Navidad y alumbrado

Navidad

El Día del alumbrado una inmensa alegría se cernía de forma casi sobrenatural en el ambiente.

Se preparaba natilla, buñuelos y hojuelas, era el inicio oficial de la Navidad.

Todas las familias salíamos al campo a buscar los elementos para pulir el pesebre, como piedritas, ramitas, musgo, piñas de pino o de eucalipto y otros elementos silvestres, para hacer los caminitos por los que pasaría la sagrada familia en su viaje hasta Belen.

 

Se conseguía un gran pino frondoso y se adornaba de bolas rojas y de otros colores que muchas veces se quebraban por lo delgadito del vidrio, se hacían niditos con estropajo y se hacían pajaritos de trapo para llenar el árbol. las luces eran unos bombillos grandotes tipo ají, que siempre estaban fundidos y no se conseguían…

Los niños iban de tienda en tienda buscando tapas metálicas de gaseosa o cerveza (que eran mas duras) para luego quitarles un corcho que traían y abrirles un hueco con una puntilla, para hacer los cascabeles, maracas o panderetas de tapas, que usábamos en el canto de las novenas, amarradas con un alambre.

La casa entonces se llenaba de aquel olor especial de la navidad, el pino, el musgo se combinaban y todo el ambiente era propicio al nacimiento espiritual del Niño Dios que todos esperábamos, era esa preparación espiritual y alegría desbordante por el nacimiento del niño (aunque los regalitos también los esperábamos con ansias).

Así llegaron los primeros balones «grandes», porque todos teníamos pelotas de caucho, pero ya mas grandecitos queríamos el balón de «boley», o el de «basquet», el guante de Beisbol, los patines, que eran de correas para amarrar a los zapatos y luego llegó la primera bicicleta.

La novena se rezaba en diferentes casas de los amigos o parientes y se compartían las diferentes especialidades gastronómicas, con la expectativa creciente del nacimiento del niño Dios y cada casa tenia un pesebre mas grande que el anterior. Eran verdaderas ciudades en miniatura con lagos de espejitos y paticos, ropita en miniatura colgada, y en general todas las actividades humanas eran allí representadas, los mas chiquitos querían también participar y le ponían algún avioncito u otro elemento de sus jugueticos que dañaban la armonia del pesebre, pero era navidad y todo se perdonaba. Luego de la Novena en algunas casas se bailaba y las niñas se esforzaban en enseñarnos a bailar sin pisarlas…

Teníamos esa inocencia de saber que todas las cosas buenas las trae el niño Dios y nuestros padres se esmeraban en que mantuviéramos la inocencia hasta cuando mas se pudiera, (algunos aun la conservan y quizá por eso sean santos) así que descubrir en el cuarto de los trebejos, escondidos algunos regalos que habrían de aparecer el 24 era un reto para los mas grandecitos que ya sospechábamos algo y buscábamos la forma de mirar por el hueco sobre la puerta, ya que esos cuartos siempre estaban cerrados con llave…

Luego para el 31 generalmente había viaje a fincas de parientes y con la familia aumentada venía la matada del marrano, para la cual todos los niños teníamos que buscar chamizos para chamuscarles el pelo,  aunque a veces el marranito se paraba y salia corriendo prendido en fuego porque los matarifes (algún pariente o a veces alguno de los niños mas grandes, 3 dedos desde de la pata izquierda…)  novatos y nerviosos no habían hecho bien su labor…

La preparada de la natilla campestre se hacia en enormes pailas de cobre y toda la familia se turnaba en revolverla, cosa que para los niños era prácticamente imposible por lo pesado de la labor y lo grande de las pailas. se pilaba el maiz en unos maderos verticales y gruesos, con unos pilones que les sacaban una «leche» amarillita, lo que producía una natilla que no he vuelto a probar desde hace muchos años…

Las cocinas eran unas estructuras de hierro y piedra gigantescas que siempre tenían agua hirviendo en unos tarros de hierro, cosa que solo era tirar allí un huevo y esperar un minuto para un refrigerio rápido, porque había gallinas que ponían huevos azules en los arboles y luego de bajarlos había que comerse el «botin», aunque muchas veces salia uno quemado por meterse a esas cocinas, donde ya nos habían dicho que «los hombres en la cocina huelen a rila de gallina»

Fue en ese contexto donde descubrimos por primera vez el origen de la morcilla, lo que hizo que dejáramos de comerla por muchos años.

Se cogen las tripas y se lavan, hay que voltearlas y sacarles todo el contenido con una manguera, luego ponerlas a secar en largas cuerdas, la morcilla se prepara con una ollada de sangre (toda la del marranito) y arroz con diferentes carnes de la criaturita…

Eran unos paseos largos, llenos de experiencias, como nadar en río, montar a caballo, ordeñar, etc, de todas estas cosas quedan recuerdos imborrables sobre todo de los olores de cada una de estas actividades, los cantos en familia, los rosarios que eran somniferos potentes, el compartir y el reír en grupo, los paseos con perdida incluida y por supuesto las metidas de pata en las «gracias» de las vacas, un mundo que esta en vias de extincion…

Feliz Navidad…

 

adoracion magos

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