Connubium

Connubio

El matrimonio (del latín “mater”, madre y “munus”, función, es decir, función de la madre), en el derecho Romano, matrimonium es el estatus jurídico de una mujer casada, razón por la cual su maternidad es legal, el derecho a ser madre legítima. Mientras que el derecho a casarse se llama cunnubium.

Para la Iglesia Católica, es una “íntima comunidad de la vida y del amor conyugal, creada por Dios y regida por sus leyes, que se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento irrevocable”. Esta definición, se concreta jurídicamente en el canon 1055, parágrafo primero, del vigente Código de Derecho Canónico, que lo define como:
La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. CIC 1055

El Matrimonio es un Sacramento

Unión civil o “matrimonio” civil es el contrato que se contrae, formaliza e inscribe ante las autoridades civiles (registro civil, administración pública, jueces o autoridades municipales) y no ante las autoridades religiosas, ni siguiendo el rito de una religión.

La institución del matrimonio civil responde a una voluntad de separar la institución de la “unión civil matrimonial” de las instituciones religiosas, inscribiéndose así en el movimiento de separación de Iglesia y Estado o laicismo, que comienza en el siglo XVIII. Esta unión se puede disolver de forma expresa por voluntad de cualquiera de las partes en cualquier momento.
Laicismo es la corriente de pensamiento o ideología, que favorece la existencia de una sociedad organizada ajena a las confesiones religiosas, persigue la secularización del Estado para hacerlo ateo, condenando la existencia de los valores religiosos.

Mientras el Sacramento del matrimonio es indisoluble por causas religiosas. La unión civil es un contrato de asociación temporal.

Para los católicos la unión civil no es matrimonio ya que el sacramento del matrimonio instituido por Dios es un consorcio para toda la vida.

La confusión proviene de los laicistas al usar la palabra “matrimonio” en una unión que no lo es y pretender que el Sacramento deje de serlo, es decir que en lugar de aceptar su origen pagano pretenden paganizar el Sacramento.

La solución a este conflicto radicaría en que los laicistas dejaran de usar la palabra matrimonio en sus contratos y volver al connubio, que es el nombre legal de cualquier unión.
Connubium es la aptitud legal para contraer las Iustae nuptiae, lo único que se necesita es ser ciudadano, para contraer connubio o unión de derecho civil. Ya mas adelante, si quieren “unirse” a algun animal o cosa, pueden también legislar al respecto.

NIÑO DE PRAGA

Praga

Primer domingo del mes de junio.

Devoción al Niño de Praga
La particular devoción al Santo Niño de Praga comenzó a principios del siglo XVII. La Princesa Polyxenia de Lobkowitz recibió, como regalo de su madre en su matrimonio, una hermosa estatua del Divino Niño procedente de España. La estatua era de cera, de 48cm. El Niño Jesús está de pie, con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras con la izquierda sostiene un globo dorado que representa la tierra. Su rostro es tierno y gracioso.

Después de la muerte de su esposo, la princesa se dedicó a las obras de caridad. Los religiosos de la orden carmelita en Praga, fueron particularmente favorecidos por la generosa asistencia de la princesa.

En el año 1628 estalló la guerra en Praga y el monasterio de los monjes fue reducido al extremo de la pobreza. En aquellos días, la Princesa Polyxenia se presentó a la puerta del monasterio con su estatua y dijo así:

“Aquí les traigo el objeto de mi mayor aprecio en este mundo. Honrad y respetad al Niño Jesús y nunca os faltará lo necesario”.

La hermosa estatua fue colocada en el oratorio del convento. Su túnica y el manto habían sido arreglados por la misma princesa. Muy pronto sus palabras resultaron proféticas. Mientras los religiosos mantuvieron la devoción al Divino Infante de Praga, gozaron de la prosperidad. En 1631 el ejército de Sajonia entró en Praga y los Padres Carmelitas se trasladaron a Munich sin llevarse la estatua la que terminó arrojada a los escombros por manos de los herejes invasores.

En el año 1635 terminó la guerra y regresaron los carmelitas a su convento en la ciudad de Praga pero las condiciones de vida eran muy malas. Uno de los monjes llamado el Padre Cirilo regresó a Praga después de siete años. Encontró la situación en la ciudad en pésimas condiciones. Los ciudadanos corrían el peligro de perder hasta la fe. Fue entonces que el Padre Cirilo, quién había recibido anteriormente gran ayuda espiritual por medio de su devoción al Santo Niño de Praga, quiso restaurar la devoción. Con mucha diligencia el comenzó a buscar la estatua milagrosa. Al cabo de cierto tiempo, el Padre la encontró entre los escombros detrás del altar, donde los invasores la habían arrojado. Estaba cubierta por un manto. Extasiado de alegría, el Padre Cirilo volvió a colocar al Santo Niño en su lugar, en el Oratorio donde los carmelitas lo veneraron con gran devoción y confianza. Pronto se levantó el sitio impuesto por los enemigos y todos gozaron felizmente de la paz.

Un día, mientras que el padre Cirilo rezaba devotamente ante la estatua milagrosa, oyó una voz que le decía:

“Ten piedad de mi y yo tendré piedad de vosotros. Devolvedme mis manos y yo os daré la paz. Cuánto mas me honren, tanto mas os bendeciré.”

Asombrado de oír estas palabras, el Padre Cirilo examinó la estatua minuciosamente. Removiendo el manto que cubría al Divino Niño, el Padre descubrió que ambas manitas estaban quebradas. El Superior se negó a restaurarlas alegando la extrema pobreza en que aún vivía el convento. El Padre Cirilo fue llamado a auxiliar un moribundo llamado Benito Maskoning y recibió de él 100 florines. Los llevó al Superior y tenía esperanza que se usasen para reparar la estatua. Pero este juzgó que sería mejor comprar una nueva. El mismo día que se inauguró la nueva estatua, un candelabro de la pared se desprendió y cayendo sobre la estatua, la redujo a pedazos. Al mismo tiempo, el Padre Superior cayó enfermo y no pudo terminar su período de mando.

Elegido un nuevo Superior, el P. Cirilo volvió a suplicarle que hiciera reparar la estatua pero no consiguió nada. Un día mientras oraba a la Virgen María lo llamaron a la Iglesia donde una señora le entregó una cuantiosa limosna antes de desaparecer. Lleno de gozo, el P. Cirilo fue al Superior con el dinero pero este lo utilizó para otra cosa.

Pronto vinieron nuevas calamidades y pobreza. Ante esas circunstancias todos acudieron al Niño Jesús. El Superior se humilló y prometió celebrar 10 misas ante la estatua y propagar su culto. La situación mejoró notablemente, pero no se arreglaba la estatua. Un día el Padre Cirilo, que no cesaba de interceder ante Jesús, escuchó que le decía:

“Colócame a la entrada de la sacristía, y encontrarás quien se compadezca de mí.”

Se presentó un desconocido, el cual, notando que el hermoso Niño no tenía manos, se ofreció espontáneamente a repararlas. Al poco tiempo el desconocido ganó un juicio en el que recuperó una fortuna. Innumerables beneficios fueron recibidos por los devotos. Los carmelitas por eso quisieron edificarle una capilla pública, teniendo en cuenta que el sitio donde debían levantarla, había sido ya indicado por la Santísima Virgen al Padre Cirilo. Pero no había dinero y los conflictos con los calvinistas hacía peligroso levantar nuevas iglesias.

Finalmente, en el 1642, la Princesa Lobkowitz edificó un santuario que se inauguró en 1644, el día de la fiesta del Santo Nombre de Jesús. Acudían devotos de todas partes y de toda condición. En 1655, el Conde Martinitz, Gran Marqués de Bohemia, regaló una preciosa corona de oro esmaltada con perlas y diamantes. El Reverendo José de Corte se la colocó al Niño Jesús en una solemne ceremonia de coronación.

Al Divino Niño le llamaban el “Pequeño Grande” y su reputación milagrosa se esparció por todas las naciones. En innumerables colegios, parroquias, hogares, el Divino Niño entró a presidir y derramar sus bendiciones, sobre todo la gracia de la fe.

Surgieron las Letanías del Nombre de Jesús; la recitación de 5 padrenuestros, avemarías y glorias seguidas de la jaculatoria: “Sea bendito el Nombre del Señor ahora y por los siglos de los siglos.” repetida 5 veces; la oración del Padre Cirilo; la recitación del Rosario del Niño Jesús; y la celebración de la fiesta de Su Santísimo Nombre, el 2º domingo después de la Epifanía.

Es significativo que Jesús quiera propagar la devoción a su infancia en un mundo en que los niños son abortados, abusados y la mayoría no recibe una educación ni ejemplo de vida cristiana. Jesús, quién dijo “dejad que los niños se acerquen a mi”, fue El mismo niño y quiere que seamos humildes y puros como niños para entrar en Su Reino. Al meditar sobre su niñez, Jesús nos bendecirá y suscitará en nosotros sus virtudes.

La devoción al Divino Niño siempre había sido practicada por los carmelitas. Santa Teresa de Jesús practicaba una devoción muy particular al Divino Niño. Igualmente lo hacía Santa Teresita, llamada la “pequeña flor de Jesús”.

ORACIONES

Oración revelada por la Virgen al P. Cirilo

Oh, Niño Jesús, yo recurro a Ti y te ruego por la intercesión de tu Santa Madre, me asistas en esta necesidad (pídase el favor que se desea obtener), porque creo firmemente que tu Divinidad me puede socorrer.

Espero con toda confianza obtener tu santa gracia. Te amo con todo el corazón y con todas las fuerzas de mi alma. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados, y te suplico, oh buen Jesús, me des fuerzas para triunfar. Propongo no ofenderte y me ofrezco a ti, dispuesto a sufrir antes que hacerte sufrir.

De ahora en adelante, quiero servirte con toda fidelidad, y por tu amor ¡oh Divino Niño! amaré a mi prójimo como a mí mismo. Niño omnipotente, Señor Jesús, nuevamente te suplico me asistas en esta circunstancia (se manifiesta). Concédeme la gracia de poseerte eternamente con María y José y adorarte con los Ángeles en la Corte del Cielo. Amén.

Santa Marta

Santa Marta y Lazaro

“Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.
Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.
Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”.
Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”.
Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Santa Marta (S. I ) aparece tres veces en el Evangelio: en el banquete de Betania en que, junto con su hermana María, recibe a Jesús en su casa; cuando la resurrección de su hermano Lázaro, en que hace profesión de su fe en Jesús «el Hijo de Dios», y en la comida ofrecida a Jesús seis días antes de la Pascua (Jn 12, 2).

En los dos banquetes, Marta se ocupa del servicio, en tanto que María unge los pies del Señor con perfume precioso o se sienta a sus pies para escucharle. Cuando Marta se queja a Jesús de que su hermana no le ayuda, el Señor no rechaza «su solicitud caritativa», pero la reprende por su inquietud y agitación, que tiene el peligro de dejar de lado lo esencial, que es su presencia ante él. «Pocas cosas son necesarias, y aun una sola»: «Ella ha elegido la mejor parte», dice Jesús de María, que no está «ociosa», sino «atenta». Supuso un honor para Marta el recibir a Jesús a su mesa y servirle.

Pero cada uno de nosotros puede, a su vez, ejercitar la misma hospitalidad: cuando servimos a nuestros hermanos, lo hacemos a Cristo».

Porque creo que Jesús es Dios?

carl bloch Resurreccion

Porque es el Único que alimenta con cinco panes y dos peces a una multitud de aproximadamente quince mil personas (cinco mil hombres sin contar mujeres y niños); Porque Resucito varios muertos entre otros a Lázaro y lo más importante por su propia Resurrección.

Jesús con sus actos demostró la penetración que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los hombres. En innumerables casos en los que hizo milagros y en otros con los que consiguió un milagro aun mayor, el de la conversión de pecadores públicos.

Estos actos se siguen repitiendo a lo largo de los siglos y todos de una u otra forma seguimos sintiendo el llamado de Dios, y se siguen dando conversiones radicales de los cuales la historia esta llena de testimonios.

Algunos auto proclamados “profetas” han llamado a la exclusión de los demás como el caso de Buda, que se encerró, para no ser testigo de la miseria humana y algunos otros han condenado a muerte a quienes no les siguen ciegamente, como Mohamed que llama a matar a los “infieles” constituyéndose en infiel el que no apruebe TODO lo que Él mismo proclamó como palabra de Dios, lo interesante es que TODOS los autoproclamados profetas, han muerto han sido enterrados o cremados y se conoce el lugar donde reposan sus restos, algunos de los cuales son idolatrados, como un diente de Buda.

Por el contrario cristo muere en medio de 800.000 peregrinos que lo vieron en cualquiera de los pasos de su martirio y luego esos mismos testigos lo vieron vivo haciendo milagros, es decir que resucito y luego lo vieron multitudes ascendiendo al cielo, sus palabras son de vida no de muerte y su mensaje es directo e individual de bien y paz para todos los que lo quieran escuchar.
Jesus no es ni un mito, ni una idea abstracta cualquiera; Es un hombre que vivió en un contexto concreto y que murió después de haber llevado su propia existencia dentro de la evolución de la historia. La investigación histórica sobre Él es, pues, una exigencia de la fe cristiana.

La carta de Lentulo a Octavio (Cesar, Emperador Romano) es un documento fidedigno, de los pocos que habla de Jesús, Publio Léntulo, gobernador de Judea,(Prefecto Romano) fue el antecesor de Poncio Pilatos, la carta esta escrita en latín y se conserva en Roma.

“Tengo entendido, oh, César! (…), hay por aquí un hombre que practica grandes virtudes, y se llama Jesucristo, a quien las gentes tienen por un gran Profeta y sus discípulos dicen que es el Hijo de Dios. (…).
“Todos los días se oyen cosas maravillosas de este Cristo; resucita a los muertos y sana a los enfermos con una sola palabra. Es un hombre de buena estatura, hermoso rostro y tanta majestad brilla en su persona que, cuantos le miran, se ven obligados a amarlo. Sus cabellos son de color de avellana no madura, extendidos hasta las orejas y, sobre las espaldas, son del color de la tierra, pero muy resplandecientes. La nariz y los labios no pueden ser tachados de defecto alguno: la barba es espesa y semejante al cabello, algo corta y partida por en medio. (…)
“Tiene los ojos como los rayos del sol, y nadie puede mirarle fijamente al rostro por el resplandor que despide. (…). Tiene las manos y los brazos muy bellos. Su conversación agrada mucho, pero se le ve muy poco y, cuando se presenta, es modestísimo en su aspecto; en fin, es el hombre más bello que se puede ver e imaginar; muy parecido a su madre, que es la mujer más hermosa que se ha visto por estas tierras. Si Vuestra Majestad, ¡Oh César!, desea verlo, como me escribiste en cartas anteriores, dímelo, que no faltará ocasión para enviarlo. En letras asombra a toda la ciudad de Jerusalén. Él nunca. ha estudiado, pero sabe todas las ciencias. Muchos se ríen al verlo, pero en su presencia callan y tiemblan. Dicen que jamás se ha visto ni oído a hombre semejante. (…). Algunos se me quejan de que es contrario a V. Majestad. Me veo molestado por estos malignos hebreos.( …).
“En Jerusalén, (…) séptima, luna undécima.”

Dice el catecismo que: “La Encarnación del Hijo de Dios «no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. Se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre» (Catecismo, 464)
En el siglo I algunos cristianos de origen judío, los ebionitas, consideraron a Cristo como un simple hombre, aunque muy santo. En el siglo II surge el adopcionismo, que sostenía que Jesús era hijo adoptivo de Dios; Jesús sólo sería un hombre en quien habita la fuerza de Dios; para ellos, Dios era una sola persona. Esta herejía, fue condenada en el 190 por el papa San Víctor, por el Concilio de Antioquía del 268, por el Concilio I de Constantinopla y por el Sínodo Romano del 382. La herejía arriana, al negar la divinidad del Verbo, negaba también que Jesucristo fuera Dios. Arrio fue condenado por el Concilio I de Nicea, en el año 325.

Nestorio, patriarca de Constantinopla, utilizaba un lenguaje en el que daba a entender que en Cristo hay dos sujetos: el sujeto divino y el sujeto humano, unidos entre sí por un vínculo moral, pero no físicamente. Frente a esta herejía, San Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso del 431 recordaron que «la humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción… Por eso el Concilio de Éfeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno» (Catecismo, 466; cfr. DS 250 y 251).

Otra prueba es la costumbre de representar a Cristo, en frescos, iconos, bajorrelieves, etc.

Al respecto San Juan Damasceno acota que es la misma Encarnación la que ha circunscrito al Verbo incircunscribible.
«Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo es limitado (…) Por eso se puede “pintar” la faz humana de Jesús (Ga 3, 2)» (Catecismo, 476). En el II Concilio ecuménico de Nicea, del año 787, «la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradas» (Catecismo, 476). Es decir que la tradición “sabe” como es Dios porque le ha visto y lo que ha visto es el rostro de Jesús, por lo tanto Jesús es Dios.

Curiosidades del Camino de Santiago, el fuego del infierno

Pan de san Antonio

El fuego del infierno es una enfermedad que produce alucinaciones, convulsiones y contracción arterial y cuyas consecuencias resultaban más temibles, incluso que las de la propia lepra.

Hace unos mil años, una rara epidemia de locura azotó Europa. Las víctimas de esta enfermedad sufrían lo indecible. Además de tener alucinaciones terroríficas, sus piernas y brazos se volvían negros y poco después sobrevenía la gangrena. Dichas extremidades gangrenosas podían ser arrancadas del cuerpo sin que se presentara el menor sangrado. La enfermedad fue llamada Fuego de San Antonio debido a que muchos de los síntomas recordaban el martirio que sufrió el santo cuando se fue a orar al desierto.

Los enfermos atormentados por dolores atroces lloraban en los templos y en las plazas públicas; esta enfermedad pestilencial, corroía los pies o las manos y la cara. Comenzaba con un escalofrío en brazos y piernas, seguido de una angustiosa sensación de quemazón. Parecía que las extremidades iban consumiéndose por un fuego interno, se tornaban negras, arrugadas y terminaban por desprenderse, “como si se hubiesen cortado con una hacha”.

La inmensa mayoría sobrevivía, quedando mutilados y deformados enormemente, por la pérdida incluso de los cuatro miembros. Existía otra variante de esta intoxicación en la que el paciente sufría intensos dolores abdominales que finalizaban en una muerte súbita. En las mujeres embarazadas producía invariablemente abortos.

Durante la Edad Media se crearon hospitales donde los frailes de la orden de San Antonio se dedicaban en exclusiva a cuidar de estos enfermos. Estos frailes llevaban hábito oscuro con una gran T azul en el pecho.

El único remedio conocido en la Edad Media consistía en acudir en peregrinación a Santiago de Compostela.
Al peregrinar, pedían a los clérigos de la orden franciscana de San Antonio, que tenían hospitales dedicados por entero a la atención de este mal a lo largo de la ruta, que tocaran sus extremidades con el báculo en forma de Tau, o que les dieran pequeños escapularios llamados Taus, o que los alimentaran con pan y vino bendecidos con el báculo abacial también en forma de Tau. (Tau es la letra hebrea y griega que empleaba san Francisco como su firma, muy utilizada por la iglesia por su semejanza con la cruz).

Poco a poco, mientras recorrían el camino, los enfermos mejoraban. Al llegar ante el Apóstol, estaban totalmente curados.

El también conocido como fuego de san Antón tuvo a dos san Antonio como curanderos milagrosos: san Antonio Abad primero, y san Antonio de Padua después. Los hospitales de esta orden tuvieron tal éxito, que poco a poco fueron extendiéndose por toda Europa. No sólo obraban el milagro de curar el fuego del infierno, sino que llegaron a atender a los enfermos de la peste negra. En el siglo XV se cree que poseían 370 hospitales y encomiendas con más de diez mil monjes,curaban a los enfermos ofreciéndoles pan de trigo candeal. La vida ascética enseña la moderación en todos los aspectos de la vida, ora y labora.

Los frailes pedían limosna para recaudar dinero y posteriormente dar pan bendito a la gente que no tenía posibilidades, este pan de trigo, expulsa al demonio de las alucinaciones y la enfermedad, Dios se vale de la naturaleza para realizar prodigios.

La explicación es sencilla: El ergotismo gangrenoso lo producía el consumo prolongado de pan de centeno contaminado por el hongo cornezuelo. Una de las sustancias producidas por el hongo es la ergotamina, de la cual deriva el ácido lisérgico. LSD. El pan de trigo producido por los monjes no estaba contaminado y su consumo curaba el efecto del hongo.

Segundo Libro de los Reyes 4,42-44.
Llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: “Dáselo a la gente para que coman”.
Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien personas?”. “Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará”.
El servidor se lo sirvió: todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor.

Evangelio según San Juan 6,1-15.

Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
“Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?”.
Jesús le respondió: “Háganlos sentar”. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.
Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”.
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo”.
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Santa Ana

Abrazo-ante-la-puerta-dorada

Joaquín y Ana dejaron la casa paterna llenos de tierna emoción y piadosas resoluciones. María de Helí, la pequeña hija de Ana, como de seis o siete años entonces, los acompañó a su nueva morada y después regresó con los sirvientes y su abuelo Eliud, con quien permaneció.

Durante diecinueve años después del nacimiento de la primera hija, perseveraron los esposos en esa vida austera y en presencia de Dios; se abrazaban en deseo de la bendición prometida, y la tristeza invadía más y más sus almas. Hombres perversos venían a injuriarlos en su propia casa, diciéndoles; que debían ser malvados porque no tenían hijos; que la niña que estaba con el padre de Ana no les pertenecía; que Ana era estéril, y otras cosas de ese tenor. Estas palabras aumentaban la tristeza en los píos esposos.

Reinaba en su casa la estricta vida y costumbres de los Esenios. Eran muy piadosos, reservados, caritativos, sencillos y rectos. Cuando se encontraban juntos se sentaban en el suelo sobre tapetes, en rueda, y hablaban mucho de Dios con grandes esperanzas. La casa estaba situada en una colina entre el valle de Nazareth y el de Zabulón.

Como la casa era amplia, vivían y dormían en pequeñas habitaciones separadas, donde era posible verlos a menudo en oración, cada uno por su lado, con gran devoción y fervor. Ana, tenía la firme convicción interior que ella pertenecía a la familia dentro de la cual debía encarnarse el Redentor.

Joaquín, a pesar de ser pequeño y delgado, era de constitución robusta. Ana tampoco era grande y su complexión delicada.

Joaquín (ó Helí) y Ana los padres de la Virgen María, Abuelos de Jesús Nazaret y suegros de José de Nazaret, cuyo padre se llamaba Jacob y era el tercero entre seis hermanos.
Matat, fue el padre de Joaquín, abuelo de María y bisabuelo de Jesús de Nazareth.

El Abuelo de Ana se llamaba Estolano ( Garesha o Sarziri). Fue el Bisabuelo de María de Nazareth y el Tatarabuelo de Jesús de Nazareth. La Abuela de Ana era de Mara, y se llamaba Emorún ( La Esposa Excelsa de Estolano). Fue la bisabuela de María de Nazareth y Tatarabuela de Jesús de Nazareth. Ismeria fué la segunda hija de Estolano y Emorún. Ismeria se casó con Eliud, de la tribu de Leví, de condición noble y vivían en Séforis.

Ismeria e Eliud vieron a un ángel que escribía en la pared la letra “M”.

Por espacio de dieciocho años después de que nació su hija Sobe no pudieron tener más hijos, hasta que tuvieron a Ana. Sobe era la hermana mayor de Ana y Tía de la Virgen María.

“San Joaquín fue siempre varón justo y santo, ilustrado con especial gracia y luz de lo alto. Tenía inteligencia de muchos misterios de las Escrituras y profetas antiguos y con oración continua y fervorosa pedía a Dios el cumplimiento de sus promesas, y su fe y caridad penetraban los cielos.

Era humilde y puro, de costumbres santas y suma sinceridad, de gran peso y severidad y de incomparable compostura y honestidad.

Ana tenía casa en Belén, y era casta, humilde y hermosa y, desde su niñez, santa, compuesta y llena de virtudes.

“He visto la aparición del ángel a Joaquín. El ángel le mandó llevar las ofrendas al templo y le prometió que sería escuchada su oración. A pesar de que le dijo que fuera después a la puerta dorada en el templo. Joaquín sentíase temeroso de ir. Pero el ángel le dijo que los sacerdotes ya tenían aviso de su visita.

Esto sucedía en tiempo de la fiesta de los tabernáculos. Al cuarto día de fiesta dirigióse a Jerusalén. Luego vi que dos sacerdotes llevaron a Joaquín a través de las cámaras laterales, hasta el Sancta Sanctorum, ante el altar del incienso. Joaquín quedó solo delante del altar del incienso, porque los sacerdotes se alejaron.

Ví a Joaquín hincado de rodillas, con los brazos levantados, mientras se consumía el incienso. Permaneció encerrado en el templo toda la noche, rezando con gran devoción.

El ángel habló entonces: “Ana tendrá una Niña Inmaculada y de ella saldrá la salud del mundo. Lo que tendrá Ana no será de Joaquín sino que por medio de él, será un fruto de Dios y la culminación de la bendición dada a Abrahán.

“He visto que cuando se abrazaban Joaquín y Ana ( en el Templo de Jerusalén Bajo la puerta Dorada), estaban en éxtasis. Estaban rodeados de numerosos ángeles, que flotaban sobre ellos, sosteniendo una torre luminosa y recordando la torre de marfil, la torre de David y otros títulos de las letanías lauretanas.

Desapareció la Torre entre Joaquín y Ana: ambos estaban llenos de gloria y resplandor. Al mismo tiempo, el cielo se abrió sobre ellos y vi la alegría de los ángeles y de la Santísima Trinidad y la relación de todo esto con la concepción de María Santísima.
Cuando se abrazaron, rodeados por el resplandor, entendí que era la ‘concepción de María’ en ese instante, y que María fue concebida como hubiera sido la concepción de todos sin el pecado original”

Ana Catalina Emmerick

Estar Compungido es:

compungido

Una persona que siente pena por algo que ha hecho mal, por compasión de sí mismo o de otra persona.

«Cuando estés en privado, recógete y piensa en el día de la muerte. Represéntate ese cuerpo cuya vida desaparece: piensa en esta calamidad, acepta el dolor y aborrece la vanidad de este mundo. Sé humilde y vigilante para que puedas siempre perseverar en tu vocación a la hesyquia (calma, tranquilidad, serenidad, paz) y no vacilarás. Acuérdate también del día de la resurrección y trata de imaginarte aquel juicio divino, terrible y horroroso. Acuérdate de los que están en el infierno. Piensa en el estado actual de sus almas, en su amargo silencio, en sus crueles gemidos, en su temor y mortal agonía, en su angustia y dolor, en sus lágrimas espirituales que no tendrán fin, y nunca jamás serán mitigadas. Acuérdate también del día de la resurrección e imagínate aquel juicio divino, espantoso y terrible y en medio de todo esto la confusión de los pecadores a la vista de Cristo y de Dios, en presencia de los ángeles, arcángeles, potestades y de todos los hombres. Piensa en todos los suplicios, en el fuego eterno, en el gusano que no muere, en las tinieblas del infierno, y más aún en el rechinar de los dientes, terrores y tormentos. Recuerda también los bienes reservados a los justos, su confianza y seguridad ante Dios Padre y Cristo su Hijo, ante los ángeles, arcángeles, potestades y todo el pueblo. Considera el reino de los cielos con todas sus riquezas, su gozo y su descanso. Conserva el recuerdo de este doble destino, gime y llora ante el juicio de los pecadores, sintiendo su desgracia y teme no caer tú mismo en ese mismo estado. Pero alégrate y salta de gozo pensando en los bienes reservados a los justos y apresúrate a gozar con éstos y en alejarte de aquéllos. Cuidate de no olvidar nunca todo esto, tanto si estás a solas como si estás entre la multitud, ni lo arrojes de tu memoria y con ello huirás de los sórdidos y malos pensamientos».