“Matrimonio” palabra de mal gusto?

comprando mujer

El concilio de Trento fue muy enfático en declarar tanto la ilicitud de la poligamia como la invalidez de los “matrimonios” polígamos, afirmaron que el matrimonio es indisoluble por su propia naturaleza, así se condena la tesis protestante que dice que la Iglesia cae en el error al enseñar la indisolubilidad del matrimonio en caso de adulterio.

Porque “si la persona se reservase algo o la posibilidad de decidir de otra manera, en orden al futuro” ya no serían una sola carne. Además “Sólo el matrimonio indisoluble atiende perfectamente a la procreación–educación de los hijos”.

La palabra nuptiae aparece una sola vez en la vulgata en el antiguo testamento, mientras que en el nuevo está, desde las bodas de Caná hasta “las bodas del Cordero” que corresponden al apocalipsis.

La Palabra Matrimonio, Γαμέω, gaméo, en griego o matrimonium, en latín.

No aparece ni una sola vez en la vulgata o en la biblia de los 70 en lo que corresponde al antiguo testamento.

Esto es prueba de que no solo el sacramento del Matrimonio, sino la palabra “Matrimonio” del que solo se habla a partir de Cristo, es decir en el nuevo testamento, No existía en el mundo pagano.

En la sociedad pagana, la unión formal, el connubium -en Latín y en derecho Romano- era utilizado solo por los poderosos, por las clases altas o para sellar alianzas para evitar guerras y para engendrar hijos de reyes. Tanto que en derecho se impedía el matrimonio entre patricios y plebeyos.

En la antigua Roma la castidad no era una virtud, no era necesario contraer matrimonio para tener relaciones sexuales ni para tener hijos.

Solamente cuando un miembro de una clase social elevada deseaba transmitir su patrimonio a sus descendientes directos, en vez de que lo reciban otros miembros de la familia o sus amigos, decidía casarse. Pero la mayor parte de las veces se legaba los bienes a un amigo o una persona muy querida, no a los hijos.

Cuando se carecía de patrimonio o bienes, el matrimonio era un trámite prescindible y los esclavos no tenían el derecho de hacerlo. El Contubernio era la convivencia conyugal entre dos esclavos, que necesitaría de la autorización de los dueños de éstos. La descendencia seguirá siempre la condición de la madre (esclava) y esos hijos pertenecerán al dueño de dicha esclava.

El griego ni siquiera tiene una palabra específica para designar el matrimonio. No existía un trámite ni civil ni religioso. Sin embargo, después del 33DC la palabra usada para matrimonio en griego Koine es “γαμέω, gaméo” cuya identificación en el diccionario griego “Strong” es G1062; su significado es casarse: “matrimonio, casado(a), casar.”

En Atenas, en la Grecia clásica, para el acto mediante el cual un varón se comprometía a unirse a una mujer, se utilizaba el vocablo griego ἐγγύη, engúê, literalmente la garantía, la caución, es decir, el acto por el cual el padre cabeza de familia entregaba su hija a otro hombre. La ciudad no era testigo ni registraba ningún acta para este acontecimiento privado entre dos familias. Este contrato solo se realizaba cuando existía patrimonio para heredar.

Cuando la mujer moría sin hijos o en caso de divorcio, la dote volvía a la familia de la mujer. El tutor de la mujer (su padre o su hermano) podían pedir el divorcio (aun en contra del deseo de la mujer) pero ella no tenía derecho a solicitar la disolución del contrato. Tampoco tenía derecho a elegir a su futuro esposo. En caso de divorcio no recibía parte alguna de los bienes del matrimonio sino, simplemente la devolución de la dote que aportó.

El objetivo de la ἐγγύη, engúê era dar nacimiento a hijos legítimos que pudieran heredar los bienes paternos. Una estricta fidelidad era requerida de parte de la esposa, en caso de adulterio era devuelta a la casa paterna. Para el varón, el adulterio, especialmente con esclavas, esclavos o prostitutas, estaba permitido.

En Esparta los varones no convivían con sus mujeres, el objetivo era producir hijos para la guerra. El varón se reunía con su mujer en la oscuridad y después de tener relaciones con ella se marchaba para reunirse en su dormitorio con el resto de los jóvenes varones.

Es a partir de Cristo que el cuerpo es templo del espíritu Santo y la mujer tiene derecho y el matrimonio hace de la pareja una sola carne.

En Europa, donde el cristianismo empezó a florecer, los códigos civiles cristianos requerían el consentimiento matrimonial de la mujer, como lo vemos en los ritos de matrimonio católico contemporáneo, los matrimonios impuestos quedaron atrás. Fue el inicio de la sociedad cristiana que hoy está amenazada nuevamente por el paganismo.

Ante esto Benedicto XVI sentenció que “La falta de fe puede dar lugar incluso a que uniones celebradas canónicamente sean en algún caso nulas”. La validez del sacramento no depende de «la fe personal de los novios», aunque sí de que exista «intención de hacer aquello que hace la Iglesia». En este contexto, una de las mayores preocupaciones del Papa (en el año 2013) era mejorar la preparación al matrimonio y pedir “más rigor a los miembros del Tribunal de la Rota a la hora de reconocer nulidades, o reafirmar la indisolubilidad del matrimonio”.

Benedicto XVI llamó a la preparación remota al matrimonio, que comienza ya en la infancia, en las familias, escuelas y parroquias, donde debe educarse a niños y jóvenes para «comprender la vida como vocación al amor». En el Consejo Pontificio para la Familia, se habló de una duración de unos 9 meses para la preparación matrimonial, con grupos pequeños para un mayor diálogo y acompañamiento de los novios que deben comprender que esto no es un rito sino un “sacramento”.

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