TOMA MI CRUZ Y CONSUELAME

sagrado rostro

TOMA MI CRUZ Y CONSUELAME…
Estas palabras son tomadas de “Un Llamamiento al Amor” en que el Corazón de Dios reveló sus designios de Amor a una religiosa coadjutora de la Sociedad del Sagrado Corazón, Sor Josefa Menéndez (1890 – 1923).

El libro apareció en 1938 en francés. Aunque Josefa lo escribió en español en cuadernos que entregaba inmediatamente a sus superioras. Es obvio que más que una traducción la versión española es la original que escribió Sor Josefa, quizás corregida en detalles de la redacción y ortográficos. Apareció con un prefacio del entonces Cardenal Pacelli. El Señor ama la humildad, y la eligió a ella precisamente por su pequeñez; como el mismo le dijo: “he recorrido el mundo para encontrar alguien más miserable que tú. Como no lo he encontrado por eso vengo a ti”.

La humilde religiosa era una costurera madrileña; pasó los primeros años de su vida religiosa hasta su muerte prematura en la casa de las religiosas en Poitiers. Pronto empezó a ser agraciada con visiones del Sagrado Corazón. El Señor quería servirse de ella para dar al mundo un mensaje que ayudara a salvar al mundo a través de su Corazón amante y misericordioso.

Nuestro Señor le descubrió especialmente el valor del sufrimiento. Con frecuencia le pedía uniera sus dolores a los Suyos en la Pasión, para obtener “luz y perdón” para las almas, y cooperar así en la Redención. Insistió en esta unión en los momentos de dolor, como también en medio de las ocupaciones ordinarias.

“Los enfermos y atribulados encontrarán en él el sentido del dolor, un medio de divinizarlo y valor para sobrellevar sus padecimientos. Cuando las almas conozcan Mis deseos, que no perdonen ni trabajo, ni esfuerzo, ni sufrimiento…” Ofreciendo a Dios cada mañana, (la fórmula del sufrimiento es libre), los dolores del cuerpo y las penas del alma, se puede ganar una indulgencia plenaria parcial de 500 días cada vez que, con piedad y contrición, se ofrece a Dios un sufrimiento; así lo aprobó el Papa Juan XXIII lo. Para eso basta una jaculatoria.

Es verdaderamente emocionante leer en este libro las confidencias de Jesús a la religiosa. En ellas aparece un Jesús mendigo del amor de los hombres y sufriendo intensamente por sus pecados que los llevan a la perdición. Para evitarlo el da este mensaje en el que les promete su Misericordia y Amor, a cambio de amor reparador y arrepentimiento. El mensaje se extiende en coloquios sublimes. Sor Josefa fue un alma víctima precisamente para salvar a los hombres. Él puede salvarlos con sus gracias eficaces pero el precio a pagar a su divina Justicia es asociar a las almas víctimas a los sufrimientos de su Sagrado Corazón simbolizados por las espinas.

El sufrimiento de Jesús nos puede parecer inexplicable. ¿Cómo es posible si ya está glorioso e inmortal en el cielo? He aquí la profunda explicación que El mismo nos da que nos hace comprender textos similares e incluso la abnegación con que Él mismo se inmola en la Eucaristía.

Así están presentes ante el Señor los sufrimientos de su Pasión y su dolorosísima muerte en la Cruz. El recordar los dolores de la pasión en nuestras oraciones y meditaciones no es un simple recuerdo, es tenerlos tan presentes como el mismo Señor los tiene en su eternidad. Igualmente podemos comprender la inmolación mística del Señor en la Misa y en la eucaristía, donde el Corazón Eucarístico de Jesús también espera nuestro consuelo y reparación. “Busqué quien me consolara y no lo hallé” como proféticamente dice el salmo.

Es imposible resumir y expresar la sublimidad de las palabras del Señor a lo largo de todo el libro. Quien quiera leer un extracto de él lo podrá hacer aquí. Este libro es libro de cabecera de muchos místicos y personas espirituales, quienes han encontrado en sus líneas la esperanza de llegar a conocer más a Jesucristo y así poco a poco llegar a amarlo más y a confiar en las riquezas de su amor personal por cada uno de nosotros.

El consuelo que tú me das hoy y que me darás de ahora en adelante. Mi Corazón lo ha sentido desde toda la eternidad. Lo mismo pasa con la pena que me causan las almas. Mi divinidad no puede sufrir. Mi Humanidad ya es gloriosa pero PARA DIOS TODO ESTÁ PRESENTE.

EXTRACTO TOMADO DEL LIBRO UN LLAMAMIENTO AL AMOR – MENSAJE DEL CORAZON DE JESÚS

“Ama y nada temas; Yo quiero lo que tú no quieres, pero puedo lo que tú no puedes; a ti te toca elegir… Abandónate”.

“Quiero que seas mi Cirineo: me ayudarás a llevar la Cruz”.

“Así como Yo me inmolo víctima de amor, quiero que tú también seas víctima: el amor nada rehúsa”.

“Déjate en mis manos. No me importa tu pequeñez y tu flaqueza, lo que pido es que me ames y lo ofrezcas todo para consolar mi corazón”.

“No tengas miedo de sufrir, pues nunca te faltará la fuerza necesaria. Piensa: hoy solo para sufrir y amar… la eternidad para gozar”.

“Me gusta que me llames… tengo tanta sed de ser amado!”

“¿Eres feliz cuando sufres?” Si Jesús mío, porque sufro por Vos. “¿Quieres llevar el peso de otras almas?” Si con tal que al fin llegue a amaros. “Pues sufrirás porque eres víctima de mi amor, pero con amor, suavidad y alegría en todo y siempre”.

“Ven cuéntame todos tus miedos” (Y señalando Su Corazón:) Si no sabes sufrir, ven aquí. Acércate más a Mí”.

“El amor y el sufrimiento unen el alma estrechamente con Dios hasta hacerla una misma cosa con El. Nada temas. Déjate guiar. Mis ojos están fijos en ti; tú fíjalos en Mí y abandónate”.

“¿Me amas?” “Quiero que tu sed aumente, que me salves muchas almas., que este deseo te consuma…”

“Mi Corazón es tu refugio”. “¿Qué quieres? “Dímelo.

“Tú descansa en Mí y en Mi paz, como yo descanso en tus sufrimientos”.

“Ahora tú vives en Mí y Yo Soy tu fortaleza. ¡Ten ánimo! Lleva Mi cruz”.

“Recoge la Sangre que derramé en mi Pasión. Pide perdón por el mundo entero, por estas almas que conociéndome me ofenden…Y ofrécete para expiar tantos pecados”.

(La Santísima Virgen:) – “No olvides hija mía, que nada sucede que no entre en los planes de Dios”.

“No busco más que amor…No pido más que amor…”

“El alma que se ve tendida en la cruz y en ella se abandona, esta alma me glorifica… Esta alma me consuela. Es la que está más cerca de Mí”.

“Las almas que Mí Corazón escoge están encargadas de distribuir al mundo mis gracias, por medio de su amor y de sus sacrificios”.

“¿Quieres que te de Mi cruz…? Mi camino es de sufrimiento y de cruz. Lo único que da fuerza para seguirlo es el amor, por eso busco AMOR”.

“El alma que sabe aprovechar el valor del sufrimiento vive la verdadera vida”.

“Vive en Mí, como Yo vivo en ti”.

Escóndete en Mi Corazón. Yo cuidaré de ti con toda la delicadeza de Mi Amor”.

“Déjate a Mí cuidado y no dudes nunca de Mi amor. No importa que los vientos te sacudan; he fijado la raíz de tu pequeñez en la tierra de mi Corazón”.

“Si tú me das almas, Yo te daré Mí Corazón. Dime, ¿Cuál de los dos ofrece mejor regalo…?

“Una vez que el alma se arroja a mis pies implorando misericordia, no me vuelvo a acordar de sus pecados”.

“Padre Mío, Dios Santo y misericordioso, recibid mi deseo de consolaros. Quisiera repara todos los pecados de los hombres, más como no me es posible, oz ofrezco los méritos de Jesucristo. Redentor del género humano, para satisfacer con ellos vuestra justicia”.

“Ven, entra en Mi Corazón y descansa en El”, “Después me darás el tuyo para que Yo descanse”.

“Permanece muy unida a Mí, y acepta con entera sumisión todos los sufrimientos de eta hora”.

“Mi corazón busca víctimas que conquisten el mundo para el amor, y aquí las encuentro”.

“La Eucaristía es invención del Amor, es vida y fuerza de las almas, remedio para todas las necesidades, viático para el paso del tiempo a la eternidad”.

“Cada vez que me deseas, Mi Corazón se consolará”.

“Mi amor y Mi misericordia sobrepujan en mucho tu miseria, y por grande que sea tu debilidad, nunca será mayor que mi fortaleza”.

“Recibid, ¡Oh Padre Santísimo! Los sufrimientos y los méritos de todas las almas, que, unidas a los méritos y sufrimientos de Jesucristo se ofrecen a Vos en El y por El, para que perdonéis al mundo”.

“Te voy a dar una prueba de amor: hoy te haré sentir el dolor que me causaron los clavos”.

“Sufres para aliviar a tu Amado. ¿No basta esto para animarte a sufrir?

“Abandónate a Mi corazón y no pienses más que en darme gusto”.

“¿Qué prefieres, tu voluntad o la Mía?”.

“Yo Soy la misma Fortaleza”.

“Dime que me amas, es lo que más me consuela”.

(La Santísima Virgen:) – “Si quieres consolar a Jesús, yo te daré lo que le agrada, ofrécele todo por las almas sin interés alguno personal, sólo para gloria de Su Corazón”.

“Quiero servirme de tus sufrimientos para la salvación de muchas almas”.

“Mañana ofrecerás a Mi Padre todas tus acciones unidas a la Sangre que derramé en mi Pasión. Procurarás no perder un momento la presencia divina, alegrándote, en cuanto sea posible, de lo que hayas de sufrir. Piensa todavía en las almas… en los pecadores… Tengo sed… Sí, tengo sed de almas”.

“El Amor todo lo borra”.

“Por muy oscura que te parezca esta hora, mi poder está sobre todo. Todo está dispuesto por Mí para bien de todas y cada una de las almas”.

“Ofrécelo todo a mi Eterno Padre en unión de mis sufrimientos”.

“Tenía sed y me has dado de beber. Yo seré tu recompensa”.

(La Santísima Virgen:) – “Mira hija mía, cuanto más te pida Jesús, más debes alegrarte”.

“Mírame… y deja que te mire… eso nos basta”.

“Como eres nada, ven… entra en Mi Corazón… a la nada le es fácil entrar en este abismo de Amor”.

“Este Sol de Amor te purifica, para que tus sufrimientos sirvan de reparación por los pecados del mundo”.

(La Santísima Virgen:) – “Si hija mía, todavía puedes más… Es por las almas… Es para consolar a Jesús”.

“Porque eres pequeñita has podido entrar tan adentro de Mí Corazón”.

“El Amor todo lo transforma y diviniza”.

“Ama y sufre, pues el amor no puede separarse del sufrimiento. Déjate cuidar por el mejor de los padres. Abandónate al amor del más tierno de los esposos”.

“Hoy día de CELO. Sentirás en ti la sed que por las almas padece Mi Corazón. Ah, ¿Las almas… las almas…!”.

“Cuida de mis intereses que Yo cuidare de ti”.

“Tú me amas y Yo te amo. Tu eres Mía y Yo Soy tuyo, ¿Qué más quieres?

“No olvides que las almas que Yo escojo tienen que ser víctimas”.

(La Santísima Virgen:) – “Medita la Pasión de Jesús. Te mantendrá en la presencia de Mi Hijo”.

“Yo voy tras los pecadores, como la Justicia tras los criminales: pero la Justicia los busca para castigarlos y Yo para perdonarlos”.

“Consuélame llamándome y deseándome. Con esta hambre apagarás mi sed”.

“No, Yo no cambiaré jamás, y hasta el fin de los siglos os amaré con predilección y con ternura”.

“Si os pido algo costoso a la naturaleza, os doy juntamente la gracia y la fuerza necesarias para venceros”.

“Almas queridas” “Aprended de vuestro Modelo que la única cosa necesaria, aunque la naturaleza se rebele, es someterse con humildad y entregarse con un acto supremo de la voluntad al cumplimiento de la Voluntad Divina, en cualquier ocasión y circunstancia”.

“Permanece a Mi lado en Getsemaní, y deja que Mi Sangre riegue y fortifique la raíz de tu pequeñez”.

“Cuando pronuncias esta palabra: ¡Padre! Mi Corazón se obliga a cuidar de ti”.

“¡Que Mi Voluntad triunfe en ti!, ¡Que Mi Amor te destruya! ¡Que tu Misericordia me glorifique!”.

“Déjate conducir con los ojos cerrados, que Yo Soy tu Padre y los tengo abiertos para conducirte y guiarte”.

“Por todo lo que tú me das, Yo te doy Mi Corazón”.

“Si me amas, estaré siempre a tu lado”.

“No temas, Yo estoy contigo”.

“Si un niño tiene que subir una cuesta empinada y va con “su padre”: ¿le dejaré caer?”.

“Lo que más me ha consolado hoy, es que no me has dejado solo, y lo que en ti más me agrada es tu pequeñez”.

(La Santísima Virgen:) – “Vengo hija mía, a decirte que conviene que sufras. El amor y el sacrificio todo lo alcanzan. No te canses. Es por las almas”.

“Si te ocupas de Mi Gloria, Yo me ocuparé de ti. Estableceré en ti Mi Reino de paz y nada podrá turbarte. Fijaré en tu alma Mi Reino de Amor y nadie podrá robarte tu alegría”.

“¿No sabes lo que está escrito en el Santo Evangelio? Pedid y recibiréis”.

“Mira Mi Corazón, es todo Amor y Ternura… Pero hay almas que no lo conocen”.

“Yo trabajo en la oscuridad y sin embargo Soy la Luz”.

“Padre Eterno, mirad estas almas bañadas con La Sangre de Vuestro Hijo, víctima que se ofrece sin cesar, esa Sangre que purifica, consume y abrasa, ¿no tendrá eficacia bastante para ablandar estas almas?

“Quiero que me ames de tal modo y con tal ardor que no te acuerdes de ti para nada y Yo sólo ocupe tus pensamientos y deseos. No temas sufrir. Bastante poderoso Soy para cuidar de ti”.

“¡Padre Bueno, Padre Santo, Padre Misericordioso!, Recibid la Sangre de Vuestro Hijo, Sus Llagas, Su Corazón. Mirad su Cabeza traspasada por las espinas… ¡No olvidéis que aún no ha llegado el tiempo de la justicia sino de la misericordia!”.

”Vive Conmigo… Escóndete en Mí. Yo me esconderé en ti. Los dos nos consolaremos mutuamente, porque tus penas serán mías y mis penas serán tuyas”.

(La Santísima Virgen:) – “Ofrécete para curarle las heridas que le causan los pecados del mundo. Ya sabes cómo goza Su Corazón cuando las almas se le ofrecen para consolarle”.

“Participa del fuego que devora Mí Corazón, tengo sed de que las almas se salven. Que las almas tengan confianza en Mí”.

“Te amo y tengo tanta compasión de ti, que no te abandonaré. Tú, ámame, consuélame y abandónate”.

“Dime una vez más, que por Mi Amor quieres tu abrazar también la Cruz de mi Voluntad”.

“La Misericordia todo lo perdona”.

(La Santísima Virgen:) – “Si quieres dar mucha gloria a Jesús y que se salven muchas almas, déjale que haga de ti lo que quiera y abandónate a su amor”.

“Ayer me consolaste porque no me dejaste solo”.

“Padre Eterno, que por amor a las almas habéis entregado a la muerte a vuestro Hijo único, por su Sangre, por sus Méritos y por su Corazón, tened piedad del mundo y perdonad los pecados de los hombres”. “Deja que tu alma se abrase en deseos de desagraviar a un Dios ultrajado y toma mis méritos para reparar tantos pecados”.

“Ofrece todo tu ser para reparar tantas ofensas y satisfacer a la Divina Justicia”.

“Te dejo mi Cruz para que me alivies. Yo Soy tu fortaleza. Consuélame”.

“Un alma que me ama puede reparar las ofensas de muchos pecadores y aliviar la amargura de mi corazón”.

“No sabes cuánto me consuelas cuando te entregas a Mí con entero abandono”.

“Prométeme que hoy no me dejarás solo”.

“Ahora te dejo Mi Cruz… queda unida a mis sufrimientos. Presenta sin cesar a Mi Padre las Llagas de su Hijo”.

“Ven Yo Soy el que te ama y he derramado toda Mí Sangre por ti… Tengo tal compasión de tu debilidad, que estaré esperándote con ansia, para estrecharte en Mis Brazos”.

“Oh Dios de Misericordia y de Amor” “Sed la Fortaleza de los débiles, la Luz de los ciegos y el Amor de todas las almas”.

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