Personalidad de Jesus

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Fray Angélico: quien pintó algunos de los cuadros más hermosos de Jesús decía; Quien quiera pintar a Cristo sólo tiene un procedimiento: vivir con Cristo.

Sabemos que Jesús es alto porque al narrar el beso de Judas, el evangelio usa un verbo que tiene en griego el sentido de la acción que se realiza «de abajo arriba», es decir que se empinó para besarle.

Pero como es su personalidad?

Sus propios parientes comenzaron por creer que había perdido el juicio (Mc 3, 21) cuando hizo la «locura» de lanzarse a predicar la salvación.
No fue fácil la vida de Jesús. Vivió permanentemente en lucha, en contra de las ideas y costumbres de sus contemporáneos e hizo su tarea con una serenidad impresionante que hace que los fariseos no se atrevieran a echarle mano (Jn 7, 45)
En Jesús hasta lo sobrenatural es natural; hasta el milagro se hace con sencillez.
Nadie que conoció a Jesús se fue sin haber cambiado.
“Si no creéis en Mi creed en mis obras”
Al ponerse de pie frente a unos pescadores que arrojaban sus redes y decirles: «Síganme y haré que sean pescadores de hombres», el sonido de su voz y la mirada de sus ojos hizo que soltaran las redes y lo siguieran. (Mc 1, 17)
Estos hombres estaban fascinados por la amorosa autoridad de un Maestro que pedía y no ordenaba, que amaba primero y esperaba ser correspondido con amor.
La gente de la calle podía sentarse horas mientras Él les enseñaba en términos sencillos y esto también era algo raro.
Nunca perdió su dignidad, pero nunca hizo sentir a nadie menos por eso. Cada gesto suyo les daba esperanza y les hablaba de su amor y preocupación por ellos.
Jesús fue Leal con sus apóstoles, incluso sabiendo plenamente de su cobardía.
Nunca nadie imaginó que Dios se haría tan cercano, que sería tan fácil acercarse a él, que sería tan ávido para escuchar y tan amorosamente compasivo. Los leprosos clamaban por Él y nunca temieron alcanzarlo, siempre sintieron que podían acercarse a Él y que nunca les daría la espalda.
Los niños pequeños corrían hacia Él y se apiñaban sobre sus rodillas para pedirle su bendición y esperar de Él alguna tierna caricia. Jesús se hizo a sí mismo accesible a cualquiera. Cuando Juan el Bautista envió a sus discípulos para preguntar al Maestro si Él era Aquél que había de venir, Jesús les respondió: «Díganle a Juan -los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados y los sordos oyen, los muertos resucitan, y la Buena Nueva es proclamada a los pobres» (Mt 11, 4-5)
Jesús es generoso en dar sus dones y su poder a los hombres finitos, dio a sus apóstoles el poder de sanar, de echar a los demonios y de resucitar a los muertos, y se alegró cuando regresaron y le contaron de sus logros -logros que Su poder realizó en ellos.
Jesús se impone como un hombre libre frente a todo y frente a todos los que puedan obstaculizar su misión, su paz interior y su alegría espiritual ningún profeta las tiene.
Esta asombrosa seguridad de Jesús en sí mismo se basa en las dos características más visibles de su vida, la lucidez extraordinaria de su juicio y la inquebrantable firmeza de su voluntad.
San Agustín lo afirmaba sin rodeos:
La substancia de lo que hoy se llama cristianismo estaba ya presente en los antiguos y no faltó desde los inicios del género humano hasta que Cristo vino en la carne. Desde entonces en adelante. La verdadera religión, que ya existía, comenzó a llamarse religión cristiana.
La verdad y la liberación de la esclavitud del pecado, fueron los núcleos de su mensaje. San Pablo lo condensa sin vacilaciones: Fuisteis llamados, hermanos, a la libertad. (Gál 5, 13).
¿Cuál es la última clave de esta tremenda libertad?
Jesús es desinteresado, Jesús deja absolutamente todo en las manos de Dios.

Conocía la mediocridad de sus apóstoles, la traición de su máximo elegido y no vacila en dejar en sus manos el porvenir de su tarea, nunca necesitó nada: no tuvo propiedades, no precisó de la ayuda de los poderosos, no dejó herencia alguna, no se preparó una carrera. Contaba con una única seguridad -¡pero qué seguridad!-: la absoluta confianza en su Padre. Gracias a ella superó también el miedo a la muerte que asumió en el acto más alto de libertad que conozca la historia.
No la esquivó, no buscó pactos ni componendas, no hizo concesiones a sus adversarios. Impresionó en la cruz por su serenidad a los mismos que le crucificaban.

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Acerca de Bottega Divina

Bottega Divina difusión del arte y el legado histórico del Catolicismo. Herencia y patrimonio de la Humanidad, camino de salvación. La verdad os hará Libres
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