Cisma ortodoxo

El enfrentamiento con Roma se inicia en 1051 al acusar Cerulario a la Iglesia occidental de herejía judaica por utilizar pan ácimo en la Eucaristía, y amenazar con el cierre de las iglesias latinas de Constantinopla que no adoptasen el rito griego.
Dicho rito consiste en :“Comulgar sólo cuatro veces al año, en Navidad, Pascua, Pentecostés, y la Dormición de la Madre de Dios (15 de Agosto). El Santísimo Sacramento se reserva para los enfermos en el artophorion (Tabernaculo) más o menos bajo ambas especies, es decir que ha sido bañado en el cáliz y se puede beber. Se da a los enfermos con una cuchara con la fórmula habitual. No tienen tradición de reverencia a la Eucaristía reservada”.
El papa León IX que, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio mandó, en 1054, una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi.
Los legados papales negaron, a su llegada a Constantinopla, el título de ecuménico al patriarca, el segundo puesto en la jerarquía eclesiástica de Constantinopla y, además, pusieron en duda la legitimidad de la elevación de Cerulario al patriarcado.
El patriarca se niega entonces a recibir a los legados y, Humberto responde publicando su “Dialogo entre un romano y un constantinopolitano”, en el que se burla de la costumbres griegas, y excomulgando a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de Hagia Sofía; tras lo cual abandonó la ciudad.
El 24 de julio de ese mismo año, Cerulario responde excomulgando al cardenal y a su séquito con lo que se inició el Cisma.
Ambas excomuniones permanecieron vigentes hasta la declaración conjunta realizada el 7 de diciembre de 1965 por el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I, en la que se decide «borrar de la memoria y de la Iglesia las sentencias de excomunión del año 1054».

Diferencias doctrinales:

La Iglesia ortodoxa rechaza la adición del “Filioque” que significa: «y del Hijo» en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, aprobada por la Iglesia católica romana, por lo que no admite la procedencia del Espíritu Santo del Padre y el Hijo, sino únicamente del Padre.
La Iglesia ortodoxa sostiene que la Virgen María fue concebida en pecado original como las demás criaturas, pero concibió virgen, parió virgen y murió virgen , mientras que la Iglesia católica, por definición del Papa Pío IX, en el año 1854, proclamó dogma de fe la Inmaculada Concepción, o sea, que ella desde el primer instante de su ser personal, estuvo libre de todo pecado.
La Iglesia ortodoxa niega la existencia del purgatorio por considerar insuficientes para aprobarlo las indicaciones bíblicas puestas como una base de la aserción por los católicos romanos. Sin embargo, se reza por las almas de los difuntos al igual que en la Iglesia católica.

Diferencias de la organización

La Iglesia ortodoxa no admite la supremacía universal de derecho del Papa de Roma sobre toda la iglesia cristiana. Todos los obispos son iguales. Sólo reconoce una “primacía de honor” (primus inter pares).
La Iglesia ortodoxa enseña que las decisiones de un Concilio Ecuménico son superiores a las decisiones de cualquier jerarca eclesiástico. Así mismo, no admite la infalibilidad del Obispo de Roma en ningún caso.
En la Iglesia ortodoxa el ministro ordinario del Santo Crisma es el sacerdote; en la Iglesia católica lo es el obispo, y el sacerdote sólo extraordinario.
En la Iglesia ortodoxa se pueden ordenar hombres casados con una mujer de buena reputación, de tal forma que hay diáconos y presbíteros casados, mientras que otros clérigos, tradicionalmente aquellos con votos monacales, deben ser hombres célibes. Una vez ordenados no se pueden casar, o volver a casar, si es el caso. Los obispos, a partir de la Edad Media, son elegidos de entre los monjes. En la Iglesia católica romana funciona de la misma manera para los ritos orientales en cuanto al celibato, pero no en el rito latino, donde todos los clérigos, a excepción de los diáconos casados antes de su ordenación, deben ser célibes.
La Iglesia ortodoxa no tiene (y no admite) órdenes, ni congregaciones. La forma de que un feligrés desee hacer votos de vida consagrada es por medio de los monasterios o los sketes.
La Iglesia ortodoxa oficialmente tiene lenguas vernáculas como lenguas litúrgicas desde mucho más temprano (siglo IX) que la Iglesia católica romana (siglo XX). En 867 el Papa Adriano II le otorgó una bula por la que se reconocía el uso del antiguo eslavo en la liturgia, elevándole también al iniciador de ello, san Metodio, a la ordenación episcopal.

Otras diferencias:

La Iglesia ortodoxa considera que la consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la misa se efectúa por el Prefacio, las Palabras del Señor y la Epíclesis y no tan solo por las Palabras del Señor (las palabras dichas por Cristo en la Última Cena), la Iglesia católica romana, por su parte, enfatiza en las palabras pronunciadas por el sacerdote en persona de Cristo Cabeza, confesando que la transubstanciación ocurre por la virtud de las palabras de Jesús y la acción del Espíritu en la Epíclesis.
En la Iglesia ortodoxa no se admiten las imágenes tridimensionales para veneración, como las estatuas de santos, sino únicamente imágenes planas, o bidimensionales, tales como pinturas o mosaicos, tradicionalmente llamados iconos. Las esculturas o bajorrelieves que se encuentran en el interior de los templos ortodoxos son de carácter sólo ornamental.
La liturgia ortodoxa no utiliza instrumentos musicales, sólo la voz humana. En la antigua tradición practicada por la ortodoxia de oriente no se practica el canto gregoriano, como se da en el catolicismo romano o ritos de ortodoxia occidental.

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