No hay mal, que por Bien no Venga

No hay mal que por bien no venga

Jose el hijo de Jacob tenia sueños…” Volvió a tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Díjoles: «He tenido otro sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.» Se lo contó a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió y le dijo: «¿Qué sueño es ése que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a venir a inclinarnos ante ti hasta el suelo?» Gen 37:10
Sus hermanos le tenían envidia, mientras que su padre reflexionaba.
Entonces dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué aprovecha el que asesinemos a nuestro hermano y luego tapemos su sangre? Venid vamos a venderle a los ismaelitas, pero no pongamos la mano en él, porque es nuestro hermano, carne nuestra.» Y sus hermanos asintieron. Gen 37:26-27 “Vendieron a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata”

La madre de Judá fue Lea, una de las hijas de Labán que había sido dada como esposa a Jacob por sus siete años de trabajo engañoso.(Gn. 29. 15-27).
Judá murió en Egipto, que era donde su hermano José, ejercía de gobernador del Faraon.

La descendencia de Judá está detallada en Cro. 4. 1-21 y el territorio y las ciudades asignados a su tribu en Jos. 15.
Asentó su tienda cerca de Hirá, el adulamita, y por lo visto hubo entre ellos una relación de amistad. Durante este tiempo se casó con la hija de Súa, un cananeo. Con ella tuvo tres hijos: Er, Onán y Selah. El más joven, Selah, nació en Aczib. (Gé 38:1-5.) Con el tiempo Judá escogió a Tamar como esposa para Er, su primogénito, pero Yavé ejecutó a este debido a su maldad. Por tanto Judá mandó a su segundo hijo, Onán, que cumpliese con el matrimonio de cuñado y se casara con Tamar. No obstante, aunque Onán tuvo relaciones con ella, “desperdició su semen en la tierra para no dar prole a su hermano”. Por esta acción, Yavé también le dio muerte.
Luego Judá le recomendó a Tamar que volviese a la casa de su padre y esperase hasta que Selah creciese. Sin embargo, cuando Selah creció, Judá no se lo dio a Tamar en matrimonio, al parecer porque razonó que su hijo más joven pudiera morir. (Gé 38:6-11, 14.) Por consiguiente, después que Judá enviudó, Tamar, que se enteró de que su suegro iba a Timnah, se disfrazó de prostituta y se sentó en la entrada de Enaim, en el camino por el que Judá pasaría.
Judá no reconoció a su nuera y supuso que era una prostituta, así que tuvo relaciones con ella. Cuando más tarde salió a la luz que Tamar estaba encinta, Judá insistió en que la quemaran por ramera. Sin embargo, una vez que quedó demostrado que él mismo la había dejado encinta, exclamó: “Ella es más justa que yo, por razón de que yo no la di a Selah mi hijo”. De esta forma, sin ser consciente de ello, Judá había ocupado el lugar de Selah a la hora de engendrar prole legal. Unos seis meses después, Tamar dio a luz dos gemelos, Pérez y Zérah. Judá no volvió a tener relaciones con ella. (Gé 38:12-30.)

Oráculo de Jacob sobre Judá: “A ti Judá, te alabarán tus hermanos, tu mano en la cerviz de tus enemigos; inclínense a ti los hijos de tu padre. Cachorro de León es Judá… No se irá de Judá el báculo, el bastón de mando de entre sus piernas, hasta tanto que venga aquel a quien le está reservado, y a quien rindan homenaje las naciones” (Gn 49, 8-10). El encubierto anuncio de un rey judío dominador de pueblos se refiere a David, prefigura del futuro Mesías, como siempre han interpretado la tradición judaica y cristiana.

En efecto la tribu de Judá fue la más poderosa de las tribus de Israel, siempre se mantuvo aislada del resto de las otras, como muestra de ello tenemos el hecho de que David fue consagrado primeramente rey de Judá y luego de Israel. Las genealogías de Mateo y Lucas colocan a Jesús como descendiente de Judá.

“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo Israel.”Mat 2:6

Apocalipsis 5,5 “El león de la tribu de juda ha vencido, la raíz de David, para abrir el libro y los 7 sellos”, “con un solo rugido, hace que sus detractores se dispersen como ratas. Isaías 31:4″.

A los discípulos de Cristo se les persigue, se les señala con el dedo, se les excluye de las ventajas que ofrece la sociedad. De 8 mil millones de habitantes hay solo mil millones de católicos, pero cuantos son practicantes?
A la bestia “le permitieron guerrear contra los santos y vencerlos” (Ap 13,7). Y en este suelo brota la división interna, la herejía, que tiende a desplazar el centro de atención desde la vida real y concreta hacia las especulaciones relativistas, con lo que se priva a la vida cristiana de su exigencia de radicalidad y se le exige pactar con las costumbres de los paganos.
Aquí en la tierra, no sólo tenemos fe en la victoria, sino que tenemos ya también victoria en la fe.

En la fe, somos ya vencedores, experimentamos ya algo de la vida eterna. El católico está sentado ya “junto a Jesús en su trono” y “saborea el maná escondido” Ap 3,21; 2,17. Juan nos lo recuerda con fuerza: “Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe” 1 Jn 5,4.
Pues ésta es la caridad de Dios, que guardemos sus preceptos. 1Jn 5:3

http://www.mercaba.org/FICHAS/Cantalamessa/ha_vencido_el_leon_de_la_tribu_d.htm

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