IGLESIA ORTODOXA Y SEGUNDAS NUPCIAS

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La Iglesia ortodoxa está constituida por 15 iglesias autocéfalas que reconocen sólo el poder de Su propia autoridad jerárquica (por ejemplo, del Patriarca de Alejandría, de Antioquía, de Constantinopla, etc. o la de Metropolitanos, si es el caso), pero mantienen entre sí comunión doctrinal y sacramental.
Los ortodoxos no son Católicos, pertenecen a lo que llamamos cisma de oriente, y se separaron el 16 de julio de 1054, sin embargo no son tan liberales como se cree…

Recientemente, el cardenal Walter Kasper se ha referido a la praxis ortodoxa de las segundas nupcias para apoyar que también los católicos que estén divorciados y vueltos a casar sean admitidos a la comunión.

Sin embargo, tal vez no ha dado importancia al hecho de que los ortodoxos no hacen la comunión en el rito de las segundas nupcias, pues en el rito bizantino del matrimonio no está prevista la comunión, sólo el intercambio de la copa común de vino, que no es el vino consagrado.

Por otra parte, entre los católicos se suele decir que los ortodoxos permiten las segundas nupcias, tolerando, por consiguiente, el divorcio del primer cónyuge.

En verdad no es del todo así, porque no se trata de la institución jurídica moderna. La Iglesia ortodoxa está dispuesta a tolerar las segundas nupcias de personas cuyo vínculo matrimonial haya sido disuelto por ella, no por el Estado, en base al poder dado por Jesús a la Iglesia de “disolver y unir” y concediendo una segunda oportunidad en algunos casos especiales (en concreto, en los casos de adulterio continuado, pero por extensión también en ciertos casos en los que el vínculo matrimonial se ha convertido en una ficción). También se prevé, aunque no se alienta, la posibilidad de un tercer matrimonio. Además, la posibilidad de acceder a las segundas nupcias, en los casos de disolución del matrimonio, es concedida sólo al cónyuge inocente.

Las segundas y terceras nupcias, a diferencia del primer matrimonio, se celebran entre los ortodoxos con un rito especial, definido de “tipo penitencial”. Al faltar antiguamente en el rito de las segundas nupcias el momento de la coronación de los esposos, considerado por la teología ortodoxa el momento esencial del matrimonio, las segundas nupcias no son un sacramento verdadero; son, utilizando la terminología latina, un “sacramental”, que permite a los nuevos esposos considerar la propia unión como plenamente aceptada por la comunidad eclesial. El rito de las segundas nupcias se aplica también en el caso de esposos que han enviudado.

La no sacramentalidad de las segundas nupcias está confirmada por la desaparición de la comunión eucarística de los ritos matrimoniales bizantinos, que es sustituida por la copa entendida como símbolo de la vida común. Este parece ser un intento de “desacramentalizar” el matrimonio, debido tal vez al embarazo creciente que causaban las segundas y terceras nupcias, a causa de la abolición del principio de la indisolubilidad del vínculo, directamente proporcional al sacramento de la unidad: la eucaristía.

A este respecto, el teólogo ortodoxo Alexander Schmemann ha escrito que precisamente la copa, elevada como símbolo de la vida común, “muestra la ‘desacramentalización’ del matrimonio, reducido a una felicidad natural. En el pasado, ésta era alcanzada con la comunión, la coparticipación en la eucaristía, signo último del cumplimiento del matrimonio en Cristo. Cristo debe ser la verdadera esencia de la vida juntos”. ¿Cómo permanecería en pie esta “esencia”?

Por lo tanto, se trata de un “qui pro quo” imputable en ámbito católico a la escasa o nula consideración por la doctrina, por lo que se ha afirmado la opinión, incluso la herejía, de que la misa sin comunión no es válida. Toda la preocupación sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar, que tiene poco que ver con la visión y la praxis oriental, es una consecuencia de ello.

Hace unos diez años, mientras colaboraba en la preparación del sínodo sobre la eucaristía, en el que participé como experto en 2005, dicha “opinión” fue avanzada por el cardenal Cláudio Hummes, miembro del consejo de la secretaría del sínodo. Invitado por el cardenal Jan Peter Schotte, que entonces era el secretario general, tuve que recordar a Hummes que los catecúmenos y los penitentes, entre los cuales estaban los dígamos, en los distintos grados penitenciales, participaban en la celebración de la misa o en partes de ella, sin acercarse a la comunión.

La “opinión” errónea está difundida hoy entre clérigos y fieles, por lo que, como observó Joseph Ratzinger: “hay que ser, de nuevo, más claramente conscientes del hecho de que la celebración eucarística no está carente de valor para quien no comulga. […] Al no ser la eucaristía un banquete ritual, sino la oración comunitaria de la Iglesia, en el que el Señor reza con nosotros y en nosotros se participa, ella sigue siendo valiosa y grande, un verdadero don, aunque no podamos comulgar. Si adquiriéramos otra vez un conocimiento mejor de este hecho y volviéramos a ver la propia eucaristía de una manera más correcta, varios problemas pastorales, como por ejemplo el de la posición de los divorciados vueltos a casar, perdería automáticamente mucho de su oprimente peso”.

Lo que se ha descrito es un efecto de la divergencia, y también de la oposición, entre dogma y liturgia. El apóstol Pablo pidió a quienes tenían la intención de comulgar que se examinaran a sí mismos, para no comer y beber la propia condena (1 Corintios 11, 29). Esto significa: “Quién quiera el cristianismo sólo como jubiloso anuncio, en el que no debe estar presente la amenaza del juicio, lo falsifica”.

Nos preguntamos cómo hemos llegado a este punto. Distintos autores, en la segunda mitad del siglo pasado, mantuvieron la teoría – recuerda Ratzinger – según la cual “la eucaristía derivaba, más o menos exclusivamente, de las comidas que Jesús consumía con los pecadores. […] Pero de ello deriva después una idea de la eucaristía que no tiene nada en común con la costumbre de la Iglesia primitiva”. Aunque Pablo proteja a la comunión del abuso con el anatema (1 Corintios 16, 22), susodicha teoría propone “como esencia de la eucaristía que ésta sea ofrecida a todos sin distinción alguna y sin condición preliminar, […] también a los pecadores, es más, también a los no creyentes”.

No, sigue escribiendo Ratzinger: desde los orígenes la eucaristía fue entendida como una comida con los reconciliados, no con los pecadores: “Existían también para la eucaristía, desde el principio, condiciones de acceso bien definidas […] y de este modo ha construido la Iglesia”.

La eucaristía, por lo tanto, permanece como “el banquete de los reconciliados”, algo que es recordado en la liturgia bizantina, en el momento de la comunión, con la invitación “Sancta sanctis”, las cosas santas a los santos.

A pesar de todo la teoría de la invalidez de la misa sin la comunión sigue influenciando la liturgia hodierna.

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Este texto de Nicola Bux ha sido extraído de la conclusión por él escrita para la última obra de Antonio Livi, teólogo y filósofo de la Pontificia Universidad Lateranense, de inminente publicación, dedicada a los escritos y discursos del cardenal Giuseppe Siri (1906-1989):

Arcángeles

Arcángeles bottegadivina

“En el principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”. Juan 1:1

Dios es verbo creador, es decir que el verbo crea.

“Dijo, pues, Dios: Sea hecha la luz. Y la luz quedó hecha”. Gén 1:3

(Dios) “trajo a Adán, para que viese cómo los había de llamar: y en efecto todos los nombres puestos por Adán a los animales vivientes, ésos son sus nombres propios. Llamó, pues, Adán por sus propios nombres a todos los animales, a todas las aves del cielo, y a todas las bestias de la tierra; Gén 2:19

Dios le entrega la tierra al hombre la creación y todo lo que contiene dándole da la potestad de bautizarla como le parezca.

“Y dijo o exclamó Adán: Esto es hueso de mis huesos, y carne de mi carne: llamarse ha, pues, hembra, porque del hombre ha sido sacada. Gén 2:23

Los nombres son tan importantes que el profeta declara;
“¡Oíd, islas, y atended, pueblos distantes! El Señor me llamo desde el vientre de mi madre; se acordó o declaró mi nombre cuando yo estaba aún en el seno materno. E hizo mi boca o mis palabras como una aguda espada”; Isa 49:1 -2

Así pues, queda claro que todas las cosas tienen un nombre, inspirado por Dios o puesto por Dios. Luego exige:
“No tomarás en vano el Nombre del Señor tu Dios: porque no dejará el Señor sin castigo al que tomare en vano el Nombre del Señor Dios suyo”. Éxo 20:7
Este mandamiento es tan Claro, que los judíos no pronuncian Su nombre porque es demasiado sagrado para ser pronunciado por hombres pecadores, y solo escriben sus consonantes YHV.
Otra forma de referirse a Él es por sus características.

• ELOHIM: Verdadero Dios
• YAHVE-SABAOTH: Señor de los ejércitos
• El-Shaddai ( אֵל), Dios Majestuoso

“Y el Verbo se hizo carne; y habitó en medio de nosotros”; Jua 1:14

Luego, las creaturas visibles tienen el nombre que el hombre les ha puesto, las demás creaturas tienen el nombre que Dios les ha puesto, porque el hombre las desconoce.

Michel, Gabriel y Raphaël. Son los tres arcángeles bíblicos. Ellos se han presentado a sí mismos en diferentes libros de la Biblia, con el Nombre que Dios les puso.

Rafael en el libro de Tobías hace mención a otros cuatro arcángeles cuando se presenta como uno de los 7 que están en presencia de Dios.

“Porque Él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres”. Sal 91:11

Así que estos ángeles protectores que Dios ha mandado para que nos guarden, han estado siempre presentes en la historia Humana, pero de entre ellos, unos dejaron de ser nuestros guardianes y se convirtieron en nuestros enemigos.

La devoción a los 7 arcángeles, ha estado viva en las culturas de las 3 religiones Abrahámicas o Monoteístas, que son la mitad de la humanidad.

Estos siete grandes Arcángeles luchan particularmente contra los siete demonios principales (ángeles caídos) que desde el principio, extendieron entre los hombres los vicios y los siete pecados capitales.

El conocimiento del nombre de los cuatro restantes arcángeles, está en los libros de estas dos religiones no católicas, muy extendido.

En un pasado muy remoto, los católicos tomaban “prestados” estos nombres No bíblicos y por tanto de origen desconocido u “oculto” y les tenían devoción y oraciones con nombre propio, sin saber a quién le rezaban.

Durante el siglo VIII el culto tuvo que ser abandonado a fin de evitar abusos.

Lo que conocemos como civilización católica o edad media va desde la coronación de Carlo Magno como emperador del imperio Romano-Germánico hasta el Renacimiento o reforma protestante. Del año 800 al 1550.

En el sínodo de Roma en 745, el Papa Zacarías tuvo que intervenir contra Adalberto el galo, obispo de Magdeburgo, que había unido en una sola oración los nombres de los 7 arcángeles, que incluía lo que podrían ser nombres de demonios.
En 745 Zacarías llamado a Roma un sínodo provincial, que confirmó la condena, ya expresada por el obispo Wynfrith-Boniface, y suspendió Adalberto, arzobispo de Magdeburgo, acusado de hacer obras de magia a través de la invocación de los ángeles no reconocidos por las Escrituras y lo declaró hereje.

El Papa prohibió la devoción de los arcángeles “No bíblicos” y solo permitió la de Miguel, Gabriel y Rafael. Posteriormente y explícitamente en el Consejo de Aquisgrán de 798 se prohibió a los católicos invocar cualquier otro arcángel.

Los nombres y la adoración de los siete arcángeles reaparecieron en Occidente en 1516, cuando el sacerdote Antonio LoDuca “redescubrió” sus imágenes en el techo de la Capilla Palatina de Palermo, con sus nombres, sus “consignas y sus atributos”.

Hemos descubierto pues ciertas “casualidades” históricas en la devoción de los 7 arcángeles.
Si bien es cierto que están para guardarnos, también es cierto que de los 12 Arcángeles 5 se convirtieron en demonios y 7 son Santos.
Todos tienen un nombre que en su momento Dios les asignó y “consignas y atributos”. Pero no tenemos seguridad del Nombre de 4 de ellos.

Solo 3 son los reconocidos por la iglesia Católica como santos y están plenamente identificados en la biblia.
Corremos un gran riesgo invocando lo que no conocemos…

También vemos que la devoción de los 7 se asocia a tiempos de paganismo extraordinario, invasiones bárbaras, caídas de imperios, cismas y en general tiempos de oscuridad, pecado y dolor para la raza Humana.
Debe ser que entre esos 4 cuyos nombres realmente no conocemos, hay “colado” alguno de los “caídos” y al invocarlo le damos autoridad para que nos haga el mal.

Ahora Bien, Dios tiene la deferencia de revelar a sus profetas para cada tiempo sus designios, en la iglesia existe conocimiento que No es para todos y este conocimiento es privado y sirve para hacer el Bien.

Respetemos la voluntad de Dios. Cuando Él quiera que este conocimiento para los tiempos del fin sea conocido, Él mismo lo revelara a todos.

Von Balthasar

infierno

El teólogo suizo Urs von Balthasar afirma que “esperar la salvación eterna de todos los hombres no es contrario a la fe”, que No es, como pretender que el infierno este vacío.
“Mis palabras fueron repetidamente tergiversadas en el sentido de que, quien espera la salvación para todos sus hermanos y hermanas «espera el infierno vacío» O en el sentido de que quien manifiesta tal esperanza enseña la «redención de todos» (apokatastasis), condenada por la Iglesia, cosa que expresamente rechacé”.

“Para comprender de algún modo el infierno, sería necesario penetrar en el sentido y la gravedad del pecado mortal. El pecado es un misterio, como lo es su castigo. Es el misterio de la criatura que rechaza la fuente y el fin de su ser. La agonía espiritual del infierno es el final horrible de las tendencias pecaminosas maduradas por el alma a lo largo de la vida terrena, voluntariamente desarrolladas, y que no acabaron en una sincera conversión. Esto significa que el pecador se prefirió egoístamente a Dios, y Dios ratificó la libre voluntad del condenado. Bajo cierto aspecto, el infierno es el pecador que tuvo éxito, el pecador que consiguió hacer perfectamente lo que quiso, y comenzó a hacerlo en esta tierra. Por eso, el infierno es obra del hombre, cuya voluntad Dios respeta. El hombre obtiene en el infierno lo que quería obtener”
Giandomenico Mucci S.J., “La Civiltà Cattolica” (nº 3788, del 19 de abril del 2008)

Dios “no trata a los hombres como menores de edad, los cuales, en el fondo, no puedan ser considerados responsables de su propio destino”, sino que “deja incluso al perdido el derecho de querer la propia perdición”
“Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero algunas figuras de nuestra propia historia dejan entrever, de manera pavorosa, perfiles de ese tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno”.
Benedicto XVI

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a la izquierda.
“Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo» […].
“Luego dirá a los de la izquierda: «Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron».
“Éstos, a su vez, le preguntarán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?»
“Y él les responderá: «Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo».
“Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25, 31-46).

Señor, señor

Judas

Bartolomé (Nathanael) y Simón Zelotes (hermano de Judas Tadeo) lo presentaron a Jesús:

“Maestro: aquí está Judas, de quien Te hemos hablado”.
Jesús lo miró muy amigablemente, pero con indecible tristeza. Judas, inclinándose, dijo:

“Maestro, Te pido que me dejes tomar parte en tu enseñanza”
Jesús Respondió:

“Esto lo puedes tener si no lo quisieras dejar a otro”

El apóstol traidor era -de todos los apóstoles- el único judío, los demás eran Galileos.

Judas Iscariote significa Ish-Querioth; hombre del pueblo de Queriot, al sur de Judea. Ciudad de curtidores, oficio de gran desprestigio realizado por esclavos extranjeros o paganos. Donde la familia de judas y uno de sus tíos, Simeón, era dueña de la mayoría de las curtiembres. Judas era comerciante.

Estuvo presente en todos los milagros y enseñanzas, posiblemente Él mismo, hacía milagros, “en mi nombre expulsarán demonios”…

La frase del Señor “Más le valiera no haber nacido” Mc 14,21 indica un castigo fuerte.
“y habiéndose ahorcado reventó por medio; quedando esparcidas por tierra todas sus entrañas”. Hch 1,18

Judas está marcado por la desesperación.

El evangelio es claro en señalar que estaba arrepentido de la traición, pero la desesperación le llevó al suicidio. «Devolvió arrepentido las treinta piezas de plata.» Mt 27.3
La envergadura del pecado no lo convierte en imperdonable; lo imperdonable es “No pedir perdón”.

Un año antes de la traición estaba ya distante de Cristo.

Cuando, a raíz del discurso sobre el Pan vivo, la confusión se apoderó de los apóstoles, Jesús exclamó:
“¿No os he elegido yo a los doce? Y uno de vosotros es un demonio”. Juan aclara: “Hablaba de Judas Iscariote, porque éste, uno de los doce, había de entregarle” Jn 6,70-71.

Por qué permitió Jesús a Judas, que anduviese en contacto con el dinero, que, según El mismo, dificulta tanto a los hombres la santidad ?
¿Para qué, nos lo permite a nosotros?

El de Querioth estuvo más de tres años al lado de Jesús, predicó en Su nombre, lanzó demonios en Su nombre, sanó enfermos en Su nombre, Lo traicionó y se arrepintió, devolvió totalmente lo pactado por la traición, confesó públicamente su pecado y fue el único discípulo que declaró ante las autoridades, que el Maestro era inocente…

De los Judas habla Jesús cuando dice:
“No todo aquel que me dice: ¡Oh, Señor, Señor! entrará por eso en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día del juicio: ¡Señor, Señor!, ¿pues no hemos nosotros profetizado en tu nombre, y lanzado en tu nombre los demonios, y hecho muchos milagros en tu nombre? Mas entonces yo les contestaré: Jamás os he conocido, apartaos de mí, hacedores de iniquidad. Mat 7:21

Dos cuerpos en dos maderos, un mismo día.
Uno es la cruz donde está Jesús, cuya sangre nos redime. Si hacemos lo que manda.
El otro es el árbol donde cuelga Judas, Ish-Querioth, derrama inútilmente su propia sangre.

“Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio, por todos los pecadores del mundo. Por los pecadores en la iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.
Amen.
El Señor le dijo a Sta. Gertrudis que cada vez que rezara esta oración, pudiese librar 1000 almas del purgatorio.

«No te diré lo que he hecho con Judas para que no se abuse de mi misericordia». Le habría dicho Dios a Santa Gertrudis.