La leyenda Negra: Las Casas, el fraile de la pachamama y el canibalismo

Andrés de Tapia (Medellín, Extremadura, España; 1498?-Nueva España, octubre de 1561), fue un soldado y cronista español, que participó con Cortés en la conquista de México.

Escribió una crónica de la conquista: RELACIÓN DE ALGUNAS COSAS DE LAS QUE ACAECIERON AL MUY ILUSTRE SEÑOR DON HERNANDO CORTÉS, MARQUÉS DEL VALLE, DESDE QUE SE DETERMINÓ A IR A DESCUBRIR TIERRA EN LA TIERRA FIRME DEL MAR OCÉANO (En adelante, «Relación de algunas cosas…»). En ella se basaron otros cronistas, entre ellos Francisco López de Gómara, Francisco Cervantes de Salazar, y posiblemente el propio Bernal Díaz del Castillo, a través de Gómara.

Es una crónica muy breve, que como registra el escrupuloso archivero-bibliotecario de Madrid en 1865, ocupa quince hojas de papel en folio, una crónica épica desprovista de todo adorno o digresión, donde revela haber contado decenas de miles de cráneos en lo que se conoció como el Huey Tzompantli, el altar más importante de los aztecas, recién desenterrado en el centro de ciudad de México.

La obra de Bernal Díaz del Castillo “La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”cada página es un retrato pintoresco plagado de detalles. Leer su libro es transportarse al pasado y vivir al lado de un soldado todos los sucesos de la conquista: descripciones de lugares, relatos de personajes, anécdotas, críticas agudas y angustiantes relaciones de fatiga y peligros enfrentados.

Cada uno de los doscientos catorce capítulos se convierten en una vivencia para el lector. Como muestra de la sencillez de su estilo, Bernal narra un asombroso fragmento de cuando los españoles entraron por primera vez a la ciudad de México:

«Luego otro día partimos de Estapalapa, muy acompañados de (…) grandes caciques, íbamos por nuestra calzada adelante, la cual está ancha de ocho pasos, y va tan derecha a la ciudad de México, que me parece que no se torcía poco ni mucho, y puesto que es bien ancha toda iba llena de aquellas gentes que no cabía, unos que entraban en México y otros que salían, y los indios que nos venían a ver, (…) estaban llenas las torres y los cués [templos] y en las canoas y de todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar, porque jamás habían visto caballos ni hombres como nosotros».

Bernal reporta haber contado 100 000 cráneos

Hans Staden (1525-1579) fue un soldado y marinero alemán. En su famoso relato cuenta las penurias que padeció al ser secuestrado por una tribu Tupí en Brasil, cuando Staden se encontraba en una expedición de caza, fue hecho prisionero por los indios de la tribu tupinambá, los que lo llevan a la villa de Ubatuba.

Los indígenas tenían la clara intención de devorarlo en la siguiente festividad. También nos afirma que logró una gran amistad con un jefe local, a quién curó de una enfermedad, esto ayudó para que los miembros de la tribú le perdonaran la vida. Los portugueses trataron varias veces de pagar un rescate, pero los indios no lo aceptaron. Finalmente logró escapar en el barco francés Catherine de Vatteville, después de 9 meses de cautiverio y escribió el libro “Verdadera historia y descripción de un país de salvajes desnudos que devoran hombres en la América del Nuevo Mundo”. destaca el aspecto morboso del canibalismo y la brutalidad de los nativos, Los habitantes son comedores de hombres salvajes, desnudos, muy impíos y crueles. 1595

  • La Brevísima relación de la destrucción de las Indias, es un libro poblado de errores, mentiras, falsos testimonios e imprecisiones. Para desarrollar cualquier acusación sobre acontecimientos históricos deben cumplirse unos requisitos indispensables, como son los de indicar la fecha, el lugar, los protagonistas y la descripción de los hechos, cosa que no existe en el libro publicado en 1552, por Bartolomé de Las Casas un encomendero, descendiente de franceses (Casaus), con cierto resentimiento hacia lo Hispano, que decidió tomar los hábitos dominicos y a los 35 años ingresa en la Orden de los Dominicos donde recibirá el orden y paradójicamente se convirtira en uno de los más acérrimos defensores de los derechos de los amerindios.

Su padre, Francisco Casaus, había acompañado a Colón en su segundo viaje al otro lado del Atlántico y, anclando en las Antillas, se dedicaba al redituable negocio de la plantación, usando para ellos, a muchos indios como esclavos.

Lo que llevo a una comisión nombrada por el rey para oír al padre Las Casas y estudiar el problema de las Indias, dando lugar a la redacción de las Leyes Nuevas para reformar el Derecho indiano y el mismo rey le concedió cuatro esclavos negros para su servicio, que aceptó y usó, que jamás sufrió ninguna persecución, murió de noventa y dos años cobrando una pensión, a cargo de la Corona española, de 350.000 maravedíes como recompensa a su amor por los indios. A pesar que había sentado como tesis principal que todo dinero proveniente de Indias era un robo a los indios y que aceptar dinero robado obliga en conciencia a “reparar in solidum”, no vaciló en 1516 cuando recibió 100 pesos oro anuales como procurador de indios; como obispo, en 1524, cobraba 500.000 maravedíes anuales; Y ¡nunca discutió por el origen de esa paga!

Después, en 1547 le aumentó con algunos párrafos e intentó imprimir una versión muy retocada usando un seudónimo: Felipe II y ante la hostilidad que la obra despertó entre los castellanos de ambos lados del Atlántico, mandó recoger todas las obras que no llevasen licencia real expresa, es decir, los «Tratados», o la Brevísima. Lewis Hanke Profesor de la Universidad de Harvard y luego en la de Columbia en Nueva York, advierte sobre las excesivas generalizaciones del dominico, señalando el ingente esfuerzo legislativo de la Corona para proteger a los indios, incluyendo castigos a los infractores.

Otro rasgo muy significativo es la inclinación irresistible que sentía hacia la exageración. Si sumamos la cifra de indios supuestamente asesinados por los españoles se elevarían los mismos, según el cálculo realizado por de Las Casas, a unos 30 millones, cuando según estudios actuales, se cifra el total de la población en 12 millones. Con lo cual, los españoles, según Las Casas, habrían asesinado a más del doble de la población real, cosa, que según el, vio con sus propios ojos. Para alcanzar esta cifra el estudioso Levillier, nos hace caer en cuenta que los españoles deberían haber matado 700.000 indios por año, es decir bastante más de 2.000 diarios y sin descansar ni de día ni de noche.

La verdad es que “Solo el 5% del continente se hallaba poblado”, según Ángel Rosemblat, la población precolombina ascendía alrededor de 13.300.000 habitantes. De ellos se perdieron 2.500.000, hasta 1570. Pero, como ya lo había hecho notar Humboldt, en el siglo XVII la población aborigen había aumentado considerablemente, y en México había superado los niveles que existían antes del arribo de los españoles. Todo lo cual se puede verificar por la sustentación alimentaria, según las técnicas de cultivo de las diversas épocas, pero hay una posible causa del descenso poblacional, el desgano vital hasta el suicidio anómico, del que hablaba Durkheim.

Muchas veces mutila y cambia los textos de documentos públicos conocidos, como la Bula de Alejandro VI, en la que se donan las tierras del Nuevo Mundo a la Corona de Castilla. Las Casas se precia siempre de haber sido testigo directo de lo ocurrido, de allí que sus relatos gocen de tanta autoridad. A lo largo de sus escritos se lee normalmente la siguiente frase “yo vide…”, “yo vide…” (“yo vi”) frase que, tratándose de un sacerdote y obispo, hacen de su testimonio casi un juramento, como narra un autor, autorizadamente Menéndez Pidal: “holgadamente se hallaba Las Casas, en un ambiente profetista, situándose fuera de toda realidad, y ¡con cuánta sencillez falseaba por completo la verdad de todo lo que le rodeaba!”.

En los 40 años a los que su relato se refiere, señala el gran estudioso Rómulo Carbia, en la obra del fraile dominico “nada se concreta, ni geográfica ni cronológicamente”. Una sola vez aparece en el relato el nombre de uno de los responsables de las supuestas atrocidades. En los otros casos el “tirano” (es decir, “el español”) queda como cubierto por una penumbra imposible de descubrir. Todo es más y lo mismo: las fechas, las cantidades, los nombres, los lugares; todo es confuso y sin precisión. No se priva de ninguna opinión: hasta de la conquista del Río de la Plata, en donde dice, desconociendo los pormenores y no habiendo estado jamás allí, que en estas tierras australes se habían “ejecutado las mismas obras que en todas partes…”.

En su Historia de las Indias manifiesta que vio, “con sus propios ojos”, más de 30.000 ríos en la isla Española. Ríos que no existen, no sabía ni donde estaba y reincidió en el error de Colón, creyendo estar en tierras del Ganges

Tampoco lo movía un ideal de fraternidad, ya que disculpaba la esclavitud que los indios practicaban con otras tribus vecinas y –como dijimos antes– en sus memoriales de 1531 y 1542 proponía la introducción de hasta 4.000 afri­canos para que, como esclavos, trabajasen en reempla­zo de los indios. Ni se distinguió por su acción caritativa, como decía su impugnador, el padre Motolinía, en carta a Carlos V: “ni aprendió la lengua de los indios, ni se aplicó ni se humilló a enseñarles. (…) Él acá apenas tuvo cosa de religión… porque todos sus negocios han sido con algunos desasosegados, para que le digan cosas que escriba conforme a su apasionado espíritu contra los españoles mostrándonos que ama mucho a los indios y que él solo los quiere defender y favo­recer más que nadie. En lo cual acá muy poco tiempo se ocupó, si no fue cargándolos y fatigándonos. Vino (así) el de Las Casas, siendo fraile simple, y aportó a la ciudad de Tláxcala, traía tras de sí cargados 27 o 37 indios que acá llaman ‘tamenses’…”

Fray Toribio de Benavente, alias Motolinía, un incansable apóstol de los indígenas Franciscano y contemporáneo de Las Casas, le escribió a Carlos V para dar noticia de “la otra campana” de la conquista de América, no conforme con desenmascarar a Las Casas exaltó la labor de conquistadores y misioneros, las proezas de Cortés y el beneplácito de los naturales ante la liberación del horrible yugo azteca que significó para ellos el descubrimiento y conquista española del territorio mexicano. Motolinía desenmascaró a Las Casas como un fabulador sin fundamentos, y ensalza la epopeya digna de encomio que para los desdichados toltecas, culhuas, chichimecas, otomís y tantas otras tribus, significo la llegada de los españoles que les devolvieron su verdadera dignificación.

Principalmente la viruela, pero también el sarampión, la gripe, la peste bubónica, la tuberculosis, la malaria o la fiebre amarilla fueron responsables de la muerte de hasta un 97% de la población indígena.

La desaparición de la superficie de la tierra de todas las tribus indias que presenciaron la colonización de Manhattan, Jamestown o de Plymouth Rock, mientras que los indios que encontró Hernán Cortés en el Yucatán y en Méjico siguieron allí y hoy día sus descendientes habitan mayoritariamente esos pueblos.

El sistema español propició una igualdad humana que no creo el sistema anglosajón. No hubo ningún racismo en la colonización española; laicos y religiosos sentían que todos, indios y españoles, eran hijos de Dios, iguales en dignidad personal.

La Conferencia episcopal sacó una oración a la pachamama, que se está recitando en las parroquias…

Bartolomé De las Casas llegó a defender los sacrificios humanos, argumentando que eran un notable mérito de los indios. Decía que :»Si un pagano considera a su dios como verdadero, es natural que le ofrezca lo que más tiene de valor, es decir, la vida de los hombres». Y seguía «El legislador puede y debe obligar a algunos del pueblo a que sean inmolados para ser ofrecidos en sacrificio, los cuales al sufrir tal inmolación se supone que la quieren y desean con acto lícito».( «Fray Bartolomé de las Casas, a la luz de la moderna crítica histórica», 1.970. Losada, Angel»).

Motilinia escribió al rey denunciando a las casas asi: “No tiene razón el de Las Casas de decir lo que dice y escribe y exprime (es un) ser mercenario y no pastor, por haber abandonado a sus ovejas para dedicarse a denigrar a los demás”

Otra nota de la personalidad de éste extraño fraile es la puerilidad con que se vanagloriaba en sus escritos. Como ejemplo, transcribo un fragmento de una de sus famosas Cartas al Consejo fechada el 15-10-1.535. «Y me puedo jactar delante de Dios que hasta que Yo fuí a esa real corte, aún en tiempos en que vivía el Católico Rey D. Fernando, no se sabía que cosa eran las Indias ni su grandeza, opulencia y prosperidad».

España, llevó Universidades a los territorios Américanos, en 1530 había ya tres (Sto. Domingo, Méjico y Lima), superando a muchas naciones europeas de la época.

Todo, lo sacrificó España al catolicismo, recibiendo en compensación esa inmensa e incontable legión de teólogos, misioneros y místicos que tanto esplendor han dado a La Iglesia.

La gobernación española en América duró tres siglos y fue uno de los periodos de paz más extenso y más largo de cualquier otro tiempo y lugar. Allí sembró España el cristianismo, su sangre y lo que hoy se conoce como civilización occidental.

https://ifvmes.wordpress.com/2015/05/11/el-turolato-y-loco-agitador-creador-de-la-leyenda-negra-antiespaola-bartolome-de-las-casas/

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