Diaconado Ecumenico

 

AngelicoEsteban era el líder de los siete diáconos nombrados por los apóstoles.

Los apóstoles, para satisfacer las quejas de los judíos helenistas de que “sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana” (diakonia), convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: “No está bien que nosotros abandonemos la palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de saber, y los pondremos al frente de esa tarea; mientras que nosotros nos dedicamos a la oración y al ministerio de la palabra (te diakonia tou logou) . La propuesta le pareció bien a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo (junto con otros seis allí nombrados). Los presentaron “a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.”

 

Establecidos principalmente para relevar a los obispos y a los presbíteros de sus deberes más seculares y desagradables. Se convirtieron en intermediarios naturales entre el celebrante y la gente. En el templo, ellos hacían anuncios públicos, organizaban la congregación, conservaban el orden y cosas por el estilo. Fuera de eso, eran los delegados del obispo en asuntos seculares y especialmente para el servicio de los pobres. El quedarse de pie durante las asambleas públicas de la iglesia parece que indicaba su subordinación y sus deberes de servicio en general, mientas que los obispos y los presbíteros permanecían sentados. Debe notarse que junto con esas funciones, probablemente cargaban con una gran parte de la instrucción de los catecúmenos y la preparación de los servicios del altar. Hasta en los Hechos de los Apóstoles (8,38), el sacramento del Bautismo es administrado por el diácono Felipe.

Proclamación tal como era hecha por el diácono justo antes de la anáfora:

“Pongámonos de pie; que cada uno sepa su puesto. Dejemos salir a los catecúmenos. Que no se queden los sucios ni los descuidados. Levanten los ojos de sus corazones. Los ángeles nos miran. Vean, dejemos que se vayan los sin fe. Que no haya adúlteros ni hombres furiosos aquí. Si alguno es esclavo del pecado, dejémoslo ir. Veamos, supliquemos como hijos de la luz. Supliquemos a nuestro Señor y Dios y Salvador, Jesucristo”.

 

Las razones que han determinado esta elección fueron sustancialmente tres: a) el deseo de enriquecer a la Iglesia con las funciones del ministerio diaconal que de otro modo, en muchas regiones, difícilmente hubieran podido ser llevadas a cabo; b) la intención de reforzar con la gracia de la ordenación diaconal a aquellos que ya ejercían de hecho funciones diaconales; c) la preocupación de aportar ministros sagrados a aquellas regiones que sufrían la escasez de clero. Estas razones ponen de manifiesto que la restauración del diaconado permanente no pretendía de ningún modo comprometer el significado, la función y el florecimiento del sacerdocio ministerial que siempre debe ser generosamente promovido por ser insustituible.

«Pontificalis romani recognitio» del 18 de junio de 1968, aprobó el nuevo rito para conferir las sagradas órdenes del episcopado, del presbiterado y del diaconado, definiendo del mismo modo la materia y la forma de las mismas ordenaciones, y, finalmente, con la carta apostólica «Ad pascendum» (15 de agosto de 1972), precisó las condiciones para la admisión y la ordenación de los candidatos al diaconado.

Los elementos esenciales de esta normativa fueron recogidos entre las normas del Código de derecho canónico, promulgado por el papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1983.

La fórmula esencial para el sacramento es la epíclesis, que consiste en las palabras:

« te suplicamos, oh Señor, infundas en ellos el Espíritu Santo, que los fortalezca con los siete dones de tu gracia, para que cumplan fielmente la obra del ministerio ».

El ministerio de los diáconos, en el servicio a la comunidad de los fieles, debe «colaborar en la construcción de la unidad de los cristianos sin prejuicios y sin iniciativas inoportunas»,cultivando aquellas «cualidades humanas que hacen a una persona aceptable a los demás y creíble, vigilante sobre su propio lenguaje y sobre sus propias capacidades de diálogo, para adquirir una actitud auténticamente ecuménica».

Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, Directorio para la aplicación de los Principios y Normas sobre el Ecumenismo (25 marzo 1993)

En 2014 había 415.792 sacerdotes, 44.566 diáconos permanentes 54.559 religiosos profesos no sacerdotes y las religiosas profesas eran 683.000.

En 2014 había 1.272 millones de católicos.

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