Las Moradas

Las moradas, llamado también El castillo interior es una obra de Teresa de Ávila, monja carmelita descalza, escrita en 1577 como guía para el desarrollo espiritual a través del servicio y la oración. Inspirada en su visión del alma como un diamante con forma de castillo, dividido en siete mansiones, la obra se concibe como el progreso de la fe en siete etapas, que concluye con la unión con Dios. Debemos considerar nuestra alma como un castillo, todo de diamante, o muy claro cristal, donde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas.

En La séptima Morada, El alma recibe por fin la luz interior en su matrimonio espiritual con Dios. Ahora, se olvida de sí, y Cristo vive en ella. El último grado de oración es lo que algunos místicos han llamado de ‘matrimonio espiritual’, ‘unión transformativa’, ‘deificación del alma’.

Sabemos que el alma bautizada y en gracia tiene en sí todo el “mecanismo” sobrenatural, es decir virtudes infusas, dones del Espíritu Santo y Presencia trinitaria.

“En realidad, el alma en simple posesión del estado de gracia ya es, de alguna manera, esposa verdadera de Dios. Pero solamente en las grandes alturas de la unión transformativa adquiere la conciencia experimental permanente de que efectivamente lo es”, afirma el P. Royo Marín.

“Esta unión funciona como el fuego en un madero, Porque el fuego material, aplicado al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene. Luego le va poniendo negro, oscuro y feo y aún de mal olor; y yéndole secando poco a poco, le va sacando a la luz y echando fuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego. Y, finalmente, comenzándole a inflamar por fuera y calentarle, viene a transformarle y ponerle hermoso como el fuego mismo. En tal momento, del madero no queda ninguna pasión ni acción propia, salvo la masa, más espesa que la del fuego, porque las propiedades del fuego y el madero se confunden; está seco, y seca, está caliente, y calienta; está claro, y esclarece; está ligero mucho más que antes, obrando el fuego en él estas propiedades y efectos”. San Juan de la Cruz

Esta hermosa analogía nos describe lo que significa la santidad. “En El vivimos, nos movemos y Existimos” Ese fuego es Dios, si nos alejamos morimos de Frio. Si nos unimos a Él estamos en el cielo.

 

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