Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados

lagrima

Estatua de Jesucristo Crucificado derrama lágrimas en Trujillo, Perú

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”.

En Francia quedan 10.000 sacerdotes y de ellos el 70% sobrepasa los 75 años, motivo de llanto para la iglesia. En Alemania hay sacerdotes que tienen que atender 50 parroquias, llanto para el que fuera “Sacro Imperio Romano Germánico”. Ya hay iglesias que se usan como hoteles , restaurantes o discotecas, los seminarios están vacíos, llanto para la iglesia…

El sermón de la Montaña es el primero de los cinco grandes discursos que reúne las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios.

La bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo.

“Los que lloran los pecados ajenos también serán consolados, puesto que cuando conozcan en la otra vida la gran bondad de Dios… y comprendan que los que se perdieron no eran de Dios, se alegrarán de aquellos que habiendo dejado la aflicción han sido constituidos en herederos de la gloria. Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 9

“Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran”. Rom, 12:15

“Los convertidos a Dios pierden todo lo más querido que tienen en este mundo. No se gozan en aquellas cosas en que antes se alegraban y hasta que no posean el amor de las cosas eternas son heridos por alguna tristeza. Se consolarán en el Espíritu Santo, el cual con toda propiedad se llama Paráclito, lo que quiere decir consolador, porque enriquece con la eterna alegría a los que pierden la alegría temporal. Por lo tanto dice: “Puesto que ellos serán consolados”. San Agustín, de sermone Domini, 1,2

“Los heraldos gritan en las calles, los mensajeros de paz lloran amargamente… se ha roto la alianza, se han rechazado los testimonios, no se respeta a nadie”. Isa 33:7 -8

“Los que lloran a los hijos u otros individuos que han perdido, por todo el tiempo de su dolor no desean la riqueza ni la gloria, ni se consumen por la envidia, ni se conmueven por las ofensas, ni son presas de alguna otra pasión, Mucho más deben observar estas cosas los que lloran Sus pecados, pues llorarlos cosa digna Es. San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 15,3

La perspectiva de un cristiano no puede limitarse al horizonte de la vida en este mundo; él sabe que en la vida presente se prepara otra cuya importancia es tal, que los juicios se deben hacer sobre la base de ella. Desde este punto de vista, no existe aquí abajo desdicha absoluta…

 

Llora Jesús como Niño Dios, desde su ingreso en este mundo, llora por el frío de la noche de Belén, pero llora más por el frío que encuentra en los corazones de los hombres, en sus corazones enfriados en el amor a Dios; llora el Niño Dios y llora también el Mesías de Israel, por su patria, Jerusalén (Lc 19, 41), porque se obstina en rechazar al enviado de Dios; llora Jesús por la muerte de su amigo Lázaro, cuyo cadáver en descomposición representa al alma en pecado mortal, muerta a la vida de la gracia; llora con lágrimas de sangre el Sagrado Corazón en la amargura del Huerto, por la indiferencia de todos aquellos que se perderán al despreciar el amor de Dios que se les ofrece por su sacrificio en cruz; llora el Hombre-Dios que cuelga desde la cruz, por el terrible dolor que en su alma provoca el odio deicida y fratricida de los hombres; llora en silencio porque muchos de los bautizados, aquellos por quienes se entregó, son indiferentes y rechazan su sacrificio en cruz y Su Presencia Sacramental. P. Álvaro Sánchez Rueda

 

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