Kant, Critica a la Razon

sin amor

Kant postula la existencia de Dios como una exigencia de la moralidad. Humanismo políticamente correcto, para quedar “Bien”.

No mas mandamientos, en su lugar, “valores”.

“Kant había alimentado en su filosofía la esperanza de una vida eterna y de un estadio futuro, en su vida personal se había mostrado muy frío hacia tales ideas. Scheffner le había oído a menudo burlarse de las plegarias y de otras prácticas religiosas. La religión organizada lo sacaba de quicio. Para todos los que lo trataron directamente, era evidente que Kant no creía en Dios. Habiendo postulado a Dios y a la inmortalidad, él mismo no creía en ninguna de estas cosas. Su meditada opinión es que tales creencias son exclusivamente una cuestión de ‘necesidades individuales’.
Y Kant no sentía tal “necesidad”.
Kant, defiende la autonomía del ser humano frente al poder religioso y su capacidad para pensar por sí mismo y para buscar el pleno desarrollo de su ser y de la sociedad a través del uso público de la racionalidad.

• Esto lleva a rechazar toda religión positiva -conjunto de ritos y dogmas aceptados y mantenidos sólo por la autoridad de una tradición o de una iglesia institucionalizada, sin mediar el necesario esfuerzo de reflexión autónoma- : sólo acepta la esperanza última que hallamos en toda religión.
• La religión queda así racionalizada: la religión no va más allá de la razón. Kant se queda en un concepto de religión natural o moral, en coherencia con los ideales seculares de la ilustración. Se trata de una «religión dentro de los límites de la mera razón». Una fe racional.

La salida del estado de minoría de edad que representa para Kant la Ilustración, conlleva, necesariamente la crítica racional de la religión y la depuración de los elementos mitológicos, supersticiosos e infantiles de la fe eclesiástica.
Dice que las revoluciones pueden acelerar los tiempos de este paso, de la fe eclesiástica a la “fe” racional, (yo – dios) la revolución francesa de 1789 tuvo lugar durante su vida.

“Kant toma en consideración la posibilidad de que, junto al final natural de todas las cosas, se produzca también uno contrario a la naturaleza, perverso.
‘Si llegara un día en el que el cristianismo no fuera ya digno de amor, el pensamiento dominante de los hombres debería convertirse en el de un rechazo y una oposición contra él; y el anticristo (…) inauguraría su régimen, aunque breve (fundado presumiblemente en el miedo y el egoísmo). No obstante, puesto que el cristianismo aun habiendo sido destinado a ser la religión universal, por el libre albedrio, podría ocurrir, bajo el aspecto moral, el final (perverso) de todas las cosas” Benedicto XVI

Benedicto en la encíclica Spes salvi, hace ver, siguiendo a Kant, que el cristianismo debe fecundar la racionalidad, pues si algún día desapareciese del orden del mundo, se derivarían las peores atrocidades, sólo gobernaría el miedo y el egoísmo.

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