Origen de crisis Europea

Sacerdote fusilado por celebrar Misa

“La clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia, sencillamente no ha dejado en pie ni una siquiera [iglesias] (…) hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto”. Andrés Nin, La Vanguardia, 2/08/36. Biblioteca de La Vanguardia

Por el solo hecho de creer en Dios, fueron asesinados 13 obispos, 4.317 sacerdotes, 2.489 religiosos, 283 religiosas, 249 seminaristas ,entre ellos se cuentan los 8 mártires Colombianos, asesinados por el hecho de creer en Dios, y miles y miles de católicos comunes.

Como fueron asesinados a “consecuencia de su fe”, se les definió como mártires.

La violencia ejercida en contra de las personas relacionadas con la Iglesia Católica, los símbolos religiosos o sus intereses y su carácter recurrente, prolongado en el tiempo, es uno de los rasgos más destacados del anticlericalismo español, que surgió por el dominio republicano-marxista.
La violencia anticlerical dio como resultado incendiadas miles de iglesias, colegios religiosos y conventos.
Expulsaron del país a la Compañía de Jesús, el 24 de enero de 1932, y los jesuitas partieron al exilio, en 1933, el gobierno aprobó la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas con la prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas, a la vez que se declararon de propiedad pública los monasterios e iglesias.
Los clérigos se sometieron a la Ley, con un único episodio en que una iglesia se defendió con medios armados, el caso de las Carmelitas de la Diagonal de Barcelona.

La barbarie llevo a quemar religiosas vivas, mutilar las extremidades antes del fusilamiento o enterrar vivos a los clérigos, para ejemplo veamos la suerte que corrió el obispo de Barbastro, beatificado por el papa Juan Pablo II el 4 de mayo de 1996.

“Entre insultos y blasfemias, el Enterrador le ató las manos detrás de la espalda con alambre, mientras decía: A éste, como es el pez gordo, lo ato yo. Y a continuación se consumó la burla más sangrienta y nefasta , el escarnio del Obispo. Le bajaron la ropa, entre carcajadas, para ver si realmente era hombre como los demás. D. Florentino bajó los ojos y no hizo ningún movimiento, ni pronunció una sola palabra. Entre frases groseras e insultantes, risas y algarabía, uno de los presentes se acerca a sus genitales y, con sacrílega burla, le enseña una navaja cabritera y le corta los testículos. El obispo palideció, pero no se inmutó. Ahogó un grito de dolor y musitó una oración al Señor de las Cinco tremendas Llagas. Le cosieron la herida, el escroto, con hilo de esparto, como a un pobre caballo destripado. Le apretaron una toalla para frenar la hemorragia. El Enterrador rezongó: Habéis tenido el capricho de hacer esto, y ahora vamos a tener que llevarlo a cuestas hasta el camión, “si se enfría”. El obispo fue empujado sin consideración al camión, y llevado a fusilar. Le obligaron a ir por su propio pie, chorreando sangre, a primeras horas del día 9 de agosto. Para los asesinos era un perro, una pobre bestia amansada y derruida. Ante los ojos de Dios y de los creyentes, era la imagen ensangrentada y bellísima de un nuevo mártir, en el trance supremo de su inmolación. El heroico prelado iba camino de su Gólgota diciendo en voz alta y alborazada: Qué noche más hermosa para mí; voy a la casa del Señor. Uno de los milicianos no entendía de qué podía alegrarse en aquel trance, y comentó: Se ve que no sabe a dónde lo llevamos… Y D. Florentino, serenamente, dice: Me lleváis a la casa de mi Dios y mi Señor; me lleváis a la gloria. Yo os perdono. En el cielo rogaré por vosotros… Sus verdugos le decían: Anda, tocino, date prisas. Y él: No, si por más que me hagáis, yo os he de perdonar.

Extenuado, llegó al lugar de la ejecución. Al recibir la descarga, los milicianos le oyeron decir: Señor, compadécete de mí. Su muerte no fue instantánea. Su agonía duró aproximadamente una hora, pues no le dieron el tiro de gracia, sino que lo dejaron morir desangrándose para que sufriera más. La agonía le arrancaba lamentos, se le oía decir: Dios mío, abridme pronto las puertas del cielo. También dijo: Señor, no retardéis el último momento. Y repetía muchas veces que ofrecía su sangre por la salvación de su diócesis.”

El 18 de mayo de 1937, en un memorándum sobre la persecución religiosa presentado al Consejo de Ministros, se daba cuenta de la magnitud de lo acontecido:

“La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, es la siguiente:
a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio.

b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido.

c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron.

d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.

e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo -los organismos oficiales los han ocupado en su edificación obras de carácter permanente.

f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos.

g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso.

h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda”.

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