Giordano Bruno y sus «méritos»

Giordano Bruno, de nacimiento Filippo Bruno +17 de febrero de 1600, fue un sacerdote Dominico el monasterio de Santo Domingo Mayor de Nápoles.

Apostató del cristianismo, se hizo luterano, calvinista, anglicano y en fin fue declarado hereje por todas las sectas a las que se afilió.En Marburgo retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el Colegio de Cambrai, donde fue ridiculizado, y expulsado del país.

Vivió en diversos países protestantes, donde escribió sobre cosmología, física, magia y el arte de la hermética, la teosofía, la wicca, el thelema, el satanismo, el neopaganismo,  es decir, las ciencias del ocultismo. La magia, para Bruno, está basada en la manipulación del pneuma, coitus reservatus, que tiene similitudes con el tantra hindú y con el taoísmo, enseñó filosofía en la Universidad de Wittenberg, pero fue excomulgado por los luteranos.

Huye a venecia, donde es capturado por hereje y es reclamado por Roma, donde estuvo en la cárcel durante ocho años mientras se disponía el juicio bajo  cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad, durante la ocupación napoleónica se perdieron la mayoría de los folios de ese juicio.

San Roberto Belarmino, llevó su caso, pero el 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades civiles.

Fue excomulgado y sus trabajos quemados en la plaza pública.Fue procesado por rechazar tener imágenes de santos en su celda, recomendar a otro novicio que dejase un libro sobre la vida de la Virgen y se dedicase a leer otras obras más importantes, se le acusó de profesar la herejía arriana.

Entre sus afirmaciones teológicas que se consideraron heréticas estaban las siguientes: que Cristo no era Dios, sino meramente un mago excepcionalmente hábil, que el diablo se salvará y el rechazo a la virgen, los santos, etc.

Exaltando como mártir de la libertad de pensamiento y de los nuevos ideales, se le rinde adoración y se le rinden grandes honores.

El Papa León XIII, en su Alocución Amplissimus collegium del 24 de mayo de 1889, se lamentaba de lo ocurrido: « […] se ha llegado hasta el punto de que en esta misma ciudad (Roma) […] se consienta a la impiedad desafiar la religión de Jesucristo con grandilocuentes y sistemáticas injurias, rindiendo los honores debidos a la virtud a un apóstata del catolicismo, y esto no sin una insolente obstinación».

El Papa León XIII en su Encíclica Quod Nuper, del 30 de junio de 1889, comentó: «Se celebran pompas a un hombre doblemente apóstata, herético empedernido, cuya obstinación contra la Iglesia arrastró hasta la muerte. Y por todo ello se le ha honrado, pese a que no tenía ninguna notable cualidad:

No tenía ni un alto conocimiento científico, porque sus obras lo revelan como partidario del panteísmo y del abominable materialismo, y a veces en contradicción consigo mismo; ni dotado de virtudes notables, puesto que sus costumbres han quedado para la posteridad como ejemplos de la extrema maldad y de la corrupción, a la cual las pasiones desenfrenadas pueden llegar a empujar a un hombre. Tampoco fue autor de grandes obras ni de reconocibles servicios en favor del bien público, puesto que sus aptitudes consistieron en el fingir y en el mentir, preocupado únicamente de sí mismo e intolerante con quien no aceptara sus ideas, adulador, abyecto y perverso […]».

Según la pluma de Pietro Balan, en el ensayo  histórico Giordano Bruno e i suoi meriti per un monumento… (Giordano Bruno y sus méritos para un monumento…), Boloña 1886, y según todos los historiadores académicos que trazan la vida nefasta de Bruno, el ex monje de Nola fue un jugador a varias bandas, doblemente apóstata y hereje empedernido. Giordano Bruno era un conocido misógino; en 1576 huyó del convento que lo acogía para evitar un proceso por herejía, en la época considerada ésta como un crimen por parte del Estado ya que la herejía suponía un peligro para el orden social;

En 1579 se refugió en la Ginebra calvinista y también por ellos fue excomulgado; luego trabajó como espía para el inglés sir Francis Walsingham, en la embajada francesa en Londres para combatir contra los ingleses católicos; traicionó tanto al embajador Michel de Castelnau como al hábito dominico para obtener información que pudiera ser usada en contra de los católicos de Inglaterra (por ejemplo: denunció a un penitente que le había confesado su intención de asesinar a la reina); volvió a París con Enrique VIII de Valois, que siempre lo había protegido, pero terminó expulsándolo por una trifulca;

Se trasladó entonces a Magdeburgo, en Alemania, donde obtuvo una cátedra universitaria, pero también esta vez hubo de marchar por litigios con el rector; continuó con su huida refugiándose en Wittenberg, donde se hizo luterano para después ser excomulgado por los mismos luteranos en Helmstadt, en 1589 (según el mismo Bruno los luteranos debían de ser «exterminados y eliminados de la faz de la tierra como las langostas, la cizaña y las serpientes venenosas»);

Huyó a Praga con Rodolfo II, que lo hospedó porque le interesaba el esoterismo y las supuestas “habilidades mágicas” de Giordano Bruno, pero también esta vez fue expulsado por embustero; en 1591, tras un largo deambular, Bruno acabó refugiándose en Venecia, junto al noble y aspirante ocultista Giovanni Mocenigo, pero también por este motivo fue denunciado a la autoridad y finalmente recibió la condena que merecía el 17 de febrero de 1600.

El Pontífice de la imperecedera Rerum Novarum añadía: «Éstos precisamente son los ideales y las aspiraciones de las malvadas sectas, las cuales quieren a toda costa alejar a todos los cuerpos sociales de Dios, y con odio infinito, hasta el límite extremo, combaten contra la Iglesia y el Pontificado romano. Y para hacer más solemne el ultraje y más evidente el significado de ello, se quiso hacer la inauguración en medio de grandes pompas y con un notable número de personas. Roma vio en esos días y dentro de sus murallas, una gran muchedumbre de personas proveniente de todas partes, que portaban escandalosos estandartes por las calles contra la religión. Y lo más terrible todavía, no faltaron las enseñas con la imagen del pérfido cabecilla de los sediciosos e instigadores de toda rebelión, que negó la obediencia al Altísimo en los cielos».

Carlo Di Pietro en Le Cronache Lucane

Sursum Corda.

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