Las esperanzas vanas y engañosas son propias del necio

necio

Prov 18, 6-7
Labios de necio traen discordias, y su boca provoca trastazos. La boca del necio es su ruina, y sus labios, trampa mortal.

Pro 10,19
Quien mucho habla no escapa al pecado, quien refrena los labios se llama sensato.

Sir 21,26
Los necios tienen el corazón en la boca, los sabios tienen la boca en el corazón .

Sir 20,20
De la boca del necio no se acepta un proverbio, pues nunca lo dice en el momento adecuado.

Sir 34,1
Las esperanzas vanas y engañosas son propias del necio.

Ecc 10,14
El necio no para de charlar.

Pro 26,11
Perro que vuelve a su vómito, el necio que insiste en sus sandeces.

Pro 10,23
El necio se divierte haciendo trampas; el hombre prudente, con la sabiduría.

Benedicto XVI, 1 de agosto del 2010
El hombre necio, en la Biblia, es aquel que no quiere darse cuenta, desde la experiencia de las cosas visibles, de que nada dura para siempre, sino que todo pasa: la juventud y la fuerza física, las comodidades y los cargos de poder. Hacer que la propia vida dependa de realidades tan pasajeras es, por lo tanto, necedad. El hombre que confía en el Señor, en cambio, no teme las adversidades de la vida, ni siquiera la realidad ineludible de la muerte: es el hombre que ha adquirido «un corazón sabio», como los santos.

San Juan Pablo II, Fides et Ratio, 18
En efecto, el necio se engaña pensando que conoce muchas cosas, pero en realidad no es capaz de fijar la mirada sobre las esenciales. Ello le impide poner orden en su mente (cf. Pr 1, 7) y asumir una actitud adecuada para consigo mismo y para con el ambiente que le rodea.

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