Pasar al Papayo

Bolívar decidió “pasar al papayo” a todo el que hablara con acento de Español.

El juicio consistía en obligarlos a decir «Francisco» y el que lo dijera con acento español era  fusilado en un árbol de papaya o papayo, que generalmente había en la plaza.

Juan Vicente Bolívar y Ponte, su padre, en sus extensas tierras de los valles de Aragua, ejercía su poder de terrateniente y encomendero. Era un “mujeriego pertinaz hasta el punto de aprovechar su posición de amo para exigir placeres sexuales a sus esclavas negras y mulatas (…) temido por blancas, indias, doncellas y esposas”. Se hizo famoso por su afición a las niñas indígenas. De él, heredó Simón, la ginecomanía, una afición incontrolable a las mujeres, a la lujuria y el sexo. Que finalmente lo llevaría a la muerte. Como se lee en el libro ‘Las batallas amorosas del Libertador’,  de Eduardo Lozano Torres.

En febrero de 1814, Bolívar mandó fusilar en Caracas a 886 prisioneros, su crimen, ser españoles, después manda a matar a los enfermos en el hospital de La Guaira, casi 1000.

El anuncio de la presencia de Bolívar en alguna ciudad producía pánico. Caracas y Cartagena, pero sobre todo pasto, después del regalo de la Navidad de 1822, cuando arrasó, acribilló y reubicó a lo que quedaba de su población, atestiguan los desmanes enfebrecidos de sus tropas, a las que autorizaba abusos inenarrables.

Bolívar le escribió a Santander el 7 de enero de 1824: “…me suelen dar de cuando en cuando unos ataques de demencia aun cuando estoy bueno, que pierdo enteramente la razón sin sufrir el más pequeño ataque de enfermedad y de dolor”.

Carlos Marx, en carta dirigida a Engels, fechada el 14 de febrero de 1858, asegura que Bolívar “es el canalla más cobarde, brutal y miserable”. Y añade: “La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar“.

Marx hasta llegó a llamar a bolívar «el pequeño napoleón». Quería ser coronado Emperador, Simon I de las Américas.

En la carta a Engels fechada el 14 de febrero de 1858, Marx escribe que Dana le había reprochado que el artículo «estaría escrito en un tono prejuiciado y exige mis fuentes. Estas se las puedo proporcionar, naturalmente, aunque la exigencia es extraña. En lo que toca al estilo prejuiciado, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque» (el tal Soulouque fue un ex esclavo que se proclamó Emperador de Haití y ejerció el poder mientras le duró de un modo enloquecido, despótico y cruel).

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