La Felicidad

isaias 24

La felicidad es la confianza en lo está por venir y el éxito es el resultado, implica reconocer el bien que tengo, como puede ser el amor, el dinero, el conocimiento, la salud etc, tener un propósito, tener orientación, visión y metas a cumplir.

La felicidad no depende de los que nos rodean. Nadie puede darnos lo que no tenemos: depende de cada uno poder encontrar lo que nos hace plenos y felices, cada día de nuestra vida la alcanzamos con esfuerzo, constancia y dedicación. No es el resultado de grandes momentos de éxito, sino de pequeñas cosas que nos suceden o que superamos día a día, que nos confirman que estamos en el camino correcto hacia Dios, como consecuencia de una vida con sentido, con dirección, con metas y objetivos. La felicidad no se reduce a hacer lo que nos gusta sino en gustar de lo que hacemos.

La acción no siempre trae felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Es decir, la felicidad se alcanza con esfuerzo, constancia y dedicación.

Cuando volvemos la mirada a Dios, encontramos la única felicidad verdadera, es feliz quien ama a Dios, quien le busca y espera en Él. La felicidad, en último término, reside en la comunión con Dios y en Dios como persona.

“El temor del Señor regocija el corazón, da prudencia, alegría y longevidad”. Sir 1:12

Doctrina Moral de Jesus

Sermon On The Mount with the Healing of the Leper Cosimo Rosselli, 1481

Sermon On The Mount
with the Healing of the Leper
Cosimo Rosselli, 1481

Doctrina Moral de Jesus

“Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó; lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo” 1 Jn.1,2-3.

Nunca nadie ha dicho nada que se le pueda comparar, ningún hombre nunca podrá superar la palabra de Dios en el Sermón de la Montaña, porque en Él descansa la garantía de la palabra de Jesús, al proclamarlo, Jesús se presenta a sí mismo como el mensajero divino en el que se cumple la profecía.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a anunciar la libertad a los presos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19)

El Sermón de la Montaña lleva la Ley a su perfección, es la síntesis del mensaje evangélico de Jesús, como programa de vida para el cristiano y camino para alcanzar la felicidad del hombre, en esta vida y en la otra.

Las nueve bienaventuranzas son la promesa del cielo que Dios da, a quienes cumplen su palabra, es una fórmula de felicitación, y supone por tanto la constatación de una felicidad ya realizada o, al menos, en vías de realización.

Son palabras de sentido trascendente, que solo Dios puede dar porque contienen promesas que solo Dios puede cumplir.

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el reino de los cielos.

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo género de mal por mí.

Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros”. Mateo 5,3-12

 

 

El modelo a seguir

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Obispa Eva Brunne y su “esposa”, la sacerdotisa Gunilla Lindén de Suecia.

El modelo a seguir?

El testimonio es la forma de catequesis más práctica, por eso Jesús hacía uso de la parábola que es un testimonio corto que deja una enseñanza.

El adalid de la evangelización, guardián de la Fe actual, ha dicho que no se debe hacer proselitismo, en consecuencia va a Suecia para enseñarnos como debe ser la iglesia, celebrar los 500 años de la “reforma” y proclamar que, “es más lo que nos une que lo que nos separa”, del protestantismo.

Es atendido por la obispesa lesbiana Eva Brunne, de Estocolmo, quien ha propuesto retirar todos los crucifijos para no ofender a los musulmanes,  -el luteranismo “ordena” sacerdotisas lesbianas y obispos gays-.  Quien acude con su “esposa” Gunilla Lindén una pastora lesbiana, -tienen bajo custodia un niño- quien piensa que:  “Mucha gente cree en la resurrección individual, pero no es así.” Gunilla la acompaña siempre a las marchas del orgullo gay, especialista en teología liberal y ética del “todo vale”.

Antje Jackelén obispa primada de la Iglesia de Suecia, fue quien bautizó al príncipe Alexander, hijo de los príncipes Carlos Felipe y Sofia Kristina Hellqvist.sofia-hellqvist-697835_w650

Sofia Kristina Hellqvist. Reina de Suecia

Ya antes, Christina Odenberg fue obispo de la Diócesis de Lund en Suecia.

Suecia es un país declaradamente protestante -56% Luteranos, 46% ateo, casi el 1% es Católico- donde un sorprendente 2% de la población asiste al “rito o servicio semanal”…

La feligresía de “Iglesia de Suecia” en 2015 -cuyos bautizos de recién nacidos no llegaron ni a la mitad del total de nacimientos- ha perdido 71.693 fieles, quienes dejaron oficialmente esta iglesia ese año, quizá por la política de aborto y de eutanasia que aplican indiscriminadamente y la tienen en franca decadencia…

Donde los pastores se están pasando al catolicismo por la degradación social que viven, como el pastor Ulf Ekman y su esposa Birgitta, debido a la fuerza ética y moral y una coherencia que no tiene el protestantismo.

https://youtu.be/D77gnLY_CO0

El ex-reverendo Lars Ekblad, tras 40 años como pastor luterano sueco se convierte al catolicismo quien dice que «Quien escuche al Señor se hará católico» y dejó la herejía protestante en 2014…

Morgan Elworth, de 63 años, es un sacerdote católico sueco peculiar. Está casado y tiene tres hijos y seis nietos.

No es que sea rebelde con la disciplina de la Iglesia, más bien al contrario. Simplemente, cuando se casó no era católico, sino luterano, ministro de la iglesia luterana oficial en Suecia, al respecto dijo al preguntarsele:

– ¿Por qué se hizo católico, siendo usted ministro luterano?

– Me hice católico en 1999. Entendí que Jesús había fundado sólo una Iglesia, quería que fuésemos uno, y yo quería estar en esa Iglesia, la que fundó Jesús. En 2009 habíamos 5 curas católicos en Suecia, que eramos ex-pastores…

Si, definitivamente el testimonio nos muestra en este caso el camino que NO debemos seguir…

¡Lutero se considera divino!

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¡Lutero se considera divino!

No comprendo cómo ciertos eclesiásticos contemporáneos, incluso de los más cultos, doctos e ilustres, pueden hacer de Lutero, el heresiarca, una figura mítica, con el empeño de favorecer una aproximación ecuménica. Esta aproximación sería en primer término con el protestantismo e indirectamente con todas las religiones, escuelas filosóficas, etc.

¿Discernirán estos hombres el peligro que a todos nos acecha al final de ese camino? Me refiero a la formación a escala mundial de un siniestro supermercado de religiones, filosofías y sistemas de todo tipo, en el que la verdad y el error se presentarán fraccionados, mezclados y puestos en un pandemonio. Sólo quedaría ausente del mundo —si es que se pudiera llegar hasta allá— la verdad total; o sea, la fe católica, apostólica, romana, pura y sin mancha.

A propósito de Lutero —a quien le correspondería bajo cierto aspecto el papel de punto de partida en esta marcha hacia el desorden total— publico hoy algunos tópicos más que muestran bien el olor que su figura rebelde exhalaría en ese supermercado o, mejor, en esa necrópolis de religiones, de filosofías y del mismo pensamiento humano.

Tal como lo prometiera en el artículo anterior, los obtengo de la magnífica obra del reverendo padre Leonel Franca, S. J., “La Iglesia, la reforma y la civilización” (Editora Civilização Brasileira, Río de Janeiro, 3.a ed., 1934, 558 págs.).

La doctrina de la justificación independiente de las obras es un elemento característico de la enseñanza de Lutero. En términos llanos quiere decir que los méritos superabundantes de Nuestro Señor Jesucristo aseguran al hombre por sí solos la salvación eterna. De manera que se puede llevar en esta tierra una vida de pecado sin remordimiento de conciencia ni temor de la justicia de Dios.

¡Para él la conciencia no era la voz de la gracia, sino la del demonio!

Por eso le escribió a un amigo que el hombre vejado por el demonio de cuando en cuando

“debe beber con más abundancia, jugar, divertirse y aun cometer algún pecado por odio y para molestar al demonio, para no darle pie a que perturbe la conciencia con niñerías. (…) Todo el decálogo (de la ley de Dios) se debe borrar de nuestros ojos y nuestra alma, de nosotros, tan perseguidos y molestados por el diablo” (M. Luther, “Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, Berlín, 1825-1828; cfr. op. cit., págs. 199-200).

En este sentido también escribió Lutero:

“Dios sólo te obliga a creer y a confesar. En todas las otras cosas te deja libre y dueño de hacer lo que quieres, sin peligro alguno de conciencia; más bien es cierto que a El no le importa incluso que dejes a tu mujer, huyas de tu señor y no seas fiel a ningún vínculo. ¿Y qué más le da (a Dios) que hagas o dejes de hacer semejantes cosas?” (“Werke”, ed. de Weimar, XII, págs. 131 y sigs.; cfr. op. cit., pág. 446).

Tal vez más tajante es esta incitación al pecado en carta a Melanchton del 1 de agosto de 1521:

“Sé pecador y peca de veras (“esto peccátor et peca fórtier”), pero con aún mayor firmeza cree y alégrate en Cristo, vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Durante la vida presente debemos pecar. Basta que por la misericordia de Dios conozcamos al Cordero que quita los pecados del mundo. De él no nos ha de separar el pecado aunque cometamos mil homicidos y mil adulterios por día” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, II, pág. 27; cfr. op. cit., pág. 439).

Esta doctrina es tan descabellada que el propio Lutero a duras penas conseguía creer en ella:

“No hay ninguna religión en toda la tierra que enseñe esta doctrina de la justificación; yo mismo, aunque la enseñe públicamente, creo en ella con gran dificultad” (“Werke”, ed. de Weimar, XXV, pág. 330; cfr. op. cit., pág. 158).

Pero el mismo Lutero reconocía los efectos de su predicación declaradamente insincera:

“El Evangelio encuentra hoy en día adherentes que se persuaden de que ésta no es sino una doctrina que sirve para llenar el vientre y dar rienda suelta a todos los caprichos” (“Werke”, ed. de Weimar, XXXIII, pág. 2; cfr. op. cit., pág. 212).

Y acerca de sus secuaces evangélicos Lutero agregaba que

“son siete veces peores que antes. Después de la predicación de nuestra doctrina los hombres se entregaron al robo, a la mentira, a la impostura, a la crápula, a la embriaguez y a toda especie de vicios. Expulsamos un demonio (el Papado) y vinieron siete peores” (“Werke”, ed. de Weimar, XXVIII, pág. 763; cfr. op. cit., pág. 440).

“Después que comprendimos que las buenas obras no son necesarias para la justificación, quedamos mucho más remisos y fríos en la práctica del bien. (…) Y si hoy se pudiese volver a la antigua situación, si de nuevo reviviese la doctrina que afirma la necesidad del recto proceder para ser santo, otro sería nuestro entusiasmo y disposición en el ejercicio del bien” (“Werke”, ed. de Weimar, XXVII, pág. 443; cfr. op. cit., pág. 441).

Todos esos desvaríos explican que Lutero haya llegado al frenesí del orgullo satánico, diciendo de sí mismo:

“¿No os parece este Lutero un hombre extravagante? Para mí lo tengo como Dios. Si no, cómo podrían tener sus escritos y su nombre la potencia de transformar mendigos en señores, asnos en doctores, falsificadores en santos, lodo en perlas?” (ed. de Wittenberg, 1551, tomo IV, pág. 378; cfr. op. cit., pág. 190).

Otras veces la opinión que Lutero tenía de sí mismo era mucho más objetiva:

“Soy un hombre expuesto y comprometido en la sociedad, en la crápula, en los impulsos carnales, en la negligencia y otras molestias, a las que se vienen a juntar las de mi propio oficio” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, I, pág. 232; cfr. op. cit., pág. 198).

Excomulgado en Worms en 1521, Lutero se entregó al ocio y a la indolencia. Y el 13 de julio escribió a Melanchton, otro prócer protestante:

“Yo aquí me hallo, insensato y endurecido, establecido en el ocio; ¡oh, dolor!, rezando poco y dejando de gemir por la Iglesia de Dios, porque mi carne indómita arde en grandes llamas. En suma, yo, que debo tener fervor de espíritu, tengo el fervor de la carne, de la lascivia, de la pereza, del ocio y de la somnolencia” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, II, pág. 22; cfr. op. cit. pág. 198).

En un sermón predicado en 1532:

“En cuanto a mí, confieso, y muchos otros pueden sin duda hacer igual confesión, que soy descuidado tanto en la disciplina cuanto en el celo. Soy mucho más negligente ahora que bajo el Papado; ahora nadie tiene por el Evangelio el ardor que se vela otrora” (“Saemtiliche Werke”, ed. de Plochman-Irmischer, XVIII, 2, pág. 353; cfr. op. cit., pág. 441).

Así todo, ¿qué puede encontrarse en común entre esta moral y la de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana?

Plinio Corrêa de Oliveira, in “Folha de S. Paulo”, 10 de enero de 1984

donde esta Lutero?

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Al cabo (del infierno) estaba el maldito Lutero con su capilla y sus mujeres, hinchado como un sapo y blasfemando.

Válgame Dios, dije llegándome a Lutero,

¿Cómo ah, mal hombre -mal fraile-, te atreviste a decir que no se habían de adorar las imágenes, si en ellas no se adora sino la espiritual grandeza que a nuestro modo representan?

Dices… que Cristo pagó por todos y que no hay sino vivir como quisiéramos, porque…

“El que me hizo a mí me salvará a mí sin mí”

Bien, me hizo a mí sin mí, pero… “Siente que yo destruya Su obra y manche Su pintura y borre Su imagen”…

¿Cómo te dejas decir que murió para darnos libertad de pecar, quien siente tanto que pequemos?

Y si murió y padeció Cristo para enseñarnos lo que cuesta un pecado, y lo que hemos de huirle…

¿De dónde coliges que murió para darnos licencia para hacer delitos?…

Espántame, Lutero, de que supieses Nada…

FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS

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Lutero sostenia relaciones impúdicas con 4 concubinas, por eso  acuñó esta sentencia o frasecita que es la base o piedra angular del protestantismo: “CREDE FORTITER ET PECCA FORTITER”:Sé pecador y peca fuerte, pero confía y alégrate.

“El pecado no puede apartarte de Cristo, ni aunque cometas adulterio cien veces al día y la misma cantidad de asesinatos.”

—Martín Lutero, carta a Melanchton, 01/08/1521

“EL HOMBRE ES POLIGAMO POR NATURALEZA” afirmaba Lutero.

Padre Pio dijo que Martín Lutero está en el Infierno y los que lo siguen encontrarán ese mismo fin, como también aquellos que no se someten al Magisterio de la Iglesia Católica irán a parar al Infierno.

Martín Lutero, se llamó a sí mismo Papa Lutero I, condenó al Papa de Roma, fue un gran hereje y está en el Infierno.

Padre Pio dijo que los cristianos que creen poder comunicarse directamente con Dios -sin Sacramentos- irán también al Infierno.

 

En 1883 la beata Sor María Serafina Micheli (1849-1911), fundadora del Instituto de las Hermanas de los Ángeles, pasaba por Eisleben, ciudad  de Sajonia, ciudad natal de Lutero.

Se festejaba, en aquel día, el cuarto centenario del nacimiento del gran hereje (nació el 10 noviembre de 1483), que dividió a Europa y a la Iglesia, causando grandes guerras.

La beata, después del largo viaje tenia como único deseo era ir a una iglesia para orar y hacerle una visita a Jesús Sacramentado. Después de caminar por algún tiempo, finalmente, encontró una, pero las puertas estaban cerradas. A pesar de ello, se arrodilló en las gradas para hacer sus oraciones. Pero, como era de noche, no se dio cuenta que estaba arrodillada delante de una “iglesia” protestante, y no en una Católica.

Mientras oraba, se apareció el Ángel de la Guarda y le dijo: “Levántate, porque esto es protestante”. Y añadió: “Yo quiero que veas el lugar donde Martín Lutero está condenado y la pena que paga en castigo de su orgullo”.

Luego de estas palabras vio un horrible abismo de fuego, en el cual eran atormentadas una innumerable cantidad de almas. En el fondo de aquella vorágine, vio a un hombre, Martín Lutero, que se distinguía entre los demás condenados: estaba rodeado de demonios que lo constreñían a estar de rodillas y todos (los demonios), armados de martillos, mientras se esforzaba en vano, le clavaban en la cabeza una gran estaca.

Martín Lutero está condenado en el infierno sobre todo por el primer pecado capital: LA SOBERBIA.

Una de sus ultimas frases fue…

«Yo muero en odio del malvado (es decir, del papa), que se alzó por encima de Dios» («Ego morior in odio des Boswichts, qui extulit se supra Deum» (Tischr. 3543b III 393).

 

“Para la gloria de Cristo, yo descubriré a la luz del día, lo que yo mismo VI y ANUNCIE a los príncipes de Eisleben: MARTIN LUTERO se dejó caer al suelo como un saco, de manera que tuvimos que llevarle a la cama totalmente borracho como en él era habitual. Al día siguiente, al tratar de ayudarle a vestirse, lo encontré (oh, dolor) COLGADO de su cama y estrangulado: SE HABIA SUICIDADO. Fui a dar cuenta de ello a los príncipes y ellos me hicieron JURAR bajo fuertes amenazas, que tenía que guardar total silencio respecto al hecho”.

El Dr. G. CLAUDIN en “Chronique Medicale” (D. Raffard de Briene – Op. cité, p. 4) publicó esta declaración.

Es decir que murió en odio y sin sacramentos, esto quiere decir que murió en pecado mortal, por consiguiente está en el infierno.

LA VERDAD OCULTA SOBRE LUTERO

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Entrada de Lutero al Infierno

La verdad oculta sobre Lutero

Testimonio de su criado, Ambrosio Kudtfeld, que más tarde se hizo médico:
“Martín Lutero, en la noche que antecedió a su muerte, se dejó vencer por su habitual intemperancia, y en tal exceso, que fuimos obligados a cargarlo totalmente embriagado, y a colocarlo en su lecho. Después nos retiramos a nuestro aposento sin presentir nada de desagradable. Por la mañana volvimos a nuestro patrón para ayudarlo a vestirse, como de costumbre. Pero, ¡que dolor! Vimos a nuestro patrón Martín colgando de su cama y estrangulado míseramente.
Tenía la boca torcida y la parte derecha del rosto oscura; el cuello morado y deformado. Ante tan horrendo espectáculo, fuimos invadidos por un gran terror. Corrimos sin demora a los príncipes, sus convidados de la víspera, para anunciarles aquel execrable fin de Lutero. Ellos quedaron aterrorizados como nosotros. Y luego se empeñaron com mil promesas y juramentos, que observásemos sobre aquel acontecimiento, eterno silencio, y que colocásemos el cadáver de Lutero en su cama, y anunciásemos al pueblo que el ‘Maestro Lutero’ había imprevistamente abandonado esta vida”.
https://tradicaocatolicaes.wordpress.com/2010/08/22/martinho-lutero-homicida-e-suicida/
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