Prefiguración

Cruz Sobre Adan

El cráneo de Adán, confiado por Noé a su hijo Sem y por el último a Melquisedec, fue depositado en el lugar llamado, Golgota, Monte de la calavera, la tumba de Adan.

Segun San Isidoro, Adán fue la primera figura de Cristo pues si él nos llevó a la perdición a través del mal, Jesús nos liberó de él con la muerte; Cristo es el nuevo Adán.
En la Edad Media, se le representaba con frecuencia al pie de la cruz, el árbol del Paraíso Terrenal, sirvió para hacer la cruz de Jesús.

San Agustín hizo un uso constante de la prefiguración.
La “Ciudad de Dios” sentó para siglos venideros muchas explicaciones al contenido místico de la liturgia y todo lo resume esta frase:
“¿qué es el Antiguo Testamento sino la ocultación del Nuevo, y qué es el Nuevo sino la manifestación de lo Antiguo?

“Mas el Señor Dios no hace estas cosas sin revelar sus secretos a los profetas siervos suyos”. Amós 3:7

“Se quedó cuarenta días en el desierto.”

Yendo al desierto, Jesús entra en la historia de salvación de su pueblo, el pueblo elegido. Esta historia empieza después de la salido de Egipto por una migración de cuarenta años por el desierto. En el centro de este tiempo de cuarenta años están los encuentro “cara a cara” con Dios: estos cuarenta días de Moisés en la montaña, en ayuno absoluto, lejos de su pueblo, en la soledad de la nube, en la cima de la montaña (Ex 24,18). Del núcleo de estos días surge la fuente de la revelación. Volvemos a encontrar el espacio de cuarenta días en la vida de Elías: perseguido por el rey Acab, el profeta camina cuarenta días por el desierto, volviendo así al origen de la alianza, a la voz de Dios, para un nuevo comienzo de la historia de salvación (1R 19,8).

Jesús entra en esta historia. Revive las tentaciones de su pueblo, las tentaciones de Moisés. Como Moisés, ofrece su vida por el pueblo: con tal que el pueblo se salve, está dispuesto a dar su vida (Ex 32,32). Así, Jesús será el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Será el auténtico Moisés que “está en el seno del Padre” (Jn 1,18), cara a cara con él para revelar al Padre. En los desiertos del mundo, él es la fuente de agua viva (Jn 7,38), palabra de vida, camino, verdad y vida (Jn 14,6). Desde la cruz nos entrega la alianza nueva. Auténtico Moisés, él entra por la resurrección en la tierra prometida que Moisés no alcanzó, y por la cruz, Jesús nos abre las puertas del reino.

Benedicto XVI, Papa
Retiro en el Vaticano 1983

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