Ne Temere

El 2 de agosto de 1907 el vaticano decreta sobre el matrimonio:

Cristo creó el matrimonio como sacramento, la unión entre un católico y un no católico, es la degradación del carácter sagrado del matrimonio, que implica una suerte de comunión de lo sagrado con quienes no pertenecen al rebaño.

San Pablo insiste en que el matrimonio cristiano es símbolo de la unidad entre Cristo y su Iglesia, y por tanto, algo sagrado.La  intimidad que  se establece entre quienes se unen en el matrimonio exige, sobre todo, una concordancia en sus sentimientos religiosos.

Es por ello lógico que la Iglesia, desaconseje que sus hijos contraigan matrimonio con quienes están fuera de su cuidado y no reconocen el carácter sacramental de la unión a la que se están comprometiendo.

Es así como, el matrimonio con personas No Católicas, no debe promoverse, ya que el No Católico no entiende el compromiso del significado del matrimonio sacramental, que en griego no tiene palabra que lo traduzca explícitamente y en Latin el sentido de una unión cualquiera se llama connubio, por ello existen impedimentos para la unión con herejes (mixta religio) y con un no cristiano (disparitas cultus).

Especialmente con judíos, dado el intenso odio que sienten por el sagrado nombre de Jesús, así el impedimento de “disparitas cultus”, hace nulos todos los matrimonios contraídos entre católicos y no cristianos o inválidos, si no media una dispensa obtenida de la autoridad eclesiástica para esa unión.

El objetivo es alejar a los católicos de tales matrimonios y  evitar la participación en las cosas sagradas de quienes están separados de la verdadera fe.

Los párrocos tienen obligación estricta de informar a los católicos que casarse ante un ministro no católico que funja como tal es  ilegal y que se hacen merecedores de censura eclesiástica, o entredicho.

La Iglesia pone tres condiciones para extender una licencia para el matrimonio mixto y debe existir una grave necesidad, para permitir a los fieles que se expongan a los graves peligros inherentes a tales uniones.

Primero, que la parte no católica se comprometa a que no impedirá la práctica de su fe a la parte católica. Segundo, que todos los hijos serán educados en la fe católica. Tercero, que el cónyuge católico prometa que hará lo posible por atraer a la Iglesia católica al cónyuge no católico.

El decreto “Ne temere” que entró en efecto el 18 de abril de 1908, establece que todos los matrimonios celebrados entre católicos y no católicos serán inválidos a menos que se realicen en la presencia de un sacerdote autorizado y frente a dos testigos.

El Concilio Vaticano II dio una nueva perspectiva, con Unitatis Redintegratio y Lumen Gentium, “aunque fuera otorgada la dispensa, no sería válida y el ordinario del lugar puede declarar la nulidad”.

El episcopado español, en un documento referente a los matrimonios entre católicos y musulmanes dice: “Necesitarán especialmente un tacto exquisito y valentía, fruto del mejor amor, para reconocer las exigencias recíprocas y los riesgos específicos (culturales, religiosos, jurídicos y pedagógicos) de tales matrimonios, llegando a desaconsejarlos absolutamente si los hechos lo requieren. Y todo ello acompañado de una gran misericordia para comprender, acoger y colaborar en cada caso concreto”.

El nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992, expone la doctrina actual de la Iglesia respecto a dichos matrimonios en sus números 1633-1637. Los cánones 1071, 1078, 1086, 1108, 1118, 1121, 1124-1128 del actual Código de Derecho Canónico, publicado el 25 de enero de 1983, reglamentan los matrimonios entre católicos y no católicos)

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El 2 de agosto de 1907 el vaticano decreta

SAN PÍO X, 1903-1914 • FORMA CANÓNICA

Del Decreto Ne temere –sobre los esponsales y el matrimonio–, de la Sagrada Congregación del Concilio, 2 agosto 1907

1907 08 02 0001

[1.–] Con miras a impedir que se contraigan temerariamente estos matrimonios clandestinos, que la Iglesia de Dios, por motivos justísimos, ha aborrecido y prohibido siempre, el Concilio de Trento adoptó la sabia medida siguiente: “Los que intentaren contraer matrimonio de otro modo que en presencia del párroco o de otro sacerdote con licencia del párroco mismo o del Ordinario, y de dos o tres testigos; el santo Concilio los inhabilita totalmente para contraer de esta forma y decreta que tales contratos son inválidos y nulos, como por el presente decreto los invalida y anula”

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