Los desposorios de la Virgen

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“Ana había traído el traje de novia y la virgen por su humildad, no quiso volver a ponérselo después de su desponsorio. Prendiéronle los cabellos en torno de la cabeza, cubriéndola con un velo blanco que le caía sobre los hombros y sobre el velo, le pusieron una corona.

Anillo virgen
El anillo nupcial de la santa Virgen no era de oro, ni de plata ni de otro metal, era de color oscuro y tornasolado, no era pequeño ni delgado, sino grueso y como un dedo de ancho; era además sencillo, aunque se veían incrustados en él pequeños triángulos regulares en los cuales había letras.
José vestía una saya larga de color azul, las mangas que eran muy anchas, estaban sujetas a los lados por cordones. Le rodeaba el cuello un collar oscuro o más bien, una ancha estola y dos bandas blancas le colgaban sobre el pecho.
Ví a María y José durante la fiesta en traje de bodas y en una ocasión me pareció que san José ponía el anillo nupcial en el dedo de la Sma. Virgen”.
Los Desposorios de la Virgen con san José (23 de enero), es un intercambio de prendas matrimoniales cuyo significado es la fidelidad.
La reliquia del santo anillo de la Virgen, se encuentra en la ciudad de Perugia Italia
“Pero nosotros, con la debida veneración hacia esta reliquia, advertimos con la mejor voluntad a quienes lean esas cosas que no se crean que por las actas de Sixto IV y de Inocencio VIII la Sede Apostólica ha juzgado como genuino este anillo santo. Porque ambos pontífices trataban solamente de si el anillo sagrado debía adjudicarse al pueblo de Chiusi o al de Perugia; y a pesar de que en aquel juicio se presumía la verdad del anillo, ¿quién hay que ignore que una cosa es presumir y otra el definir y declarar?”. “En estas cosas no hay que reclamar más que la probabilidad ni de este anillo hay que aseverar nada de manera firmísima sino, y solamente, creer piadosamente lo que es tradición”. Benedicto XIV
Un joyero local de Perugia, Rainerio recibió en Roma de un judío, el anillo nupcial de la Virgen en el siglo XI, con el ruego de que lo venerase como merecía, condición que no cumplió Rainerio con aquella joya, que dejó semiolvidada en la iglesia de Santa Mustiola.
Hasta que a eso de los diez años, el hijo (además único) de Rainerio murió y fue conducido a la iglesia de Santa Mustiola. Allí, estando en el túmulo, resucitó para reprochar públicamente al padre su pecado de descuido, y, tras haber recibido la seguridad de reparación de la culpa, murió otra vez plácidamente. Y comenzaron los milagros, ya en aquella misma ocasión con un repique de campanas sin que nadie las tañera. Siguieron con castigos a alguien que no respetó al santo anillo y, según narran los cronistas de Chiusi conducidos por la fantasía, se multiplicaron sin cesar en lo sucesivo.

«Bienaventurado el que encuentra un amigo bueno, y quien habla a oídos que le escuchan» (Eclo. 25,12).
«Bienaventurado el que no tiene que condenarse a sí mismo en las resoluciones que toma» (Rom 14,22).
«Bienaventurado el varón que habita con una mujer sensata» (Eclo 25,11).
«Bienaventurado el marido de una mujer buena; el número de sus días será doblado» (Eclo. 26,1).

Perugino y Rafael

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