Cuando muere un hereje…

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“Por otra parte, Nos determinamos que serán sometidos bajo excomunión aquellos creyentes que reciban, defiendan o ayuden a los herejes…”. Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, constitución 3, De los herejes, 1215.

“Sí: mía es la venganza, y yo les daré el pago a su tiempo, para derrocar su pie: cerca está ya el día de su perdición, y ese plazo viene volando”. Deuteronomio 32,35

“San Gregorio dice: ‘Es una misma la causa de por qué no se ore entonces, a saber, después del juicio, por los hombres condenados al fuego eterno, que la de ahora no se ruegue por el diablo y sus ángeles, deputados al eterno suplicio. Y aun la misma por la que ahora los santos no recen por los finados infieles e impíos; porque, conociendo cierto que ya están condenados a la pena eterna, no tendría acogida en presencia del justo juez el mérito de su oración’. Luego, los sufragios no sirven a los precitos”. “Dice San Agustín: ‘A los que mueren sin la fe que obra por el amor y sin sus sacramentos, en vano se le ofrecen sufragios por sus parientes’. Pero en este caso están todos los condenados. Luego, no les aprovechan los sufragios”. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Supl., q. 71, a. 5.

“El corsario que comandaba nuestro barco murió aquí en Cagoxim.(…) Él mismo escogió morir en sus propias supersticiones; ni siquiera nos dejó el poder recompensarle con lo que por bondad podemos hacer a los otros amigos después que mueren en la profesión de la fe cristiana, encomendando sus almas a Dios, porque el pobre hombre, por su propia mano lanzó su alma en el infierno, donde no hay ninguna redención” San Francisco Javier, 5 de noviembre de 1549. La vida y cartas de San Francisco Javier, de Henry James Coleridge, S.J.

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o Herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella”.Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra.

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