Signos que preceden el regreso del Mesías

Signos que precederán el regreso del Mesías.

La predicación del Evangelio en todo el mundo,
La conversión del pueblo judío,
Penalidades y tribulaciones de la Iglesia,
La aparición del anticristo y
El caos de la creación.

El espíritu anticristiano, una atmósfera anticristiana, un sentimiento vital anticristiano, una actitud anticristiana de quienes pecan contra el Espíritu Santo, rechazando conscientemente a Cristo y su ley. Eso es el anticristo.

Si, a pesar de su dispersión entre los pueblos, el pueblo judío ha sido conservado por Dios como signo de maldición, también es conservado como signo de la bendición divina, que al fin superará a la maldición.
Entonces se cumplirán en él todas las promesas hechas desde el principio y que no pudieron cumplirse, porque se resistió y opuso a ellas.
Entonces se revelará el amor de Dios en todo el pueblo convertido y no sólo en un “resto”. Ya “Que los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rom. 11, 29).
La oración de Cristo -“perdónales, Padre, que no saben lo que
hacen”- es más fuerte y eficaz que su grito de “su sangre caiga sobre
nosotros y sobre nuestros hijos” (Mt. 27, 25; Lc. 23, 34).
Su aturdimiento y ceguera terminarán cuando haya entrado en el
reino de Cristo el número completo de paganos (Rom. 10, 8; 11, 25).

Vuestra casa quedará desierta, porque en verdad os digo que no me
veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del
Señor” (Mt. 23, 37-39; cfr. Lc. 13, 3335; Ps. 119 [118], 26).

Israel Zolli, gran rabino de Roma, fiel a la tradición familiar, ya que le habían sucedido antepasados rabinos durante más de dos siglos y quién como nadie pudo apreciar los esfuerzos caritativos del Papa por los judíos, al terminar la guerra se hizo católico y tomó en el bautismo el nombre de pila del Papa, Eugenio, en señal de gratitud. Escribió un libro sobre su conversión ofreciendo numerosos testimonios sobre la actuación de Pío XII y su santidad cristiana con los judíos, como cuando el comandante Herbert Kappler impone a los judíos de Roma el pago de cincuenta kilos de oro, en un plazo de 24 horas, como rescate para no deportar a una lista de trescientas personas. La comunidad hebrea consigue reunir treinta y cinco kilos. Los presidentes Almansi y Foà piden a Zolli que acuda al Vaticano para pedir ayuda. Así lo hace y recibe una respuesta positiva.
Estos gestos y vivir más de 9 meses escondido por los Cristianos lo llevaron a que el día de Yom Kippur, durante la ceremonia en la sinagoga, oyera una voz interior que le dijo: “Estás aquí por última vez. Desde ahora, me seguirás”. Ya en los meses anteriores había meditado dar el paso del bautismo, pero no quiso hacerlo durante la persecución nazi.

La noticia del bautismo de Zolli causó enorme estupor (su mujer se bautizó el mismo día y su hija Miriam, que superaba ya la veintena, lo hizo un año después). La sinagoga de Roma decretó varios días de ayuno como expiación. El paso había dejado a Zolli literalmente en la calle: a los 65 años, sin casa ni sueldo. El futuro cardenal Dezza le ofreció un puesto de docente en el Pontificio Instituto Bíblico, de la Universidad Gregoriana.

El año 2006, el que podríamos llamar el pontífice de los judíos, Rabino Yitzhak Kaduri, dijo haber hablado con el mesías y escribió su nombre en papel con la instrucción de que fuera abierto un año después de su muerte, 25.000 personas acompañaron su feretro durante el funeral, un año despues, al abrir el sobre con el nombre del mesias escrito, el nombre hallado es JESUS.
También mencionó que el Mesías aparecería en Israel después de la muerte de Ariel Sharon. Que murio el 11 de enero del 2014.
El nieto de Kaduri, Rabí Yosef Kaduri, dijo que su abuelo habló muchas veces durante sus últimos días acerca de la venida del Mesías y la redención a través del Mesías.

BERNARD NATHANSON, considerado el rey del aborto, porque había dirigido la clínica abortista más grande del mundo en Nueva York, era judío.

En su libro autobiográfico La mano de Dios, nos cuenta su conversión.

He trabajado como nadie para hacer el aborto legal y disponible a petición (en USA). En 1968 fui uno de los tres fundadores de la liga de acción nacional por el derecho al aborto. Dirigí la mayor clínica abortista de Estados Unidos y, como director, supervisé decenas de miles de abortos (más de 70.000).

Nuestra línea de conducta favorita era achacar a la Iglesia cada muerte producida por abortos caseros. Se daban cada año unas trescientas muertes por abortos delictivos en los años sesenta en USA, pero Naral y sus notas de prensa afirmaban tener datos que apoyaban la cifra de cinco mil… Cuando la nueva normativa (del aborto legal) entró en vigor el 1 de julio de 1970, organicé y puse en escena un amplio simposio sobre técnicas abortistas en el centro médico de la Universidad de Nueva York… El negocio se disparó. En seis meses, la clínica, cuyo nombre oficial era “Centro para la salud reproductora y sexual”, pero se conocía vulgarmente como Servicios a mujeres, aumentó su cuenta diaria de abortos pasando de 10 a 120.

Yo mismo realicé el aborto de mi propio hijo… A mitad de los años sesenta, dejé en cinta a una mujer que me quería mucho. Me rogó seguir adelante con el embarazo y tener a nuestro hijo… Yo ya había tenido dos matrimonios fracasados, ambos destruidos, sobre todo por mi narcisismo egoísta y mi incapacidad de amar… No veía salida a la situación y le dije que no me casaría con ella y que, de momento, tampoco me llegaba para mantener un hijo y no sólo exigí que acabara con el embarazo como condición para continuar nuestras relaciones, sino que también le informé fríamente que yo mismo realizaría el aborto. Y lo hice.

Había realizado muchos miles de abortos a niños inocentes y había fallado a mis seres queridos. De mi segundo y tercer matrimonio no puedo escribir en detalle, todavía es demasiado doloroso para mí. Cuando escribo esto, yo he pasado por toda la panoplia de remedios seculares: alcohol, tranquilizantes, libros de autoasistencia, consejeros. Incluso me he permitido cuatro años de psicoanálisis a principios de los setenta… Yo me despreciaba a mí mismo. Quizás había llegado por fin al principio de la búsqueda de la dignidad humana. Había empezado a hacer un autoexamen serio… Yo sabía que la enfermedad principal consistía en cortar los lazos entre el pecado y la culpa… Necesitaba ser llamado al orden y educado.

Cuando a principios de los años setenta, los ultrasonidos me mostraron a un embrión en el vientre materno, sencillamente perdí la fe en el aborto a petición… Quedé estremecido hasta el fondo del alma por lo que vi. Las cintas eran asombrosas. Algunas no eran de mucha calidad, pero seleccioné una de mejor calidad que el resto y empecé a ponerla en encuentros pro-vida por todo el país… Don Smith quiso convertir mi video en una película y así es como acabó haciéndose “El grito silencioso”, que tanto furor había de causar… El grito silencioso mostraba cómo se despedazaba en el útero un feto de doce semanas con una combinación de succión e instrumental de aplastamiento por parte del abortista… El grito silencioso era un arma poderosa. No consiguió cambiar la mente de los legisladores, pero creo, y lo digo humildemente, que ha salvado la vida de algunos bebés. Al menos, espero que así haya sido.

Y, por primera vez, en toda mi vida adulta, empecé a considerar seriamente la noción de Dios, un Dios que me había conducido inexplicablemente por todos los intricados círculos del infierno, sólo para enseñarme el camino de la redención y la misericordia a través de su gracia… No experimenté una instantánea epifanía cegadora ni empecé a rezar Avemarías… En mi caso, fui llevado a una búsqueda, revisando las literaturas de las conversiones, incluyendo “El pilar de fuego” de Karl Stern. También leí a Malcolm Muggeridge, Walter Percy, Graham Greene, C.S. Lewis, al cardenal Newman y a otros más.

Por fin se bautizó en la catedral de San Patricio de Nueva York, el 9 de diciembre de 1996. Fue un momento muy difícil. Estaba completamente emocionado. Y, después, cayó esa fría agua purificadora sobre mí y voces suaves y un inexpresable sentimiento de paz… Soy optimista ante el futuro, independientemente, de lo que puede traer consigo, porque he vuelto mi vida hacia Cristo. Ya no tengo control de mi vida ni quiero tenerlo. Nadie puede hacerlo peor de lo que yo lo hice. Ahora estoy, simplemente, en las manos de Dios.

Bernard Nathanson se dedicó hasta su muerte a practicar la ginecología en las zonas más pobres de Nueva York para ayudar a los más necesitados. Un hombre que nació de nuevo por el bautismo y a quien Dios dio una nueva oportunidad de ser feliz, como te la da también a ti.

Acerca de Bottega Divina

Bottega Divina difusión del arte y el legado histórico del Catolicismo. Herencia y patrimonio de la Humanidad, camino de salvación. La verdad os hará Libres
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