La Cruz

Heraclio  Jerusalen

El madero de la Cruz, « fue cortado en minúsculos fragmentos, que fueron distribuidos por todo el mundo» San Cirilo, obispo de Jerusalén, año 346.

San Ambrosio y san Juan Crisóstomo nos informan que las excavaciones comenzaron por iniciativa de santa Elena y dieron por resultado el descubrimiento de tres cruces; los mismos autores añaden que la Cruz del Señor, que estaba entre las otras dos, fue identificada gracias al letrero que había en ella.
Rufino, dice que era imposible saber a cuál de las cruces pertenecía la inscripción, Macario, el obispo de Jerusalén, ordenó que llevasen al sitio del descubrimiento a una mujer agonizante. La mujer tocó las tres cruces y quedó curada al contacto de la tercera, con lo cual se pudo identificar la Cruz del Salvador.

En 613 y 614 Damasco y Jerusalén fueron tomados por Cosroes ll y la reliquia de la Vera Cruz fue llevada como trofeo. Se dice que Cosroes la puso en el escabel de su trono para demostrar su desprecio por los cristianos.

Heraclio es recordado favorablemente también por la iglesia occidental por haber sido capaz de recuperar la Vera Cruz de manos de los persas. Cuando Heraclio se aproximaba a Ctesifonte, la capital persa, Cosroes II huyó de su residencia favorita en Dastgerd, cerca de Bagdad, sin ofrecer ninguna resistencia. Mientras tanto, algunos de los nobles persas liberaron al hijo mayor de Cosroes, Kavad II, hecho prisionero por orden de su padre, y le proclamaron rey en la noche entre el 23 y el 24 de febrero de 628. Kavad, sin embargo, estaba mortalmente herido, y buscaba desesperadamente que Heraclio accediese a proteger a su hijo, Ardeshir. Como gesto de buena voluntad, envió la Vera Cruz y a un negociador para buscar la paz en 628.
Tras un desfile triunfal por el Imperio, Heraclio devolvió la cruz a Jerusalén el 21 de marzo de 630. Para los cristianos del Occidente Medieval, Heraclio fue el “primer cruzado”.

La iconografía del emperador aparece en el santuario de Mont Saint-Michel (ca. 1060), y luego se hizo popular sobre todo en Francia, Península Itálica y el Sacro Imperio Romano Germánico. La historia quedó registrada posteriormente en La leyenda dorada, un famoso compendio de hagiografía del siglo XIII; también fue reflejado en obras de arte como la Leyenda de la cruz, una secuencia de frescos pintados por Piero della Francesca en Arezzo, o en una secuencia similar para un altar realizada por Adam Elsheimer (Instituto Städel, Fráncfort). Ambas series muestran escenas de Heraclio junto con la madre de Constantino I, Santa Helena, a la que se atribuye tradicionalmente el descubrimiento de la Cruz. En la escena normalmente aparece Heraclio llevando la cruz debido a que, según la leyenda, insistió en hacerlo en su entrada en Jerusalén en contra de la opinión del patriarca.

Despues de que el emperador Heraclio recuperó las reliquias de la Vera Cruz de manos de los persas, que se las habían llevado quince años antes, el propio emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo, a través de la ciudad, con toda la pompa posible. Pero, tan pronto como el emperador, con el madero al hombro, trató de entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó como paralizado incapaz de dar un paso. El patriarca Zacarías, que iba a su lado, le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargado con la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces, el emperador se despojó de su manto de púrpura, se quitó la corona y, con simples vestiduras, descalzo, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo, hasta dejar la cruz en el sitio donde antes se veneraba la verdadera. Los fragmentos de ésta se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas y, cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre todos veneraron las reliquias con mucho fervor. Los escritores más antiguos siempre se refieren a esta porción de la cruz en plural y la llaman «trozos de madera de la verdadera cruz». Por aquel entonces, la ceremonia revistió gran solemnidad: se hicieron acciones de gracias y las reliquias se sacaron para que los fieles pudiesen besarlas y, se afirma, que en aquella ocasión, muchos enfermos quedaron sanos.

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