La persecución de los primeros Cristianos

Según el Nuevo Testamento, la persecución de los primeros cristianos continuó después de la muerte de Jesús. Pedro y Juan fueron encarcelados por los jefes judíos, incluido el sumo sacerdote Ananías, quien no obstante los liberó más tarde (Hechos 4:1-21). En otro momento, todos los apóstoles fueron encarcelados por el sumo sacerdote y otros saduceos, pero fueron liberados por un ángel (Hechos 5:17-18). Los apóstoles, tras haber escapado, fueron llevados nuevamente ante el Sanedrín, pero esta vez Gamaliel, un rabino fariseo bien conocido de la literatura rabínica, convenció al Sanedrín de liberarlos (Hechos 5:27-40).

La ejecución de Esteban fue seguida de una gran persecución de cristianos (Hechos 8:1-3), dirigida por el fariseo Saulo de Tarso, enviando a muchos cristianos a prisión. Según el Nuevo Testamento, esta persecución continuó hasta que Saulo se convirtió al cristianismo (y cambió su nombre a Pablo), tras confesar haber visto una luz brillante y oído la voz de Jesús en el camino hacia Damasco, donde estaba viajando para encarcelar a más cristianos (Hechos 9:1-22).

Hechos 9:23-25 dice que «los judíos» en Damasco trataron entonces de matar a Pablo. Estaban esperándole en las puertas del pueblo, pero los evadió al ser bajado sobre el muro de la ciudad en una canasta por otros cristianos y luego escapó hacia Jerusalén, allí tuvo dificultad para convencer a los cristianos de Jerusalén que él, su antiguo perseguidor, se había convertido y de que ahora estaba siendo perseguido a su vez (Hechos 9:26-27).

Fue entonces que hicieron otro atentado contra su vida, esta vez por «judíos griegos;» refiriéndose a un grupo de judíos helenistas (Hechos 9:29), con quienes él debatió en Jerusalén.

Aquila y Priscila fueron acusados de ateísmo, por exclusivistas, intolerantes, fueron acusados de proselitistas, por pregonar la buena nueva, fue el principio de las persecuciones por parte de los paganos. Los cristianos eran Acusados de practicar magia, por expulsar demonios y tener libros mágicos, un libro que la gente leía y la convertía en algo diferente en Hijo de un Dios, la biblia.

Los judíos pagaban a los paganos para que los persiguieran.

En la carta 110 de Plinio el Joven (61-113 dc) al emperador Trajano, se nota que el problema cristiano ya es un asunto totalmente desligado de ninguna cuestión judía. A los cristianos se les perseguirá simplemente por serlo, las propias comunidades judías serán quienes atizarán el interés de las autoridades contra la los seguidores de Cristo.

La persecución neroniana del año 64 fue, en realidad, consecuencia de la presión de las autoridades sinagogales romanas.

La existencia en la corte de Nerón de importantísimos personajes que conformaron lo que podríamos llamar un lobby judío, grupo de presión, a cuya cabeza estaba, Popea, la esposa del Emperador, a quien Flavio Josefo caracteriza como metuente, termino latín que Juvenal usa para los prosélitos judíos, personas piadosas, fuera de la casa de Israel, o ciertos gentiles que habían adoptado las costumbres judías, en particular la observancia del sábado y la abstención de lo prohibido.

Esta Popea, en otras ocasiones, ya había intercedido ante Nerón a favor de los judíos como vemos en (Antigüedades de los judíos 20, 8, 11; asimismo, Tácito Anales 16, 6; Historias 1, 22). Es importante saber que en puestos muy cercanos al emperador Nerón, hay importantes funcionarios de notorias afinidades judías. Tal es el caso de Antonio Félix, liberto imperial, procurador de Judea (52-58) y casado con Drusila, hija de Herodes Agripa I (Hechos 24, 24).

Es por esto que Pedro Advierte en su primera carta:

“Tened en medio de los gentiles una conducta ejemplar a fin de que, en lo mismo que os calumnian como malhechores, a la vista de vuestras buenas obras den gloria a Dios en el día de la Visita. Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana: sea al rey, como soberano, sea a los gobernantes […]. Pues esta es la voluntad de Dios: que obrando el bien, cerréis la boca a los ignorantes insensatos. (2, 12-15; asimismo, 1, 6-7)

 

No adorar el emperador “divo emperator”, ni pagar el impuesto para solventar la divinidad, era un crimen y los cristianos no lo pagaban porque aceptarían con ello que existe más de un Dios.

 

Los cristianos eran obligados a escoger, apostasía o tortura y martirio, había tres tipos de apostatas, los lapsus eran los apostatas que renegaban de Dios, los sacrificati turificati, eran los que sacrificaban al emperador y por último los libelatici, que pagaban por un certificado de apostasía para salvarse.

Policarpo de Esmirna (c. 70 – c. 155) fue un obispo romano de la Iglesia primitiva. Considerado por la Iglesia católica como padre apostólico o conocedor en vida de algunos de los apóstoles. Fue obispo de la ciudad de Esmirna, siendo consagrado por San Juan, Policarpo, unos días antes de ser arrestado y sentenciado a la muerte, de repente fue vencido por el sueño, mientras oraba. En ese sueño tuvo una visión, en la cual vio la almohada en que se reclinaba encenderse de repente y consumirse… Se despertó del sueño y concluyo que iba a sufrir el martirio por medio de fuego, a causa de Cristo.

Cuando llegaron cerca los que le iban a encarcelar, los amigos de Policarpo trataron la manera de esconderle en otro pueblo. Sin embargo, sus perseguidores le descubrieron allí, con la ayuda de dos jóvenes, a quiénes hubieron azotados para que dijesen dónde se encontraba Policarpo. Fácilmente hubiera podido escapar del cuarto en que vivía, para huir a otra casa cercana, pero no quiso hacerlo, diciendo: —Sea hecha la voluntad de Dios.

Bajó la escalera para recibir cordialmente a sus perseguidores y los saludó tan amablemente que algunos, quiénes no le habían conocido antes, dijeron con pena: —¿Por qué hicimos tanto alboroto para aprehender a este anciano tan manso?

Inmediatamente Policarpo mandó que los de la casa preparasen una comida para sus opresores, y les rogó a estos que comiesen bien, implorándoles también que le otorgasen una hora de soledad, para orar mientras ellos comieran. Esto le fue concedido. Durante esa oración, revisó su vida entera y luego encomendó la congregación en las manos de Dios y su Salvador. Al terminar la oración, le montaron en un asno y llevaron a la ciudad. Fue el domingo, día de la gran fiesta.

Nicetes y su hijo Herodes, llamado el príncipe de paz, fueron al encuentro de los alguaciles y Policarpo. Hicieron desmontar a Policarpo y le acomodaron en su carro de caballos. Así pensaron persuadirle que negase a Cristo, diciendo: —¿Que te cuesta solamente decir ‘Señor emperador,’ y ofrecer holocausto o incienso ante él, ¿para salvarte la vida?

Policarpo no les contestaba nada, pero, puesto que iba insistiendo, al fin les dijo: —Nunca voy a cumplir lo que me piden y aconsejan ustedes.

Cuando vieron la firmeza de su fe, empezaron a golpearle y lo arrojaron del carro. Al caer, el anciano se lastimó gravemente una pierna, pero, levantándose, él mismo se entregó otra vez en las manos de los alguaciles y siguió caminando al lugar de su muerte; sin ninguna queja en cuanto a la pierna lastimada.

Luego de entrar el anfiteatro, dónde le iban a ejecutar, una voz del cielo le habló a Policarpo, diciendo: —¡Fortalécete, Oh Policarpo! Sé firme en tú confesión y en el sufrimiento que te espera—. Nadie sabía de dónde provenía la voz, pero muchos creyentes la escucharon. Sin embargo, a causa de la gran bulla, la mayoría de la gente no la escuchó. Pero este acontecimiento animó bastante a Policarpo y a los demás que sí, la escucharon.

El gobernador aconsejó a Policarpo que tuviese piedad de sí mismo por razón de su edad avanzada, y que negase su fe en Cristo de una vez por medio de un juramento en el nombre del emperador. Policarpo le contestó: —He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno el mismo. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?

Al escuchar ese testimonio, el gobernador amenazó de echar a Policarpo al foso de las fieras, si continuaría firme en su testimonio.

—Tengo listas las fieras y te echaré entre ellas, a menos que cambies de pensar.

Policarpo contestó sin temor alguno: —Qué vengan las fieras, porque no cambiaré mi fe. No es razonable cambiarnos del bien al mal por razón de las persecuciones; mejor sería que los hacedores de maldad se convirtiesen del mal al bien.

El gobernador respondió: —Está bien, si no quieres negar tú fe y a las fieras no les tienes miedo, te vamos a quemar.

Una vez más Policarpo les contestó, diciendo: —Usted me amenaza con el fuego que arderá tal vez una hora y luego se apagará; pero usted no sabe de la llama del juicio de Dios que es preparada para el castigo y tormento eterno de los impíos. Pero, ¿por qué demora? Traiga las fieras, traiga el fuego, o traiga lo que sea; ningún tormento me hará negar a Cristo, mí Señor y Salvador.

Al fin, cuando la gente ya se había cansado de la averiguación, demandó su muerte, y Policarpo fue entregado para ser quemado. Inmediatamente juntaron un montón de leña y viruta. Cuando Policarpo vio eso, empezó a quitarse la ropa y los zapatos, alistándose para acostarse sobre la leña. En seguida, los verdugos le alistaron para clavarle las manos y los pies en la madera, mas Policarpo les dijo: —Dejen, El que me dará la fuerza para aguantar la llama del fuego, me fortalecerá en el martirio”

Antes del año 70 vivían dos millones y medio de judíos en Judea y bastante más de cuatro millones en la diáspora romana.

De los que vivían en Judea más de 1.200.000 fueron asesinados por los romanos según flavio josefo.

Filón, un judío alejandrino, afirmó que en Egipto había por lo menos un millón de judíos en ese tiempo. También había una gran cantidad en la cercana Libia, en la ciudad de Cirene y sus alrededores.

“había poblaciones judías en todo el territorio de las llanuras del Tigris y el Éufrates, desde Armenia hasta el golfo Pérsico, así como hasta el mar Caspio al nordeste, y Media al este”. Según la Encyclopaedia Judaica, había 800.000 judíos o más.

Muchos creyeron en Jesús y se convirtieron ante la contundencia de la resurrección y las profesión cumplidas.

Entonces los fariseos empezaron a quitar la dignidad de judío a los hijos de cristianos y a destruir las comunidades de cristianos conversos arrasando matando y quemando. En Chipre los judíos masacraron a la población siendo reprimidos después por Roma con toda severidad.

Todo esto trajo consecuencias gravísimas para los judíos, ya que cada vez era mayor el odio que se les tenía por todo el Imperio. En cada ciudad donde había una comunidad judía sus habitantes, ciudadanos romanos o no, sentían cada vez mayor desprecio y animadversión contra ellos sucediéndose los incidentes que presagiaban un nuevo derramamiento de sangre. Adriano, harto de la situación, ordenó una serie de medidas muy duras como la prohibición de la circuncisión.

Por todo el Mediterráneo los judíos atacaron a los cristianos provocando de nuevo las consabidas matanzas. En 135 Severo toma Jerusalén y se terminan con los últimos reductos aislados.

El emperador Adriano no se anduvo con contemplaciones. Romanos y no romanos pedían un escarmiento ejemplar y Adriano dictó las condiciones de la derrota. Esta vez no les dejaría ni la tierra:

El judaísmo fue prohibido en la Tierra Prometida de Israel y el pueblo judío dispersado en una diáspora que despobló Palestina. La religiosidad sacrificial desapareció, con lo que los fariseos fortalecieron aún más el control absoluto y exclusivo de la espiritualidad judía.

De los que vivían en Judea alrededor de 1.200.000 fueron asesinados por los romanos según Flavio Josefo.

Tito se negó a aceptar una corona de la victoria decretada por el Senado de Roma, ya que “no hay mérito en derrotar un pueblo abandonado por su propio Dios”.

Muchos creyeron en Jesús y se convirtieron ante la contundencia de la resurrección y las profecías cumplidas.

Entonces los fariseos empezaron a quitar la condición de judío a los hijos de cristianos-Judíos y a destruir las comunidades de cristianos conversos arrasando matando y quemando. En Chipre los judíos masacraron a la población cristiana siendo reprimidos después por Roma con toda severidad.

Todo esto trajo consecuencias gravísimas para los judíos, ya que cada vez era mayor el odio que se les tenía por todo el Imperio. En cada ciudad donde había una comunidad judía sus habitantes, ciudadanos romanos o no, sentían cada vez mayor desprecio y animadversión contra ellos sucediéndose los incidentes que presagiaban un nuevo derramamiento de sangre.

Adriano, harto de la situación, ordenó una serie de medidas muy duras como la prohibición de la circuncisión.

Por todo el Mediterráneo los judíos atacaron a los cristianos provocando de nuevo las consabidas matanzas.

En 135 Severo toma Jerusalén y se termina con los últimos reductos aislados.

El emperador Adriano no se anduvo con contemplaciones. Romanos y no romanos pedían un escarmiento ejemplar y Adriano dictó las condiciones de la derrota. Esta vez no les dejaría ni la tierra. El judaísmo fue prohibido en la Tierra Prometida de Israel y el pueblo judío dispersado en una diáspora que despobló Palestina. El sacrifico desapareció y los fariseos se hicieron al control absoluto y exclusivo de los que continuaron siendo judios.

Los que terminaron pagando fueron los Cristianos. Predicaban el amor y no se defendian, los judios canalizaron hacia ellos el odio. Finalmente su lider era un crucificado.

Trajano fue a Antioquía y exigió que todos sacrificaran a los dioses. Ignacio, obispo de Antioquía y pupilo del apóstol Juan, se rehusó y fue martirizado al ser arrojado a los animales salvajes. Ignacio escribió esto a Policarpo, otro discípulo de Juan, camino a Roma: “Que el fuego, la horca, los animales salvajes, los huesos quebrados, el desmembramiento, los moretones en todo el cuerpo, y los tormentos del diablo y del infierno mismo vengan sobre mí, para que pueda ganar a Cristo Jesús”. Todos los asistentes al Coliseo abrazaron su Fe.

Tertuliano, escribiendo en 196 d.C., dijo: “Los cristianos tienen la culpa de todo desastre público y toda desgracia que sobreviene al pueblo. Si el Tíber sube hasta los muros, si el Nilo no sube e inunda los campos, si el cielo retiene la lluvia, si hay un terremoto o hambre o plaga, enseguida surge el clamor: ‘¡Los cristianos a los leones!’”. Todos los emperadores en mayor o menor medida persiguieron a los cristianos, los emperadores Decio y Diocleciano culparon a los cristianos por las invasiones de los godos y los desastres naturales.

Entre el año 303 y 311, la iglesia soportó persecuciones tan terribles que todo lo que ocurrió anteriormente fue olvidado.

Nunca se sabrá realmente el número de millones muertes que produjo esta especie de posesión Satánica del mundo Romano y Neopagano contra los cristianos de ayer y de hoy.

Entre 303 y 304 d.C. se emitió un edicto por el cual “Las iglesias cristianas debían ser quemadas”, “todas las copias de la Biblia debían ser quemadas; todos los cristianos fueron privados de cargos públicos y derechos civiles; y finalmente, todos, sin excepción, debían hacer sacrificios a los dioses so pena de muerte” además “que todas las provisiones en los mercados debían ser rociadas con vino del sacrificio (a los Idolos)”, los cristianos tenían que cometer apostasía o morirse de hambre, se consideraba que los cristianos odiaban a la raza humana (odium generis humani).

En las tres primeras rebeliones (66 -135 dC), mueren hasta 2,5 millones de personas: ¡el 3½ por ciento de la población del Imperio! Cerca de los dos tercios son civiles indefensos:

Mientras tanto en Israel, el Ejemplo de la exitosa rebelión de los Macabeos (165 aC), -quienes habían conseguido la independencia para su pueblo y se convirtieron en la dinastía real hebrea, apoyados por los hasideos (de donde vienen los fariseos), saduceos y esenios, autores de los manuscritos del Mar Muerto- llenaba a Israel la esperanza, aunque estos macabeos poco después se fusionaron con los Fariseos, lo que obligo a los Esenios a abandonar el Templo y desde entonces pregonaron la inminente llegada del Mesías.

Fueron estos Fariseos quienes finalmente asesinaron al Mesías para que se cumpliera todo lo que los esenios habían encontrado en las escrituras, pero más grave aún estos Fariseos pregonaron públicamente para conseguir de los Romanos Su crucifixión “que Su sangre caiga sobre Nosotros y nuestra descendencia”

La decisión cristiana de evangelizar griegos y demás gentiles sin ceñirlos a la práctica judaica, esto es, sin circuncidarse, es tenida como una amenaza profunda por el judaísmo y los seguidores de Jesús, hasta entonces más corriente religiosa judía que iglesia independiente, decide evangelizar solo a los gentiles y se aleja de la sinagoga de satanás.

Los zelotes o ‘celadores de la fe’, corriente religiosa nacionalista y teocrática, lideran la Gran Revuelta Judía, primera guerra y rebelión contra Roma (66-73 dC). Entre los zelotes, resalta una facción particularmente violenta y sectaria: los ‘sicarios’. En su primera fase , la rebelión extermina a los griegos y ‘helenizados’ de Jerusalén (capital de Judea), Cesárea (en Samaría) y otras ciudades judías, considerados como herejes y aliados al Imperio.

La élite judía, también helenizada, huye o es masacrada. El cruento sitio Romano termina con el incendio del Templo (del año 70) y la muerte de casi todos los moradores: no menos de 600.000 estima Tácito; hasta 1.100.000 personas, según el judío romanizado Flavio Josefo. Los pocos sobrevivientes mueren sin rendirse (Herodio, Macareo, Masada).

El Imperio esclaviza y deporta 100.000 judíos, arrasa a Jerusalén, cuyo templo no será reconstruido, y la condena a permanecer en ruina por 60 años.

En 116 dC, poco antes de morir Trajano, la Guerra de Kitos, segunda rebelión judía contra el Imperio (115-17), arranca con otro baño de sangre, según el historiador romano Casio Dío: exterminio de la población griega de Cirene, en el actual litoral libio (220.000 personas), seguido por el de los griegos de Salamis en Egipto (240.000), a donde ingresan los rebeldes. En ese país, la implacable represión romana lleva decenas de miles de judíos a la muerte. Para Adriano, quien asume en 117 DC, el pueblo judío rechaza la asimilación.

En 132 estalla la segunda guerra. Jerusalén, Gaza, Absalón son ocupadas, los ‘celotes’ helenizados, cristianos-judíos d son masacrados. La población ‘prebélica’ es cercana a 10 millones en el año 66 dC. Hoy, la población judía mundial es casi la misma, lo que comprueba que los judíos de aquel entonces prefirieron creer en el mesias y hacerse cristianos, razón por la cual fueron masacrados

Estalla asi una guerra de guerrillas, que cobra la vida de 70.000 a 90.000 soldados romanos y cerca de 600.000 judíos.

Expulsados de Jerusalén, los rebeldes frenan el avance imperial con una política de ‘tierra arrasada’ y se refugian en Betar, aniquilida por el ejército imperial en 135, junto con otras 50 ciudades y cerca de 1.000 pueblos, o en grutas del desierto de Judea en donde mueren, ‘atrapados sin salida’ por la legión romana. En Israel, el exterminio romano es conocido como el ‘primer Holocausto’. Judea es rebautizada Siria-Palestina y sus moradores judíos son esclavizados o exiliados por 200 años.

La persecución en Roma y el mundo Helénico

Aparte de las persecuciones de Nerón y Domiciano, durante el siglo I los cristianos tuvieron que enfrentarse con mayor frecuencia con la animadversión de los escribas y fariseos, rectores del judaísmo, que con las autoridades romanas.

Sobre la base de diversos testimonios, se afirma que durante la segunda mitad del siglo I, todo el siglo II y hasta el siglo IV, los cristianos fueron también perseguidos por autoridades del Imperio romano, que consideraba a los cristianos, judíos sediciosos o rebeldes políticos.

El historiador Suetonio escritor prominente de principios del siglo II corrobora la versión, señalando que entre las obras públicas de Nerón se contaba que «persiguió a los cristianos». Esta sería una de las razones que habrán llevado a cristianos como Pedro o Pablo a la muerte en Roma, de lo que hablan escritores cristianos de los primeros siglos como Clemente I, menciona las revueltas causadas en Roma en tiempo del emperador Claudio «por un tal Cresto», menciona en su «Vida de los doce césares», que, durante el reinado de Nerón, «fueron perseguidos bajo pena de muerte los cristianos, una secta de hombres de una superstición nueva y maléfica».

Tácito, en sus Anales, habla de la persecución a los cristianos («nombre que toman de un tal Cristo»), por parte de Nerón, escribió a principios del siglo II que ante el rumor popular de que el incendio se había originado por orden superior, halló en los cristianos los chivos expiatorios que en principio satisficieron la ira del pueblo. Fueron cruelmente reprimidos, son famosas las fiestas de Neron alumbradas por teas humanas, que iluminaban la via eran cristianos ardiendo, miles de ellos… Y en ausencia de un discurso específicamente anticristiano, se vio obligado a imputarles como autores de incendio, y a aplicarles, de paso, las acusaciones habituales en el discurso antijudaico de la época, sobre todo, el “odio al género humano” que albergaban los cristianos dentro de sí (Tácito Anales 15, 44).

Octavio de Minucio Félix (8-9):

 

  1. a) Los cristianos constituyen una chusma de hombres ignorantes y, sobre todo, de mujeres supersticiosas (Qui de ultima faece collectis imperitioribus et mulieribus credulis sexus sui facilitate labentibus);

 

  1. b) Se trata de un culto por completo irracional (pro mira stultitia et incredibilis audacia! spernunt tormenta praesentia, dum incerta metuunt et futura, et dum mori post mortem timent, interim mori non timent);

 

  1. c) Practican ritos secretos y nocturnos (nocturnis congregationibus; latebrosa et lucifuga natio…);

 

  1. d) Desprecian a los dioses y los ritos del estado (templa ut busta despiciunt, deos despuunt, rident sacra);

 

  1. e) Y también al resto de los hombres (occultis se notis et insignibus noscunt et amant mutuo paene antequam noverint);

 

  1. f) Se entregan a todo tipo de desenfreno sexual sin excluir el incesto (ac se promisce appellant fratres et sorores, ut etiam non insolens stuprum intercessione sacri nominis fiat incestum);

 

  1. g) Practican ceremonias monstruosas (Audio eos turpissimae pecudis caput asini consecratum inepta nescio qua persuasione venerari: (…) alii eos ferunt ipsius antistitis ac sacerdotis colere genitalia…).

 

  1. h) Ante semejante cúmulo de maldad, la conclusión es evidente hay que eliminar esta suerte de sociedad digna de todo vilipendio: Eruenda prorsus haec et execranda consensio.

 

 

Tertuliano, en su Apología contra los gentiles, escrita en el año 200, explica cuáles eran los delitos que la fama imputaba a los cristianos:

 

Que en la nocturna congregación sacrificamos y nos comemos un niño.

Que en la sangre del niño degollado mojamos el pan y empapado en la sangre comemos un pedazo cada uno.

 

Hubo diez grandes persecuciones romanas contra el Cristianismo, denominadas generalmente con el nombre de los emperadores que las decretaron:

Nerón,

Domiciano,

Trajano,

Marco Aurelio,

Septimio Severo,

Maximiano,

Decio,

Valeriano,

Aureliano y

Diocleciano. Hacia el año 302 Galerio, pagano devoto, presionó a Diocleciano para empezar una persecución general contra los cristianos, tras consultar al oráculo de Apolo (un ángel caído).

 

Hay historiadores que describen esta persecución como «la más grande y la última», «la más violenta», y hasta dicen que fue «nada menos que el exterminio del nombre de cristiano».

La persecución de Diocleciano, también llamada «Gran Persecución», fue la última y quizá más sangrienta persecución a los cristianos en el Imperio romano. En 303, la tetrarquía formada por los augusti Diocleciano y Maximiano y los césares Galerio y Constancio emitió una serie de edictos que abolían los derechos legales de los cristianos y exigían a la vez que cumplieran con las prácticas religiosas tradicionales. Edictos posteriores se enfocaron en el clero y demandaban sacrificios universales, ordenando a todos los habitantes realizar sacrificios a los dioses.

Los diez mil mártires de monte Ararat fueron los soldados romanos que, dirigidos por San Acacio, se convirtieron al cristianismo y fueron crucificados en el Monte Ararat en Armenia por orden del emperador romano Diocleciano, no hay consenso si ocurrió en Nicomedia o Ararat.

Puesto que el cristianismo era considerado ilegal en el imperio, los cristianos debían ocultarse.

Sus reuniones serían entonces secretas y son famosas las catacumbas de la ciudad de Roma, donde los cristianos se reunían.

Una de las razones de la persecución aparte de las mentiras difundidas por los judíos, fue el hecho de negarse a adorar como Dios al emperador.

 

La razón por la cual las persecuciones se ensañaron con los elementos litúrgicos, -llegando incluso a consagrar a los ángeles caídos o ídolos del panteón Romano todo el vino que se producía en los mismos viñedos, de manera que no sirviera a la transustanciación- era el pensamiento pagano introducido por los judíos entre los Romanos, sobre un libro secreto que convertía a los cristianos en ángeles u otra criatura desconocida, y la costumbre de los seguidores de un tal “cresto”, que se tomaban la sangre de un sacrificado y consumían su cuerpo, pero para hacer el sacrificio necesitaban verdadero vino y un libro secreto.

Esto los llevo, dado el grado de ignorancia suma, donde los que sabían leer eran solo los cristianos, que consultaban la biblia, los escribas judíos, y los helenizantes que eran judíos cultos que ahora eran agnóstico y los peores enemigos de los cristianos, los llevo reitero, a buscar destruir las cartas Paulinas y todo lo que hablara de Jesús no solo en el antiguo testamento, sino en los libros paganos como la república que ya habla de un “justo crucificado”.

Buscando como decíamos destruir todo vestigio profético, animaron a los paganos a incendiar el tesoro más grande para el cristianismo, cuál era la biblioteca de Alejandría, donde se depositaba no solo la biblia Septuaginta, cartas de los apóstoles hasta ahora pérdidas, profecías platónicas y aristotélicas, hasta evangelios apócrifos.

Sería la iglesia primero de la mano de San Gerónimo luego con dan Benito y luego los benedictinos y toda la cristiandad, quienes rescataron los tesoros quemados miserablemente, con el único objetivo que negar el hecho histórico de la encarnación del mismísimo Dios, profetizada a todas las naciones.

Este hecho es tan claro que los judíos aún esperan al mesías, los musulmanes lo mismo al que llaman el imán Mahdi, los budistas e hinduistas esperan la reencarnación de Brahaman o el Krishna, Buda etc.

Nunca sabremos las profecías que se perdieron, lo que se sabe es gracias a lo que se salvó de qumram que también creyeron haberlo destruido todo.

La biblia es fiel y que hay Miles de metros de documentos en los rollos de qumram que nos hablan de la guerra entre el bien y el mal entre la luz y las tinieblas.

De los mitos propagados por la leyenda negra hay uno muy importante que tiene que ver precisamente con la biblioteca de Alejandria. Del cual vale la pena ver un bosquejo:

Hipatia Según el mito fue una astrónoma, en realidad fue una «divina filósofa» platónica, el obispo cristiano Sinesio de Cirene es la única fuente que tenemos sobre ella, a la que llama en sus cartas «madre, hermana, maestra y benefactora». Podría ser una leyenda creada por un cristiano eremita, al que se acusa de haberla llevado a la muerte. Aunque murió dos años antes que ella.

Para Eurípides, la mujer siempre es culpable, es un botín de guerra, circula de acuerdo a la guerra, a la conquista.

Para los griegos -y Aristóteles en el libro sobre la Política, cap III, vers 1, lo explica claramente- la ciudadanía es la posibilidad de participar en el poder político; la mujer constituía, el sector social más alejado de la posibilidad de participar en él, por cuanto que, a diferencia de los metecos y los esclavos, no podía convertirse nunca en ciudadana.

Los griegos dividen las mujeres en varias categorías, Están:

las neuróticas : Medea, Fedra, Alcestis, Evadne, Electra;

Las locas: Casandra, Agave, Theonoe;

las inútiles: Ifigenia, Polixena, Macaria, Antífona;

las victimas: Alcmena, Aetra, Iocasta. Helena; y

las únicas que sirven, las madres: Hécuba, Clitemnestra, Andrómaca, Creusa, Hermione.

Pero hipatia no fue madre, fue virgen hasta el final, aunque no vivió la castidad, se especula que era lesbiana…

Nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por los cristianos, como quieren hacer creer los neopaganos…

La biblioteca fue incendiada por Julio César, saqueada junto con el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297.

En el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano.

Diocleciano, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, que representaba el poder imperial del emperador Dios mas  sanguinario que ha existido, razón por la cual los cristianos derribaron la dicha columna, ya que era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años y por los 300.000 cristianos que Diocleciano mató.

El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Y el neoplatonismo siguió floreciendo, hasta que lo recuperó el renacimiento cristiano, antes que se perdiera para siempre.

Sócrates Escolástico en el siglo V, un Hereje Nestoriano al servicio del patriarca de Constantinopla Néstorio, enemigo del patriarca de Alejandría Cirilo, Inició la leyenda de Hipatia.

La atribución a Cirilo de Alejandría de la autoría del asesinato fue cosa del escritor pagano Damascio, que escribió la «Vida de Isidoro», que es una apología del paganismo durante el final del siglo V y principios del VI.

No obstante, la auténtica leyenda surge con la obra de John Toland en 1720. Éste era un irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres. Después vino Voltaire (Un Esclavista); después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hipatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común, pertenecen a la Secta.

El odio a San Cirilo es, porque el ha exaltado en la historia de la humanidad, la condición femenina, pues a él se debe la expresión «Theotokos», palabra griega que significa “madre de Dios”. Titulo dado a la Virgen María.

La expansión del Cristianismo

La navegación era muy intensa en todo el Mediterráneo. Algunas embarcaciones de alta mar podían llevar varios centenares de pasajeros: Hech 27,37 dice que en el barco que llevaba a Pablo viajaban 276 personas. Era muy difícil calcular el tiempo de los viajes porque dependía del capricho del viento. Así, de Ostia (el puerto de Roma) a Alejandría el viaje duraba de 8 a 9 días, la familia de San Juan tenía el negocio de las exportaciones de pescado salado a Roma que llegaba en menos de una semana.

José de Arimatea estaba en el negocio de los mármoles y los romanos eran grandes clientes de la piedra egipcia incluidas las pirámides completas y los obeliscos que viajaban por todo el mediterráneo …

Antioquía era un centro de primera importancia en esta red. Pablo parte de allí, y allí regresa en sus distintos viajes misioneros.

La Via Egnatia (que unía Roma con Bizancio) es recorrida por Pablo en el tramo Filipos – Anfípolis – Apolonia – Tesalónica. Y al llegar cautivo a Roma transitará la célebre Via Apia, pasando por Foro de Apio y Tres Tabernas.

En los caminos, cada 25 millas (la distancia que se podía llegar a recorrer a pie por día) un puesto de guardia garantizaba seguridad a los viajeros.

Los cristianos de Antioquia fueron asesinados por los judíos.

San Juan Crisóstomo alrededor del año 407, en su “Adversus Judaeos”. Advirtió a los cristianos de Antioquía que confraternizaban con “los judíos, quienes sacrifican a sus hijos e hijas a los demonios, ultrajan la naturaleza, y trastornan las leyes de parentesco… son los más miserables de entre los hombres… lascivos, rapaces, codiciosos, pérfidos bandidos, asesinos empedernidos, destructores poseídos por el diablo. Sólo saben satisfacer sus fauces, emborracharse, matarse y mutilarse unos a otros…”.

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