconocer a Jesucristo
Formas de culto distintas no pueden ser igualmente aceptables a Dios

Pablo VI
Las otras religiones no logran establecer una relación auténtica con Dios
No podemos compartir las expresiones religiosas no cristianas

Congregación para la Doctrina de la Fe
No se puede identificar la fe teologal cristiana y la creencia en las otras religiones
Los ritos no cristianos son obstáculo para la salvación
Teorías relativistas niegan la universalidad salvífica de Cristo y la Iglesia

Pío IX
Admitir la indiferencia religiosa supone aceptar un consorcio de Cristo con Belial
Los que viven ajenos a la verdadera fe no pueden llegar a la salvación

Juan Pablo II
No hay camino de salvación en una religión diferente de la fundada por Cristo
La Iglesia es necesaria a todos los hombres para la salvación

Concilio Vaticano II
No puede salvarse quien se niega a entrar en la Iglesia Católica
La plenitud de los medios salvíficos se encuentra solamente en la Iglesia católica

Gregorio XVI
Los que piensan que por todas las partes se va al Cielo perecerán eternamente

Pío XI
Yerran los que sustentan que todas las religiones pueden llevar hacia Dios

IV Concilio de Letrán (XII ecuménico)
Fuera de la Iglesia nadie absolutamente se salva

Concilio de Florencia (XVII ecuménico)
Por mejor que uno sea no puede salvarse si no se une a la Iglesia

San Cipriano
Sólo tiene a Dios por padre quien tiene la Iglesia por madre

Concilio Vaticano I
No hay paridad entre aquellos que han adherido a la verdadera fe y los que siguen una falsa religión

Congregación para la Doctrina de la Fe
Los no cristianos se hallan en situación deficitaria cuanto a la salvación
Los hombres no pueden salvarse de igual modo en cualquier religión

San Ireneo
Quien no se une a la Iglesia no participa del Espíritu de Dios

San Juan de la Cruz
Buscar algo fuera de Cristo es un agravio a Dios

Apostasía

Apostata

Apostasía es la negación, renuncia o abjuración a la Fe, se aplica a la cancelación de la Gracia santificante que en los tres sacramentos; Bautismo, Confirmación y Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, un carácter sacramental o “sello” por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos.

Esta configuración con Cristo y con la Iglesia, realizada por el Espíritu, es indeleble; permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por tanto, estos sacramentos no pueden ser reiterados… La constancia de apostasía puede consistir en añadir una nota en el margen del libro de bautismos, que indique la condición de apóstata. Como lo piden hoy por escrito, muchos movimientos apostatas para sus “miembros”.

La apostasía supone un abandono o negación total de la doctrina catolica, en lugar de negar un dogma o idea determinada se niega la doctrina completa.La incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento.
Se llama herejía a la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana.

Es el Pecado contra el Espíritu Santo.

…”A quien hablare contra el Espíritu Santo, despreciando su gracia, no se le perdonará ni en esta vida ni en la otra. Mat 12:32
Pero el que blasfema contra el Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, sino que será reo de eterno juicio o condenación. Mar 3:29
El que no cree, ya está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Jua 3:18
Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no le lleva a la muerte, ore y alcanzará vida para los que no pecan de muerte. Hay un pecado de muerte, y no es por éste por el que digo yo que se ruegue. 1Jn 5:16
Quien no está por mí, está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama”. Luc 11:23

Anticristos, William Blake

Acusador
«William Blake es con gran margen el mayor artista que Gran Bretaña ha producido» Es reconocido como “santo” por la “Ecclesia Gnostica”.

Blake era un defensor de la Revolución Francesa, criticaba la absurda crueldad de la castidad.

Usaba técnicas reveladas durante “visiones” en la que se le aparecían el espíritu de su hermano y “otros”. Fueron muchos los «espíritus» que participaron de esta forma en su creación artística.

Blake estuvo profundamente influido por diversas doctrinas esotéricas y visiones que plasmó de forma en sus obras.

Adoraba a Urizen (your reazon) divinidad del Demiurgo gnóstico, y masónico del Gran Arquitecto del Universo, creía en la inminente llegada de una Nueva Era espiritual y artística.

El matrimonio de Cielo e Infierno (The Marriage of Heaven and Hell en inglés) es su libro insignia y forma parte de una serie de libros que escribió como imitación de la profecía bíblica, allí escribió los “Proverbios del Infierno”;

“El camino del exceso guía al palacio de la sabiduría”

“Los tigres de la ira son más sabios que los caballos de la instrucción”
Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica.

Atormentado por sus propios fantasmas empezó a hablar cara a cara con su misma sombra, en un universo particular, con sus habituales espectros donde prevalecía la oscuridad y las tinieblas de su mundo místico, de pronto sus ojos brillaron, y empezó a cantar lo que estaba viendo, lo que siempre había pintado, comenzó a cantar himnos y a recitar versos extraños. A las seis de la tarde, tras prometer a su esposa que estaría siempre junto a ella, falleció.

Fue enterrado en una tumba sin nombre, sumido en la más absoluta pobreza.

 

 

Ateos Convertidos

Yo Crei

Douglas Arnold Hyde, comunista por 20 años.

DOUGLAS A. HYDE (1911–1981) fue un gran periodista inglés, educado como metodista por sus padres, pero que en su juventud perdió la fe y se hizo comunista durante 20 años, ocho de los cuales fue director jefe del periódico Dayly Worker, el periódico del partido comunista inglés. Pero, poco a poco, fue desilusionándose del comunismo al ver las grandes incongruencias de los comunistas soviéticos, hasta que llegó a encontrar un nuevo sentido a su vida, convirtiéndose a la fe católica. Escribió un libro Respuesta al comunismo y su Autobiografía, titulada Yo creí, en la que cuenta:

Yo creía que todos los sacerdotes, monjas y monjes eran inmorales, que los jesuitas eran siniestros y criminales. Y seguía conservando mis prejuicios comunistas. En el partido sosteníamos que la población católica representaba la parte más atrasada, inculta y políticamente moribunda del pueblo y que los católicos estaban hundidos en la superstición y gobernados, sin esperanza de liberación, por los curas45. Para los comunistas no hay valores espirituales ni consideraciones morales o éticas. Ni la más mínima piedad humana influye en su sentir marxista, ni el amor ni la compasión ni el patriotismo tienen cabida en su estructura.

Para ellos no existe la verdad ni el honor, excepto dentro de su círculo inmediato de camaradas. La conciencia se ha convertido en algo que la impulsa a mentir, a engañar, a traicionar. El comunismo es el fin de sí mismo y ese fin justifica siempre los medios.46

Un día al salir de la oficina, entré a una iglesia católica. Permanecí una hora sentado en la oscuridad, iluminada sólo por la vacilante llama de las velas del altar. A la mañana siguiente, volví teniendo cuidado de entrar, cuando no me viera nadie… Cuanto más veía aquella iglesia, más me gustaba. Pero seguía sin poder rezar. Era ridículo y degradante arrodillarse, un signo de sumisión, de rendimiento, de humildad. Era como hablar con alguien que no estaba presente, que ni siquiera existía. Pero yo seguí yendo día tras día, noche tras noche 47.

Una mañana sucedió algo. Estaba sentado en la penumbra de Santa Etheldreda en el último banco como de costumbre, cuando entró una joven de unos dieciocho años, pobremente vestida y no muy agraciada. A mi me parecía que sería una criada irlandesa. Pero, al pasar por mi lado, vi la expresión de su rostro: estaba preocupada. Como yo, tenía evidentemente alguna grave preocupación. Con paso decidido avanzó por el centro de la iglesia hacia el altar, después giró hacia la izquierda, encaminándose a un reclinatorio en el que se arrodilló delante de Nuestra Señora, después de haber encendido una vela y echado unas monedas en la alcancía. A la luz de la llama de la vela, pude ver cómo sus manos pasaban unas cuentas
y cómo inclinaba la cabeza de vez en cuando. Aquella era una práctica católica que yo desconocía. Aquel era el mundo de la fe. Aquel era el mundo que yo buscaba ¿Era una superstición? ¿Era el mundo propio de los salvajes? Al pasar a mi lado, cuando salía, miré el rostro de la joven. Fuera cual fuera su preocupación había desaparecido. Sencillamente desaparecido. Y yo hacía meses y años que llevaba a cuestas el peso de la mía.

Cuando estuve seguro de que nadie me veía, me encaminé casi como un perro por el centro de la iglesia como ella había hecho. Al llegar al altar, giré a la izquierda, eché unas monedas en la alcancía, encendí una vela, me arrodillé en el reclinatorio e intenté rezar a Nuestra Señora. Pero era lo mismo que me ahorcaran por una oveja que por un cordero. Si iba a ser supersticioso e iba a rezar a alguien que no estaba allí, bien podría dar un paso más en mi superstición y rezar a una imagen. Pero ¿cómo se rezaba a Nuestra Señora? Yo no lo sabía. ¿Se rezaba a Ella o por medio de Ella como si fuese una intermediaria? ¿Se contemplaba la imagen para ver la realidad que había tras ella o había que dirigir las palabras solamente a la imagen? Tampoco lo sabía. Intenté recordar alguna oración dedicada a Ella de la literatura medieval o algo de los poemas de Chesterton o Belloc. Pero fue inútil… Fuera de la iglesia traté de recordar las palabras que había pronunciado y casi me eché a reír. Eran la letra de una música de baile del año veinte de un disco de gramófono que había comprado en mi adolescencia: Oh dulce y encantadora señora, sed buena. Oh Señora, sed buena conmigo 48.

A las ocho y media de la noche del 17 de enero de 1948 telefonee al colegio de los jesuitas de nuestro barrio para bautizar a nuestros dos hijos… y nuestra instrucción comenzó bajo la dirección del Padre Joseph Corr, un santo y culto anciano jesuita del norte de Irlanda, que comenzó su tarea sin hacernos más preguntas. Tardó semanas en saber quién era yo 49.

Después de convertido, me puse a trabajar solo, escribiendo para periódicos de todo el mundo, pero conservando mi independencia. Emprendía una serie de artículos en el Catholic Herald, explicando en breves bosquejos mi conversión del comunismo al catolicismo y contando algunas anécdotas. Mis artículos despertaron gran interés y, todavía más importante, sirvieron de orientación a muchos, como demostraba la correspondencia que recibía… Algunos de mis folletos fueron distribuidos entre las guerrillas comunistas griegas y otros en China roja. Un folleto fue traducido al indonesio para su distribución entre los comunistas de aquel país… Desde todas partes de Inglaterra me llegaban invitaciones de organizaciones políticas y, desde luego, de millares de sociedades católicas para dar conferencias… Acudía a todas partes, no importaba que fuese a hablar a seis monjas en un pequeño convento o a cinco mil personas en una gran sala de una ciudad. En dos años hablé en cientos de regiones y recorrí miles de millas. La empresa primera y principal era despertar la conciencia de los cristianos, no precisamente porque fuesen anticomunistas, sino, porque había que hacerles comprender que sus acciones eran las que decidirían el curso de la historia durante las próximas centurias. En aquellos dos años, hablé probablemente a medio millón de personas por lo menos… Dormí en trenes, en monasterios, en hoteles y escribí en todas partes 50.

A veces, decía que se quedaba asombrado, cuando hablaba a sus amigos y compañeros de su fe, y ellos lo tomaban como si fuera un fanático.

Dice que, cuando era comunista, procuraba estar al día para poder contar a sus amigos todo lo que descubría de nuevo en el comunismo y, cuando hacía lo mismo como católico, parecía que se reían de él, como si muchos católicos estuvieran viviendo una fe aguada, sin base ni fundamento, de rutina, que no aprovecha ni a quien la posee. Y decía: Si realmente creyeran que Jesús está vivo, ¿cómo podrían estar indiferentes para comunicar esta gran noticia a otros?

45 Douglas Hyde, Yo creí, Luis de Caralt, Barcelona, 1952, p. 284.
46 ib. p. 323.
47 ib. p. 288.
48 ib. p. 290.
49 ib. p. 299.
50 ib. p. 328-329.

P. Ángel Peña | Fuente: Libro Ateos y Judíos Convertidos.

DOGMAS MARIANOS

corredentora

DOGMAS MARIANOS

La Maternidad Divina

La Inmaculada Concepción

La Perpetua Virginidad

La Asunción de María

la Corredentora Madre de Dios

LA MATERNIDAD DIVINA

Madre de DiosEl dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios. Fue solemnemente definido por el Concilio de Efeso (año 431). Tiempo después, fue proclamado por otros Concilios universales, el de Calcedonia y los de Constantinopla.

El Concilio de Efeso, del año 431, siendo Papa San Clementino I (422-432) definió:

“Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema.”

El Concilio Vaticano II hace referencia del dogma así:

“Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades” (Constitución Dogmática Lumen Gentium, 66)

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

InmaculadaEl Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue concebida sin mancha de pecado original. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.

“Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.”

LA PERPETUA VIRGINIDAD

Maria Siempre VirgenEl dogma de la Perpetua Virginidad se refiere a que María fue Virgen antes, durante y perpetuamente después del parto.

“Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel” (Cf. Is., 7, 14; Miq., 5, 2-3; Mt., 1, 22-23) (Const. Dogmática Lumen Gentium, 55 – Concilio Vaticano II).

“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo “lejos de disminuir consagró la integridad virginal” de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la ‘Aeiparthenos’, la ‘siempre-virgen’.” (499 – catecismo de la Iglesia Católica)

LA ASUNCIÓN

AsunciónEl dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

la Corredentora Madre de Dios

Este Dogma no ha sido aun promulgado, se refiere al papel de maria, madre de Dios y su papel como corredentora o cooperadora por la humanidad, “Haced lo que Él os diga”

“El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio. Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible.

A pesar de la singularidad de esa condición, María es también destinataria de la salvación. Es la primera redimida, rescatada por Cristo «del modo más sublime» en su concepción inmaculada (cf. bula Ineffabilis Deus, de Pío IX: Acta 1,605), y llena de la gracia del Espíritu Santo”.
Juan Pablo II

La Santísima Virgen es nombrada también
bajo los títulos de:

Coronación Madre de la Iglesia y Madre de los hombres.

La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo corresponde a Dios). Pero sí se honra a la Virgen de una manera especial, a la que la Iglesia llama “hiperdulía” que es una veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, ellos son objeto de culto de “dulía” o veneración.

FATIMA

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En 1917, en el momento de las apariciones, Fátima era una ciudad desconocida de 2.500 habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal. Hoy Fátima es famosa en todo el mundo y su santuario lo visitan innumerables devotos.

Allí, la Virgen se manifestó a niños de corta edad: Lucía, de diez años, Francisco, su primo, de nueve años, un jovencito tranquilo y reflexivo, y Jacinta, hermana menor de Francisco, muy vivaz y afectuosa. Tres niños campesinos muy normales, que no sabían ni leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas todos los días. Niños buenos, equilibrados, serenos, valientes, con familias atentas y premurosas.

Los tres habían recibido en casa una primera instrucción religiosa, pero sólo Lucía había hecho ya la primera comunión.

Las apariciones estuvieron precedidas por un “preludio angélico”: un episodio amable, ciertamente destinado a preparar a los pequeños para lo que vendría.

Lucía misma, en el libro Lucia racconta Fátima (Editrice Queriniana, Brescia 1977 y 1987) relató el orden de los hechos, que al comienzo sólo la tuvieron a ella como testigo. Era la primavera de 1915, dos años antes de las apariciones, y Lucía estaba en el campo junto a tres amigas. Y esta fue la primera manifestación del ángel:

Sería más o menos mediodía, cuando estábamos tomando la merienda. Luego, invité a mis compañeras a recitar conmigo el rosario, cosa que aceptaron gustosas. Habíamos apenas comenzado, cuando vimos ante nosotros, como suspendida en el aire, sobre el bosque, una figura, como una estatua de nieve, que los rayos del sol hacían un poco transparente. “¿Qué es eso?”, preguntaron mis compañeras, un poco atemorizadas. “No lo sé”. Continuamos nuestra oración, siempre con los ojos fijos en aquella figura, que desapareció justo cuando terminábamos (ibíd., p. 45).

El hecho se repitió tres veces, siempre, más o menos, en los mismos términos, entre 1915 y 1916.

Llegó 1917, y Francisco y Jacinta obtuvieron de sus padres el permiso de llevar también ellos ovejas a pastar; así cada mañana los tres primos se encontraban con su pequeño rebaño y pasaban el día juntos en campo abierto. Una mañana fueron sorprendidos por una ligera lluvia, y para no mojarse se refugiaron en una gruta que se encontraba en medio de un olivar. Allí comieron, recitaron el rosario y se quedaron a jugar hasta que salió de nuevo el sol. Con las palabras de Lucía, los hechos sucedieron así:

… Entonces un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar los ojos… Vimos entonces que sobre el olivar venía hacia nosotros aquella figura de la que ya he hablado. Jacinta y Francisco no la habían visto nunca y yo no les había hablado de ella. A medida que se acercaba, podíamos ver sus rasgos: era un joven de catorce o quince años, más blanco que si fuera de nieve, el sol lo hacía transparente como de cristal, y era de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros dijo: “No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo”. Y arrodillado en la tierra, inclinó la cabeza hasta el suelo y nos hizo repetir tres veces estas palabras: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”. Luego, levantándose, dijo: “Oren así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus súplicas”. Sus palabras se grabaron de tal manera en nuestro espíritu, que jamás las olvidamos y, desde entonces, pasábamos largos períodos de tiempo prosternados, repitiéndolas hasta el cansancio (ibíd, p. 47).

En el prefacio al libro de Lucía, el padre Antonio María Martins anota con mucha razón que la oración del ángel “es de una densidad teológica tal” que no pudo haber sido inventada por unos niños carentes de instrucción. “Ha sido ciertamente enseñada por un mensajero del Altísimo”, continúa el estudioso. “Expresa actos de fe, adoración, esperanza y amor a Dios Uno y Trino”.

Durante el verano el ángel se presentó una vez más a los niños, invitándolos a ofrecer sacrificios al Señor por la conversión de los pecadores y explicándoles que era el ángel custodio de su patria, Portugal.

Pasó el tiempo y los tres niños fueron de nuevo a orar a la gruta donde por primera vez habían visto al ángel. De rodillas, con la cara hacia la tierra, los pequeños repiten la oración que se les enseñó, cuando sucede algo que llama su atención: una luz desconocida brilla sobre ellos. Lucía lo cuenta así:

Nos levantamos para ver qué sucedía, y vimos al ángel, que tenía en la mano izquierda un cáliz, sobre el que estaba suspendida la hostia, de la que caían algunas gotas de sangre adentro del cáliz.

El ángel dejó suspendido el cáliz en el aire, se acercó a nosotros y nos hizo repetir tres veces: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo…”. Luego se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia; me dio la hostia santa y el cáliz lo repartió entre Jacinta y Francisco… (ibíd., p. 48).

El ángel no volvió más: su tarea había sido evidentemente la de preparar a los niños para los hechos grandiosos que les esperaban y que tuvieron inicio en la primavera de 1917, cuarto año de la guerra, que vio también la revolución bolchevique.

El 13 de mayo era domingo anterior a la Ascensión. Lucía, Jacinta y Francisco habían ido con sus padres a misa, luego habían reunido sus ovejas y se habían dirigido a Cova da Iria, un pequeño valle a casi tres kilómetros de Fátima, donde los padres de Lucía tenían un cortijo con algunas encinas y olivos.

Aquí, mientras jugaban, fueron asustados por un rayo que surcó el cielo azul: temiendo que estallara un temporal, decidieron volver, pero en el camino de regreso, otro rayo los sorprendió, aún más fulgurante que el primero. Dijo Lucía:

A los pocos pasos, vimos sobre una encina a una Señora, toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa que la de un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesada por los rayos del sol más ardiente. Sorprendidos por la aparición, nos detuvimos. Estábamos tan cerca que nos vimos dentro de la luz que la rodeaba o que ella difundía. Tal vez a un metro o medio de distancia, más o menos… (ibíd., p. 118).

La Señora habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, porque no les haría ningún daño. Luego los invitó a venir al mismo sitio durante seis meses consecutivos, el día 13 a la misma hora, y antes de desaparecer elevándose hacia Oriente añadió: “Reciten la corona todos los días para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra”.

Los tres habían visto a la Señora, pero sólo Lucía había hablado con ella; Jacinta había escuchado todo, pero Francisco había oído sólo la voz de Lucía.

Lucía precisó después que las apariciones de la Virgen no infundían miedo o temor, sino sólo “sorpresa”: se habían asustado más con la visión del ángel.

En casa, naturalmente, no les creyeron y, al contrario, fueron tomados por mentirosos; así que prefirieron no hablar más de lo que habían visto y esperaron con ansia, pero con el corazón lleno de alegría, que llegara el 13 de junio.

Ese día los pequeños llegaron a la encina acompañados de una cincuentena de curiosos. La aparición se repitió y la Señora renovó la invitación a volver al mes siguiente y a orar mucho. Les anunció que se llevaría pronto al cielo a Jacinta y Francisco, mientras Lucía se quedaría para hacer conocer y amar su Corazón Inmaculado. A Lucía, que le preguntaba si de verdad se quedaría sola, la Virgen respondió: “No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”. Luego escribió Lucía en su libro:

En el instante en que dijo estas últimas palabras, abrió las manos y nos comunicó el reflejo de aquella luz inmensa. En ella nos veíamos como inmersos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al cielo y yo en la que se difundía sobre la tierra. En la palma de la mano derecha de la Virgen había un corazón rodeado de espinas, que parecían clavarse en él. Comprendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, y que pedía reparación (ibíd., p. 121).

Cuando la Virgen desapareció hacia Oriente, todos los presentes notaron que las hojas de las encinas se habían doblado en esa dirección; también habían visto el reflejo de la luz que irradiaba la Virgen sobre el rostro de los videntes y cómo los transfiguraba.

El hecho no pudo ser ignorado: en el pueblo no se hablaba de otra cosa, naturalmente, con una mezcla de maravilla e incredulidad.

La mañana del 13 de julio, cuando los tres niños llegaron a Cova da Iria, encontraron que los esperaban al menos dos mil personas. La Virgen se apareció a mediodía y repitió su invitación a la penitencia y a la oración. Solicitada por sus padres, Lucía tuvo el valor de preguntarle a la Señora quién era; y se atrevió a pedirle que hiciera un milagro que todos pudieran ver. Y la Señora prometió que en octubre diría quién era y lo que quería y añadió que haría un milagro que todos pudieran ver y que los haría creer.

Antes de alejarse, la Virgen mostró a los niños los horrores del infierno (esto, sin embargo, se supo muchos años después, en 1941, cuando Lucía, por orden de sus superiores escribió las memorias recogidas en el libro ya citado. En ese momento, Lucía y sus primos no hablaron de esta visión en cuanto hacía parte de los secretos confiados a ellos por la Virgen, cuya tercera parte aún se ignora) y dijo que la guerra estaba por terminar, pero que si los hombres no llegaban a ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XII estallaría una peor.

Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sabrán que es el gran signo que Dios les da de que está por castigar al mundo a causa de sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de la persecución a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, quiero pedirles la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora los primeros sábados. Si cumplen mi petición, Rusia se convertirá y vendrá la paz. Si no, se difundirán en el mundo sus horrores, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia… Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y se le concederá al mundo un período de paz… (ibíd., p. 122).

Después de esta aparición, Lucía fue interrogada de modo muy severo por el alcalde, pero no reveló a ninguno los secretos confiados por la Virgen.

El 13 de agosto, la multitud en Cova era innumerable: los niños, sin embargo, no llegaron. A mediodía en punto, sobre la encina, todos pudieron ver el relámpago y la pequeña nube luminosa. ¡La Virgen no había faltado a su cita! ¿Qué había sucedido? Los tres pastorcitos habían sido retenidos lejos del lugar de las apariciones por el alcalde, que con el pretexto de acercarlos en auto, los había llevado a otro lado, a la casa comunal, y los había amenazado con tenerlos prisioneros si no le revelaban el secreto. Ellos callaron, y permanecieron encerrados. Al día siguiente hubo un interrogatorio con todas las de la ley, y con otras amenazas, pero todo fue inútil, los niños no abandonaron su silencio.

Finalmente liberados, los tres pequeños fueron con sus ovejas a Cova da Iria el 19 de agosto, cuando, de repente, la luz del día disminuyó, oyeron el relámpago y la Virgen apareció: pidió a los niños que recitaran el rosario y se sacrificaran para redimir a los pecadores. Pidió también que se construyera una capilla en el lugar.

Los tres pequeños videntes, profundamente golpeados por la aparición de la Virgen, cambiaron gradualmente de carácter: no más juegos, sino oración y ayuno. Además, para ofrecer un sacrificio al Señor se prepararon con un cordel tres cilicios rudimentarios, que llevaban debajo de los vestidos y los hacían sufrir mucho. Pero estaban felices, porque ofrecían sus sufrimientos por la conversión de los pecadores.

El 13 de septiembre, Cova estaba atestada de personas arrodilladas en oración: más de veinte mil. A mediodía el sol se veló y la Virgen se apareció acompañada de un globo luminoso: invitó a los niños a orar, a no dormir con los cilicios, y repitió que en octubre se daría un milagro. Todos vieron que una nube cándida cubría a la encina y a los videntes. Luego reapareció el globo y la Virgen desapareció hacia Oriente, acompañada de una lluvia, vista por todos, de pétalos blancos que se desvanecieron antes de tocar tierra. En medio de la enorme emoción general, nadie dudaba que la Virgen en verdad se había aparecido.

El 13 de octubre es el día del anunciado milagro. En el momento de la aparición se llega a un clima de gran tensión. Llueve desde la tarde anterior. Cova da Iria es un enorme charco, pero no obstante miles de personas pernoctan en el campo abierto para asegurar un buen puesto.

Justo al mediodía, la Virgen aparece y pide una vez más una capilla y predice que la guerra terminará pronto. Luego alza las manos, y Lucía siente el impulso de gritar que todos miren al sol. Todos vieron entonces que la lluvia cesó de golpe, las nubes se abrieron y el sol se vio girar vertiginosamente sobre sí mismo proyectando haces de luz de todos los colores y en todas direcciones: una maravillosa danza de luz que se repitió tres veces.

La impresión general, acompañada de enorme estupor y preocupación, era que el sol se había desprendido del cielo y se precipitaba a la tierra. Pero todo vuelve a la normalidad y la gente se da cuenta de que los vestidos, poco antes empapados por el agua, ahora están perfectamente secos. Mientras tanto la Virgen sube lentamente al cielo en la luz solar, y junto a ella los tres pequeños videntes ven a san José con el Niño.

Sigue un enorme entusiasmo: las 60.000 personas presentes en Cova da Iria tienen un ánimo delirante, muchos se quedan a orar hasta bien entrada la noche.

Las apariciones se concluyen y los niños retoman su vida de siempre, a pesar de que son asediados por la curiosidad y el interés de un número siempre mayor de personas: la fama de Fátima se difunde por el mundo.

Entre tanto las predicciones de la Virgen se cumplen: al final de 1918 una epidemia golpea a Fátima y mina el organismo de Francisco y Jacinta. Francisco muere santamente en abril del año siguiente como consecuencia del mal, y Jacinta en 1920, después de muchos sufrimientos y de una dolorosísima operación.

En 1921, Lucía entra en un convento y en 1928 pronuncia los votos. Será sor María Lucía de Jesús.

Se sabe que, luego de concluir el ciclo de Fátima, Lucía tuvo otras apariciones de la Virgen (en 1923, 1925 y 1929), que le pidió la devoción de los primeros sábados y la consagración de Rusia.

En Fátima las peticiones de la Virgen han sido atendidas: ya en 1919 fue erigida por el pueblo una primera modesta capilla. En 1922 se abrió el proceso canónico de las apariciones y el 13 de octubre de 1930 se hizo pública la sentencia de los juicios encargados de valorar los hechos: “Las manifestaciones ocurridas en Cova da Iria son dignas de fe y, en consecuencia, se permite el culto público a la Virgen de Fátima”.

También los papas, de Pío XII a Juan Pablo II, estimaron mucho a Fátima y su mensaje. Movido por una carta de sor Lucía, Pío XII consagraba el mundo al Corazón Inmaculado de María el 31 de octubre de 1942. Pablo VI hizo referencia explícita a Fátima con ocasión de la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano II. Juan Pablo II fue personalmente a Fátima el 12 de mayo de 1982: en su discurso agradeció a la Madre de Dios por su protección justamente un año antes, cuando se atentó contra su vida en la plaza de San Pedro.

Con el tiempo, se han construido en Fátima una grandiosa basílica, un hospital y una casa para ejercicios espirituales. Junto a Lourdes, Fátima es uno de los santuarios marianos más importantes y visitados del mundo.