La Tribulación según los Beatos

damasco bottega

“Oráculo sobre Damasco. Mirad. Damasco dejará de ser ciudad, será un montón de ruinas”. Isa 17:1

Nuestro Señor parece dar a entender cuán apropiada, cuán natural es la persecución de la Iglesia, al incluirla entre sus Bienaventuranzas:
“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el Reino de los Cielos”

La Iglesia comienza y termina en la persecución. Él la dejó en la persecución y la hallará en la persecución.
El profeta Daniel, que tantos vaticinios nos ha dejado acerca de los últimos tiempos, nos habla acerca de la gran persecución por venir.

“Habrá un tiempo de tribulación tal, cual nunca lo hubo hasta entonces, desde que existen las naciones y en aquel tiempo se salvará tu pueblo, todo aquel que haya sido hallado en el libro” “Entonces habrá una gran tribulación, cual no la hubo desde el inicio del mundo hasta entonces ni la habrá, y a menos que dichos días sean acortados, ninguna carne será salva; mas por razón de los elegidos, aquellos días serán acortados”
“Se levantará otro luego de ellos y (…) proferirá palabras contra el Altísimo, y hostigará a los santos del Altísimo e intentará cambiar los tiempos y la ley; y los santos serán entregados en sus manos durante un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” esto es, tres años y medio.
“Profanarán el santuario-ciudadela y abolirán el Sacrificio Perpetuo y pondrán allí la abominación de la desolación, y corromperán con halagos a los violadores de la Alianza, pero el pueblo que conoce a su Dios se mantendrá fuerte y hará proezas. Y los sabios de entre el pueblo enseñarán a muchos, aunque caerán bajo la espada, la llama, la cautividad y la expoliación, durante algún tiempo”
“Muchos serán purificados, y blanqueados y probados, más los inicuos seguirán obrando mal (…) y desde el tiempo en que el Sacrificio Perpetuo sea retirado y sea eregida la abominación de la desolación, transcurrirán mil doscientos noventa días” Dan 11, 12.

Habrá una gran tribulación, como no la hubo desde el comienzo del mundo” Mt 24, 21.

San Pablo habla del Anticristo como de uno “cuya venida está señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros y signos y prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar porque no recibieron el amor de la Verdad, que los hubiera salvado. Por eso Dios les enviará un poder seductor que les hará creer en la mentira”

Y San Juan nos dice: “Realizó grandes prodigios, hasta llegar a hacer caer fuego del cielo a la vista de los hombres, y engañó a los habitantes de la tierra por medio de aquellos prodigios que Él tenía poder para realizar en presencia de la bestia” Ap 13, 13-14.

La última persecución será la más tremenda que cualquiera de las precedentes en estos cuatro aspectos: será en si misma más fiera y más horrenda; será seguida por una suspensión de las disposiciones ordinaria de la gracia: “el Sacrificio perenne”; será acompañada por un establecimiento abierto y blasfemo de la infidelidad, o de alguna enormidad en lo más sagrado de la Iglesia; por último, será seguida por la capacidad de obrar prodigios.

¡Bendito quien sea entonces un mártir de Cristo! Considero que los mártires de aquel tiempo serán mayores que todos los mártires, puesto que estos combatieron sólo contra hombres, mientras que aquellos en los tiempos del Anticristo combatirán contra Satanás en persona.

Que nadie diga en su interior en ese momento:

“¿Que hizo Cristo que sea mayor que esto? ¿Con que poder hace este hombre estas cosas? No podría hacerlas a menos que Dios se lo permitiese”. El Apóstol nos advierte diciéndonos de antemano: “Dios les enviará un poder seductor”, no para ser excusados sino con condenados; a saber, todos aquellos que no creyeron la Verdad, esto es, en el verdadero Cristo, sino se complacieron en la iniquidad, esto es, en el Anticristo (…) Por lo tanto ¡prepárate, oh hombre! Has escuchado las señales del Anticristo; no las guardes solamente para ti, sino más bien comunícalas generosamente a todos.

Tal vez… no se trate de una persecución sangrienta, sino de un tipo que involucre más bien astucia y sutileza, fundada no en milagros sino en maravillas naturales y poderes desarrollados por el ingenio humano, como el cambio de paradigmas confundiendo el mal y el bien de tal manera que sea difícil discernir lo correcto y así hasta los “buenos” apoyaran al demonio… “más aún: llega la hora en la que todo el que os dé muerte pensará que hace un servicio a Dios”. Jua 16:2

El Beato John Henry Newman, fue un presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845, más tarde fue elevado a la dignidad de cardenal por el papa León XIII y beatificado en 2010 en una ceremonia que presidió el Papa Benedicto XVI en el Reino Unido.

Pecados contra Dios

Dios Bottega

El Espíritu Santo es Dios.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

“Todo pecado y blasfemia les será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada…pero quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero.” Mat 12:31-32

Los pecados contra el Espíritu Santo son seis y se llaman estos pecados particularmente pecados contra el Espíritu Santo, porque se cometen por pura malicia, lo que es contrario a la bondad que se atribuye al Espíritu Santo
(Tercer Catecismo de la Doctrina Cristiana de San Pío X )

1° Desesperanza de la salvación:
Ocurre cuando la persona ha pecado tanto que entra en desesperación encontrando que no hay más salvación para ella. Queda convencida de que no hay solución y que su destino es el infierno. NOTESE QUE EN ESTE CASO LA PERSONA NO SE CONFIESA PORQUE CREE QUE NO VALE LA PENA Y QUE ESTA DEFINITIVAMENTE CONDENADA.

2° Presunción de la salvación sin merecimiento:
Ocurre cuando la persona se haya tan virtuosa que piensa que ya está en el Cielo y por eso por más que haya hecho algún pecado, Dios la perdonará. Implica un sentimiento de orgullo hallando que esta salvada por lo que ya hizo en la vida. NOTESE QUE EN ESTE CASO LA PERSONA NO SE CONFIESA PORQUE LO HAYA INECESARIO; CREE QUE YA ESTA SALVADA.

3° Negar la verdad conocida como tal:
Ocurre cuando la persona se juzga “dueña de la verdad” y por eso no cree las verdades de fe por puro orgullo. NOTESE QUE EN ESTE CASO LA PERSONA NO SE CONFIESA PORQUE HAYA QUE ESTA CORRECTA Y QUE NO HAY NADA QUE CONFESAR. NI CONSIDERA EL PECADO DE DUDA DE LAS VERDADES DE AL FE O ASÍ MISMO NEGAR LAS VERDADES DE LA FE. LA PERSONA ENCUENTRA QUE ESTA CORRECTA Y QUE ESA CERTEZA ES ABSOLUTA. CONSIDREA QUE SABE MAS QUE LA MISMA IGLESIA Y CON ESO NIEGA QUE EL ESPIRITU SANTO AUXILIA AL SAGRADO MAGISTERIO DE LA IGLESIA.

4° La envidia de la gracia fraterna:
Ocurre cuando las personas tienen envidia de la gracia que Dios da a otro. El envidioso se enoja porque su prójimo alcanzó algo bueno y por eso se rebela contra Dios. Es el caso de Caín y Abel. Caín mató a Abel por envidia. NOTESE QUE EN ESTE CASO LA PERSONA NO SE CONFIESA PORQUE SE REVELA CONTRA DIOS Y NO TIENE ARREPENTIMIENTO EN SU CORAZÓN.

5° La obstinación en el pecado:
Es quien peca no por debilidad, sino por malicia. Peca no simplemente porque tuvo una tentación, sino porque AMA pecar. AHORA, SI AMA PECAR, NO SE CONFIESA, PORQUE QUIERE CONTiNUAR EN EL PECADO.

6° La impenitencia final:
No es difícil de entender este pecado, pues una persona que viene pecando la vida entera, al final de su existencia continúa siendo impenitente y no arrepintiéndose de todo lo que hizo de malo. Es el supremo y final rechazo a Dios. Aunque estando al final de la vida y sabiendo que va a morir, la persona no quiere cambiar de vida. ESTA NO SE CONFIESA PORQUE RECHAZA A DIOS HASTA EN ESTA HORA EXTREMA.

“Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, solo a El darás culto”
(Mt 4,10)

¡AMARÁS al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas!
(Lc 10,27; Dt 6,5)

COMO SABER SI COMETO PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO?

¿Creo en Dios? ¿Doy testimonio de El? ¿Tengo en El una fe y una confianza firme y completa?

¿Dudo o rechazo como verdadero lo que Dios ha revelado en las Escrituras (La Sagrada Biblia)?

¿Me he desesperado, llegando a dudar de la bondad de Dios, de su justicia, de sus promesas y de su misericordia?

¿He presumido de que Dios me salvará de todas maneras, aún son conversión y sin mérito? (Falsa Misericordia)

¿He sido indiferente, despreciando la acción y la fuerza de Dios en mi vida?

¿He respondido al amor de Dios con tibieza?

¿He cultivado un enfermizo orgullo propio, que me ha llevado a odiar a Dios?

¿Le he dedicado suficiente tiempo a Dios en la oración personal y comunitaria?

¿He cumplido en todo o en parte, alguna promesa hecha a Dios o a su iglesia?

¿He sido supersticioso, o sea que le he atribuido una importancia de algún modo mágico, a ciertas prácticas legítimas o necesarias?

¿He creído y/o consultado y/o usado: supersticiones, hechicerías, brujería, magia, (incluso la blanca), adivinos, quiromancia, “médium”, agüeros, horóscopos, cartas de naipe, “tazas de chocolate” y cosas parecidas; al igual que riegos, sahumerios, talismanes, “pencas de sábila”, filtros, maleficios, sortilegios, cábala, tarot, “carta astral”, alquimia, tabla ouija, santería, amuletos, vudú, gurúes, shamanismo, numerología, espiritismo, “yo soy”, necromancia, cuarzos, piedras, mantras, etc., y todo tipo de “objetos con poder”. (Dt 18, 10-12; Jr 29, 8)

¿He honrado y/o reverenciado y/o adorado a una criatura (cualquiera que sea) en lugar de Dios?. Como por ejemplo al dinero, al poder (o a los poderosos) al placer, o a las cosas materiales (como automóviles y pertenencias que se colocan por encima de todo, incluso de Dios).

¿He puesto fe, o he practicado, o me he dejado llevar por grupos, sectas o movimientos no Cristianos o que mezclan la verdad de Jesucristo con otras ideologías que contienen verdades, pero algunas mentiras muy disfrazadas por el demonio? Por ejemplo: El poder mental, la reencarnación, la falsa metafísica, el método Silva, el ocultismo, el espiritismo, la astrología, el tarot, la meditación trascendental, el yoga, el gnosticismo, el i-chin, “los viajes astrales”, los gurús, el inside, el avance, la dianética, la medicina holística, la parapsicología, la sofrología; la radiastesia, la homeopatía, la acupuntura y la acuprensión cuando van acompañadas de prácticas esotéricas. También la hipnosis y autohipnosis, las regresiones, la lectura del áurea, la terapia de olores y esencias florales, el esoterismo, la teosofía, LA MASONERÍA, el rosacrucismo, el budismo, el hare krishna, la “canalización de espíritus o cháneling”, el tao, el feng sui y todo lo relacionado con el “new age” o la “nueva era”. Igualmente son movimientos o sectas no cristianas LOS MORMONES Y LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ que no creen en Jesucristo como hijo de Dios. (2Tim 4, 3-4; 1Tim 4, 1)

¿He tentado a Dios, o sea que lo he puesto a prueba, dudando de su palabra, o de su obra, o de su bondad, o de su omnipotencia, o de su amor o poder?

¿He cometido sacrilegio? O sea que ¿he profanado o tratado indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas (sacerdotes y religiosos) las cosas y los lugares consagrados a Dios?

¿He tratado sacrílegamente LA EUCARISTÍA?

¿He comprado o vendido artículos religiosos bendecidos?

¿He sido ateo, o materialista práctico (agnóstico), he rechazado o negado la existencia de Dios?

¿He orado muy poco o casi nada, olvidándome de ofrecerle al TODO PODEROSO mi trabajo amoroso y de darle gracias en oración al levantarme, al acostarme, y al recibir los alimentos?

¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?

Estos otros pecados además los condena la iglesia con excomunión automática y solo pueden ser perdonados por un Obispo.

1.- La profanación de las especies (hostias y vino consagrado) de la Eucaristía robándolas o guardándolas para algún propósito sacrílego.

2.- El uso de la fuerza contra el Romano Pontífice.

3.- La absolución de un cómplice en un pecado contra el sexto mandamiento (por ejemplo si un sacerdote tiene relaciones sexuales con una mujer o con otro hombre, luego lo confiesa y lo absuelve de ese pecado);

4.- La violación del secreto de confesión por parte del confesor.

5.- El pecado del aborto.

San Pelayo, martir de la pureza

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Pelayo (Albeos, Creciente, España, 911 – Córdoba, 26 de junio de 925) fue un cristiano martirizado a los 13 años durante el califato de Abderramán III y santo de la Iglesia católica, por su ejemplo de la virtud de la castidad juvenil. Su día en el santoral católico es el 26 de junio.

Fue educado en Tuy por su tío Hermoigio, obispo de Tuy. En 920 acompañaba al obispo y la corte del rey de León en apoyo del reino de Pamplona, que estaba siendo atacado por el califa Abderramán III. Tras la derrota en la batalla de Valdejunquera, tío y sobrino fueron apresados.

Después de tres años de cautiverio el obispo fue liberado, pero Pelayo quedó como rehén.

Abderramán III,el Victorioso, hombre dominado por la sensualidad, aunque algunos historiadores lo alaban, le requirió contactos sexuales (le prometía riquezas y honores si renunciaba a la fe cristiana y accedía a las proposiciones del califa), a los que se negó, lo que provocó su tortura y muerte.

“Soy cristiano y lo seré. Tus riquezas no valen nada. No voy a renegar de Cristo que es mi Señor y el tuyo, aunque tú no lo quieras”. Igualmente rechazó convertirse en un mancebo del emir, a quien no permitió que le tocase.”Atrás, perro, (echándose para atrás, cuando intentaba tocar su ropa aquel soberano) ¿crees que soy como esos jóvenes infames que te acompañan?’. Y rezó: “Señor, líbrame de las manos de mis enemigos”.

Por sus reiteradas negativas sufrió martirio,una catapulta de guerra lo lanzó desde un patio del alcázar hasta la otra orilla del Guadalquivir; fue desmembrdo mediante tenazas de hierro. Después fue despedazado y sus restos echados al Guadalquivir el 26 de junio del año 925.

La justicia original, que perdimos con el pecado

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“Aunque propio de cada uno, el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal. Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado. El Bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios, pero las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual”

«Si alguno no confiesa que el primer hombre Adán habiendo transgredido en el paraíso el mandato de Dios, inmediatamente perdió la santidad y la justicia, en la cual había sido constituido, …sea anatema» C.Tridentino (D 788)

El estado de justicia original es uno de los estados históricos de la naturaleza humana, en el que el hombre existió antes del pecado original. En este estado, el destino del hombre era sobrenatural (visión beatífica), tenía la gracia santificante y los dones preternaturales de inmortalidad, inmunidad de concupiscencia e impasibilidad.

La elevación del hombre al estado sobrenatural la realizó Dios constituyendo al primer hombre en santidad y justicia originales. Esta “santidad y justicia” equivale a gracia santificante y los dones preternaturales.
Es coherente pensar, en efecto, que el hombre fue plenamente elevado en el mismo momento de la creación. El hombre nunca ha existido, por lo tanto, sin estar llamado a la comunión con Dios.

A la luz de la Biblia, el estado del hombre antes del pecado se presentaba como una condición de perfección original, expresada, en cierto modo, en la imagen del “paraíso” que nos ofrece el Génesis.

Si nos preguntamos cuál era la fuente de dicha perfección, la respuesta es que ésta se hallaba sobre todo en la amistad con Dios mediante la gracia santificante y en aquellos dones, llamados en lenguaje teológico “preternaturales”, y que el hombre perdió por el pecado.

El árbol de la ciencia del bien y del mal evoca simbólicamente el límite insuperable que el hombre, en cuanto criatura, debe reconocer y respetar. El hombre depende del Creador y se halla sujeto a las leyes sobre cuya base el Creador ha constituido el orden del mundo creado por Él, el orden esencial de la existencia (ordo rerum); y, por consiguiente, también se halla sujeto a las normas morales que regulan el uso de la libertad. La prueba primordial se dirige, por tanto, a la voluntad libre del hombre, a su libertad”. Juan P. II

Para acceder a Su Misericordia nuevamente, vivimos, esto es, la vida es una prueba, para confirmarnos al Paraíso, abierto de nuevo por Jesús con su sacrificio, o condenarnos al infierno.

La misericordia no se merece, se Alcanza

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La misericordia, para merecerla hay que ganársela, con arrepentimiento, con buenas obras, sacramentos y oración.

Y Yahvé respondió: “Yo haré pasar ante ti toda mi bondad y pronunciaré ante ti mi nombre, Yahvé, pues yo hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia de quien tengo misericordia; Éxo 33:19

Señor Dios, misericordioso y clemente, sufrido y piadosísimo, y verídico, que conservas la misericordia para millares, que borras la iniquidad y los delitos, y los pecados; en cuya presencia ninguno de suyo es inocente, y que castigas la maldad de los padres en los hijos y nietos hasta la tercera y cuarta generación. Éxo 34:7

“El Señor juzgará a su pueblo, y será misericordioso con sus siervos…Y dirá entonces: ¿Dónde están sus dioses, en los cuales tenían puesta la confianza…
Ved cómo yo soy el solo y único Dios, y cómo no hay otro fuera de mí. Yo mato, y doy la vida: yo hiero, y yo curo: y no hay quien pueda librar a nadie de mi poder”. Deu 32:36-39

“No vivas confiado en el perdón y no añadas pecados a pecados. Y no digas: “Grande es su Misericordia; El perdonará mis muchos pecados.”
Porque, aunque es misericordioso, también castiga, y su furor caerá sobre los pecadores.
No difieras convertirte al Señor y no lo dejes de un día para otro;” porque de repente se desfoga su ira, y en el día de la venganza perecerás. Eclesiástico 5:5-9

“El que oculta sus pecados no prosperará; el que los confiesa y se enmienda alcanzará misericordia.” Pro 28:13

“Porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es todopoderoso, cuyo nombre es santo, y cuya misericordia se derrama de generación en generación sobre Los que Le Temen”. Luc 1:49

Sed, pues, misericordiosos, así como también vuestro padre es misericordioso. Luc 6:36

“Porque sin misericordia será juzgado el que no hace misericordia”. Stg 2:13

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Mat 5:7

Claudio de la Colombiere

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San Claudio de la Colombiere, sacerdote jesuita, fue el primero en creer en las revelaciones místicas del Sagrado Corazón recibidas por Sta. Margarita en el convento de Paray le Monial, Francia.

Gracias a su apoyo la superiora de Margarita llegó también a creer y la devoción al Sagrado Corazón comenzó a propagarse. San Claudio no solo creyó sino que en adelante dedicó su vida a propagar la devoción siempre unido espiritualmente a Sta. Margarita en cuyo discernimiento confiaba plenamente.
Fue enviado el santo sacerdote a Inglaterra, y allí, como predicador de los altos empleados del gobierno, logró muchas conversiones de protestantes hacia el catolicismo. Su tema favorito era la devoción al Sagrado Corazón. Pero los protestantes, que eran muy poderosos en aquel país, le inventaron toda clase de calumnias y obtuvieron que fuera puesto preso y condenado a muerte. Sólo la intervención del rey Luis XIV de Francia logró que no lo mataran. Pero los meses pasados en la prisión le destruyeron casi por completo su salud.

Fue expulsado de Inglaterra a Paray le Monial, la ciudad desde donde se propagó a todo el mundo la devoción al Corazón de Jesús. Santa Margarita le anunció que él moriría en aquella ciudad, y así sucedió el 15 de febrero del año 1682.

LAS ADVERSIDADES SON ÚTILES A LOS JUSTOS, NECESARIAS A LOS PECADORES

“Ved a esta madre amante que con mil caricias mira de apaciguar los gritos de su hijo, que le humedece con sus lágrimas mientras le aplican el hierro y el fuego; desde el momento en que esta dolorosa operación se hace ante sus ojos y por su mandato, ¿quién va a dudar de que este remedio violento debe ser muy útil a este hijo que después encontrará una perfecta curación o al menos el alivio de un dolor más vivo y duradero?

Hago el mismo razonamiento cuando os veo en la adversidad.

Os quejáis de que se os maltrate, os ultrajen, os denigren con calumnias, que os despojen injustamente de vuestros bienes: Vuestro Redentor; este nombre es aún más tierno que el de padre o madre, vuestro Redentor es testigo de todo lo que sufrís, Él os lleva en su seno, y ha declarado que cualquiera que os toque, le toca a Él mismo en la niña del ojo; sin embargo. Él mismo permite que seáis atravesado, aunque pudiera fácilmente impedirlo, ¡y dudáis que esta prueba pasajera no os procure las más sólidas ventajas!

Aunque el Espíritu Santo no hubiera llamado bienaventurados a los que sufren aquí abajo, aunque todas las páginas de la Escritura no hablaran en favor de las adversidades, y no viéramos que son el pago más corriente de los amigos de Dios, no dejaría de creer que nos son infinitamente ventajosas. Para persuadirme, basta saber que Dios ha preferido sufrir todo lo que la rabia de los hombres ha podido inventar en las torturas más horribles, antes de yerme condenado a los menores suplicios de la otra vida; basta, dije, que sepa que es Dios mismo quien me prepara, quien me presenta el cáliz de amargura que debo beber en este mundo. Un Dios que ha sufrido tanto para impedirme sufrir, no se dará el cruel e inútil placer de hacerme sufrir ahora”.
SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIÈRE

San Alfonso; Sermon Misericordia

samaritano bottega

Sermón para la Dominica Duocécima después de Pentecostés

Curam illius habe. Cuídame este hombre (Luc. X, 35)

Dice el santo Evangelio de hoy, que cayó cierto hombre en manos de ladrones, los cuales después de haberle despojado de cuanto llevaba, le cubrieron de heridas dejándole medio muerto. Pasando casualmente por el mismo camino un samaritano, llegóse al herido, y viéndole, movióse a compasión y se compadeció de él. Primeramente le vendó las heridas, y después, subiéndole a su cabalgadura, le condujo un mesón, y encargó con mucho celo al dueño del mismo, que cuidara de él.Curam illius habe.

Estas mismas palabras repito yo hoy, oyentes míos, a cualesquiera que, entre vosotros se halle con el alma despedazada con las heridas ocasionadas por los pecados, y que, en vez de curarlas, las encona más y más con nuevas culpas, abusando de la misericordia de Dios que le conserva la vida movido de su bondad infinita , para que se enmiende y no pierda su pobre alma, redimida con la sangre de Jesucristo.

Yo digo también el que se halle en tan lamentable estado:curam illius habe; ¡cuidado! compadécete de tu alma que se halla muy enferma, y lo que es peor todavía, está próxima a la muerte eterna del Infierno; puesto que quien demasiado abusa de la misericordia divina, está próximo a verse abandonado de Dios. Éste será el único puno del presente discurso.

1. Dice San Agustín que “de dos maneras engaña el demonio a los cristianos; a saber: desesperando y esperando”. Después que el hombre ha cometido muchos pecados, el enemigo le incita a desconfiar de la infinita misericordia de Dios, poniéndole a la vista el rigor de la justicia divina. Pero, antes de pecar le dá ánimo para que no tema el castigo que merece el pecado, recordándole la divina misericordia. Por eso el santo aconseja, que después del pecado, confiemos en la misericordia; y antes de pecar, temamos la justicia divina. Porque quien abusa de la misericordia de Dios para ofenderle más, no merece que el Señor sea misericordioso con él. El abulense escribe: que quien ofende a la justicia, puede recurrir a la misericordia ; más quien ofende e irrita contra sí a la misericordia; ¿a quién recurrirá?

2. Cuando tu quieres pecar, pecador que me estás oyendo, ¿quién te promete la misericordia de Dios? Seguramente no te la promete Dios; te la promete, sí, el demonio, para que pierdas a Dios y te condenes. Por eso dice San Juan Crisóstomo: “Guárdate de dar oídos jamás a aquél perro que te promete la misericordia de Dios” (Hom. 50, ad Pob) Si en tu vida pasada has ofendido a Dios, oh pecador, espera, y tiembla; si quieres dejar el pecado y lo detestas, espera, puesto que Dios promete el perdón a quien se arrepiente; si quieres empero, seguir en la mala vida, teme que el Señor no te espere más tiempo, y te envíe a los Infiernos. ¿Con que fin espera Dios al pecador? ¿Es acaso, para que siga injuriándole? No; Dios espera a los pecadores para que abandonen el pecado y pueda de este modo, ser misericordioso para con ellos, según aquellas palabras de Isaías ( xxx, 18): Por esto da largas el Señor, para poder usar de misericordia con vosotros: Propterea expectat Dominus ut miseritur vestri. Pero, cuando el Señor ve, que el pecador que emplea el tiempo que le concede para llorar las culpas cometidas, en aumentarlas todavía más, echa mano del castigo, y le corta los pasos, haciéndole morir en el pecado, para que, muriendo, deje por fin de ofenderle. Y entonces llama a juzgarle, negándole el tiempo que le había concedido para hacer la penitencia. “Ha aplazado contra mí el tiempo de la ruina”, dice Jeremías: Vocabit adversus me tempus. (Thren. 1, 15) San Gregorio interpretando estas palabras, dice: Que el mismo tiempo que le concedió para hacer penitencia, vino a juzgarle: ésto es, a servir de fiscal contra el mismo pecador.

3. ¡Engaño común de tantos pobres cristianos que se condenan! digo común, porque con dificultad se halla un pecador tan desesperado que diga: Yo me quiero condenar. Los cristianos, aún cuando pecan, quieren salvarse, y dicen: Dios es misericordioso, cometeré éste pecado, y después lo confesaré. He ahí el engaño, o por decirlo mejor, he ahí la red con la que el demonio conduce tantas almas al Infierno: Peca, que después te confesarás. Pero escuchad lo que dice Dios: Et ne dicas: Miseratio Domini magna est, multitudinis peccatorum meorum miserebitur:No digas: ¡Oh, la misericordia de Dios es grande; El me perdonará mis muchos pecados. (Eccl. v, 6.) Es verdad que la misericordia de Dios es grande; y aún diré más, es infinita; pero sus actos son finitos. Dios es misericordioso, pero también es justo; y ya que nos acordamos de la misericordia que perdona, justo es, dice San Basilio, no olvidamos la justicia que castiga. El Señor dijo un día a Santa Brígida: Yo soy justo y misericordioso; pero los pecadores olvidan lo primero, y solamente se acuerdan de lo segundo. Por lo mismo que Dios es justo, está obligado, está obligado a castigar a los ingratos. El venerable Juan de Ávila decía: que el soportar al pecador que abusa de la misericordia de Dios para ofenderle, no sería misericordia, sino injusticia. La misericordia está prometida al que teme a Dios, y no al que le desprecia, como cantó la virgen María: Est misericordia ejus… timentibus eum. (Luc. I, 50).

4. Pero Dios, dicen los hombres temerarios, ha usado conmigo tantas veces, de misericordia, ¿Por qué no he de esperar que la use también de aquí adelante? Voy a responder a éstos tales: la usará con vosotros, si queréis mudar de vida; pero si queréis seguir ofendiéndole, dice Dios en el Deuteronomio (XXXII, 35): Mea est ultio et ego retribuam in tempore, ut lbatur pes eorum: Juxta est dies perditionis, et adesse festinant tempora. “Mía es la venganza, y yo les daré el pago a su tiempo, para derrocar su pie: cerca está ya el día de su perdición, y ese plazo viene volando”. Y David también nos dice en el Salmo VH, 13: Nisi conversi fueritis, arcum suum vibrabit. Si no os convertiréis, vibrará su espada. El Señor tiene entesado su arco, y espera que os convirtáis, y lanzará por fin contra vosotros su abrasadora tarea y quedaréis condenados. Algunos hay que no quieren persuadirse de que han de ir al Infierno; pero cuando estos desgraciados vayan allá, ya no habrá para ellos misericordia. ¿Podréis caso, oyentes míos, quejaros de la misericordia de Dios, después que ha usado tantas veces de misericordia con vosotros, esperándoos tanto tiempo? Vosotros deberíais estar con el semblante hundido en el polvo, diciendo sin cesar: Es una misericordia del Señor el que nosotros no hayamos sido ya consumados (Thren. III, 22) Si las ofensas que habéis hecho contra Dios las hubieses hecho contra un hermano vuestro, no os hubiese sufrido; pero el Señor os ha sufrido con suma paciencia; y aún después de tanto sufrir, os está llamando al presente. Si al fin os envía al Infierno, ¿no tendrá razón para ello? Impíos, dirá el Señor, ¿que es lo que debía yo hacer y que no haya hecho por vosotros? ¿Quid debui ultra facere vineœ meœ, et non feci? (Isa. v, 4)

5. Escribe San Bernardo, que la esperanza que tienen los pecadores confiando en la bondad de Dios mientras le ofenden, no les concilia la bendición, sino la maldición divina: Est infidelis fiducia solius ubique maledicionis capax, cum videlicet in spe peceamus. (S. Bern. serm. 3, de Annunc.) ¡Oh falsa esperanza de los cristianos, que arrastra tantas almas a los Infiernos! No esperan que Dios loes perdone los pecados que están ya arrepentidos, sino que sea misericordioso con ellos, aún mientras siguen ofendiéndole; pretendiendo nada menos, que la misericordia divina les sirva de pretexto para seguir pecando más y más: ¡Oh maldita esperanza! esperanza que abomina el Señor, como dice Job (XI, 20) Esta esperanza será la causa de que Dios acelere el castigo, así como un amo no diferiría el castigo contra un criado que le ofendiese porqué él es un amo bueno y misericordioso. San Agustín dice: El pecador, confiando en la bondad de Dios, sigue pecando y discurre de éste modo: Dios es bueno, haré lo que me pluguiere. Pero ¿a cuántos ha engañado esta vana esperanza, como dice el mismo santo Doctor? Leemos en San Bernardo, que Lucifer fué castigado porque esperó al tiempo de su rebelión que Dios no le castigaría. Amón, hijo del rey Manassés, viendo que Dios había perdonado los pecados de su padre, se abandonó él mismo al pecado con la esperanza del perdón; pero no hubo misericordia para él. San Juan Crisóstomo dice que: Judas se perdió por ésta vana esperanza: pues entregó a Jesucristo a los judíos, confiando en la benignidad del Señor.

6. Quien peca con la esperanza del perdón, diciendo: Después me arrepentiré del pecado y Dios me perdonará; éste tal, dice San Agustín, no está arrepentido, sino que se burla de Dios. Pero, firma el Apóstol, que Dios no puede ser burlado. Lo que un hombre sembrare, eso recogerá, añade San Pablo: “El que siembra pecados no puede coger que odio de Dios en esta vida, y el odio de Dios y el Infierno en la otra. ¡Oh pecador! desprecias, tal vez, las riquezas de la bondad, de la paciencia y de la tolerancia que Dios usa contigo? La misericordia que Dios usa con nosotros, no castigándonos inmediatamente que pecamos, son riquezas más preciosas para nosotros que todos los tesoros del mundo. Ignoras, prosigue diciendo el Apóstol ¿No reparas, que la bondad de Dios te está llamando a la penitencia? No nos espera el Señor, ni es tan benigno con nosotros para que sigamos pecando, sino para que lloremos las culpas que hemos cometido contra Él. Y si sí no lo practicamos, con nuestra obstinación e impenitencia atesoramos ira para el día del justo juicio de Dios.

7. A la dureza del pecador seguirá el abandono de Dios que dirá al alma endurecida en el pecado, como dijo otro día en Babilonia: “Hemos medicinado a Babilonia, y no ha querido aprovecharse de la medicina: abandonémosla”. (Jer. LI, 9) Más ¿como abandona Dios al pecador? O le envía una muerte repentina, y le hace morir en pecado, o le priva de aquellas gracias que le serán necesarias par convertirse de corazón, y le deja con la sola gracia suficiente, con la cual podría salvarse. Más no se salvará: porque su mente oscurecida con las tinieblas, su corazón endurecido, y los malos hábitos contraídos, imposibilitarán su conversión, y de éste modo quedará abandonado moralmente a sí mismo. Le quitarán su cerca y será talada. Cuando el dueño de una viña le quita su cerca, derriba su tapia para que cualquiera pueda penetrar en ella, es evidente que le abandona; de la misma manera, cuando Dios quiere abandonar al alma, le quita la cerca, la deja sin su santo temor, sin los remordimientos de la conciencia, y entonces entran en ella todos los pecados, todos los vicios, y finalmente la impenitencia. El pecador abandonado a sí mismo y sumergido en el abismo de los pecados, desprecia las amonestaciones, las excomuniones, la gracia de Dios, los castigos, y se precipita en los tormentos del Infierno.

8. El profeta Jeremías pregunta: ¿Porque motivo a los impíos todo les sale prósperamente?Quare via impiorum prosperatur? (Jer. XII, 1) Y se responde él mismo: Reúnelos como rebaño para el sacrificio. ¡Ay de aquél pecador que prosperó en ésta vida! Señal de que Dios quiere pagarle temporalmente algunas obras que ha hecho buenas; pero le tiene reservado para el Infierno como victima de su justicia. Será arrojado para arder por toda la eternidad como cizaña destinada al fuego, según las palabras de Jesucristo: In tempore messis dicam messoribus: colligite primum zizania, et alligate ea in fasciculos ad comburendum: “Al tiempo de la siega yo diré a los segadores: coged primero la cizaña y haced gavillas de ella para el fuego”. (Matth. XIII, 30)

9. El no ser castigado un pecador en ésta vida, es el mayor castigo con el cual amenaza Dios por Isaías a los pecadores obstinados, con éstas palabras: Téngase compasión del impío, y no aprenderá el camino de la justicia. Acerca de éste texto dice San Bernardo: No quiero yo ésta misericordia, porque es peor que la ira. ¿Que castigo puede haber mayor que verse el hombre abandonado al pecado? Porque permitiendo Dios que caiga uno de pecado en pecado, es preciso que al fin sufra tantos Infiernos, cuanto pecados hay cometido, según aquellas palabras de David: permitirás que añadan pecados a pecados, y no acierten con tu justicia. Sobre las cuales palabras dice el cardenal Belarmino: “Que no hay ninguna pena mayor que aquella por la cual un pecado es pena de otro pecado”. Mejor fuera para esta clase de pecadores morir en el primer pecado; porque muriendo después de haber cometido tantas iniquidades, sufrirán tantos Infiernos, cuantos fueron los pecados cometidos. Esto sucedió cabalmente en la ciudad de Palermo a cierto comediante llamado César. Paseando éste un día con un amigo suyo le dijo: que el padre Lanuza, que era un misionero, le había vaticinado doce años de vida, y que si en ellos no mudaba de costumbres, tendría una muerte desgraciada. Más yo, -añadió el comediante- he andado por muchas partes del mundo, he sufrido muchas enfermedades, una de las cuales me redujo al último apuro, sin embargo, en este mes, en el cual se cumplen los doce años, me siento mejor que en toda mi vida pasada. Y enseguida le convidó a asistir a una comedia compuesta por él. Pero ¿que sucedió? al tiempo de presentar la comedia, y cuando le tocaba a él presentarse en la escena, le sobrevino un ataque de apoplejía, y murió de repente, terminando de esta manera tan triste para él, la escena de éste mundo.

10. Voy a poner fin a éste discurso; pero antes, hermanos míos, os suplico que deis una hojeada, recorriendo todos los años de vuestra vida. Recordad cuantas ofensas graves habéis hecho contra Dios, y cuantas misericordias ha usado Dios con vosotros; cuantas inspiraciones os ha hecho y cuantas veces os ha llamado a una vida más santa y penitente. Hoy mismo os ha vuelto a llamar por medio de esta plática, y parece que os está diciendo: ¿Que es lo que he podido hace, y que yo no haya hecho por mi viña, esto es, por las almas redimidas con mi preciosa sangre? (Isa. V, 4) ¿Que respondes ahora, pecador? ¿Quieres entregarte a Dios, o quieres seguir ofendiéndole? Piensa, dice San Agustín,que se te ha diferido el castigo para más tarde, pero no se te ha perdonado. Si prosigues abusando de la misericordia divina, serás cortado como el árbol que no da fruto, y vendrá sobre ti el castigo de repente. ¿Que esperas, pues? ¿Esperas acaso, que Dios te envíe al Infierno? El Señor ha callado hasta ahora, pero no callará siempre, y cuando llegue el tiempo de la venganza, te dirá: “Tales cosas has hecho, y yo he callado; pensaste injustamente que yo había de ser en un todo como tu; más yo te pediré cuenta de ellas, y te las echaré en cara”. (Psal. XLIX, 21) Dios te hará ver las gracias que te concedió y tu despreciaste; y ellas mismas te juzgarán y condenarán. ¡Ea, pues! no resistas por más tiempo a la voz de Dios que te llama; y teme que este clamor de hoy sea el último para ti. Confiésate sin tardanza, y haz desde ahora una firme resolución de mudar de vida: porque de nada te sirve confesarte, si vuelves de nuevo al pecado. Pero me dirás: Yo no tengo fueras para resistir a la tentación. Pídeselas a Dios, te digo yo, porque el Señor, como asegura el Apóstol, no permitirá seas tentado sobre tus fuerzas (I. Cor. X, 13) ¿No nos dice el mismo Dios, que pidamos y recibiremos? (Joann. XVI, 24)¿No nos dice David, que Él nos librará de nuestros enemigos? (Psal. VIII, 4) ¿No nos dice San Pablo, que todo lo puede en Aquél que le conforta, esto es, con la ayuda divina? (Phil. IV, 13) Pedídsela, pues, a Dios hermanos míos, cuando os veáis tentados, y Dios os dará fuerzas para resistir al mundo, al demonio y a la carne; para triunfar de todos vuestros enemigos, y conseguir en fin la vida eterna.

San Alfonso María de Ligorio