Igualdad

“Y tú decías en tu corazón: Subiré a los cielos… elevaré mi trono, y me asentaré en el monte de la asamblea… Subiré sobre las cumbres de las nubes y seré Igual al Altísimo”. Pues bien, tú has sido precipitado al infierno, a la más honda mazmorra. Isaías 14:13-15

Así acabó el primero que se quiso hacer igual…

Ese mismo susurro al oído de la mujer “seréis iguales a Dios”:

“Eritis sicut dii scientes bonum et malum” “Seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”.

Allí empezaron nuestros problemas con la igualdad.

“Todos los hombres son iguales porque son criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios”.

Por lo tanto, tenemos el mismo derecho a todo lo que es propio de la condición humana: la vida, salud, trabajo, religión, familia, desarrollo intelectual, etc, además de esa igualdad fundamental, hay desigualdades accidentales entre los hombres puestas por Dios: de virtud, de inteligencia, de salud, de capacidad de trabajo, y muchas otras. Todo ser viviente tiene que estar en armonía con el orden natural de las cosas. Incluso las leyes de la naturaleza van en armonía con la escala jerárquica, la gravedad mantiene a los planetas y estrellas en su sitio, etc

Esta escala jerárquica está en los planes de Dios como un medio para promover el orden por el incentivo dado a los mejores y más capaces. El igualitarismo trae consigo la masificación, la inercia, el estancamiento y, por tanto, la decadencia, porque todo cuanto está vivo, si no avanza, se deteriora y muere.

La parábola de los talentos lo explica así: Dios da a cada uno en una medida diferente y exige de cada uno un fruto proporcional.

La igualdad absoluta destruye la libertad, es una utopía; un mito ideológico que va contra la naturaleza humana. Es anarquía que pretende destruir las leyes naturales.

La única manera de imponer la igualdad utópica es a través de una feroz dictadura.

Luis Felipe II de Orleans era un miembro de la rama menor de la Casa de Borbón, primo de Luis XVI, la dinastía gobernante de Francia.

Estaba encargado de un mando en la marina. Pero por su falta de talento el Rey lo revocó del cargo.

A partir de este momento el Duque de Orleáns, renegó de todos sus títulos y se hizo conocer como “Felipe Igualdad”, sentando las bases de la revolución y obteniendo una gran aprobación popular, se puso de parte de los radicales, apoyando a los jacobinos y a los más extremistas como Jean Paul Marat y Robespierre, firmó a favor de la pena de muerte de su sobrino el rey Luis XVI, aspirando ocupar su cargo… en pago fue guillotinado. Su hijo fue el último rey de Francia, así agradece el diablo a quien le sirve.

La desigualdad esta siendo presentada como antipática, injusta, cruel y anticristiana.

Dios instituyó la desigualdad. Por eso, un universo de criaturas iguales sería un mundo en que se habría eliminado, en toda la medida de lo posible, la semejanza entre criaturas y Creador. Odiar, toda y cualquier desigualdad es, colocarse contra los elementos de semejanza entre el Creador y la creación, es odiar a Dios.

León XIII dice: «todos tienden al mismo fin, que es el mismo Dios, el único que puede dar la felicidad perfecta y absoluta a los hombres y a los ángeles; además, todos han sido igualmente redimidos por el beneficio de Jesucristo y elevados a la dignidad de hijos de Dios, de modo que se sientan unidos, por parentesco fraternal, tanto entre sí como con Cristo, primogénito entre muchos hermanos»

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