ROSARIO A DIOS PADRE

cristo y padre

ROSARIO A  DIOS PADRE

 

1.- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dios mío ven en mi ayuda, Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

2.- Pidamos perdón a la Santísima Trinidad por nuestros pecados, por las ofensas que le hemos hecho, por nuestras miserias; por las de nuestra familia, y las del mundo entero, y digamos:

 

¡ Padre Nuestro, Padre mío,

Tú eres verdaderamente mi gran Dios!

 

3.- Primer Misterio: Meditemos El esplendor del Amor del Padre en la Obra de la creación: “Vio Dios que era bueno cuanto había hecho.” (Gen 1,31).

 

 

4.- Después de cada Misterio:

  • Un: “Padre Nuestro”.
  • Diez veces: “Padre, se nuestro Padre, ahora y siempre”.
  • Un: “Gloria al Padre…”.
  • Una jaculatoria: “¡Padre nuestro, Padre mío, Tu eres verdaderamente mi Gran Dios!”

5.- Segundo Misterio: Meditamos la inmensa Misericordia del Padre en la Obra de la Redención: “Tanto amó el Padre al mundo que le dio a su Hijo único.”(1Jn.3,16). (repetir número 4)

 

6.- Tercer Misterio: Meditemos la magnificencia del Padre quien después de haber creado libre al hombre, en su designio de Amor sigue respetando su libertad, a pesar de que la use mal. María acogió la Voluntad del Padre como la máxima realización de la Libertad. Unidos a la Virgen decimos: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su Palabra” (Lc. 1,38) (repetir número 4).

 

7.-Cuarto Misterio: Meditemos el triunfo del Amor del Padre cuando acogemos su voluntad: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo…A cuantos lo recibieron, les dio el poder de volverse hijos de Dios” (Mt. 17,5; Jn 1,12; 1Jn. 3,)(repetir número 4).

 

8.- Quinto Misterio: Meditemos la Victoria del Padre en el sufrimiento de la vida, en el sufrimiento del perdón, en el sufrimiento de la muerte. “Si estamos unidos a Cristo en el sufrimiento de esta vida, resucitaremos junto con El. En efecto los sufrimientos  de ahora no tienen comparación con la Gloria futura que nos espera: “Yo les preparo un Reino como el Padre lo preparó para Mí” (Rom 6,5 ss; 8,18; Lc. 22,29). (repetir número 4).

 

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