Navidad en Viena 2015

Christmas in Vienna 2015

1. John Lennon / Yoko Ono: Happy Xmas (War is Over)
2. Wolfgang Amadeus Mozart: Laudate Dominum, “Vesperae solennes de confessore” KV 339
3. Richard Wagner: O du, mein holder Abendstern (from the opera “Tannhäuser”)
4. George Frideric Handel: Oh Lonely Peace (from the oratorio “Judas Maccabaeus”)
5. Giuseppe Verdi: Dio, che nell’alma infondere (from the opera “Don Carlo”)
6. Jules Massenet: Méditation (from the opera “Thaïs”)
7. Maria durch ein Dornwald ging
8. O du fröhliche
9. Anton Reidinger: Es wird scho glei dumpa
10. George Frideric Handel: O Daughter of Zion (from the oratorio “Messiah”)
11. Irving Berlin: Dreaming of a White Christmas
12. Joy to the World
13. Corramos, Corramos
14. George Frideric Handel: Hallelujah (from the oratorio “Messiah”)
15. Franz Xaver Gruber: Stille Nacht, heilige Nacht

Valentina Naforniţa, soprano
Angelika Kirchschlager, mezzo-soprano
Piotr Beczala, tenor
Artur Ruciński, baritone

Wiener Singakademie (Vienna Singing Academy)
Wiener Sängerknaben (Vienna Boys Choir)

ORF Radio-Symphonieorchester Wien (ORF Radio Symphony Orchestra Vienna)
Conductor: Erwin Ortner

Wiener Konzerthaus, December 19, 2015

Novena Colombiana dia 4

Consideraciones

Desde el seno de su madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba con resignación el estado en que se hallaba conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades. ¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la razón y de la reflexión?, ¿quién pudiera sostener a sabiendas un martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras?. Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humilde carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre, a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura, a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y hacemos sentir toda la criminalidad y desórdenes del orgullo.

Deseamos hacer una verdadera oración; empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando al Niño en el seno de su madre, El Divino Niño ora y ora del modo más excelente. No habla, no medita ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.

Unámonos a las oraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos al profundo abatimiento y sea este el primer afecto de nuestro sacrificio a Dios. Démonos a Dios, no para ser algo como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para ser nada, para quedar eternamente consumidos y anonadados, para renunciar a la estimulación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sólo sea todo para nosotros.

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les dísteis en vuestro hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. (Se reza tres veces Gloria al Padre).

Oración a la Santísima Vírgen

Soberana María que por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado hijo. ¡Oh dulcísima madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que lo aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. (Se reza tres veces el Avemaría).

Oración a San José

¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan soberanos misterios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén. (Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria).

Oración Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos por los méritos infinitos de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no que dará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Gozos Navideños

Dulce Jesús mío, mi niño adorado ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! Ven a nuestras…

¡Oh, Adonai potente que Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte el brazo! Ven a nuestras…

¡Oh, raíz sagrada de José que en lo alto presenta al orbe tu fragante nardo! Dulcísimo Niño que has sido llamado Lirio de los valles, Bella flor del campo. Ven a nuestras…

¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos. Oh Niño con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado! Ven a nuestras…

¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios. Ven a nuestras…

¡Espejo sin mancha, santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño, da al mísero amparo! Ven a nuestras…

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, De Israel anhelo Pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso! Ven a nuestras…

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado! ¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo! Ven a nuestras…

¡Ven, que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercanos! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! Ven a nuestras…

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! Ven a nuestras…

¡Ven ante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas! ¡Bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, te dice mi llanto! Ven a nuestras…

¡Ven Salvador nuestro por quien suspiramos Ven a nuestras almas, Ven, no tardes tanto!

Bienaventurado es quien es Bendito por el señor

El mundo al principio da placeres, y al final da pesares.

Es como la estatua que vio el rey Nabucodonosor: la cabeza era de oro y los pies de barro. Tal es el mundo, promete y da placeres a los mundanos al principio; al final, Infierno Eterno.

Dios, al contrario, al principio da trabajos y penas, al fin, Gloria Eterna.

 

Pero quienes son los Bienaventurados?

Son las personas que, por tener una dada cualidad o por mantener una forma de conducta grata, están relacionadas con Dios, son “benditos” por el dador de la vida y de la felicidad. Es decir que una bienaventuranza es una bendición de Dios.

 

Veamos este antiguo discurso sobre los Bienaventurados

 

[1] Teniendo presentes Jesucristo, Nuestro Señor, tres de sus Apóstoles, Pedro, Diego y Juan, en un monte, transfiguróse, y resplandeció de suerte que siendo visto por ellos, pareciéndoles que gozavan ya de la Bienaventurança que esperavan gozar, dixo San Pedro en nombre de todos:

-Señor, bien estamos aquí.

No veían enteramente su gloria, sino un rasgo o dibuxo della, y por verle tan hermoso y resplandeciente dessearon quedarse allí con Él. Vieron assí mismo junto con el Señor a Moisés y a Elías, y por la luz del Cielo que allí resplandecía, sin averlos visto antes los conocieron. Añadió el mismo San Pedro, con boz ferborosa:

-Si sois servido, hagamos aquí tres aposentos: uno para Vos, otro para Moisés y otro para Elías.

No pidió cuatro y que fuesse para sí uno porque se quería quedar en el de Cristo y no apartarse dél. Y si quería apartar en aposentos aparte a Moisés y a Elías, era porque a él le bastava y estava contento con solo Cristo. Mas, para que se viesse la flaqueza de nuestra naturaleza humana, sobrevino una nuve resplandeciente, y della salió una boz que los atemorizó, y cayeron sobre sus rostros. Quedávanles que passar cosas penosas y de trabajo, por las cuales, mediante la misericordia divina, aora gozan de la Eterna Bienaventurança. | Es de San Mateo, capítulo diez y siete.

 

[2] San Pablo, arrebatado hasta el Tercero Cielo, sin que se determinasse si fue en cuerpo o fuera del cuerpo, afirma aver oído secretos tan altos y maravillosos, que no es lícito al hombre hablar dellos ni manifestarlos, por ser necessario otro órgano más puro y divino que el corpóreo. Es de su Segunda Carta a los de Corinto, capítulo doze.

 

[3] El Evangelista San Juan afirma en el Apocalypsi que fue llevado en espíritu al Cielo, y que vido a Dios assentado en un trono digno dél. Oyó bozes, sintió tronidos, vido luces y cuatro animales, y veinte y cuatro senadores que servían y se mostravan sujetos al que estava assentado en el trono. Vido la santa ciudad de Hierusalem, como esposa adereçada para su esposo Cristo, en la cual ni ay lloro, ni clamor, no dolor o muerte, sino gozo, paz, quietud y vida sempiterna. Los muros son de piedras preciosas, y ella es oro acrisolado, y su templo es Dios Omnipotente. En ella no entra cosa no limpia, o que haze abominación o dize mentira. No ay allí necessidad de la luz del Sol, porque el Señor ilumina a los que allí están y reinarán por todos los siglos. Es del Apocalypsi, capítulo primero, cuarto, y veinte y uno, y veinte y dos.

 

[4] Estevan Protomártir, al tiempo que le estavan apedreando levantó los ojos al Cielo y vido a Jesucristo a la diestra del Eterno Padre. Cuando le vido, dize dél la Escritura que estava lleno de Espíritu Santo. Y assí lo ha de estar el que quisiere ver la Gloria de Dios. De la cual vista fue tan lleno de alegría el santo mártir, que hizo oración pidiendo a Dios, no que le librasse de la muerte, sino que por medio della començasse a vivir con Cristo, y assí dixo:

-Señor mío Jesucristo, recibe mi espíritu.

Es del Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo 7.

Lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

 

 

[1] En el martirio del Apóstol San Pedro se afirma que estando presentes algunos cristianos, vieron ángeles que le | traían coronas de rosas y açuçenas, y que estava cerca Jesucristo con un libro en que se leyeron, por estar abierto, muchas de las /(179r)/ razones que el Sagrado Apóstol predicava. Es de Marulo, libro sexto.

 

[2] Cortada la cabeça del Apóstol San Pablo, dio tres saltos, tocando en la tierra y nombrando en nombre dulcíssimo de Jesús. Della salió primero leche, y después sangre, y en los lugares donde tocó en la tierra manaron tres fuentes. El suceder tales milagros y maravillas en las muertes de los santos es la ocasión para que, considerándolas y rumiándolas con nuestros entendimientos, imaginemos qué tan maníficos y soberanos serán los premios que gozarán sus almas en el Cielo. Lo dicho afirman San Augustín, en el Sermón veinte y seis, de Sanctis , y San Gregorio Turonense, en el De Gloria Martyrum , capítulo veinte y ocho.

 

[3] San Andrés Apóstol, como fuesse levantado en una cruz por sentencia de Egeas Procónsul, determinó el pueblo cristiano, que era grande, de quitarle de allí por fuerça, levantando motín contra aquel pagano, y no lo consintió el Apóstol, desseando morir y verse con Cristo. Estuvo dos días predicándoles desde la cruz, como en cátedra, prometiéndoles la Vida Eterna si conservavan la Fe y si vivían conforme a los preceptos del Evangelio predicado por él. Después de lo cual encomendó su alma a Dios, y baxó una luz del Cielo que le rodeó, y con esto espiró. Grande es la luz y claridad de que gozan los santos en el Cielo, pues hasta el suelo viene a les hazer compañía. Refiérese en la Vida de San Andrés, escrita por sus discípulos.

 

[4] El Apóstol y Evangelista San Juan, siendo casi de cien años y llegándosele el último día, mandó que le abriessen la sepultura y entró vivo en ella. Rodeóle una luz grandíssima, la cual desde algún poco tiempo desapareció, y el cuerpo del Santo Apóstol no pareció. Vídose en aquel lugar por mucho tiempo después que bullía la tierra y despedía de sí un divino maná. Del santo creemos, dize Marco Maru- lo, | que murió y resuscitó luego, y en cuerpo y alma subió a los Cielos. Y esto porque nunca en la tierra se vieron reliquias suyas, ni toda ella era merecedora de tener su cuerpo. El Cielo, que le merece, era bien que le tuviesse, y también porque le era muy conveniente, pues assí como la Sagrada Virgen, por ser Madre de Dios y Santíssima, convino que subiesse a los Cielos en cuerpo y alma, adonde ya estava su Sagrado Hijo, assí también, en su modo, San Juan Evangelista, dado por hijo de la misma Virgen y señalándosele Jesucristo cuando estava en la Cruz, y siendo santo, y de los mayores santos que tiene el Cielo (porque San Pablo en este primero grado pone a los Sagrados Apóstoles), convenía que siguiesse a su Sagrada y Soberana Madre en cuerpo y alma, donde Ella ya estava en alma y cuerpo. Haze aquí ventajas el Nuevo al Viejo Testamento: llevó Dios de la Tierra a Enoch, llevó a Elías en cuerpo, no por librarlos para siempre de la muerte, sino para dilatársela hasta la venida del Antecristo; San Juan fue llevado, aviendo passado de presto este trago y buelto a resuscitar, para no morir más. Aquéllos esperan en el fin la resurrección de los cuerpos, que poco antes perderán, y luego han de resuscitar; este glorioso y bienaventurado santo prevínole mucho antes, porque resuscitó primero que fuesse en el sepulcro cubierto de tierra. Primero entró en los Cielos que fuesse tenido por muerto, y no es de maravillar que el óleo de la tina, hecho fuego, no dañasse su cuerpo, pues de tanto privilegio avía de gozar. Lo dicho es de Marco Marulo, libro sexto.

 

[5] Paulo, primer ermitaño; Pafuncio, Benedicto, Estéfano, Egido y Esperança, ermitaños; Tiburcio, Valeriano, Máximo, Marcelino, Pedro, Justino, Pastor, Quintín y Severo, mártires; León Papa, Amador y Germano, obispos; y otros muchos que sería largo de contarlos, fueron vistas sus almas el día que /(179v)/ murieron volar al Cielo. Es de Marulo, libro sexto.

 

[6] San Hierónimo, cuando dio el espíritu, le rodeó una luz del Cielo. Viéronse ángeles y oyóse la boz de Cristo que le llamava a posseer el Reino Celestial. Quedó en el aposento un suavíssimo olor con el cuerpo, y Cirilo, obispo de Hierusalem vido su alma que subía al Cielo en manos de ángeles. Y el mismo día, su santa alma se apareció a San Augustín en Africa, y en Tours, que es en Francia, vieron dos monges un globo de fuego que passava por el aire, y se oían bozes suavíssimas que ivan con él. Y, admirándose muchos, entendieron que la alma de San Hierónimo era llevada del monasterio de Betleem al Cielo. Es de Marulo, libro sexto.

 

[7] San Martín, obispo de Tours, luego que murió quedó su rostro resplandeciente, de modo que, no de muerto, sino de aver sido trasladado a la inmortalidad dava muestra. Y en la misma hora, Severino, obispo coloniense, vido llevar su alma al Cielo por muchos ángeles. Y San Ambrosio, arçobispo de Milán, al tiempo que celebrava aquel día, fue arrebatado en espíritu y se halló presente a su entierro. Y bolviendo en su sentido, dixo a los presentes como era muerto aquel santo varón. Tantos testimonios cierta hazen su Bienaventurança y mucha gloria. Es de Severo Sulpicio, en su Vida.

 

[8] Diziendo Missa San Gregorio Papa, al tiempo que dixo Pax Domini sit semper vobiscum, tardándose los ministros, fue oída claramente de todos los presentes una boz de ángel que dixo Et cum spiritu tuo. También Pedro Diácono, ministro suyo, afirmó aver visto diversas vezes sobre su cabeça una paloma, que entendía ser el Espíritu Santo. «Estavan presentes diversas personas y algunos contrarios del santo y que ponían faltas en sus escritos -añadió el Diácono-, y no creáis que es verdad lo que digo si luego no me viéredes aquí morir»; y sucedió | assí, que murió luego. Con esto se atemorizaron los malévolos y dexaron de perseguir al santo. Es de la Vida de San Gregorio, libro cuarto, capítulo setenta.

 

[9] Después del martirio de Santa Inés, estando sus padres llorando cerca de su sepulcro, aparecióseles con gloria y magestad grande, acompañada de un coro de hermosíssimas donzellas ricamente adereçadas. La santa venía vestida de blanco, y un cordero, también blanco como nieve, asido de su mano diestra. Habló amorosamente a sus padres y díxoles que no la tuviessen por muerta ni la llorassen, porque reinava con Cristo, y que la avía puesto en el número de aquellas santas vírgines. Justamente la Iglesia celebra no sólo el martirio de Santa Inés, sino esta aparición, que fue al octavo día, en que se descubrió su gloria y Bienaventurança. Es de San Ambrosio, en el Sermón noventa.

 

[10] Llevando a degollar por la Fe de Cristo a Santa Dorotea, passó cerca de donde estava un letrado jurista llamado Teófilo. El cual, aviéndole oído dezir, cuando estava en presencia del tirano que la martirizó, que en todo tiempo avía rosas y mançanas adonde Jesucristo estava y ella dezía que iva, díxole por irrisión y haziendo burla:

-Ea, donzella, hazednos gracia que cuando estéis en la tierra de vuestro Esposo nos embiéis de allá algunas rosas y manzanas.

Esto era en seis de febrero, cuando ni mançanas ni rosas se hallan, y por esto hizo semejante demanda, como para burlarse della. Dorotea respondió que haría lo que le dezía. Llegó al lugar donde la avía de degollar; pidió que la dexassen hazer oración brevemente. Concediósele, y, hecha, apareció delante della un niño hermosíssimo con un canastico, y en él tres rosas y tres mançanas hermosíssimas, traídas por él, que sería ángel, en tiempo brevíssimo, de alguna parte de la tierra, como de las Indias Occidentales, donde a la sazón era verano y tiempo de rosas y frutas. Díxole la santa:

-Ve a Teófilo y dile de /(180r)/ mi parte que aí van rosas y mançanas.

Fue la santa degollada y boló su alma al Cielo. Estava Teófilo después desto haziendo donaire de lo que con Dorotea le avía passado, contándolo a otros oficiales del Presidente. Llegó a él el niño hermoso y trabóle de la capa, como que le quería hablar aparte. Él bolvió y, viéndole tan hermoso, y admirado de oír sus razones tan concertadas, estuvo atento a ellas. Oyóle dezir que Dorotea le embiava aquel regalo de mançanas y rosas. Recibiólas Teófilo y desapareció el niño, por lo cual él se convirtió a la Fe, y fue martirizado. Dízelo San Isidoro en el Himno del Oficio desta santa.

 

[11] A Santa Agata celebraron ángeles sus exequias, y adornaron su sepulcro con piedra y epitafio, que denotava quién ella fue y lo que mereció. Es de Surio, tomo primero.

 

[12] Santa Cecilia gozava de vista de ángeles, y le traían ramilletes y guirnaldas de flores odoríferas de la gloria. De donde vino a no temer los tormentos del martirio, esperando gozar en el Cielo de la vista de Dios, pues en el suelo la hizo digna de la vista de sus ángeles. Es de Adón, en su Martirologio.

 

[13] Santa Caterina hizo oración al tiempo que la querían degollar, y fue consolada de una boz del Cielo que le declaró avérsele concedido lo que pedía, y que las puertas de la Gloria le estavan abiertas. De donde resultó que con sumo gozo dio el cuello al verdugo, y de la herida salió leche por sangre, y su cuerpo fue llevado por ángeles al monte Sinaí. La honra dada al cuerpo en la Tierra es testimonio de la que se daría a la alma en el Cielo. Es del Metafraste.

 

[14] Muriendo Teodora Alexandrina, apareció a su abad vestida con aderezo de boca y muy resplandeciente, acompañada de otras santas. Confesóle ser el que se llamava Teodoro Monge y era tenida por varón. El abad despertó temeroso, y como fuesse a su celda, hallóla | muerta y entendió que era muger, por lo cual se afirmó en la verdad de aquella aparición, y de su gloria ser grande. Es del De Vitis Patrum.

[15] Paulo, discípulo de Antonio Abad en Alexandría, vido arrebatado en espíritu una silla de grandíssima riqueza y resplandor en el Cielo. Parecióle que sería para su querido Maestro Antonio, y oyó una muy grande boz que le declaró guardarse para Taide, muger que fue un tiempo de mala vida, y después, santa penitente. Es del Vitis Patrum.

 

[16] San Benedicto Abad vido la alma de la bienaventurada Santa Escolástica, su hermana, en forma de paloma, bolar al Cielo, y, cierto de su muerte, truxo el cuerpo a su monasterio y enterróle en la sepultura que tenía para sí, queriendo que estuviessen juntos en la Tierra los cuerpos cuyas almas lo avían de estar en el Paraíso. Es de San Gregorio en sus Diálogos, libro segundo, capítulo treinta y cuatro.

 

[17] Santa Gertrude Virgen murió en su monasterio Nigelano, y el mismo día se apareció a la abadessa de un otro monasterio en Treveris, que estava orando delante del Altar, dándole parte de que iva con su Esposo Cristo a gozar de la Eterna Bienaventurança. También se provó su gloria con otro milagro. Y fue que, pegándose un grandíssimo fuego a su monasterio, vídose sobre el texado dél, y que con su velo apagava la llama. Temióse que todo el edificio quedara abrasado y no recibió daño alguno, obedeciendo el fuego a la santa virgen por estar ella conjunta al que tiene sujetas todas las cosas a su voluntad. Es de Marulo, libro sexto.

 

[18] Edeltrude Virgen, siendo en el año diez y seis de su muerte trasladado su cuerpo, fue hallado entero, y dava de sí singular olor. Y lo que más admiró fue que habló, y dixo:

-Sea gloria al nombre santíssimo de Dios.

Bien se da a entender que la Bienaventurança de su alma era /(180v)/ grande, pues apartado el cuerpo della dava gracias a Dios. Sin esto, sucedió que llegando diversas personas enfermas a venerarle, recibieron salud. Para que se vea que los cuerpos de los santos, apartados de sus almas, si participan su virtud, cuánta será la que tendrán cuando fueren otra vez reunidos con ellas. Es de Beda en la Historia de Inglaterra, libro cuarto, capítulo diez y nueve.

 

[19] Musa, donzella romana, vido en sueños a la Madre de Dios acompañada de coros de vírgines, y díxole:

-Huye, hija, de toda palabra ociosa, de risas y burlas, y de toda vanidad, porque a los treinta días has de estar en compañía destas santas donzellas y gozarte con ellas. Guardó bien este precepto Musa, y los treinta días los empleó en oración y meditación, y, llegado el día último, fue visitada de la misma Señora y consolada. Oyóse que dixo la donzella:

-Ya voy, Señora, ya voy.

Y con esto espiró y subió al Cielo con aquella santa compañía. Es de San Gregorio, en el cuarto libro de los Diálogos, capítulo diez y siete.

 

[20] En un monasterio del hiermo estava cierto religioso muy contemplativo y muy siervo de Dios. Pidióle con instancia que le diesse a entender algo de lo que se goza en el Cielo y de la Bienaventurança de los Escogidos. Concedióle su Magestad la petición que le hazía, tanto por regalarle a él, como para edi- ficación | de muchos que tuvieron y tienen dello noticia, y fue en esta manera: Oyó cerca de donde estava cantar una ave dulcíssimamente, que sería algún ángel en aquella figura. Levantóse de la oración y llegó donde estava. Tomó buelo y fuese a una espessa silva. Siguióla el monge y púsose a oírla cantar, cuyo canto de tal manera le tuvo suspenso que, sin dormir ni comer, sin sentir cansancio ni envejezerse él o su vestido, passaron trezientos y sesenta años. Parecióle aver estado oyéndola dos horas. Y, visto que dexó de cantar y se fue, bolvió a su monasterio y halló la puerta dél mudada. Admiróse y llamó. No conoció al portero, ni el portero a él. El cual le preguntó quién era, que traía su hábito. El monge quería saber qiuén le avía hecho portero, y mudado la puerta de donde él la dexó dos horas antes. El portero, por acortar embites, habló al abad, y él salió, y de lance en lance, por nombrar quién era el abad que regía el monasterio cuando salió dél, y vistos los libros de memoria del convento, se halló que avían passado los trezientos y sesenta años que se han dicho. De lo cual él y los monges se admiraron grandemente, y cessó parte de la admiración considerando, por lo que le oían dezir, que aquel tiempo avía estado gozando algo de lo que en el Cielo gozan los Bienaventurados.

 

 

QUINCE ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA

QUINCE ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA

 

Las Quince Oraciones reveladas por Nuestro Señor a Santa Brígida de Suecia
en la Iglesia de San Pablo, en Roma

Editadas bajo sanción del decreto del 15 de noviembre de 1966, publicado en la Acta Apostolicae Sedis, tomo 58, número 16, del 29 diciembre de 1966.

ORACIONES aprobadas por El Papa Pío IX

Magníficas promesas transmitidas a Santa Brígida de Suecia Tocante a las Revelaciones de Santa Brígida, el Papa Benedicto XV se expresó de la siguiente manera:

“La aprobación de estas revelaciones implica nada más que esto: Después de un examen lento y detenido, se permite publicar estas revelaciones para el bien espiritual de todos los fieles. Y, aunque no se les atribuye el mismo grado de fe, igual a que se les rinde a las verdades de la religión bajo pena; sin embargo, se les permite creer con fe humana. Es decir, conforme a las reglas de prudencia, por las cuales son probables. Por tanto, estando ya adecuadamente afirmadas y apoyadas por suficientes motivos, pueden ser piadosamente creídas.”
(Les Petits Bollandistes, Tome XII)

El día 14 de junio de 1303 nació Santa Brígida. En ese momento, el Cura de Rasbo, llamado Benito, oraba por un feliz parto de la señora Ingeborde. Súbitamente, se encontró el cura envuelto en una nube luminosa y de la cual se la apareció la Santísima Virgen, diciéndole:
“Una niña ha nacido en Birger y se oirá su voz por todo el mundo.” Sagli, die XXlV Aprilis, 1903. Imprimatur ”
F. J. GIRARD, V. G.

Estas oraciones fueron copiadas de un libro impreso en Tolosa (Francia) en el año 1740. Fueron publicadas por el Padre Adrien Parvilliers, de la Compañía de Jesús. El Padre Adrien era jesuita, misionario apostólico, en la Tierra Santa. Este sacerdote obtuvo la aprobación, el permiso y la recomendación que se requerían para difundir estas oraciones.

El papa Pio IX declaró conocimiento de estas oraciones con el acto de presentar el Prólogo. De esta manera, el Sumo Pontífice admitió la autenticidad de estas plegarias para el bien de las almas; y firmó la aprobación el día 31 de mayo de 1862.

Los que visitan a la Iglesia de San Pablo en Roma todavía pueden contemplar el Crucifijo Milagroso, colocado arriba del Sagrario, se encuentra en la Capilla del Santísimo Sacramento. Este Crucifijo Milagroso fue esculpido por Pierre Cavallini. Es el mismo crucifijo ante el cual estuvo arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones del mismo Nuestro Señor. Además, en esa misma Iglesia de San Pablo hay una inscripción conmemorando este evento, en latín: “Pendentis, Pendente Dei verba accepit aure accipit et verbum corde Bigitta Deum. Anno Jubilei MCCCL.”

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas.” (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)

Éstas son las oraciones que debemos decir todos los días durante un año seguido, sin interrumpirlas, y obtendremos fabulosas gracias.

Primera Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesucristo! ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores! Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.

Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis lavado los pies; y después, les disteis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.

Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo: “Mi alma está triste hasta la muerte.” ”

Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo, Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.

Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes, y agobiado de oprobios y ultrajes.

En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz, concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.

Segunda Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús! la verdadera libertad de los ángeles, y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, Os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración de estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico, ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que, bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.

Tercera Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús! Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe, clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad, extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos.

Oh Jesús, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.

Cuarta Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Médico Celestial, elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Padre, perdónalos no saben lo que hacen.”

Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.

Quinta Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.

Por este abismo de la compasión y piedad, y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.

Sexta Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un criminal común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También, fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a María: “¡Mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “¡He aquí a tu Madre!”

Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.

Séptima Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En un profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “¡Tengo sed!” Era sed por la salvación del género humano. ¡Oh mi Salvador! Os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos hacia la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.

Octava Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.

Novena Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Virtud Real y Gozo de alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte. Insultado y ultrajado por los judíos, clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.

Décima Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Principio y Fin de todas las cosas, Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman. Amén.

Undécima Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las Llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justísima indignación hayan cesado. Amén.

Duodécima Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad, y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.

Decimotercera Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado.”

Por esta angustia y dolor, Os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.

Decimocuarta Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, único Hijo del Padre Celestial, esplendor y semejanza de Su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre, en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.

Decimoquinta Oración (Padre Nuestro – Ave María)

¡Oh Jesús, verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar.

De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz, la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos.

Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.

Conclusión

¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.

La Cruz, respuesta de amor

missale-remense-

“Yo los libraré del poder de la muerte; de las garras de la misma muerte los redimiré. ¡Oh muerte!, yo he de ser la muerte tuya; seré tu destrucción, ¡oh infierno!” Ose 13:14

La muerte de Cristo es una demostración del amor de Dios que busca despertar o generar respuesta de amor de la humanidad.

La cruz es un modelo del pensamiento y la disposición que debe tener el cristiano, revela un paradigma de justicia, no produce sólo un ejemplo moral, sino un verdadero ejemplo de poder. Es decir que la cruz ayuda a rescatar del yugo de la esclavitud, pero además anima a seguir el camino de la cruz por imitación, generando o despertando el arrepentimiento por los pecados.

Cristo vendrá al final de los tiempos.

No vendrá encubierto, como la primera vez, sino al descubierto.

Convenía que viniese encubierto para que mostraran su esencia, pues, si lo hubiesen conocido, no le hubiesen entregado a la muerte y no hubiese muerto la muerte.

El diablo fue vencido en lo que era su trofeo. Él saltó de gozo cuando, sirviéndose de la seducción, arrojó al primer hombre a la muerte. Seduciéndolo, dio muerte al primer hombre.

La victoria de Jesucristo se hizo plena con Su resurrección y ascensión al cielo. Este cordero degollado venció con su muerte al león que busca a quien devorar, al diablo se le llama león por su fiereza, no por su valor.

¿Quién no iría a parar a los dientes de este león si no hubiera vencido el león de la tribu de Judá? Un león frente a otro león y un cordero frente al lobo.

El diablo saltó de gozo cuando murió Cristo, y en la misma muerte de Cristo fue vencido el diablo. Como en una ratonera, se comió el cebo. Gozaba con la muerte cual si fuera el jefe de la muerte. Se le tendió como trampa lo que constituía su gozo. La trampa del diablo fue la muerte del Señor; el cebo para capturarle, la muerte del Señor. Ved que resucitó nuestro Señor Jesucristo. ¿Dónde queda la muerte que pendió del madero? ¿Dónde quedan los insultos de los judíos? ¿Dónde la hinchazón y soberbia de los que ante la cruz agitaban su cabeza y decían: Si es el Hijo de Dios, que baje de la cruz?

Ved que hizo más de lo que le exigían ellos; en efecto, Más es resucitar del sepulcro que descender del madero.

A Cristo lo vieron los judíos. Nada tiene de grande ver a Cristo con los ojos físicos; lo grandioso es creer en Cristo con los ojos del corazón.

El mundo pagano era un infierno, tan espantoso que la gente con solo escuchar el testimonio de la cruz se convertía, hemos olvidado lo espantoso que era y estamos volviendo a ese paganismo, resucitando demonios vencidos, el imperio del demonio que Jesús derrotó.

Vienen días de muerte y dolor indescriptibles.

Versión sobre un sermón de San Agustín

 

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

liberacion

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

El Sermón de la montaña contiene la formulación más amplia y completa de la Ley nueva, en clara conexión con el Decálogo entregado por Dios a Moisés en el monte Sinaí. La promesa de la vida eterna y del reino de los cielos pertenece al Nuevo Testamento. El Antiguo sólo contiene promesas temporales.

Se recuerda que la misericordia divina presente en los medios de salvación confiados a la Iglesia constituye derechos de los fieles respecto a los ministros que deben -con deber de justicia- administrarla.

Dicha administración debe hacerse en la verdad y con justicia: los fieles tienen derecho a recibir los auténticos bienes que constituyen la verdadera misericordia (por ejemplo, la auténtica doctrina y no otra por mucho que se adapte a las costumbres). La misericordia sin justicia trae un mal mayor, a veces al mismo destinatario.

“La justicia y la misericordia están tan unidas que la una sostiene a la otra. La justicia sin misericordia es crueldad y la misericordia sin justicia es libertinaje”. Santo Tomas

“Porque se han infiltrado ciertos hombres, ya desde hace tiempo señalados en la Escritura para esta condenación, hombres impíos que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan al único Dueño y Señor nuestro, Jesucristo”. Jud 1:4

“El pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado”. Pío XII

“La verdadera misericordia busca la felicidad de los demás. No puede ser feliz quien es esclavo de la miseria (pecado)”. San Agustín

“Los hombres, viviendo en violenta guerra de ignorancia, llamaron paz a tan grandes males; pues celebran iniciaciones infanticidas, o misterios ocultos, o desenfrenadas orgías de ritos extraños y ya no guardan la pureza de su vida ni la del lecho conyugal, pues unos a otros se matan con asechanzas o con el adulterio se infaman. Y en todo domina la sangre y el homicidio, el robo y el engaño, la corrupción y la infidelidad, la rebelión y el perjurio, la vejación de los buenos, el olvido de los beneficios, la contaminación de las almas, los crímenes contra naturaleza, la perturbación de los matrimonios, el adulterio y la lascivia. Sab 14:22,26

“Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios” (Galatas 5,19-21; Rm 1, 28-32; 1 Co 6, 9-10; Ef 5, 3-5; Col 3, 5-8; 1 Tm 1, 9-10; 2 Tm 3, 2-5).

“Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya
como viven los gentiles según la vaciedad de su mente, sumergido su
pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la
ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza, los cuales,
habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta
practicar con desenfreno toda clase de impurezas”. Ef 4,7

“Muchos hombres se consideran buenos, pero un hombre fiel, ¿quién lo hallará?” Pro 20:6

Dios, que de antemano conoce todas las cosas, preparó para unos y para otros sendas moradas: con toda bondad otorga la luz de la incorrupción a aquellos que la buscan; en cambio aparta de sí a quienes la desprecian y rechazan, huyendo por su cuenta y cegándose. Para quienes repudian la luz y escapan de él, ha preparado las tinieblas correspondientes, a las que los entregará como justo castigo. Sujetarse a Dios es el descanso eterno. Por eso quienes huyen de la luz tendrán un puesto digno de su fuga, y quienes huyen del descanso eterno también tendrán la morada que merecen los desertores. En Dios todo es bien, y por eso quienes por propia decisión huyen de Dios, a sí mismos se defraudan y privan de sus bienes. Y por ello quienes a sí mismo se han defraudado en cuanto a los bienes de Dios, en consecuencia caerán en su justo juicio. Quienes se escapan del descanso, justamente vivirán en su castigo, y quienes huyeron de la luz vivirán en tinieblas. Así como sucede con la luz de este mundo: quienes se fugan de ella, por sí mismos se esclavizan a la obscuridad, de manera que es su propia culpa si quedan privados de la luz y deben habitar en las sombras de la noche. La luz no es la causa de ese modo de vivir, como antes dijimos. De igual modo, quienes evaden la luz eterna que contiene en sí todos los bienes, por su propia culpa vivirán en las tinieblas eternas, privados de todo bien, pues ellos mismos han construido su propio tipo de morada. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes. Libro IV, cap. 39, n. 4)