Sagrada Familia

Jean-Auguste-Dominique-Ingres-Jesus-Among-the-Doctors

A la edad de 12 años Jesús había peregrinado ya 5 años seguidos a Jerusalén para las festividades del templo.

“Jesús pasó la noche en la posada cerca de la puerta betlemítica, donde eran conocidos él y sus padres. Se juntó con otros jovencitos y se fue a dos escuelas que había en la ciudad. El primer día fue a una escuela y el segundo a la otra. El tercer día estuvo por la mañana en una escuela del templo y por la tarde en el templo mismo, donde lo encontraron finalmente sus padres. Estas escuelas eran de diversas clases y no sólo para conocer la ley y la religión: se enseñaban diversas ciencias, y la postrera de ellas estaba situada junto al templo, y era la de la cual salían los levitas y sacerdotes.
Con sus preguntas y respuestas asombró tanto el Niño Jesús a los maestros y rabinos de estas escuelas y tanto los estrechó, que éstos se propusieron a su vez humillar al Niño con los rabinos más sabios en diferentes ramas del saber humano.
Con este fin se habían confabulado los sacerdotes y escribas, que al principio se habían complacido con la preparación del Niño Jesús, pero luego quedaron mortificados y querían vengarse.

Aconteció esto en el aula pública, situada en el vestíbulo del templo, delante del Santo de los Santos, en el ámbito circular, desde donde Jesús más tarde enseñó al pueblo.

Vi sentado al Niño Jesús en una gran silla, que no llenaba, y alrededor de Él había una multitud de judíos y ancianos con vestimentas sacerdotales. Escuchaban atentos, y parecía que estaba todos furiosos contra Él y por momentos creí que lo iban a maltratar…

Como Jesús hubiese aducido en las otras escuelas toda clase de ejemplos de la naturaleza, de las artes y de las ciencias en sus respuestas y explicaciones, se habían reunido aquí maestros en todas esas diversas asignaturas. Cuando ellos comenzaron a preguntarle y a disputar en particular con Jesús sobre estas materias, Él dijo que no pertenecía esto al lugar del templo; pero que también quería satisfacerlos en esto por ser tal la voluntad de su Padre.

Como ellos no comprendían que hablaba de su Padre celestial, pensaron que José le había dicho que hiciera alarde de toda su ciencia delante de los sacerdotes. Jesús comenzó a responder y a enseñar sobre medicina describiendo el cuerpo humano y diciendo cosas que no conocían ni los más entendidos en la materia.

Habló asimismo de astronomía, de arquitectura, de agricultura, de geometría y de matemática. Luego pasó a la jurisprudencia. De este modo todo lo que iba ofreciendo lo aplicaba tan bellamente a la ley, a las promesas, a las profecías, al templo y a los misterios del culto y del sacrificio, que unos estaban admirados sobremanera, mientras otros estaban avergonzados y disgustados.

Así discurrieron, hasta que todos corridos se molestaron mucho especialmente al oír cosas que jamás habían sabido ni entendido o que interpretaban de muy diferente manera.

“Y Jesús respondió con una disertación sobre la física, la metafísica, la hiperfísica y la hipofísica, sobre las fuerzas de los cuerpos y de los temperamentos, y sobre sus energías y sus influencias en los nervios, los huesos, las venas, las arterias y los tendones, y sobre sus efectos, y sobre las operaciones del alma en el cuerpo, sobre sus percepciones y sus potencias, sobre la facultad lógica, sobre los actos del apetito irascible y los del apetito concupiscible, sobre la composición y la disolución, y sobre otras cosas que sobrepujan la razón de una criatura”

Hacía algunas horas que Jesús estaba enseñando cuando entraron en el templo José y María, y preguntaron por su Hijo a los levitas que los conocían.

Estos dijeron que estaba en el atrio con los escribas y sacerdotes, y no siendo éste lugar accesible para ellos, enviaron a un levita en busca de Jesús.

Mas éste les hizo decir que primero quería terminar su trabajo. La circunstancia de no acudir afligió mucho a María: era la primera vez que les daba a entender que había para Él otros mandatos fuera de los de sus padres terrenales.

Continuó enseñando aún no menos de una hora, y cuando todos se vieron refutados, confundidos y corridos en sus preguntas capciosas, dejó el aula y se llegó al vestíbulo de Israel y de las mujeres. José, tímido, callaba, lleno de admiración. María se acercó a Él, diciéndole: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?… He aquí que tu padre y yo te hemos buscado con tanto dolor”.

Jesús estaba todavía muy serio, y dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en las cosas de mi Padre?…” Esto no lo entendieron y regresaron con Él de inmediato.

Los que habían oído tales palabras estaban asombrados y quedaron mirándolo. Yo estaba llena de temor: me parecía que iban a echarle mano, porque estaban llenos de encono contra el Niño. Me admiré que dejasen partir tranquilamente a la Sagrada Familia, porque le abrieron ancho camino en medio de la muchedumbre apiñada en el lugar. La doctrina de Jesús excitó fuertemente la atención de los escribas: algunos anotaron sus dichos como algo notable y se hacían toda clase de comentarios y murmuraciones acerca del particular. Pero todo lo acontecido en el templo se lo guardaron entre sí, tergiversando las cosas y calificando al Niño de intruso y atrevido, a quien habían corregido: que sin duda tenía mucho talento, pero que eran cosas que había que pensarlas mejor.

Ana Catalina Emmerick

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