Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados

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Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mateo 5:6

«Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos» (CCE 1717).

“No nos es suficiente el querer la justicia si no tenemos hambre de justicia. De modo que nunca nos consideremos bastante justificados con este ejemplo, sino que entendamos que siempre debemos tener hambre de las obras de justicia”. San Jerónimo.

Toda obra buena que No hacen los hombres con un fin bueno es desagradable delante de Dios. Tiene hambre de justicia el que desea obrar según la justicia de Dios. Tiene sed de justicia el que desea adquirir su ciencia”. Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 9.

“Ofrece la bienaventuranza a los que tienen hambre y sed de justicia, manifestando que el perfecto conocimiento de Dios es el que constituye la avidez de los santos que no puede saciarse hasta que no habiten en el cielo. Y esto es lo que se expresa con aquellas palabras “porque ellos serán hartos”. San Hilario, in Matthaeum,

“Mi comida es el hacer la voluntad de mi Padre” (Jn 4,34), la cual es la justicia, y aquella agua, de la que todo el que bebiere: “se hará en él una fuente de agua que saltará hasta la vida eterna” (Jn 4,14) San Agustín, de sermone Domini, 1

La justicia es principio fundamental de la existencia y coexistencia de los hombres, como asimismo de las comunidades humanas, de las sociedades y los pueblos. Cristo nos ha dado el mandamiento del amor al prójimo. En este mandamiento está comprendido todo cuanto se refiere a la justicia. No puede existir amor sin justicia. El amor “rebasa” la justicia, pero al mismo tiempo encuentra su verificación en la justicia. Hasta el padre y la madre al amar a su hijo, deben ser justos con él. Si se tambalea la justicia, también el amor corre peligro. No podemos olvidar las palabras de Nuestro Señor: “Con la medida con que midiereis se os medirá” (MT 7,2).

“Vienen días, dice Yahvé, en que mandaré yo sobre la tierra hambre, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Yahvé, y andarán errantes de mar a mar y de norte al oriente en busca de la palabra de Yahvé, y no la hallarán”. Amó 8:11 -12

Porque os digo que, si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mat,5:20

En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el digno castigo de nuestras obras. Luc,23:41

“No perdonó tampoco al viejo mundo, sino que sólo guardó a Noé, para pregonero de la justicia cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos; Mejor les fuera no haber conocido el camino de la justicia que, después de conocerlo, abandonar los santos preceptos que les fueron dados. 2Pe,2:5-21

En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. El que no practica la justicia, no es de Dios, y tampoco el que no ama a su hermano. 1Jn,3:10

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