Martires Juan de Perugia, y Pedro de Sassoferrato, conversión de Abu Zayd

Francisco de Asís envió a España a Juan de Perugia, y Pedro de Sassoferrato, para que predicaran el Evangelio a los moros.

Aquellos dos frailes se establecieron en la ciudad aragonesa de Teruel, , cuando salieron a predicar, todos los escucharon y su misión produjo abundantes frutos. Una vez terminado su trabajo en Teruel, se trasladaron a Valencia, que se hallaba completamente dominada por los moros.

En la ciudad, los dos frailes se albergaron en una miserable vivienda vecina a la iglesia del Santo Sepulcro. Pero tan pronto como salieron a predicar, los musulmanes cayeron sobre ellos.

Los franciscanos fueron detenidos y llevados ante el emir.

Fray Juan se encargó de explicarle, que sólo habían venido para convertir a los moros y apartarlos de los errores del Islam.

Eso bastó para que el emir dejase en seguida a los reos ante la acostumbrada alternativa de renegar de su fe o morir y, como ellos eligieron la muerte, se les condenó a ser degollados. La sentencia se ejecutó sin pérdida de tiempo allí mismo, en los jardines del palacio del emir, mientras los mártires, de rodillas, oraban en voz alta por la conversión de sus perseguidores.

Siete años después, Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, expulsó a los moros de Valencia,  y de acuerdo con las plegarias de los dos mártires, en 1232 Abu Zayd se convirtió al cristianismo bautizándose con el nombre de Vicente Bellvís, pero lo mantuvo en secreto hasta la conquista de Valencia. Aunque continuó utilizando el título de rey de Valencia hasta que Jaime I entró en la ciudad el 1238, e hizo entrega de su palacio a los franciscanos para que instalasen allí un convento.

Al hacer la donación, pronunció estas palabras que probaban la sinceridad de su arrepentimiento: «Mientras anduve errado por el camino de la infidelidad, maté a dos de vuestros hermanos que habían venido de Teruel a predicar el Evangelio; ahora os doy todo esto como reparación por mi crimen. Mi palacio, con todo lo que hay dentro, queda a vuestra disposición. Ocupadlo sin reparos, puesto que ya fue consagrado por la sangre de los mártires».

Durante la vida de Abü Zayd todo un mundo había desaparecido; el príncipe imperial pasó a noble mudejar, luego a barón cristiano con esposa e hijos cristianos, y por último a aristócrata terrateniente y favorecedor de los Caballeros de Santiago —sin olvidar nunca (y su hijo haría lo mismo) su título distintivo almohade de sayyid.

El episodio central de la vida de Abü Zayd fue su conversión, y su documento central es la bula del Papa Urbano IV celebrando el hecho.La carta del papa revela que su «querido hijo de Cristo Vicente, ex-rey Ilustre de Valencia» había anunciado él mismo la condición de converso para él y para su hijo.

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