Los tipos de oración

Los tipos de oración

La oración como petición está presente en todos los tipos de oración porque corresponde exactamente al don de la gracia, que necesitamos por todas partes. La tradición, para distinguir los distintos tipos de oración, se ha basado en un texto de la primera carta a Timoteo: «Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres» (2, 1). Podemos distinguir la oración o elevación del espíritu hacia Dios, que puede referirse también a la conversación amistosa con Dios donde se alimenta la vida contemplativa; la petición de algo determinado;
la súplica, como petición de ayuda en general; la obsecración, que es una invocación a la santidad o a la misericordia divina, especialmente para obtener el perdón de los pecados, como oración de penitencia; está también
la intercesión en favor de otro, que puede adoptar la forma de plegaria de reparación; y, por último,
la acción de gracias por los beneficios recibidos, por las peticiones escuchadas. Podemos añadir la adoración que está en la base de toda petición, como reconocimiento de nuestra condición de criaturas, de nuestra dependencia respecto a Dios, y volvemos a encontrarla en la cima, como la culminación de toda oración. La petición es aquí incluso necesaria, puesto que no podríamos adorar como conviene sin la gracia. La oración de alabanza se eleva, sin duda, por encima de nuestras peticiones, aunque aún tenemos necesidad de la gracia para acceder al estado de alabanza y para progresar en él hacia Dios, que está por encima de toda alabanza.

La oración de petición responde así a la necesidad de la gracia y nos prepara para acogerla ahondando en nosotros el deseo. Ahí reside el secreto de su fuerza y de su eficacia, pues, como dice vigorosamente Tertuliano, la oración es «la única fuerza capaz de vencer a Dios».

Salmo 103

“Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su Nombre santo.
Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona tus culpas, quien sana tus enfermedades.
Quien rescata tu vida de la fosa, quien te corona de misericordia y compasión.
Quien sacia de bienes tu existencia. como el águila se renovará tu juventud.
El Señor hace obras justas y justicia a todos los oprimidos.
Él mostró sus caminos a Moisés, sus hazañas, a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia.
No dura siempre su querella, ni guarda rencor perpetuamente.
No nos trata según nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas.
Pues cuanto se elevan los cielos sobre la tierra, así prevalece su misericordia con los que le temen.
Cuanto dista el oriente del occidente, así aleja de nosotros nuestras iniquidades.
Como se apiada un padre de sus hijos, así el Señor tiene piedad de los que le temen.
Pues Él conoce de qué estamos hechos, recuerda que somos polvo.
¡El hombre! Como el heno son sus días. florece como flor silvestre;
sobre él pasa el viento y no subsiste, ni se reconoce más su sitio.
Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y para siempre con los que le temen; y su justicia, con los hijos de los hijos,
con los que guardan su Alianza y recuerdan sus mandatos y los cumplen.
El Señor estableció su trono en los cielos, su reino domina todas las cosas.
Bendecid al Señor, ángeles suyos, fuertes guerreros, que ejecutáis sus mandatos, prestos a obedecer a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, todos sus ejércitos, ministros suyos, que ejecutáis su voluntad.
Bendecid al Señor todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. ¡Bendice, alma mía, al Señor!

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