Son Célibes Gracias a DIOS

El celibato tiene sus raíces en la primera iglesia ascética filosófica, nacida de las escuelas filosóficas pitagórica, platónica y estoica. Es decir apoyada en el conocimiento y la ascética.

Estas mismas escuelas filosóficas ya habían creado en algunas formas del judaísmo un ideal de celibato, soportado por ciertas restricciones sobre la conducta sexual de las leyes de Moisés, como una forma perfecta de vida para el clero.

Con la Venida del Mesías todo se aclara y San Pablo escribe inspirado por el Espíritu de Dios.

“Os quiero libres de preocupaciones.
El que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor;
el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y está dividido.
La mujer no casada y la virgen se preocupan de las cosas del Señor, para ser santas en el cuerpo y en el espíritu;
la casada, sin embargo, se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
Os digo esto sólo para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino en atención a lo que es más noble y al trato con el Señor, sin otras distracciones”.
1Co 7:32

Trato con las mujeres
Raras veces, o nunca, pisen pies de mujeres tu humilde aposento. A todas las doncellas y vírgenes de Cristo, o desconócelas por igual o ámalas por igual.

No mores bajo el mismo techo con ellas, ni te asegures con la pasada castidad. No puedes ser ni más santo que David ni más sabio que Salomón. Acuérdate siempre que al morador del paraíso una mujer lo arrojó de su posesión. Si estuvieres enfermo, asístate un hermano santo cualquiera y la hermana o madre y otra mujer cualquiera de probada fidelidad cerca de todos. Y si no se hallaren personas de parejo parentesco y castidad, a muchas ancianas sustenta la Iglesia que pueden prestarte ese servicio y recibir de ti su beneficio, con lo que tu enfermedad habrá dado también fruto de limosna. Yo sé de algunos que convalecieron de cuerpo y empezaron a enfermar de espíritu. Peligroso es el servicio de persona en cuyo rostro te fijas con frecuencia.
Si, por deber de tu estado, has de visitar alguna viuda o virgen, no entres nunca solo en su casa.

San Jerónimo. Carta a Nepociano, presbítero

Casiodoro

“No sólo alcanzan la palma de la victoria los que luchan hasta derramar la sangre o los que viven en virginidad, sino también todos aquellos que, con la ayuda de Dios, vencen los vicios del cuerpo y conservan la recta fe. Pero para que podáis vencer más fácilmente, con la ayuda de Dios, los atractivos del mundo y sus seducciones, permaneciendo en él como peregrinos siempre en camino, tratad de buscar ante todo la saludable ayuda sugerida por el salmo 1, que recomienda meditar noche y día en la ley del Señor. Si toda vuestra atención está centrada en Cristo, el enemigo no encontrará ninguna entrada para asaltaros” (De Institutione Divinarum Scripturarum, 32: PL 70, col. 1147D-1148A).

Salmo 1

Dichoso aquel varón que no se deja llevar de los consejos de los malos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se asienta en la cátedra pestilente de los libertinos; sino que tiene puesta toda su voluntad en la ley del Señor, y está meditando en ella día y noche.
El será como el árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, el cual dará su fruto en el debido tiempo, y cuya hoja no caerá nunca; y cuanto él hiciere tendrá próspero efecto.
No así los impíos, no así; sino que serán como el tamo o polvo que el viento arroja de la superficie de la tierra.
Por tanto no prevalecerán los impíos en el juicio; ni los pecadores estarán en la asamblea de los justos.
Porque conoce el Señor y premia el proceder de los justos; mas la senda de los impíos terminará en la perdición.

“Si alguno dijere que los clérigos constituidos en orden sacro, o los regulares que han hecho voto solemne de castidad, pueden contraer matrimonio… y que pueden contraer matrimonio todos los que no sientan poseer el don de castidad, aunque hayan hecho voto de ella; sea anatema”
Doctrina sobre el Sacramento Matrimonial – Concilio de Trento – Sesión XXIV – Canon 9 – 11 Nov 1563

“Si alguno dijere, que el estado del Matrimonio debe preferirse al estado de virginidad o de celibato; y que no es mejor, ni más feliz mantenerse en la virginidad o celibato, que casarse; sea anatema”
Doctrina sobre el Sacramento Matrimonial – Concilio de Trento – Sesión XXIV – Canon 10 – 11 Nov 1563

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